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Nawal As-Saadawi y su formación para ejercer la medicina

Nawal al-Saadawi

Sana Helwâ binti. Sana Helwâ tabiba Yasmín.

Nawal sacó muy buenas calificaciones en secundaria y logró acceder a la Escuela Médica en 1948 para cursar unos estudios que se consideraban “masculinos”. El primer curso tenía carácter preparatorio y se impartía en la Escuela de Ciencias, que estaba situada en el edificio principal de la universidad 1. Habían pasado veinte años desde que la institución universitaria abriera sus puertas a las mujeres, incrementándose la presencia femenina en las aulas en la segunda mitad de la década de los treinta.

Nawal As-Saadawi describe su ingreso en la academia y la segregación sexual presente en determinadas carreras universitarias desde la auto-consciencia y eligiendo cuidadosamente las palabras para reconstruir su experiencia. Buscaba “rehacer” su identidad y obtener independencia económica, como otras muchachas egipcias 2 :

“En aquellos días, no se animaba a las chicas a elegir carreras de ciencias, o a estudiar medicina, ingeniería o ciencias puras. La palabra “ciencia” en árabe era un sustantivo masculino y tenía un algo masculino, pero aadaab (literatura) era femenina, y sus letras eran parecidas a las de adab, que significa buenos modales, obediente, dócil. Un dicho que se repetía a menudo era: “Se prefieren los buenos modales a la ciencia” (con el significado de conocimiento). De las chicas se esperaban buenos modales y obediencia, pero no pasaba lo mismo con los chicos.” 3


Sin embargo, a lo largo de su autobiografía siempre encuentra un momento para recordar que su verdadera vocación era escribir, no la medicina. Tras conseguir el certificado de enseñanza secundaria con muy buenas calificaciones, su primer impulso fue matricularse en la Escuela de Literatura, ser escritora. Su padre le dijo que los graduados de esa escuela acababan siendo funcionarios del gobierno u oficinistas 4. La gente de letras no tenía futuro, vivían y morían en la pobreza, como el poeta Al-Deeb 5. Preocupada, la madre decidió tantear el amor propio de su hija:

“¿Sabes, Nawal, quienes buscan entrar en la Escuela de Literatura? Los que no fueron buenos en la escuela y tienen notas bajas. Pero tú tienes las más altas calificaciones. Ve a la Escuela de Medicina. Podrás ser una doctora famosa como Ali Ibrahim, [uno de los principales cirujanos de Egipto], y podrás cuidar de nosotros sin que tengamos que pagar” 6. La joven acabaría cediendo pero en sus sueños imaginaba que llegaría a ser escritora, como Taha Hussayn 7: “Cuando decía eso, mis colegas sonreían sarcásticamente. ¿Qué tontería estás diciendo? Escribir no te dará de comer, Nawal” 8.

Su padre decidió ahorrar para pagarle la carrera. Pero ella consiguió que el Decano de su Facultad la eximiera del pago de la matrícula durante todo el período de estudio por haber pasado los exámenes de la escuela secundaria con las máximas calificaciones. Cuando volvió a casa para devolverle el dinero ahorrado a su progenitor, la cara de éste quedó grabada en su memoria: “Fue un momento que no puedo olvidar y cuyos detalles vivirán para siempre” 9. La lucha de Nawal por afirmarse, gestionar sus propios asuntos y obtener respetabilidad empezaba a dar resultados.

En la universidad empezó a mezclarse con el “otro sexo”, algo que estaba prohibido en la educación primaria y secundaria. Las dos palabras que más le ruborizaban las mejillas eran: sexo y hombre. En su primer año preparatorio, de anatomía, se agudizaron sus preguntas al conocer tanto el cuerpo femenino como el masculino. No entendía por qué su madre hacía tantas distinciones entre ella y su hermano, por qué hablaba del hombre como si fuera un dios a quien tendría que servir en la cocina durante toda la vida, por qué la sociedad había tratado siempre de convencerla de que la masculinidad era una distinción y un honor y la feminidad una debilidad y una desgracia.

Le molestaba que la sociedad formara a los hombres para sentirse dioses y a las mujeres para ser incapaces de hacer nada. Pero pronto sus pensamientos cambiaron de rumbo para concentrarse en sus estudios y en aprobar los exámenes de fin de curso. Después del año preparatorio se trasladó al edificio principal de la Escuela de Medicina, en la calle Kasr Al Aini 10. Allí accedió al primer curso de Al Mashraha 11.

“Mi imaginación se desbocaba al acercarme a la entrada del edificio. ¿Cómo iba a ser capaz de cortar un cuerpo humano?, ¿Cómo sería capaz de seccionar el músculo llamado corazón, que nunca había dejado de latir durante toda mi vida?, ¿Cómo sería capaz de cortar las células del cerebro que nunca había dejado de hacer preguntas, y de recuperar los recuerdos de la infancia?”12.


