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Descubren en papiro egipcio antiguo remedio para la resaca

¿Quién no ha tenido un terrible dolor de cabeza al levantarse después de una noche en la que el consumo de alcohol fue mayor del habitual? Los síntomas de la llamada resaca podrían aliviarse según un texto escrito en griego y datado hace 1.900 años. Procede del centón de manuscritos conocidos como Papiros de Oxirrinco entre los que hay obras de Sófocles y otros autores griegos, evangelios, registros públicos y personales, contratos, inventarios e incluso horóscopos.

 Estos documentos los encontraron en un vertedero de la ciudad de la que toman su nombre, situada cerca de 100 kilómetros de El Cairo, a finales del siglo XIX un equipo de arqueólogos dirigido por Bernard Pyne Grenfell y Arthur Surridge Hunt.

Entre este medio millón de papiros hallado estaba este fragmento en el que se dice que el remedio para la resaca es colocar alrededor del cuello un collar hecho con las hojas de un arbusto llamado Laurel alejandrino (Ruscus racemosus L.). Con esas mismas hojas entrelazadas se tejía la corona con la que griegos y romanos distinguían a atletas, oradores y poetas.

El papiro en cuestión se ha incluido en un volumen publicado con cerca de 30 manuscritos médicos encontrados en Oxirrinco. Estos documentos han sido transcritos por investigadores de la Universidad de Oxford y el University College de Londres. Se trata del volumen número 80 de estos textos y es “la colección más grande de papiros médicos que se publicará”, según apunta Vivian Nutton, profesora del University College de Londres.

Además de este remedio para la resaca que indudablemente tiene un origen egipcio, en este conjunto de papiros hay complejos tratamientos para las hemorroides, el dolor de muelas o varias enfermedades oculares.

Destaca una receta para el tratamiento de las legañas de los ojos: a base de una mezcla de escamas de cobre, óxido de antimonio, plomo blanco, escoria de plomo lavado, almidón, rosas secas, agua de lluvia, goma arábiga, jugo de amapola y nardo celta.

Otro fragmento de papiro contiene un terrorífico relato de una cirugía ocular, proporcionando un relato en primera persona del tratamiento de un párpado vuelto del revés. Margaret Hirt, becaria de la Universidad de Cambridge, tradujo este texto:

El ojo…Empecé…por la sien…el otro desde la sien…para sacarlo con un pequeño cuchillo con la hoja roma…el borde del párpado desde fuera…desde dentro hasta que lo saqué.

Por Víctor R. Villar
Con información de La Brújula Verde

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Carmel Hassan: me molestan el paternalismo y la condescendencia

Carmel Hassan, ingeniera informática ©Javier Flores

-ingeniera, mujer, joven y feminista. ¿Lo suyo es la provocación?

Feminista es una palabra casi tabú, pero es una necesidad. Mientras exista el machismo no se puede ser otra cosa.

-Como mujer, el camino de las ingenierías ha debido recorrerlo muy en solitario.

-Fue sorprenderme ver cómo cada vez había menos mujeres. En realidad uno normaliza mucho su situación, no piensa que sea un problema ser mujer hasta que entras en una clase, apenas hay chicas y empiezas a recibir un trato diferente.

-¿Cómo de diferente?

-Paternalista, condescendiente…

-¿Molesta?

-Al principio crees que es normal, pero luego te haces mayor y, sí, molesta. Te dices, pero si estoy igual de preparada, ¿por qué me tengo que sentir más insegura que un compañero?

-¿También en la empresa?

-También hay paternalismo y condescendencia, pero sobre todo son los comportamientos, los comentarios y las conversaciones. Al crearse más dominancia masculina las conversaciones se tornan en charlas de bar… Aunque también soy optimista y creo que las cosas están cambiando.

-Usted ha escrito: “No hay leyes que nos discriminen y mi generación contó afortunadamente con las mismas oportunidades de acceso a la educación sin distinción de género”. ¿Entonces?

-La cultura y la sociedad tienen que cambiar para que la igualdad sea real. Ninguna ley te dice que no puedes acceder a un trabajo o estudiar, pero luego no existen los mecanismos para que sea así de hecho y cuando no hay transparencia los prejuicios y los estereotipos dirigen las decisiones.

-¿Por qué creó Yes we tech?

-Tenía interés en conocer la comunidad de mujeres en tecnología en Málaga y saber si podíamos unir fuerzas para ser más activas en la actividad tecnológica en la ciudad. La idea era crear una comunidad feminista, reivindicar que se eviten lenguajes y situaciones machistas en el sector de la tecnología, y trabajar en formación.

-¿Cuántas son?

-Tenemos un canal de Slack en el que estamos 39 y un meetup donde somos más de 300.

-¡Muchas!

-Sí.

-¿Poco visibles?

-Al menos no lo suficiente. Yes we tech quiere darles visibilidad y ver los roles profesionales que ejercemos.

