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Artesanías de Hebrón – Arte milenario Palestino

Antigua tradición familiar

Una tradición antigua, que tiene sus orígenes en el pasado. Hebrón, uno de los principales centros económicos de Palestina, con más de 6.000 años de historia, transmite de padres a hijos el oficio de artesanía en diversos ámbitos: Vidrio, bordado, cerámica o alfarería.

Tradición que perdura en el tiempo, las cerámicas artesanales datan de la época otomana, explicaron los residentes de la ciudad. En aquel entonces, dijeron los residentes, las cerámicas eran elaboradas a mano en los hogares de las familias de la Ciudad Vieja hasta que la cerámica se convirtió en una fuente principal de ingresos. Residentes de la ciudad afirman que la industria del vidrio se inició en Hebrón cuando un grupo de viajeros comenzó un incendio  de gran alcance en las arenas en la zona sur de Hebrón y encontraron formas de vidrio en el lugar al día siguiente. Según los residentes, así es como la industria del vidrio fue descubierta en Hebrón y luego viajó al resto del mundo.

Hamdi Natsheh (Director Fábrica de Vidrio y Cerámica de Hebrón)

“Exportamos estos productos a todo el mundo con una etiqueta que dice ‘Hecho en Hebrón’. Cada artículo cuenta una historia que data de cientos de años”.

Con estas palabras, Al-Hajj Abdul Jawad Abdul-Hamid al-Natsheh, de 86 años, describió los productos elaborados por artesanos en su fábrica, que se estableció en Hebrón, hace más de 150 hace años.

“La tradición de trabajar el vidrio se remonta a tiempos antiguos. Esta industria comenzó en la ciudad vieja de Hebrón en un barrio llamado “Harat al-Qazazin” (barrio de los profesionales del vidrio) donde nacieron diferentes fábricas que alcanzaron con el tiempo catorce títulos.”

Muchas de estas se vieron obligadas a cerrar, en el transcurso de los años. Entre ellas, ha resistido la Fábrica del Vidrio y la Cerámica, fundada hace más de 150 años y con una fuerte capacidad de exportar sus productos en todo el mundo.

“Según la historia familiar, este arte tiene relación con la presencia de la familia Natsheh en Hebrón. Entre el 122 AC-330 DC, dice el artista y co-propietario Hamzeh Natsheh. Fundada en 1890 y ubicada en la ciudad de Hebrón en Palestina, Vidrio de Hebrón emplea a aproximadamente 60 artesanos que trabajan en uno de los tres talleres de la ciudad o desde sus hogares. “

“Todos los cristales que hacemos encarnan viejas historias reales de palestinos, formas y patrones únicos. Cada hogar utilizó, y todavía utiliza, el vidrio que hacemos en Hebrón como una tradición palestina. Mis hermanos y yo aprendimos de mi padre Tawfiq. Mi padre aprendió de mi abuelo Abed Alhamid Khalil Natsheh. Nuestro arte se ha heredado con orgullo, de generación en generación y, cada miembro de la familia necesita por lo menos cinco años para aprender el oficio,” dice Natsheh.

Vidrios de Hebrón tiene como objetivo el trabajo mancomunado con asociaciones de comercio justo y utilizar botellas recicladas de los hogares y negocios locales como materia prima básica en muchos de sus productos. El combustible para los hornos y calderas es el aceite de motor reutilizado de los garajes locales. Natsheh dice que el conflicto palestino-israelí y las restricciones a la libertad de movimiento en Palestina han afectado a la industria, pero al reciclar estos materiales todos los días, Vidrios de Hebrón es capaz de mantener el arte vivo y sustentable. También se afanan en proporcionar un ambiente de trabajo seguro y lucrativo para sus artesanos. Vidrios de  Hebrón fabrica un amplio surtido de platos para colgar, platos, cuencos, copas, jarras y jarrones. Todos los artículos de sobremesa son fabricados sin plomo, por lo que son completamente seguros de usar.