Le costó acostumbrarse:

“Los primeros días, temblaba cada vez que hacía un corte en el cadáver con el escalpelo, porque no podía olvidar que era carne humana lo que diseccionaba. Dejé de comer todo tipo de carne, y cuando veía algún trocito flotando en la sopera, me entraban náuseas. Me recordaba a un miembro flotando en formalina” 13.

En Memorias de una Joven Doctora 14 habla de lo que la ciencia le hizo descubrir, de cómo le abrió los ojos, encontrando en ella respuesta a muchas de las preguntas que se había hecho desde pequeña. Durante años había intentado entender el mundo, comprender las diferencias entre chicos y chicas, y averiguar las causas de la discriminación sexual. Ahora, en esta nueva etapa de su vida iría sustituyendo los discursos legitimadores religiosos por los discursos científicos. Thomas Laqueur aún no había publicado su libro sobre el análisis histórico de la literatura médica, en el que pone de relieve el salto cualitativo que supuso pasar de la percepción de un solo sexo, el masculino, pues el “cuerpo femenino” se consideraba un mero apéndice o versión devaluada de él, a la consideración de dos sexos, el masculino y el femenino, con sus propias características y sus representaciones culturales 15.

La dualidad se puso de relieve en la profusión de dibujos sobre la anatomía del cuerpo femenino, las nuevas interpretaciones sobre la reproducción humana y el papel de las mujeres en ella, algo que canalizaría la educación femenina hacia la domesticidad 16. La ciencia le reveló a Nawal la igualdad y la diferencia desde perspectivas biológicas, culturales y éticas. Existían cuerpos sexuados, categorías generacionales, étnicas y raciales que a veces se combinaban debido a un cúmulo de circunstancias. Conviviendo con ellas se palpaban la presión social y familiar, la educación segregada, la huella de unos roles históricamente construidos y de unas ideologías justificativas de la desigualdad que creaban relaciones de dependencia y de sometimiento personal 17. De ahí “la inferioridad” de las mujeres. A partir de ese momento se abriría un mundo nuevo ante la joven estudiante de medicina.

Su “yo” llegó a una fase nueva, de adaptación. Abducida por los estudios que le requerían mucha concentración y dedicación, por la responsabilidad de aprobar los exámenes de fin de curso y ser la alumna modelo a ojos de la sociedad y de su familia, Nawal dejó de lado sus preocupaciones por su condición de mujer, para verse sumergida en una nueva lucha: terminar su carrera y luchar por la liberación de su patria:

“La niña se había transformado en una muchacha veinteañera, una estudiante que se tomaba su trabajo muy en serio, estudiaba anatomía, bioquímica, psicología y patología. Había leído el Corán y partes del Antiguo y el Nuevo Testamento, además de otros libros de filosofía, religión y, sobre, todo, historia, desde el tiempo de los faraones y los antiguos egipcios hasta el Khedive Ismail, la ocupación británica, el rey Fouad y el rey Farouk, y el nacimiento de los partidos políticos en Egipto 18.

Tras el relumbrón intelectual y emocional que provocó en ella el descubrimiento de la medicina, Nawal constataría en su práctica profesional en hospitales y centros de salud que el cuerpo humano, cada cuerpo, supone semejanza, desigualdad y diversidad; valoraría las consecuencias del uso abusivo del “biologismo” y el “culturalismo”, cuando se utilizan en un sentido reduccionista, y entendería que la construcción de una genealogía femenina basada en la necesidad de valorar los hechos, trabajos y aportaciones sociales de las mujeres se había anticipado a las argumentaciones científicas sobre el alcance de la diferencia sexual 19.

En sus prácticas médicas tuvo ocasión de comprobar que el patriarcado y sus instituciones identificaban feminidad con maternidad y que a partir de la capacidad anatómica y biológica reproductiva de las mujeres se habían construido modelos de feminidad, normas jurídicas y educativas, mecanismos de control de la sexualidad, discursos, representaciones y experiencias que las llevaban a “desaparecer” como sujetos tras su función materna 20.

Nawal As-Saadawi se graduó en la Universidad de El Cairo en 1955 con unas calificaciones excelentes, motivo por el que pasó a trabajar como médica residente en el hospital universitario de Kasr el Aini. Allí desapareció la pesadilla que de manera reiterada le había acompañado durante su niñez y su juventud:

“Mi madre me dejó la tarea de encender el hornillo. Todas las noches, dormida, soñaba que el hornillo habría estallado, veía a mi madre en medio de las llamas y corría a salvarla, pero era demasiado tarde porque ya se había muerto abrasada. La envolvían en un sudario blanco y colocaban su cuerpo sobre el lecho de latón. En el sueño, el sudario era el blanco vestido de seda con que se casó” 21.


