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Los dos entierros del señor Balfour

El político británico Lord Arthur Balfour señala una característica de la Iglesia del Santo Sepulcro al gobernador Sir Ronald Storrs durante una visita a Jerusalén, abril de 1925 [Getty]

El cristiano sionista frente al judío antisionista

Hace cien años hubo un político británico racista, obsesivo e imbuido de una mística cristiana por la que se creía representante de designios divinos. Se llamaba Arthur James Balfour. Era el paradigma del hombre blanco británico colonial fabricado en la matriz evangélica e imperialista de la era Victoriana. Como primer ministro en 1905 promulgó una ley de extranjería prohibiendo la entrada en Gran Bretaña de los judíos que huían de pogromos (masacres) en la Rusia zarista. Años después, en 1917, como Ministro de Asuntos Exteriores, hizo que el gobierno británico prometiera entregar un trozo de tierra, Palestina, al minúsculo movimiento sionista internacional de entonces (Weizmann, Rothschild) sin preguntar su opinión a los nativos de esa tierra.

Es la Declaración Balfour que cumple este año su centenario, una inmoral e ilegítima decisión, desencadenante del genocidio y limpieza étnica del pueblo palestino a manos de extranjeros que invadieron su tierra empujados por el Imperio Británico. Cuatro millones de judíos habían abandonado Europa desde 1880 hasta Balfour, mayoritariamente al continente americano, y sólo 100.000 judíos europeos emigraron a Palestina siguiendo la llamada del sionismo. La idea mayoritaria era que, como judíos, nada se les había perdido en Palestina como para ir a vivir allí. Lo mismo que piensan los miles de millones de cristianos del mundo.

Así que se debía invertir esa tendencia, y como dijo el propio Balfour: “el sionismo, equivocado o acertado, bueno o malo, es más importante que los deseos o prejuicios de los 700.000 habitantes árabes que viven en esa tierra”. Nada diferente a la tradición colonial de Europa, que llevaba 500 años disponiendo de tierras y nativos a su criminal capricho. Lo único novedoso es que esta aberración ocurrió en ese siglo XX de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Las razones para apropiarse de Palestina eran imperialistas, económicas, racistas y simbólicas-bíblicas. Entre ellas, controlar el Canal de Suez y la ruta a la India, poseer una vía de salida al Mediterráneo para el petróleo descubierto en lo que hoy es Iraq, y que otros (los palestinos) pagasen la factura de la irresuelta intolerancia y xenofobia occidental contra nuestros compatriotas judíos europeos, mostrándoles la puerta de salida del continente en lugar de asumir valores inclusivos con este grupo social/religioso.

La mitología bíblica se encargará de encubrir todos esos factores con un “renacimiento de Israel”. Israel, el sujeto; los palestinos, los objetos.

Así pues, tenemos en Balfour al prototipo de hombre cristiano, racista, antijudío, pero sionista. Muy parecido a lo que son EEUU o la UE hoy en día con sus leyes rechazando a refugiados y a la vez actuando de metrópolis coloniales del enclave israelí.

Ser antisemita (utilizaré este término como símil equivocado de antijudío) y ser sionista (defensor de Israel como estado colonial de extranjeros que buscan reemplazar a la población nativa), son dos características casi siempre ligadas en estos cien años, tal como vaticinó en su diario el fundador del sionismo Theodor Herzl “los antisemitas serán nuestros amigos más confiables, y los países antisemitas nuestros aliados”.

Y frente a Balfour, sentado en el mismo Consejo de Ministros, otro miembro del gabinete se opuso enérgicamente a ese destino para Palestina. Era el único judío, era antisionista, y además Secretario de Estado para la India: Edwin Samuel Montagu. Era lo más parecido a un progresista actual, contrario a las matanzas británicas en la India y partidario de entenderse con Gandhi. A la postre estas posiciones le valieron su marginación de la política. Respecto a Palestina, firmó un Memorándum (del que también se cumplen cien años) denunciando el antisemitismo del gobierno británico y la tragedia que provocaría el plan sionista de ocupación colonial de Palestina.

