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Las tendencias revolucionarias del carácter judío

Antes de estudiar las tendencias revolucionarias del carácter judío, corresponde advertir  que tomamos la voz revolución en el sentido que  le adscriben las doctrinas reaccionarias, vale  decir, como un fenómeno desintegrador y destructivo. No debe olvidarse, empero, que puede  haber y ha habido revoluciones de signo positivo, motivadas por un anhelo de repartir la tierra —extendiendo así la propiedad privada— o de robustecer el Estado —impidiendo así la anarquía—.

Se hace preciso establecer esta distinción previa, porque se ha generalizado la expresión “tendencias revolucionarias del alma judía”. Mejor sería reemplazar el término por subversión, pues el judío se halla en realidad contra el orden estatuido. “Poco les importa —dice H. de Vries de Heekelingen 1 — la estructura del Estado por destruir. En una monarquía, serán republicanos; en una república conservadora, serán socialistas; en una república socialista, serán comunistas. Poco importa, con tal que destruyan lo que ya existe”.

Una objeción que se presenta, al parecer, bien fundada, contra la convicción general de que el judío es un sujeto de espíritu revolucionario o subversivo es la de que hay judíos que, no sólo no son comunistas, sino que inclusive son anti-comunistas. Desde luego, y aun cuando no falten quienes digan lo contrario, el número de estos últimos es mucho menor que el de los que militan en el comunismo o miran sus doctrinas y procedimientos con simpatía.

Pero no es la razón numérica la más poderosa para invalidar las impugnaciones a esa creencia tan profundamente arraigada. Hay diversas maneras de subvertir el orden estatuido y precipitar la revolución desintegradora, desde el golpe de Estado comunista, seguido del terror y la dictadura del proletariado, hasta el aplauso organizado a las escuelas aberrantes, decadentistas y dadaístas en el campo del arte, cuando no su iniciación y teorización directamente.


Un buen resumen de tales tendencias desintegradoras, que no hacen la revolución, pero la preparan, ha sido expuesto por una publicación inglesa, (The Nameless Order, “La Orden Sin Nombre”, by Dargon , Londres), la cual presenta así los seis puntos principales del programa de las sociedades secretas:


“l. Religioso . — Desacreditar, hasta destruirla, a la fe cristiana por la filosofía, el misticismo o la ciencia empírica.

2 . Moral. — Corromper la moralidad de los pueblos occidentales, infiltrando la moralidad de los pueblos orientales; debilitar los lazos del matrimonio; destruir la vida de familia, y abolir el derecho sucesorio y hasta los nombres de familia.

3 . Estético . — Culto de lo feo y extravagante en arte, literatura, música y teatro. Modernismo, orientalismo crudo y degeneración.

4. Social . — Abolición de la aristocracia y creación de la plutocracia; la riqueza, única distinción social; encender la lucha de clases, llegando al proletariado mediante la vulgaridad, la corrupción, la envidia, de donde nace el odio al patrón.

5. Industrial y económico . — Industrialmente, vulgarización de la baratura de productos, centralización, cartells y trusts que lleven a la abolición de la propiedad privada y al socialismo de Estado.

6. Político . — Matar el patriotismo y el orgullo nacional, y, en nombre del progreso y de la evolución, establecer el internacionalismo como ideal de la fraternidad humana”.

(Citado por León de Poncins, Las Fuerzas Secretas de la Revolución (Madrid, 1932), pp. 107-108.)


Cabe decir al respecto de este programa masónico lo mismo que con respecto de los Protocolos de los Sabios de Sion: “Se non é vero, é ben trovato”. Efectivamente, observamos con perfecta claridad cómo los hechos postulados se han ido presentando en nuestra sociedad, cual si obedecieran a un plan prefijado.