El sueño se repetiría de diferentes maneras: “Sólo me dejó, recuerda Nawal As-Saadawi, después de graduarme en la escuela de medicina y convertirme en residente con “honores” en el hospital universitario de Kasr Al Aini” 22. Posiblemente a través de estas fantasías oníricas, que obedecían a impulsos diversos, se estaban expresando vínculos ocultos de afecto y temor entre la madre y la hija 23.

A comienzos de abril de 1955, Nawal cobró por primera vez en su vida un sueldo mensual. Nueve libras, “cada una de ellas tan grande como la siguiente, para usar una expresión de Sittil Hajja” 24. Se había convertido en una mujer independiente, hablando en términos económicos, un requisito básico para construir el camino de su liberación personal.

Después de trabajar un año en el Hospital Universitario fue enviada a un Centro de Salud de la zona rural de Kafr Tahla, que albergaba tres secciones distintas: unidad clínica, unidad de servicios sociales y unidad educacional. Se trataba de uno de los proyectos emprendidos en las áreas rurales por el régimen revolucionario en 1956.

Por Mouna Aboussi Jaafer, (Universidad de Málaga)


Notas:

  1. AS-SAADAWI, Nawal, op. cit., pág. 298.
  2. Las obras de Virginia Wolf marcaron el camino. Cf. Un cuarto propio, Madrid, Horas y Horas, 2003, Tres guineas. Barcelona, Lumen, 1999 y Las mujeres en la literatura, Barcelona, Lumen, 1981. La segregación sexual, a pesar de los avances experimentados, aún se mantienen. Ver BALLARÍN DOMINGO, Pilar (ed.), Desde las mujeres. Modelos educativos: coeducar/segregar. Granada, Universidad de Granada, 1992; BLANCO, Nieves, Educar en femenino y en masculino, Madrid, Akal, 2001 y ARENAS, Gloria, Triunfantes perdedoras. Investigación sobre la vida de las niñas en la escuela. Málaga, Universidad de Málaga, 1996.
  3. AS-SAADAWI, Nawal, op. cit., pág. 304.
  4. AS-SAADAWI, Nawal, La hija de Isis, op. cit.,pág. 296.
  5. Este escritor dice en uno de sus poemas: “Soy una pared en la que está escrito: ¡Oh, hombre de vejiga llena, mea aquí!”. Ver AS-SAADAWI, Nawal, La hija de Isis, op. cit, 296.
  6. Idem. 
  7. Taya Hussain
  8. AS-SAADAWI, Nawal, op cit, pág. 322.
  9. Idem, pág. 316.
  10. Idem, pág. 305.
  11. Idem, pág. 308. La sala de disección. Se refiere al curso en el que los estudiantes cursan anatomía y fisiología del cuerpo humano, además de farmacología y parasitología.
  12. AS-SAADAWI, Nawal, op cit, pág. 308.
  13. Idem. pág.310
  14. AS-SAADAWI, Nawal, Memorias de una Joven Doctora, Barcelona, Lumen, 2006.
  15. LAQUEUR, Thomas, La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud. Madrid, Cátedra, 1990.
  16. SCHIEBINGER, Londa, “Skletons in the Closet: The First Illustrations of the Fenmale”, en Catherine Gallagher y Thomas Laqueur (eds.), The Making of the Modern Body: Sexuality and Society in the Nineteenth Century. Berkeley, Los Ángeles, Londres, University California Express, 1987, págs. 42-82.
  17. TUBERT, Silvia (ed.), Del sexo al género. Los equívocos de un concepto. Madrid, Cátedra, 2003 e IZQUIERDO, María Jesús, El malestar de la desigualdad. Madrid, Cátedra, 1998, especialmente el capítulo segundo: “El cuerpo: semejanza y diversidad”, págs. 57-112.
  18. AS-SAADAWI, Nawal, Prueba de fuego, op. cit., pág. 49
  19. IZQUIERDO, María Jesús, El malestar en la desigualdad. Madrid, Cátedra, 1998, pág. 13.
  20. TUBERT, Silvia (ed.), Figuras de la madre. Madrid, 1996, págs. 8-10.
  21. AS-SAADAWI, Nawal, La Hija de Isis, pág. 178.
  22. A los estudiantes de medicina graduados con buenas calificaciones se les asignaba una plaza de residente en el hospital universitario.
  23. BUZZATTI, Gabriella y SALVO, Anna, El cuerpo-palabra de las mujeres. Los vínculos ocultos entre el cuerpo y los afectos. Madrid, Cátedra, 2001, págs. 20, . 37 y ss.
  24. AS-SAADAWI, Nawal, La Hija de Isis, op. cit., pág. 178.