En su brillante y lúcido texto que, cien años después, sigue hoy atronando, advirtió de que “no existe un pueblo judío; nada tienen que ver un judío francés o un judío moro, salvo la religión, como tampoco son de la misma nación un cristiano francés y un cristiano británico (…) quizá se busca que la ciudadanía se obtenga ahora por medio de un intolerante test religioso”, “Palestina ha tenido un papel importante en la historia judía, pero aún mayor en la cristiana y musulmana. A partir de ahora todos los países expulsarán a sus ciudadanos judíos, y al apropiarse de Palestina, ellos expulsarán a sus habitantes actuales palestinos”.

Sostener el artefacto israelí profundiza el fracaso democrático europeo

Puede parecer extraño que Montagu, judío, tuviera que ser el que denunciara la “dañina ideología sionista”, pero tal como llevan repitiendo muchos intelectuales judíos o rabinos antisionistas, “la mayoría de los sionistas del mundo no son judíos, sino cristianos evangélicos”. Un ejemplo reciente es el de la primera ministra británica Theresa May, que se confiesa cristiana anglicana, y sionista, y hace unas semanas declaraba que en este año del centenario “los británicos deben enorgullecerse de Balfour y su legado”.

Por el contrario, otras británicas combaten y combatieron el sionismo, como la misionera cristiana Frances Emily Newton, que se enfrentó a Balfour cuando éste visitó Palestina en 1925, donde ella vivió 50 años. Acusó al gobierno británico, a la Sociedad de Naciones y al Gobernador británico de Palestina de privilegiar injustamente a la minoría judía recién llegada frente a los palestinos, y denunció la represión brutal inglesa a las protestas. Cuando murió, desde Londres quisieron despreciarla diciendo que “en apariencia era una mujer británica pero con mentalidad palestina”.

Theresa May elige la huida hacia adelante saltando por encima de los cadáveres y refugiados palestinos. Aún peor, los humilla. Hace unos meses, una ONG Palestina realizó una petición oficial al Gobierno Británico para que Londres pidiera disculpas por Balfour y sus efectos catastróficos. La respuesta de Theresa May fue humillante, arrogante y respaldando incondicionalmente a Israel en sus acciones fuera de la ley. Añadió su profundo orgullo en crear un estado basado en la religión y un “hogar seguro” para los judíos por las persecuciones que sufrieron en Europa. En su respuesta va implícito el fracaso de las supuestas ideas democráticas europeas inclusivas y el fracaso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Habría que crear un estado cristiano para que los miles de millones de cristianos del planeta huyan a vivir a Belén o Nazaret como predican opinólogos indocumentados europeos en los medios?

En este año del centenario de la Declaración Balfour y sus criminales consecuencias, no hay ningún recuerdo para Montagu o Emily Newton. Y menos aún, ningún recuerdo ni petición de perdón a los palestinos. Cualquier reflexión autocrítica sobre Balfour resquebrajaría la legitimidad del Estado de Israel. Los imperios coloniales, incluida España, han preferido justificar sus crímenes mediante su superioridad moral frente a los bárbaros, en lugar de reconocer y pedir disculpas por sus actos.

El primer entierro del señor Balfour y los aniversarios de su herencia: 100, 70, 50, 10

Balfour tuvo su primer entierro al morir en 1930 y no llegó a ver la totalidad de la catástrofe humana y geopolítica que impulsó. A pesar de su muerte, dejó un legado cómplice de aumentar la intolerancia europea y la dominación a pueblos del mundo a los que se negó la voz y la autodeterminación.

Esa herencia se expresó durante el represor mandato británico sobre Palestina con miles de encarcelamientos, muertos y ejecutados, para poder cumplir la voluntad de Balfour de entregar la tierra a los extranjeros. Su legado continuó en la ilegítima partición de Palestina en 1947 por la recién nacida ONU (50 países, muchos semicoloniales). De nuevo la ilegalidad de silenciar a los habitantes de la tierra e impedirles decidir su destino, entregando el 50% de la tierra a los recién llegados que sólo eran un 30% de la población en Palestina. De esa Resolución de la ONU también estamos en su 70 aniversario. Al año siguiente se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aprobar una cosa y la contraria en apenas doce meses. Por cierto, los españoles y portugueses sabemos mucho de utilizar a una autoridad mundial para repartirnos el mundo de forma aberrante sin preguntar a los nativos: el Papa Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.