Algunas “personalidades” de la revolución antes mencionada:

En este sentido, hay que distinguir varios grados de acción disolvente y varios planos en que ésta se ejerce. En primer término, está el espíritu liberal, relativista, escéptico, que no cree en nada, que acepta el matrimonio y el amor libre, la religión y el ateísmo, la tradición y la revolución, el bien y el mal, las formas clásicas y las aberrantes; y, de ese modo, franquea la puerta a los gérmenes de la decadencia. Su actitud, empero, no es en absoluto prescindente, pues, cuando se plantea una disyuntiva de hierro, el liberal se inclina por las fuerzas de la destrucción contra las reconstructivas. Se ha visto así, palpablemente, como la Masonería, organización de neta estirpe liberal, se inclinó abierta y públicamente por la causa roja del Frente Popular o República, contra la causa nacional, al poco tiempo de iniciarse la guerra civil española.

Después del espíritu liberal, que ya de por sí favorece a las fuerzas de la disolución, viene el comunismo cultural, también llamado comunismo de salón o de cuello y corbata, compuesto por aquellos intelectuales, escritores, artistas y gente de posición, de uno y otro sexo —y no raramente del intermedio—, que, gozando con las experiencias desintegradoras en modo patológico, practica las ideas, normas morales y costumbres del comunismo en su fuero privado y sus círculos, mas no actúa en el plano político de la revolución proletaria, sea por cobardía, por cálculo, o bien, por su apego a lo intermedio e híbrido. Comunistas culturales, en este sentido, son aquí la casi totalidad de los dirigentes socialistas de la Casa del Pueblo y de los radicales del ala izquierda, y hasta algunos del conservadorismo.


E igualmente cabe incluir entre éstos a los innumerables capitalistas judíos que aparecen inclinados, por razones económicas al menos, hacia el conservadorismo, pero que al mismo tiempo prodigan sus subvenciones a las publicaciones y asociaciones de sentido comunista. Se halla documentada esta doble cara de la alta finanza internacional referidas a subvenciones que recibieron de varios banqueros judíos los dirigentes de la Rusia soviética.

Finalmente, están los comunistas militantes o políticos, que no sólo tienen un ideario destructivo, sino que también actúan más o menos francamente en el campo político o de la lucha por el poder, y enderezan sus esfuerzos a la conquista del Estado y la implantación de la dictadura proletaria.

Es muy raro, virtualmente imposible, hallar un judío que no milite en ninguno de estos tres sectores. El que no practica el volterianismo, o descreimiento demoledor más o menos irónico, tiende a exaltar —desde la cátedra, el libro, el periódico cultural, el diario— las tendencias morbosas en el campo del arte y la literatura, las libres relaciones de los sexos, etc., y a demostrar la elasticidad de las normas morales “según los tiempos”.

Luego están los comunistas culturales y los militantes: ¿cómo ignorarlo si los mismos judíos lo reconocen? “¿Creéis, pues, vosotros —dice Max Nordau—, que es por azar que se hallan en el nacimiento del socialismo contemporáneo los judíos Marx y Lassalle; y que, aun ahora, entre los teóricos del socialismo, ocupan los judíos los primeros puestos? Estos hombres, por más que renieguen de su judaísmo, están dominados, sin saberlo, por un atavismo judío” 2).

León de Poncins, en la p. 139 de Las fuerzas secretas de la revolución (Madrid, 1932), transcribe estos concluyentes párrafos de un discurso pronunciado en Nueva York por el rabino J. L. Magnes:

“Cuando el judío dedica su pensamiento y toda su alma a la causa de los obreros, de los despojados y de los desheredados de este mundo, es tal su cualidad fundamental, que va hasta la raíz de las cosas. En Alemania llega a ser un Marx, un Lassalle, un Haas, o un Eduardo Bernstein; en Austria, Víctor Adler o Federico Adler; en Rusia, Trotsky. Comparad un instante la situación actual en Alemania y en Rusia; la revolución ha libertado las fuerzas creadoras, y admirad a los muchísimos judíos que estaban preparados para el servicio activo, inmediato. Socialistas revolucionarios, mencheviques, socialistas de todos los matices, con cualquier nombre con que se les designe, todos son judíos, y se les encuentra como jefes u obreros de todos los partidos revolucionarios”.

De más está multiplicar los testimonios.