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La medicina en el mundo Árabe

Sana helwâ al’amirat Yasmin (سناء حلوة الاميرة ياسمين)

Happy birthday Princess Yasmin

El desarrollo de la medicina árabe como expresión de una de las tres grandes culturas mediterráneas que existieron entre los siglos V y XV: Europa Occidental, el Imperio Bizantino y los Califatos Árabes.

Estos últimos se distinguieron en el campo de las ciencias y, muy especialmente, en la medicina. Se destaca que la contribución principal de los árabes a la medicina fue la preservación de las antiguas tradiciones y de los textos griegos, que de otra manera se hubieran perdido; además, mantuvieron el ejercicio de la medicina separado de la religión en los tiempos en los que en Europa era un monopolio de los clérigos.

El mundo árabe e islámico, que surge paralelamente a Bizancio, fue el escenario fundamental de la medicina y de la ciencia durante buena parte de la Edad Media. En la primera etapa, que comprende aproximadamente los siglos VIII y IX, incorporó el saber médico de origen griego, combinándolo con algunos elementos de la medicina clásica de la India y Roma. Ello significó un extraordinario esfuerzo de traducción al árabe de obras médicas que estaban escritas principalmente en griego y en latín. De esta manera se consolidó el dominio del sistema de Galeno en la medicina islámica y, más tarde, en la europea que dependió durante varios siglos de las obras en árabe. En el Imperio Musulmán se distinguieron dos Califatos: Bagdad (siglos VIII y IX), y el de Córdoba (siglo X).

Los progresos más sobresalientes aportados por la medicina árabe fueron la construcción de hospitales, nuevas observaciones clínicas, especialmente en enfermedades infecciosas y oculares, y la ampliación de la farmacopea.


Médicos en la historia árabe

En el Islam surgió el hakim, médico filósofo, que en el camino de la medicina busca la sabiduría, guiado siempre por elevadas normas éticas. Une siempre la ciencia con los ideales éticos.  La patología, ciencia que estudia las enfermedades, estuvo basada en la misma doctrina humoral y explicaba la enfermedad como un desequilibrio en la armonía natural de los hombres. Como factores etiológicos se aceptaban las alteraciones en las seis cosas no naturales de Galeno. Otro factor etiológico no natural fue la bebida, pues por mandamiento religioso estaban excluidas las bebidas alcohólicas. La terapéutica en el mundo árabe, consta de las tres ramas galénicas tradicionales: la dietética, entendida como regulación total del género de vida.La farmacología y una cirugía muy poco desarrollada.

Rhamzés (850-923 d. n. e.)

Médico persa, al igual que los autores clásicos, se interesó también por la prevención de las enfermedades y el uso de las dietas en su tratamiento, así como alertó sobre el provecho y el daño de los baños. Se le atribuye la utilización del yeso por primera vez en medicina, en pleno siglo X, en su tratado médico “Hawi”, considerado como un avance significativo. Con la adición de agua a un polvo de sulfato cálcico deshidratado se producía un material sólido. Se ha destacado su comprensión del tratamiento moral en las enfermedades mentales. Era un defensor de la alquimia.

Abulcasis (936-1013 d. n. e.)

Entre los más importantes cirujanos árabes de la época se encuentra Abul Qasim Al Zaharawi, conocido con el nombre de Abulcasis (936-1013 d. n. e.), nacido en Medinat Al Zahra, a cinco kilómetros de Córdoba, es el autor de un tratado de medicina – “Tasrif” – en treinta tomos que, en los capítulos dedicados a la cirugía – Vade Mecum de cirugía- describe entre otros procedimientos el tratamiento de la cirugía de los ojos, de los dientes, hernias, extracción de cálculos, partos, luxaciones, fracturas, amputaciones y la ligadura de las arterias. Fue traducido y empleado como libro de texto en las escuelas de medicina hasta el renacimiento.

Avicena (980-1073 d. n. e.)

Fue uno de los más prestigiosos médicos árabes. Escribió el “Canon de la Medicina”, tratado en cinco tomos en el que trata desde la anatomía y la fisiología hasta las enfermedades de distintos órganos y aparatos, así como la galénica, combinando en un tratado todo el saber médico de la época. El Canon es uno de los textos más importantes de la historia de la medicina. Así mismo describe, ayudándose de ilustraciones, numerosos instrumentos quirúrgicos. Aportó el uso de las suturas y el opio. Tanto Avicena, como antes Rhamzés, se ocuparon de la higiene sexual en sus textos y también se reglamentó la utilización del baño.

Ibn Wafid (1008-1075 d. n. e.)

Nació en Toledo donde estudió medicina y se familiarizó con los textos de Aristóteles, Dioscórides y Galeno. Se muestra partidario de no usar los medicamentos compuestos, sólo los simples y aun estos evitarlos si los enfermos se pueden curar sólo con la dieta. Publicó también un texto sobre balneoterapia.