La herencia de Balfour prosiguió entre 1947 y 1949 con la limpieza étnica por los israelíes expulsando a 800.000 palestinos de su tierra y asesinando a miles, continuó con la expulsión de 1 millón de judíos de países árabes y musulmanes como presagió Montagu, y continúa hasta hoy con más apropiación de tierra por Israel, más desposesión, más expulsiones y más masacres de palestinos. 50 años de la ocupación del resto de territorios palestinos y los Altos del Golán. Hoy en los territorios ocupados, los palestinos viven en guetos urbanos y rurales desconectados por centenares de checkpoints, y en Gaza en el mayor campo de concentración del mundo del que se cumplen también 10 años de su bloqueo inhumano. Fuera y dentro de Palestina, sobre un total de 12 millones, 8 millones de palestinos viven como refugiados o desplazados internos (350.000 israelíes-palestinos dentro de Israel) a escasos kilómetros de la que era su casa, con o sin estatus y atención legal.

Todos estos aniversarios de la genética colonizadora del artefacto Israelí: 100, 70, 50, 10, han sido encubiertos por la eterna y falsa charlatanería de mesas de negociación, “procesos de paz” y “solución de dos estados”. Tras el telón de esta farsa de escenario se esconde la mayor cantidad de legislación internacional incumplida impunemente por ningún otro estado en el planeta. Cada aniversario ha ido profundizando el cambio de terminología para abordar la situación de Palestina en los medios occidentales: “guerra de Gaza” en lugar de masacre a población civil encerrada, “terrorista” para negar el legítimo derecho a la resistencia frente a un invasor.

El propio concepto indebido de “antisemita” también ha sido manipulado: hace 80 años era muy “antisemita” decirle a la alemana Ana Frank que no debía vivir en Frankfurt y tenía que ser expatriada a Jerusalén. Hoy, por el contrario, los sionistas y los grandes medios de comunicación nos llaman “antisemitas” a quienes rechazamos que deba existir un estado para y por las personas de religión judía, construido sobre la colonización de la población nativa y la impunidad de incumplir toda la legalidad internacional.

El segundo entierro del señor Balfour, en el horizonte aunque sin fecha

Y sin embargo, el señor Balfour tendrá un segundo entierro. Será enterrada su ideología y será enterrada la construcción estatal sionista. El experimento de ingeniería social que representó el nacimiento de Israel, y el laboratorio de represión y control social en que se ha convertido, tendrán un final.

Por supuesto, como dice el periodista y ex-preso político palestino Mussaab Bashir, “no se trata de solucionar la catástrofe palestina creando un desastre para los judíos. Significa que tenemos que pensar en un futuro común, en un nuevo pacto social sobre esta tierra, en un país que tenga una nueva Constitución, una nueva bandera y dos idiomas oficiales, el árabe y el hebreo”. Se trata de construir un estado democrático para todos los habitantes desde el río Jordán hasta el Mediterráneo.

Y ese horizonte llegará. Aún no tenemos fecha para él y el camino seguirá anegado de sangre palestina. Pero en términos históricos ningún estado colonial ha podido perpetuarse. No hace falta remontarse a los estados cruzados medievales, tenemos Sudáfrica muy próxima. En términos demográficos tampoco tiene futuro ese modelo de estado. Un 22% de la población actual de Israel es palestina (casi dos millones), israelís-palestinos de aquellos 100.000 nativos que consiguieron resistir a la expulsión de 1948. Las previsiones son que en unas décadas llegarán a ser el 30%-40% de la población de Israel y eso aterroriza a Tel-Aviv, que ya está ideando cómo profundizar su Apartheid interno (también hay judíos de segunda y tercera clase en Israel), advirtiendo de que los israelopalestinos “deberán irse, quedarse como extranjeros o enfrentarse al ejército israelí”.

El motor para aproximar ese horizonte histórico y demográfico serán las estrategias y decisiones políticas.

En occidente no tenemos ni idea de lo difícil que es para un pueblo establecer unas estrategias de resistencia a más de un siglo de perspectiva, y sus fluctuaciones entre éxitos-fracasos. Desde los tiempos de la lucha armada abierta, a las terribles concesiones palestinas de los Acuerdos de Oslo, pasando por la actual huelga de hambre de 1.600 presos y presas políticas palestinas silenciada en Europa, y en los últimos años la creciente llamada de Boicot a Israel, que por supuesto no es antijudía como tampoco era “anti-hombre blanco” el Boicot a Sudáfrica del Apartheid. Igual que la demografía aterroriza, también las estrategias políticas exitosas palestinas llevan a Israel a la histeria. Y esto es así con el incremento del boicot internacional, al que intentan combatir destinando todo un Ministerio y multiplicando por veinte los recursos, esfuerzos, y su represión, pero de forma fallida como Tel Aviv reconoce en informes internos.