Por lo que respecta, ahora, al argumento contrario —que nunca deja de subrayar un autor tan ponderado como Hilaire Belloc, en su obra The Jews, (Los Judíos), aun cuando reconociendo el carácter típicamente judaico del movimiento bolchevique—, vale decir, al argumento de que gran parte, si no la mayoría de los judíos profesan ideas contrarias al comunismo, corresponde exigir otras tantas pruebas documentales. ¿Qué judío actuó o escribió contra el socialismo y el comunismo, contra las tendencias disolventes liberales, contra las escuelas artísticas y movimientos intelectuales desintegradores del gusto, de la tradición y del carácter? Esos testimonios deben citarse, en lugar de especular con el hecho evidente de que los judíos en masa no revistan en las filas del socialismo y el comunismo. Nadie ignora el hecho de que hay muchos judíos que no demuestran simpatía por el comunismo, y que hasta militan en movimientos de tipo conservador, pero habría que probar, primero, que se trata de dirigentes y no de individuos comunes, sin voz en las grandes decisiones sociales; y, segundo, que sacan la cara por ideas que aparecen en tan polar contradicción a las de la mayor parte, o en todo caso, a las de la parte más visible y activa de sus correligionarios.

Por Esteban J. Malanni


Notas:

  1. Dr. H. de Vries de Heekelingen, Israel: su pasado , su porvenir . Trad. castellana de “La Mazorca”, Buenos Aires, 1939, p. 75.
  2. Max Nordau, Écrits sionistes (1936), p. 159

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Los poemas del Rey Salomón dedicados a la Reina de Saba

El “Cantar de los Cantares” es un texto bíblico que, junto al “Eclesiastés” y “El Libro de los Proverbios” fue atribuido al rey Salomón, Hijo de David.

En este texto no se habla de Dios ni de la religión, además, ha sido modelo para la composición de la poesía amorosa en muchas culturas, tanto orientales como occidentales.

Se sabe que Makeda, Reina de Saba, ciudad situada en tierras de la actual Etiopía, vivió en épocas del rey de Israel, Salomón, hijo del monarca David, hacia el siglo X antes de Cristo.

La leyenda dice que Makeda, gobernante etíope de piel oscura, salió de su territorio, entonces rico en agua, zonas agrícolas y fortificaciones, y minas para conocer a Salomón, rey de los israelitas.

En la imaginación árabe y europea, no obstante, quedó arraigada la idea de que La Sulamita a la que hace referencia los poemas, es la Reina de Saba: Belkis, Nictoris, Makeda Sabá, bien pudo haber sido de Yemen, pero, según Josefo, (Antigüedades judías), Belkis era la soberana de Etiopía y Egipto, Makeda y Salomón fundaron un linaje real etíope cuyo último representante, Tafari Makonen, gobernó de 1930 a 1974 con el título de Haile Selassie, (“Padre de la Trinidad”) y es el Mesías de la religión rastafari.

El cantar de los cantares relata la historia del sabio rey Salomón, escritor de este libro, y de la sulamita, una doncella del campo. Según distintas fuentes, se estaría haciendo referencia a la Reina de Saba cuyo nombre en el relato no sería otro que el femenino de Salomón, con la intención de poner de manifiesto la relación que los unía. Es decir “los dos eran uno solo”.  En este estudio-vida, Salomón es llamado el amado y la sulamita, es la que ama, o la amada, (lit. “amor”, 1:15; 2:2; 4:1, 7; 6:4). Salomón, en el género masculino, significa “paz”, y sulamita es Salomón en el género femenino. Él es el rey, quien vive en el palacio en la capital Jerusalén, y ella es una doncella campesina.

En cierto sentido, Salomón y la sulamita no hacían una buena pareja. En cuanto al matrimonio, la mayoría opina que dos personas deben ser afines, pero resulta difícil encontrar un marido y una esposa que de verdad hagan una buena pareja. De hecho, dos personas idénticas pueden ser enemigas, y dos personas distintas pueden llevarse bien. Salomón se enamoró de una doncella del campo, y los dos se unieron. Después de su unión, permanecieron siempre en comunión.

Salomón se encuentra con la Reina de Saba, en la Puerta del Paraíso del Baptisterio de Florencia.

“Cantar de los Cantares”

Primer Canto ( 2-11)

La amada

2 Ah, si me besaras con los besos de tu boca…

    ¡grato en verdad es tu amor, más que el vino!