Avenzoar (1092-1162 d. n. e.)

Nació en Sevilla y mantuvo estrecha amistad con Abd-al-Habid, dio normas de higiene o prevención y escribió sobre la prohibición de ciertos medicamentos, así como sobre los alimentos y la dieta. Cuestionó la anatomía de Galeno y descubrió la etiología de la sarna.

Averroes (1126-1198 d. n. e.)

Puso énfasis en los regímenes de vida y en la dieta. Recomendó el uso del agua fría para disminuir la fiebre. Insistió sobre el valor curativo de las dietas, previno contra el abuso de los medicamentos, y recomendó comenzar siempre administrando las drogas en pequeñas dosis y aumentarlas si se observaban buenos efectos al cabo de tres días. Mantuvo la conveniencia de espacios amplios y aire puro para mantener la salud y escribió también sobre la dieta. Se mantendrá vigente durante muchos años, gracias a su obra más conocida, “Kitab el Coliyat o Libro Universal de la Medicina”, libro fundamentalmente galénico y aristotélico, consta de siete libros dedicados a la anatomía, fisiología, patología, semiótica, terapéutica, higiene y medicación. Tiene una importancia fundamental para la historia de la filosofía, llegando a ser el más célebre de los filósofos árabes de la Edad Media, sobre todo por sus comentarios a las obras de Aristóteles.


Mujeres Médicos

La Sharia requiere que los musulmanes se preocupen por todas las esferas de la sociedad. Con la llegada del Islam la mujeres pudieron empezar a trabajar como médicos tratando a hombres y mujeres, especialmente en el campo de batalla. El honor de ser la primera médico lo tuvo Rufayda bint Sa’ad al-Aslamiyya, quien vivió en el mismo tiempo del Profeta. Ayudó a curar y tratar a los heridos en la batalla de Badr, el 13 de marzo del 625. Aprendió la mayoría de sus habilidades de ayudar a su padre, Sa’ad al-Aslami, quien también era médico.

Al Shifa bint Abdulla al-Quraishiyya al-Adawiyah fue una de las mujeres sabias de su tiempo. Estuvo involucrada en los asuntos de la administración pública y también era médico. Su nombre era Layla, pero recibió el apodo de ‘Al-Shifa’ que significa ‘la que cura’.

Nusayba bint Ka’ab al-Mazneya, puso en práctica sus conocimiento en la batalla de Uhud; Umm-e-Sinan Al-Islami pidió el permiso del Profeta para salir al campo de batalla a ayudar a los heridos y a llevarles agua; Umm Warqa bint Harith, quien participó en la recopilación del Corán, también ayudó en la batalla de Badr.

Nudaybah bint al-Harith, también conocida como Umm al-Athia, ayudaba con los heridos en las batallas y proveía a los soldados con agua, alimentos y primero auxilios; incluso hacía circuncisiones.

Las antiguas escuelas de medicina

Las Escuelas de Medicina se construían junto a las mezquitas y la educación médica era teórica y práctica. En el año 931, el califa Af- Muqtadir, estableció la obligación de obtener mediante examen previo un título (Icaza), que lo habilitaba para la práctica legal de la profesión y también exámenes para las distintas especialidades. El peso de los escritos árabes en la Edad Media puede juzgarse considerando el currículum de la escuela de medicina de la Universidad de Tubinga a fines del siglo XV (1481).

En el primer año los textos eran Ars medica de Galeno y primera y segunda secciones del Tratado de fiebres de Avicena, en el segundo año se estudiaba el primer libro del Canon de Avicena y el noveno libro de Rhamzés, y en el tercer año los Aforismos de Hipócrates y obras escogidas de Galeno.

Hay noticias de las academias de El Cairo y otras ciudades donde se enseñaba la medicina según planes de estudio adecuados, con facilidades clínicas en hospitales bien dotados, cocinas orientadas a la preparación de dietas apropiadas, baños, farmacias, jardines botánicos y ricas bibliotecas. Los hospitales no eran únicamente centros asistenciales sino también de enseñanza de la medicina. Al terminar sus estudios, los alumnos debían aprobar un examen que les aplicaban los médicos mayores.

Con información de El mundo Árabe y la medicina


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Amapola – La flor mística de Medio Oriente

En Persia esta flor era el símbolo del amor y la felicidad, también de la sexualidad y de deseos de pasión.

Los egipcios percibían la flor de la amapola como un símbolo de la hermosura y la juventud de la mujer. La capital del Alto Egipto – Fiva- los campos estaban densamente sembrados con flores de amapola. Esta flor también se utilizaba en medicina: los jarabes de esta flor se la daban a los enfermos para combatir las infecciones y a los niños para que dejaran de llorar.