Así que el horizonte del segundo entierro de Balfour se aproxima aunque nos pueda parecer lo contrario. Hay momentos históricos en los que se acerca más rápido y otros más despacio, según la gasolina de las circunstancias y estrategias políticas, pero el motor del avance palestino a la paz con justicia es la resistencia. Existir es resistir, y la resistencia proporciona un avance unidireccional hacia ese día en que el sionismo saldará su deuda a Montagu, a Emily Newton y, sobre todo, al pueblo palestino, porque como dicen en Palestina, y aunque hayan pasado cien años, una deuda no prescribe si alguien con legitimidad la sigue reclamando.

Por Daniel Lobato
Activista en solidaridad con Palestina, Kurdistán y Oriente Medio.
Con información de: Infolibre

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Reivindicando al conde don Julián de Juan Goytisolo

Reivindicación del conde don julián (1970) es una pieza clave en la producción de Juan Goytisolo. Centrada significativamente en torno a la mítica figura del conde godo, quien al sentirse ultrajado por el rey visigodo Rodrigo, abrió la puerta de la Península a los árabes, la novela es a la vez instrumento y testimonio literario de una valiente toma de postura, de una ruptura con las referencias y mitos creadores de la propia experiencia orientada a clausurar una vía y emprender un nuevo camino tanto en el ámbito intelectual como en el de la creación. La novela de Goytisolo representa una protesta contra el mito de una España castiza, caballeresca y católica que fue propugnado por los historiadores y propagandistas de la época de Franco. Por motivos de la censura, la novela no pudo publicarse en España sino en México.

En la novela, un narrador anónimo, situado en Tánger (Marruecos), imagina la destrucción de la “España sagrada” de la cual se ha desterrado. Efectúa tal destrucción por medio de una recreación mental de la invasión militar musulmana acaecida en el año 711. Como signo de la disidencia que entraña esta obra, el texto describe varias clases de transgresión cometidas contra la “esencia española”: escenas de masturbación, sodomía, violación y homosexualidad; parodias de figuras históricas como Isabel la Católica y Séneca; referencias insistentes a los actos de orinar y defecar, etc. En el fragmento que se incluye a continuación, el personaje don Julián, alter ego del narrador, también emprende un acto de traición lingüística. En el delirio del narrador, Julián vuelve a España y participa en la destrucción de la cultura nacional esencialista, retirando bruscamente de la península todas las palabras de origen árabe y las cosas que representan. Entre éstas se encuentran comidas, edificios y conceptos arquitectónicos, innovaciones matemáticas y económicas. Es de notar en este fragmento el estilo experimental del autor, quien emplea la puntuación y la organización misma de las frases para comunicar un sentido de ruptura y desfamiliarización. En el fragmento aparece un tal “señor carpeto”, como se designa al representante simbólico de la España castiza (se deriva su nombre del adjetivo carpetano, que significa del Reino de Toledo). El “señor carpeto” se muere de hambre porque, en su afán de asegurar la pureza del idioma, no puede comer ninguno de los platos cuyo nombre tiene origen árabe.

Fragmento de La reivindicación del conde Don Julián (1970) de Juan Goytisolo.