-¿Qué teme?

-Mujeres programadoras hay pocas y son estos perfiles los que se valoran más. Las mujeres estamos mucho más en la parte visible del software, en tecnologías de la información, en diseño o en calidad. No es bueno ni malo, pero curiosamente se valoran más los puestos donde están los hombres.

-¿Por qué tan pocas mujeres estudian ingenierías?

-A medida que avanzas en los estudios hay menos mujeres. Cuando tienes que decidir con 16 años el tipo de bachillerato a estudiar hay tendencia a seguir a la masa, al grupo de amigos y amigas para no sentirte sola.

-¿Faltan modelos?

-También. La publicidad, el cine y la televisión han creado personajes relacionados con la tecnología con los que no se identifican las chicas, y en los libros de clase no aparece ninguna mujer destacada en ciencia o tecnología.

-¿Es difícil hacer carrera profesional?

-Hasta cierto punto no, pero sí a la hora de entrar en las redes de contactos que se crean a través de los eventos en los que se mueven las empresas tecnológicas.

-¿Por qué?

-Creo que es casi psicología grupal. Vas a un evento y a lo mejor te vuelves a encontrar sola. Interactuar con la gente es más complicado cuando los hombres se sienten más cómodos hablando entre ellos y parece que hablar con las dos únicas mujeres de la sala va a ser raro.

-¿Una ingeniera tiene que demostrar constantemente lo buena que es?

-No siempre pero sí a lo mejor a la hora de tomar decisiones, ver quién promociona o cómo se valora tu trabajo en público. Las cosas son muy sutiles, depende mucho de la cultura de los jefes y jefas, de la cultura de promoción y de la transparencia. Cuanta más transparencia mejor, se evitan sutilezas y endogamias. La falta de transparencia siempre perjudica a las mujeres porque es muy difícil demostrar que alguien no promociona porque es mujer.

-¿Cree en las cuotas?

-La discriminación positiva ayuda a resolver situaciones de desigualdad. En tecnología se parte de una cultura machista y puede ser una solución porque fuerza una situación de conciencia, de anormalidad y de necesidad de cambiar los métodos para buscar talento y garantizar la transparencia.

-¿Faltan emprendedoras en tecnología?

-He conocido pocas. Desde luego cualquier mujer necesita el apoyo de la familia para dar ese paso porque emprender significa invertir tiempo, corazón y seguramente dinero y no es una decisión de una persona sola, necesita que la pareja apoye esa iniciativa.


Hija de un refugiado

Carmel Hassan (Granada, 1987) confiesa que ha tenido mucha suerte. De pequeña tuvo a su alcance el ordenador de sus hermanos mayores, que despertó su curiosidad por una profesión que no conoce fronteras porque se aplica “de la medicina al arte”, es innovadora y circula a velocidades de vértigo. Hija de un refugiado palestino “del 48, enfatiza para subrayar aquella generación que tuvo que abandonar su tierra tras la guerra árabe-israelí, confiesa que sufre con proximidad e intensidad la “indignante y tristísima” situación de los refugiados. “Es revivir una y otra vez…”.


Por Encarna Maldonado
Con información del Diario de Sevilla

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Islamofobia, ignorancia atávica muy peligrosa

Rendición de Granada – Francisco Pradilla 1882 – Palacio del Senado. Madrid. España

“Hoy hace 525 años de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Es un día de gloria para las españolas. Con el Islam no tendríamos libertad” así escribió en Twitter Esperanza Aguirre, dirigente del Partido Popular, ex presidente de la Comunidad de Madrid e insaciable muestra de lo más rancio y decadente de un cristianismo fanático y de una derecha enajenada en las antípodas del mensaje y de la vida del Rabí Jesús de Nazareth. Adornó este mensaje con una bandera de España y un cuadro del pintor Francisco Pradilla, “La rendición de Granada”. Y lo hace en defensa y usurpación de “las españolas”, para las que semejante infausta conmemoración hoy debería de ser un día de gloria. Sería por la rápida violación de las Capitulaciones de Santa Fe (1492) en donde esos reyes católicos garantizaban reconocer lengua, costumbres, creencias, propiedades, conocimientos y una amplia y destrozada relación de derechos y de libertades. Que fueron arrasadas por el fanatismo de la Inquisición y la codicia de los nobles y soberbios católicos castellanos.

Más que planteamientos racistas, muchas veces se trata de ignorancia supina y torticera que puede llevar al fratricidio más sangriento. Como la mayor parte de las fobias desarrolladas o inculcadas desde otras posiciones sectarias, fanáticas y enfermizas.

De ahí la importancia de acercarnos a ese mundo al que pertenecemos sin ser consecuentes. Como españoles, no podemos desconocer que el Islam forma parte de nuestras raíces, de nuestras tradiciones y de nuestro imaginario. Es imposible entender el ser de España sin esos ochocientos años de convivencia en Al Andalus. Fueron siglos de enorme desarrollo cultural y económico, científico, médico y literario.