3 Grata es también, de tus perfumes, la fragancia;

    tú mismo eres bálsamo fragante.

    ¡Con razón te aman las doncellas!

4 ¡Hazme del todo tuya! ¡Date prisa!

    ¡Llévame, oh rey, a tu alcoba!

El amado

9Tú y tus adornos, amada mía,

    me recuerdan a las yeguas enjaezadas

    de los carros del faraón.

10 ¡Qué hermosas lucen tus mejillas entre los pendientes!

    ¡Qué hermoso luce tu cuello entre los collares!

11 ¡Haremos para ti pendientes de oro

    con incrustaciones de plata!

Cantares 5:10-16

La amada

10 Mi amado es apuesto y trigueño,

    y entre diez mil hombres se le distingue.

11 Su cabeza es oro puro;

    su cabellera es ondulada

    y negra como un cuervo.

12 Sus ojos parecen palomas

    posadas junto a los arroyos,

    bañadas en leche,

    montadas como joyas.

13 Sus mejillas son como lechos de bálsamo,

    como cultivos de aromáticas hierbas.

   Sus labios son azucenas  

    por las que fluye mirra.

14 Sus brazos son barras de oro

    montadas sobre topacios.

Su cuerpo es pulido marfil

    incrustado de zafiros.

15 Sus piernas son pilares de mármol

    que descansan sobre bases de oro puro.

Su porte es como el del Líbano,

    esbelto como sus cedros.

16 Su paladar es la dulzura misma;

    ¡él es todo un encanto!

¡Tal es mi amado, tal es mi amigo,

    mujeres de Jerusalén!


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Antiguos pueblos de Oriente Medio- Filisteos

Todo lo que se escribió sobre el origen de los filisteos se limitó principalmente a especulaciones sobre las fuentes bíblicas.

Las fuentes extrabíblicas acerca de los filisteos se encontraron en Egipto; pertenecen al reinado del faraón Ramsés III, (1184-1153 a. C.), y los describen como parte de una coalición que conocemos como “Pueblos del Mar”. En el famoso texto de su templo funerario en Medinet Habu, se les denomina peleset, y han sido identificados como los filisteos de la Biblia porque la “proximidad onomástica hizo que pronto se aceptara que los peleset de los textos egipcios no eran más que los filisteos de los que habla la Biblia”.

Las excavaciones realizadas en las tres últimas décadas del siglo pasado proporcionaron elementos adicionales para la investigación de la procedencia de los filisteos, todos ellos correspondientes a su cultura material, como son las instalaciones de cocina, los hábitos alimentarios y otros aspectos de la etnicidad filistea, que apoyan el paradigma de una migración procedente del Egeo o de algún lugar del Mediterráneo oriental.

Los filisteos fueron un pueblo que se estableció en Canaán a principios del siglo XII a. C. procedente de algún lugar del Mediterráneo oriental y llevando consigo su cultura material. Son conocidos gracias a la Biblia desde hace siglos; de hecho, hasta una época reciente, ésta era la única fuente sobre ellos de la que disponíamos. Las historias al respecto relatadas en los libros del Antiguo Testamento han suscitado la atención de los hombres durante siglos: es el caso de la historia de Sansón y Dalila y de la de David y Goliat, entre otras, reflejadas en la pintura, la literatura, el teatro y, más recientemente, el cine.

Según referencias bíblicas, los filisteos son mencionados más de 250 veces. Pueden distribuirse en tres grupos correspondientes a tres períodos conectados con la historia de los israelitas, a los que se añade un cuarto grupo, dedicado a los profetas: el período de los patriarcas, el período de los jueces, el período de la monarquía unida y dividida y los profetas.

La primera referencia a los filisteos se halla en la llamada “Tabla de las Naciones”, donde se incluye una mención interesante del origen de los filisteos, situado en Kaftor, (nombre bíblico de la isla de Creta, de donde son originarios los filisteos, Dt 2, 23; Jr 47, 4; Am 9, 7).