Mansour Natsheh (Trabajador Fábrica de Vidrio y Cerámica de Hebrón)

“Este es un trabajo que se hereda, por ello nadie puede hacerlo si no es por pasión… Naturalmente con el tiempo las fases de la industrialización han cambiado: En el pasado, producíamos vidrio a partir de arena, óxido, soja y cosas así. Ahora utilizamos botellas de refrescos y zumos de fruta, reciclando las materias primas.”

Las cerámicas artesanales, que se remontan, según los habitantes del lugar, al periodo otomano, han pasado de ser una actividad llevada a cabo en familia, a ser uno de los principales recursos de la ciudad. Un arte que trata de viajar por todo el mundo. Para explicar otra Hebrón y mostrar un rostro a menudo desconocido…

La cristalería fenicia y la cerámica van de la mano en la familia de los propietarios de Vidrios de Hebrón y son parte integrante del patrimonio local. “Usábamos nuestra cerámica y vidrio en el pasado (y aún hoy) para decorar casas y lugares en los eventos especiales. A los Palestinos les gusta usar el vidrio y la cerámica tradicional para presentar la comida y el orgullo de la herencia Palestina”, dice Natsheh. Durante la década de 1940, el negocio se desaceleró a medida que los materiales se volvieron demasiado caros, pero la tradición ha sido revivida y es de nuevo popular.

El proceso, Un secreto familiar

Si bien, el meticuloso proceso es un secreto familiar y comercial, las técnicas que los artesanos de Vidrios de Hebrón utilizan para fabricar sus piezas de vidrio soplado y cerámica hechas a mano se han venido empleando durante cientos de años. “El vidrio depende de las grandes habilidades del artista que hace frente a las altas temperaturas del fuego abrasador”, explica Natsheh.

“El vidrio se funde aproximadamente bajo 1000 grados Celsius, hasta que se convierte en líquido y está en condiciones para soplar. Utilizamos una kammasha (herramienta de tubo de acero), que tiene de 1 a 1,5 metros de largo. Dejamos la pieza, tan pronto como está terminada, en una habitación cercana al horno para que se enfríe lentamente. Reciclamos y utilizamos las botellas de vidrio de Coca Cola como principales materias primas, y utilizamos materiales caros para colorear, mezclándolo con vidrio liso, durante las etapas de soplado. A las piezas de cerámica se les da forma en el torno manual, se dejan secar durante dos días y luego se cuecen en el horno a 1000 grados Celsius, después las adornamos con negro y otros seis colores diferentes, se les da  esmalte y se vuelven a hornear a 1000 grados Celsius.”

La fábrica de Natsheh exporta la mayoría de sus productos a países extranjeros, principalmente a Europa. El mercado local solo obtiene el 20% de la producción de la fábrica debido al alto costo del trabajo manual de los artesanos que heredaron la industria de sus padres.

Con información de Al-Monitor

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Marfil Califal, Legado de Al-Ándalus (الأندلس)

Las grandes obras maestras de marfil en las edades islámicas, son las realizadas por los creadores y artistas de Andalucía, y que datan del siglo IV. Por lo tanto el aumento de la importancia de los objetos que la mayoría de los historiadores y los escritores menciona, al nombre personal, orgullo de los artesanos de Andalucía, su arte y su autoestima.

Latas y cajas pequeñas de marfil, que se utiliza para guardar los ornamentos y joyas, es el mejor testimonio de los logros del fabricante andaluz, realizados en el arte de la industria del marfil.

En la Edad Media, la admiración de la rica Europa, adquiría estas obras para guardar los  objetos de valor. Era muy común entregarlos  como regalos en las bodas.

Después de la caída de las ciudades de Andalucía, se trasladó algunas de estas latas a  Museos de diferentes lugares del  mundo o iglesias y monasterios.