En las tumbas de los faraones ponían grandes ramos de flores de amapola – lo egipcios creían que en el otro mundo los faraones con la ayuda de la amapola conseguirían la eterna juventud y hermosura.

El origen de la Amapola

Evidencia arqueológica de semillas fosilizadas de amapola asociadas al hombre neandertal sugieren que pudo haber conocido y utilizado la amapola hace más de 30,000 años. Se han hallado restos fosilizados de bizcochos de semillas de amapola en habitáculos neolíticos suecos de más de 4,000 años. La amapola fue cultivada en las antiguas civilizaciones de Persia, Egipto y Mesopotamia.

En aquella remota antigüedad se comían partes de la flor y el fruto, o se preparaban líquidos para beber.

La primera referencia escrita de la planta de amapola aparece en un texto sumerio de 4,000 aC. La flor se conocía como “hul-gil” o planta de la felicidad. Los sumerios les dan a conocer la planta a los asirios, quienes a su vez se la presentan a los babilonios, de quienes los egipcios aprenden sus propiedades.

El opio es el jugo cuajado de la amapola, (Papaver somniferum). Se extrae de la planta mediante cortes en la superficie de la cápsula,(fruto), recogiendo el jugo una vez cuajado.

En próximo oriente a pesar de la antigua polémica existente sobre el significado concreto de determinados signos cuneiformes y el conocimiento de la amapola en estas tierras, los resultados paleobotánicos de las excavaciones arqueológicas y las representaciones en figurillas votivas, en cilindros sellos o en los conocidos bajorrelieves asirios indican que la amapola fue perfectamente conocida en la antigua Mesopotamia. También está documentada su presencia en la costa sur del Mar Negro, en la actual Turquía, entre las ruinas del palacio de Beycesultan destruido en torno al 1900 a.C. Recientes excavaciones en la ciudad de Troya y cerca del yacimiento de Kumtepe, revelaron rastros de su presencia. En Egipto según los hallazgos arqueológicos y las representaciones pictóricas de numerosas tumbas, especialmente del área de Tebana, la amapola cumplía una función importante en la religión así como en la medicina antigua.

Tanto en Creta como en Chipre se la asociaba con la divinidad. La conocida Diosa de Gazi, una estatuilla que data del 1450-1100 a.C., se encuentra coronada por una diadema con tres cabezuelas de amapola.

Homero en La Ilíada hace varias veces referencia a esta flor empleándola como recurso literario para señalar la muerte de Gorgitión y como metáfora para reflejar la suerte de Ilioneo.

Un fragmento de Parmenón de Bizancio, (siglo III a.C.), relaciona la bebida desenfrenada del vino con los efectos que produce la ingestión del jugo de la amapola.

Los sacerdotes egipcios recurrían el uso de remedios derivados de la amapola. Se referían a ellos con el nombre de tebacium, ya que las plantas colectadas para esa medicina provenían de las inmediaciones de Tebas. El comercio de esta planta florece en los reinados de Tutmose IV, Akenatón y Tutankamen. Los fenicios movían el producto a través del Mediterráneo hasta Cartago, Grecia y los asentamientos griegos en toda la región. Los faraones egipcios eran sepultados con envases llenos de un producto elaborado con amapolas a su lado. Imágenes de la planta aparecen en la pictografía egipcia.

La Amapola en el antiguo Egipto

Los antiguos egipcios sabían cómo extraer la morfina de esta planta. En un pequeño recipiente de piedra, que se encontró en la tumba de Kha en Deir el Medina, había un poco de ungüento que contenía morfina. No había perdido su potencia en miles de años, indujo el sueño en una rana y un ratón, y cuando una mayor cantidad se inyectó bajo la piel de otra rana, la mató.

La amapola roja, Papaver rhoeas, empleada en medicina desde la IV dinastía, tiene propiedades ligeramente narcóticas.

El término egipcio Spn, que aparece en una receta para la cerveza y en los escritos médicos, correspondería a semillas de Papaver somniferum o Papaver rhoeas. El spn del Papiro de Ebers parece haber tenido un fuerte efecto calmante.

La amapola, llamada “planta de spn” por los antiguos egipcios, se utilizaba en conocimientos simples, como analgésico y tranquilizante. Cuenta el Papiro Ebers, que la sacerdotisa Tefnur curó las jaquecas del dios Ra, usando un té hecho con cabezas de adormidera. Imhotep, (“el que trae la paz”), el Esculapio Egipcio, llevaba en su mismísimo nombre la alusión a la calma de dolores de la adormidera.

Se recomendaba el jugo de la cápsula, (opio), en pomadas, por vía rectal y por vía oral. Se utilizaba para muchas cosas, incluso para dolores en los dientes de los niños y en general para que los niños no griten fuerte.