Esta mención de los filisteos en esta época se ha visto como un anacronismo, de igual modo que la referencia incluida en el libro del Éxodo, donde se alude al camino de la tierra de los filisteos”, el que los hebreos no utilizaron cuando emprendieron el trayecto a la tierra prometida por mandato de Dios. En el mismo Éxodo, se señalan los límites de la tierra concedida a los hebreos, que comprende desde “el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos, es decir, el Mediterráneo.

Formas de escritura

Hay indicios que los filisteos llevaron al Levante una escritura propia, proveniente de su lugar de origen, o bien adoptada poco después de su arribo a finales de la Edad del Bronce. Se han encontrado unos pocos artefactos filisteos con escritura que ha sido comparada con diversos textos de la Edad del Bronce egeo y chipriota, en especial, la escritura conocida como chipro-minoica, que se encuentra sin descifrar. La chipro-minoica es una escritura lineal que aún no ha sido descifrada. Fue utilizada durante la Edad del Bronce. Una de las inscripciones Chipro-minoica es una tablilla de arcilla encontrada en Enkomi y fechada en el año 1500 a.C. La inscripción misma recuerda a la Lineal A495. La escritura chipro-minoica tiene un poco más de cien signos, y por lo tanto debe ser un silabario, con un signo para cada posible sílaba.

La mayoría de los signos se encontraron en un cilindro de arcilla de Enkomi del siglo XIV a.C., con un total de 179.499. Otros fragmentos de cilindros proporcionaron 167 signos adicionales, mientras que los restos de dos tablillas de arcilla halladas en Ras Shamra, (Ugarit), proveyeron una importante prueba de la presencia de chipriotas en el Levante a finales de la Edad del Bronce. Las dos tablillas sumaron 32 signos más al repertorio. Además de cilindros y tablillas, también se encontraron inscripciones en otros objetos como bolas de arcilla, en Enkomi, Kition y Hala Sultan Tekke, que aportaron un buen número de signos 501, 359 en total 502. Las inscripciones se encuentran en 167 objetos diferentes, con un total de un poco más de 1.000 signos.

(Tablilla MY Oe 106, encontrada en Micenas en la “casa del vendedor de aceite”, de circa 1250 a.C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, Tablilla 7671.)

 

Migraciones filisteas

Para muchos investigadores, uno de los factores más importantes que desencadenaron el fin de la Edad del Bronce, y que también explicaría las primeras migraciones de los Pueblos del Mar, es el cambio climático, que se manifestó en prolongadas sequías, que, a su vez, se tradujeron en hambrunas. También cuentan textos históricos que relatan migraciones motivadas por sequías en el mundo antiguo. Por ejemplo, los relatados por Heródoto y  Estrabón.

Otro de los factores que pudieron propiciar la crisis fue el de las invasiones de extranjeros que interrumpieron las rutas comerciales internacionales, lo que alteró las economías que dependían de la importación de materias primas.

La teoría predominante es que Ramsés III después de derrotar a los Pueblos del Mar, permitió a los filisteos establecerse en la llanura costera sur de Canaán. Esta idea fue desarrollada por Gastón Maspero, que sostuvo en base del texto del Papiro Harris I, que los filisteos se instalaron en calidad de vasallos en ciudades de dominio egipcio.

“Yo he extendido mis fronteras de Egipto derrotando a quienes habían transgredido sus tierras. Aniquilé a los denyen en sus territorios, los tjeker y los peleset fueron hechos ceniza. Los sherden y los weshesh del mar fueron convertidos en inexistentes, saqueados de una vez y traídos como botín a Egipto, [siendo este tan numeroso], como la arena de la playa. Los confiné en fortalezas sometidas a mi nombre; numerosísimos eran sus mozos. Les cobré tributo anual a todos, en tejido y en grano de la hacienda y de los graneros”.

Alrededor del año 1200 a. C., con posterioridad al fin de la civilización micénica, los filisteos emigraron a la costa sur de Canaán procedentes del mundo egeo, culminando así con un pueblo emblemático gracias a las constantes batallas contra los israelitas. Fundiéndose con otras civilizaciones de los pueblos de Canaán.

Por: Marcelo José Alesso- Los filisteos: la emigración de un pueblo y su instalación en Canaán-Universidad Carlos III de Madrid.

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