Del mismo modo que nos sabemos greco romanos y de tradición judeocristiana, es preciso redescubrir nuestra parte islámica en la lengua, la arquitectura, la gastronomía, la agricultura, la artesanía, la música y en nuestra manera de ser.

Cuando era joven, nos mortificaba que dijeran que África empezaba en los Pirineos. Hoy me siento orgulloso de saberme africano y muy europeo, a fuer de mediterráneo y de profundo admirador de Jesús de Nazareth. Hemos padecido los efectos represivos de la Reconquista ganada por el godo y que no fue capaz de reconocer tanta belleza, tanta cultura, tanta ciencia y tanta sabiduría. Durante siglos nos secuestraron esa parte entrañable de nuestro ser, y nos presentaron al “moro” como enemigo y como peligro del que nos salvaba el Estrecho de Gibraltar.

Hoy nos asustan con el provocado durante siglos falso problema de la invasión de inmigrantes africanos. Cuando éstos no hacen sino devolvernos las visitas y usurpaciones que les hemos estado haciendo durante quinientos años. En plena globalidad, con la revolución de las comunicaciones, es menester recuperar nuestras señas de identidad más profundas para que no nos lleve el viento por desarraigados.

El mundo islámico nos puede aportar razón para nuestra esperanza. Cuando Rilke decía, en sus Cartas a un joven poeta, que es menester que nada extraño nos acontezca fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo, hace una llamada para que los pueblos recuperemos nuestro pasado. Tan sólo asumiendo las contradicciones y el legado de la historia podremos afrontar un futuro que no nos arrastre a la despersonalización más suicida al convertirnos en “recursos humanos” para ser explotados, en una sociedad globalizada dominada por el pensamiento único.

Más de 1.200 millones de personas son musulmanas, pero no todas son árabes. Los persas chiítas son musulmanes, como millones de indonesios, pakistaníes, indios, europeos, rusos, africanos, asiáticos o norteamericanos.

Hay musulmanes de todas las etnias y pueblos unidos por la Sharia, la lengua árabe, la peregrinación a la Meca, el Ramadán y el calendario musulmán.

A catorce kilómetros de África es incomprensible la ignorancia de los españoles acerca de ese legado cultural. Demasiadas veces identificamos a los musulmanes con los fundamentalistas afganos, saudíes, o yihadistas enloquecidos que poco tienen que ver con el Islam auténtico. Eso sería como identificar el cristianismo con las nefastas Cruzadas, la Inquisición o ciertos dogmas proclamados por algunos papas y concilios en flagrante contradicción con el mensaje evangélico.

Es preciso despertar un movimiento en las universidades, en los colegios y a través de los medios de comunicación para descubrir ese patrimonio que nos pertenece. Conocer los cinco pilares del Islam: la profesión de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a la Meca.

Descubrir el significado de la Umma o comunidad de los creyentes, de las abluciones, del zoco y de la medina, de la mezquita y del baño público, de su ayuno y de su hospitalidad, de su sentido social y solidario con la práctica de la limosna, de la justicia y de la humildad. Estamos ofuscados por prejuicios que no revelan más que ignorancia y que supone un despilfarro de nuestras riquezas y posibilidades.

No podríamos expresarnos si nos arrancasen ese casi 30% de arabismos que posee el castellano, si nos arrancasen las acequias y el arte del agua, la arquitectura y la música, el culto de las formas, de los olores y de los colores; el refinamiento que transforma en arte las más humildes realidades de la teja, el estuco, los azulejos o los esmaltes, los cordobanes o los damasquinados, la taracea o el barro.

La más alta ocasión que vieron los siglos no fue Lepanto, sino la Escuela de Traductores de Toledo que, en el siglo XIII, asistía a la convivencia de los tres pueblos del Libro. Todos hablaban árabe entre ellos y cada comunidad su lengua.

Debemos arrancar de nuestro imaginario la palabra “tolerancia”. No hay nada que tolerar ni nadie está legitimado para tolerar nada a nadie sino se creyera en posesión de la Verdad. No digamos ya ser intolerantes. Es preciso acoger al otro en su diversidad, en su diferencia, en su contradicción y en su riqueza y exigirles el consecuente respeto a las nuestras. Sólo así se podrán alumbrar ese mundo nuevo y esa sociedad nueva en la que todos nos sepamos ciudadanos del mundo, vecinos y, por lo tanto, responsables solidarios.

No se puede temer a la verdad, ésta siempre libera y se descubre como camino y como quehacer que da sentido a un vivir con dignidad. Acabemos con fobias enfermizas e incontrolables que se curan mediante el conocimiento mutuo, el respeto, el diálogo y el talento necesario para construir unas sociedades ancladas en una sobriedad compartida.

Con información de Crónica Viva

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