Una de las recetas del Papiro Ebers: “mézclese el jugo de la planta de spn con estiércol de moscas que hay en las paredes, hágase una masa, pásese por el tamiz y adminístrese durante cuatro días. Los gritos cesarán en seguida”.

Sus muy llamativas flores no aparecen en las decoraciones funerarias hasta los reinados de Tutmosis IV y Amenofis III, (1401-1353 aC), irrumpiendo en la iconografía profusamente.

Hay plantas de amapolas formando el collar de la estatuilla de madera del arquitecto Kha. En dicha tumba, en Deir el-Medina, se encontró una maceta que todavía preservaba restos. El residuo se analizó en Génova y se le inyectó a una rana y a un ratón, ambos cayeron en un sueño profundo. La sustancia seguía activa después de 3.000 años.

Hay flores de amapolas en los ramos dedicados a Osiris, pintados en los papiros mágico-religiosos conocidos con el nombre de Libro de los Muertos, igual que en el caso del papiro del arquitecto Kha. La escena también se repite en algunas estelas de tumbas contemporáneas.

La tumba de Ramsés presenta uno de los invitados al ágape con ramillete de cabezas de amapolas. Userhat también se asoció a las amapolas, ya que el sacerdote Sem del cortejo fúnebre de su tumba luce un gran ramo.

Nebamon e Ipuky quisieron inmortalizarlas en los ramos que adornan la escena mortuoria ofrecida por sus deudos. En uno, se mezclan las amapolas con papiros y lotos blancos; mientras que en el otro además se incluyen bayas de mandrágora; quizás manifestando así las preferencias individuales.

Bajo el reinado de Akhenaton, las amapolas fueron parte de las pinturas que decoraban el suelo del palacio real de Amarna.

Durante el reinado de Tutankhamon, la representación se incrementa hasta casi igualarse a la representación  de las bayas de mandrágora. Entre las joyas del faraón existen un par de pendientes rematados por cuatro cápsulas de amapolas intercaladas entre adornos al final de las hiladas de cuentas que cuelgan de unos pendientes.

Una cucharilla de cosméticos procedente de la necrópolis de Gurna y de la dinastía XVIII, muestra un adorno floral en el que tres cápsulas de amapolas se han incrustado en una flor de loto donde suele destacar la mandrágora.

En época Ramésida se generalizan sus representaciones, y la amapola llega incluso a las tumbas de los obreros, como es el caso de Sennedjem.

También es destacable una escena de libaciones de la tumba de Sennedjem, el sacerdote funerario, con su distintivo de piel de pantera, vertiendo líquido sobre un ramo de amapolas.

La Amapola en la Grecia antigua

En la antigua Grecia y Roma existían muchos mitos sobre la flor roja de la amapola. El más romántico mito es sobre la diosa romana del Amor llamada Venera, al descubrir que su amado Adonis había muerto; lloró durante siete largos días. Cada lágrima que se caía al suelo, se convertía en una flor de amapola roja. Desde entonces las hojas de la flor caen igual que las lágrimas de mujeres.

Los griegos asociaban la flor de la amapola con el Dios del sueño llamado Gipnos. Lo imaginaban como un chico joven con una corona hecha de las flores de amapola que por todo el mundo se hacía con el extracto de sueño de la tierra. Los antiguos griegos, al contrario de los egipcios, ya sabían que las semillas de amapola tenían un efecto narcótico.

Propiedades medicinales

La amapola tiene un uso medicinal porque esta planta posee propiedades terapéuticas, que actúan además como analgésicos a nivel del sistema nervioso central, también posee características que sirven para mitigar la tos, actúa también como un antidiarreico y es un antiespasmódico, de esta planta se extrae la morfina y es conocido como un analgésico muy potente y de gran toxicidad cuando se usa para otros fines diferentes a los médicos, es por ello que su uso se encuentra muy restringido, su utilización es de reserva para pacientes con dolores muy severos a los que previamente se les han aplicado otros tratamientos alternativos sin ningún éxito, pero sin embargo el uso de la codeína que es un alcaloide extraída del opio y actúa en los seres humanos como un analgésico con una serie de acciones similares a la morfina se encuentra muy extendido y suele estar en fórmulas de muchos antigripales y es usado como un analgésico moderado, la heroína es un derivado de la morfina que resulta altamente toxica y su uso está totalmente prohibido, no cuenta con ninguna aprobación médica.