Dentro del arte hispano musulmán, se desarrollaron en Córdoba y Cuenca durante la presencia de la cultura musulmana en España, dos importantes talleres de marfil, cuyo periodo de mayor esplendor fueron el siglo X y primer cuarto del siglo XI. La producción se concentraba en objetos suntuarios con detalles ornamentales engastados en materiales nobles (oro y plata), sobre maderas trabajadas, o piezas puras de marfil, unidas y labradas. Los objetos son elaborados con fines singulares y específicos, casi siempre para regalo, dentro de los cortesanos de los reinos o familias de más elevada posición económica. Era la mujer la principal destinataria de los objetos.

Las piezas más llamativas y donde los maestros eran capaces de mostrar todo el esplendor de su arte eran las llamadas arquetas o arcas, que con motivo de festividades, conmemoraciones o actos de especial trascendencia social o familiar, se elaboraban en ambos talleres. En el de Córdoba los trabajos eran más refinados, con soltura para desarrollar las temáticas sobre la naturaleza en formas caprichosas y variadas que, observadas al detalle, presentaban un absoluto equilibrio y excelentes conocimientos de geometría por sus autores. En el de Cuenca, los trabajos eran más sencillos, quizá debido al tipo de pedidos y su ubicación fronteriza entre reinos cristianos y musulmanes, lo que dificultaba la continuidad de los trabajos y la enseñanza a los aprendices.

La técnica del ataurique, mediante la estilización de los motivos vegetales en la decoración, es profusamente usada. Las arquetas, botes, perfumadores y joyeros más sobresalientes que se conservan se encuentran en el Museo del Louvre (Píxide de Al-Mughira) Leyre (Arqueta del Monasterio de Leyre), Zamora (Bote de Zamora), San Millán de la Cogolla, Toledo, Fiteros (Arquetas de la iglesia de Fiteros) y Silos.

Es éste uno de los tesoros del  Museo Arqueológico de Madrid

Aunque se conozca como Bote de Zamora (pues se conservó como píxide en la catedral de Zamora), se trata de un marfil califal que, gracias a la inscripción, podemos datar perfectamente.

En ella se habla de un regalo del califa Al-Hakem II a su favorita, Sub (Aurora, pues se trataba de una antigua cristiana), madre de sus principales hijos.

Sabemos incluso que el regalo se hizo para agradecer  el parto de Hisham II en el 964 del calendario cristiano.

Su realización se debe a los talleres de eboraria califal situados en Medina Azahara que reutilizan las formas y motivos típicos de la decoración arquitectónica (atauriques, árbol de la vida, como ya vimos en El Salón Rico) añadiéndole figuras zoomorfas (cervatillos, palomas, pavos…) que se vincularían con el taller de bronces (también animalísticos) de los que proceden algunas piezas capitales, como el Cervatillo de Medina Azahara.

Estos objetos se encuentran relacionados con la cultura del regalo que se practicaba en las cortes medievales (la Bizantina como principal ejemplo), que refuerzan los lazos de las élites o sirven (al igual que los libros, la cerámica de lujo, las joyas…) como forma de protocolo en las relaciones internacionales.

Su utilidad, además de la del propio continente que ya generaría un status sumamente elevado, sería la de guardan grandes joyas y perfumes.


Notas:

  • Hassan Al – Basha Patrimonio del Arte Islámico – p.224 y 243
  • Zaki Mohamed Hassan Arte del Islam – página 493, 494 y 496
  • 197: Jerrilynn D. Dodds | Al-Andalus, El arte de la España islámica – P. 192
  • Qantara, Patrimonio del Mediterráneo | Pyxis de Al-Mughira

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El dulce manjar Sirio que la guerra no logro derretir

Heladería Damasco – Siria

Se llama “buza“. Y está hecho de crema y pistachos. Es un tradicional postre árabe. Una heladería en Damasco lo fabrica desde 1914.

La Heladería Damasco, donde fabrican desde 1914 el “buza“, el helado tradicional árabe de crema y pistachos, ha seguido manteniendo su tradición heladera, a pesar de los seis años de guerra, que llegaron a paralizar temporalmente su actividad.

Es mediodía, y en la calle principal del histórico y popular zoco de Al Hamidiye, un enjambre de gente se desplaza por la amplia arteria mercantil abovedada, repleta de tiendas y vigilada por decenas de militares que revisan minuciosamente a los transeúntes en los frecuentes puestos de control.

A pesar del frío de finales de invierno, la heladería regentada por Nader al Afgani, hijo de su fundador, Taisir al Afgani, rebosa de actividad y clientes, en especial de mujeres, omnipresentes en toda la capital, de la que han huido un gran número de varones de entre 20 y 40 años para evitar el servicio militar, que es sinónimo de guerra.

“Somos los fundadores del ‘buza’ tradicional, con pistacho y nata. Hemos mejorado el ‘buza’ y lo hemos hecho famoso en el mundo árabe, como en JordaniaLíbano, en Europa y también en ferias en Dubái, Abu Dabi y Kuwait, cuenta con orgullo Al Afgani, cuya heladería, no obstante, no es tan antigua ni cuenta con el renombre de la cercana “Al Bakdash”, fundada en 1895.

El veterano heladero, que no oculta su veneración por el presidente del país, Bashar al Assad, subraya que “todo el que viaja a Siria, sea del país que sea, tiene que visitar el zoco Al Hamidiye y probar el helado árabe damasceno original”.

También muestra con satisfacción una fotografía en la que posa junto al actual presidente libanés, el general Michel Aoun, durante una visita a la heladería, aunque es de antes de que Aoun fuera designado presidente, confiesa Al Afgani.

El “buza“, la versión árabe del “dondurma” turco, está hecho a base de leche, crema y “sahleb” (una harina fina), además de otros ingredientes, y con el pistacho como principal invitado y toque final.

“Traemos leche por la mañana y se coloca en unos recipientes donde se introducen los ingredientes como ‘sahlab’ y azúcar, y cuando se termina este proceso se coloca en heladeras, y después en los congeladores donde se golpea con los mazos hasta convertirse en el ‘buza’ árabe”, explica Al Afgani mientras no deja de atender a los golosos clientes.

Una de las más particulares características de este helado es la fase final de su producción, con contundentes golpes rítmicos propinados con un enorme mazo de madera, a fin de darle consistencia, crear una capa y que los pistachos se adhieran bien al cuerpo.

Por último, con la mano, el heladero enrolla las láminas que ha formado a base de golpes y el “buza” queda listo para ser cortado, servido y devorado por los visitantes.

“Por supuesto que me gusta el ‘buza’ sirio, desde que era pequeña. Siempre que vengo a Damasco me gusta comerlo porque estamos acostumbrados a comerlo. Soy de Damasco, pero vivo en Arabia Saudita y siempre que vengo de vacaciones vengo aquí”, dice Macun ali al Araeishi.

Lo mismo que opina Manar, quien asegura que cada vez que va al casco antiguo de Damasco se toma un helado y va a ver la mezquita Omeya.

Al Afgani desea que sus hijos continúen la tradición. Uno de ellos, que cursa cuarto de derecho, le ayuda atendiendo a los clientes. El otro, explica, está estudiando en Malasia, pero volverá para contribuir a la prosperidad del negocio, que cuenta con otra tienda en el barrio damasceno de Al Qusur.

“Durante los dos primeros años de la crisis estuvimos parados, pero las cosas han vuelto a su lugar y hemos vuelto a como estábamos. Siria está bien y ojalá regrese la seguridad al país pronto gracias al presidente Bashar Hafez al Asad”, dice Al Afgani.

Los clientes no dejan de entrar y salir entre los atareados camareros que llevan de un lado para otro las porciones de “buza” y de otros tipos de dulces y helados.

Entre el amargo sabor a guerra que se escucha y se siente en todos los rincones, llevarse un bocado dulce de “buza”, a la boca, cuesta apretujarse un poco en la caja gobernada por Al Afgani y 400 libras sirias, un poco menos de un dólar americano.

Con información de Clarín

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