Se dice que las cabezas de amapola con las semillas , convertidas en un jarabe dulce, se utilizaban con frecuencia para reconciliar el sueño, en las personas enfermas y con síntomas de afecciones respiratorias y malestar en general, para detener los efectos de estas enfermedades o virus, además combaten la tuberculosis, también hervían las semillas negras en vino y posteriormente se bebía para tratar los problemas de flujo, también se comenta que con la amapola se puede prevenir la epilepsia además cuenta con propiedades anestésicas. La planta de la amapola, conocida como adormidera, siempre fue utilizada como alimento, forraje y aceite, pero hay registros históricos de que sus funciones psicotrópicas ya eran conocidas en 3.000 a.C. Del Oriente Medio, donde era muy empleado por la medicina, se extendió hacia India y, después, en el siglo IX, hasta China. En Europa occidental el opio adquirió importancia terapéutica en el siglo XVI.

La planta de la amapola posee varias propiedades medicinales, las cuales se concentran casi exclusivamente en los pétalos de sus flores. Los usos de la amapola son tanto internos como externos. Una de las propiedades medicinales más conocida e importante que tiene esta planta, es la de sedante. Ejerce un suave efecto sedante sobre el sistema nervioso. Calma manifestaciones. Reducir el nerviosismo y la ansiedad. Para tratar el insomnio, puede estar originado por problemas de ansiedad o nerviosismo. Mejora la función del aparato respiratorio, ejerciendo una acción antitusiva. Es expectorante, (calmante), indicada para enfermedades del sistema respiratorio, como la bronquitis, hacer salir mucosidades de los bronquios o la faringitis. Tratar casos de gripe. Emolientes, por lo cual sirve para disminuir la irritación de la garganta producto de la tos en exceso, bronquitis, asma, resfriados y anginas.

Para tratar estas afecciones se recomienda beber una infusión preparada con una cucharada y media de pétalos de amapola por cada litro de agua. Beber dos tazas diarias. Aliviar síntomas de garganta, o faringitis se pueden hacer gárgaras con una infusión de dos cucharadas de  pétalos secos de amapola por cada litro de agua. Antiespasmódica, debido a esto se utiliza para tratar cólicos estomacales y casos de diarrea. Antipiréticas, ayuda a bajar la fiebre. Recomendada para la conjuntivitis, aplicar la infusión tibia con gasas húmedas sobre la zona afectada. La conjuntivitis es una inflamación o infección de la fina membrana, (conjuntiva), que cubre el blanco de los ojos y el interior de los párpados. El ojo se torna rojo como consecuencia de una reacción natural de defensa que aumenta el flujo de sangre en la superficie del ojo para eliminar la infección. Recomendada para arrugas en el rostro, aplicar la infusión tibia con un paño limpio sobre la zona.

Otros usos de la amapola

La infusión de amapola, se realiza con los pétalos de las flores. La infusión se prepara con 2grs de pétalos de amapola por cada taza de agua que vayamos a preparar. Debemos calentar la mezcla cinco minutos y dejar reposar. La dosis recomendada de esta infusión puede llegar hasta 3 tazas diarias, y no recomienda extender la ingesta del té de amapola más de cuatro días consecutivos. Los pétalos de amapola los podemos adquirir en herboristerías, tiendas que comercialicen productos naturales, etc.

Papiro de Edwin Smith

El papiro de Edwin Smith, el texto médico más antiguo

El papiro de Edwin Smith es un texto médico egipcio antiguo sobre trauma quirúrgico. Data de las Dinastías 16-17 del Segundo Período Intermedio en el Antiguo Egipto, ca. 1600 aC. El papiro de Edwin Smith es único entre los papiros médicos que sobreviven hoy. Mientras que otros papiros, como el Papiro de Ebers y el Papiro médico de Londres, son textos médicos basados ​​en la magia, el Papiro de Edwin Smith presenta un enfoque racional y científico de la medicina en el Antiguo Egipto.

En él se encuentran datos del uso de la amapola para uso médico y terapéutico, basado en sus aceites esenciales y de sus propiedades calmantes y como opiácea.

El papiro de Edwin Smith mide 4.68 m de longitud, dividido en 17 páginas. El anverso, el anverso, tiene 377 líneas de longitud, mientras que el reverso, la parte posterior, tiene 92 líneas de longitud. Aparte de la primera hoja fragmentaria del papiro, el resto del papiro está bastante intacto.

Está escrito en hierático, la forma cursiva egipcia de jeroglíficos, en tinta negra y roja. La gran mayoría del papiro se refiere a trauma y cirugía. En el lado anverso, hay 48 casos de lesiones. Cada caso detalla el tipo de lesión, el examen del paciente, el diagnóstico y el pronóstico, y el tratamiento. El lado del verso consiste en ocho hechizos mágicos y cinco prescripciones. Los hechizos del lado del verso y dos incidentes en el Caso 8 y el Caso 9 son excepciones a la naturaleza práctica de este texto médico.

Con información de Medicina Natural / Cinabrio y Daniel Becerra Romero

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