Vehículo de la traición, hermosa lengua mía : lenguaje pulido y cortante, ejército de alfanjes, idioma cruel y brusco! a mí, beduinos de pura sangre : guerreros que afrontáis diariamente la muerte con desdeñosa sonrisa, jinetes de labios ásperos, abultadas yugulares, rostro bárbaramente esculpido contemplad el tentador Estrecho con vuestros perspicaces ojos cetreros : la sucesión de olas blancas que impetuosamente galopan hacia la costa enemiga : crestadas de espuma, como sementales que relinchan con furia al zambullirse : playas ansiosas de Tarifa, roca impaciente de Gibraltar! hay que rescatar vuestro léxico : desguarnecer el viejo alcázar lingüístico : adueñarse de aquello que en puridad os pertenece : paralizar la circulación del lenguaje : chupar su savia : retirar las palabras una a una hasta que el exangüe y crepuscular edificio se derrumbe como un castillo de naipes y galopando con ellos en desenfrenada razzia saquearás los campos de algodón, algarrobo, alfalfa vaciarás aljibes y albercas, demolerás almacenes y dársenas, arruinarás alquerías y fondas, pillarás alcobas, alacenas, zaguanes cargarás con sofás, alfombras, jarros, almohadas devastarás las aldeas y sacrificarás los rebaños, despojarás a la ilusionada novia de su ajuar, a la dama aristócrata de sus alhajas, al rico estraperlista de su fulana, al hidalgo provecto de su alcurnia retirarás el ajedrez de los casinos, el alquitrán de las carreteras prohibirás alborozos y juergas, zalemas y albricias, abolirás las expansivas, eufóricas carcajadas el recio comensal de sanchopancesca glotonería que aborda su bien surtida mesa con un babador randado y, tras la oración de rigor, se dispone a catar los manjares que le sirven maestresalas y pajes, lo amenazarás con tu varilla de ballena, impuesto de la autoridad y el prestigio de tus severos diplomas lexicográficos no se ha de comer, señor carpeto, sino que es uso y costumbre en las otras ínsulas donde ya he morado: yo, señor, soy gramático, y miro por la pureza del idioma mucho más que por mi vida, estudiando de noche y de día y tanteando la complexión del carpeto para acertar a curarle cuando cayere enfermo : y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y dejarle comer de lo que me parece castizo y quitarle cuanto etimológicamente es extraño : y así mando quitarle estos entremeses porque contienen arroz y aceitunas, y aquellos guisos por ver en ellos alubias, berenjenas y zanahorias desa manera, aquel plato de perdices que están allí dispuestas, y, a mi parecer bien sazonadas, no me harán algún daño ésas no comerá el señor carpeto en tanto que yo tuviere vida pues, por qué porque son en adobo y han sido condimentadas con azafrán si eso es así, vea el señor gramático de cuantos manjares hay en esta mesa cuál me hará más provecho y cuál menos daño y déjeme comer dél sin que me le apalee, porque por mi vida de carpeto, y así Dios me le deje gozar, que me muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le pese al señor gramático y el más me diga, antes será quitarme la vida que aumentármela vuesa merced tiene razón, señor carpeto : y así me parece que vuesa merced no coma de aquellos conejos guisados que allí están, porque van guarnecidos de alcachofa : de aquella ternera, porque ha sido aderezada con espinaca aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas podridas hay no podrá dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho ábsit! : vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento! : no hay cosa peor en el mundo que una olla podrida con albóndigas y unas gotas de aceite : y respecto a los postres de vuesa merced ni uno siquiera le puedo autorizar : el flan, a causa del caramelo : el helado, por contener azúcar : la macedonia, por el jarabe : el cuanto al exquisito sorbete que acaban de servir a vuesa merced, la duda ofende : es etimológicamente foráneo y, abandonando al carpeto en la plena y solemne posesión de su hambre, galoparás de nuevo por el próspero y floreciente reino de la Paz, el Desarrollo y el Orden y provocarás catástrofes financieras y desastres bursátiles mediante la brusca supresión de aranceles y tarifas, la abrogación inesperada y radical de todas las barreras de aduana a los comerciantes que miden y pesan los dejarás sin fanegas, quintales, arrobas, azumbres, quilates privarás de álgebra a las escuelas y a las contabilidades de cifras y galoparás y galoparás e incorporarás a tus huestes alguaciles y alféreces, almirantes y alcaldes requisarás las bebidas alcohólicas despoblarás las construcciones de albañiles derribarás tabiques, secarás acequias, motivarás infecciones y epidemias al desbaratar el arduo, laborioso sistema de alcantarillas y galoparás y galoparás sin tregua por el vasto y asolado país, y cuando la ruina sea completa y la bancarrota absoluta, te pararás frente al mapa de la Península y apuntarás aún con tu varilla de ballena ah, se me pasaba : y quíteme de ahí ese Guad-el-Kebir y no olvides el olé

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Mi padre fue emigrante-Andrés Sabella

Yo soy hijo de emigrante. Mi padre nació el 19 de febrero de 1878, de troncos florentinos, en Jerusalén. De niño, anduvo entre calles santas y no resistió la tentación de tocar las campanas del Santo Sepulcro. Era uno de sus orgullos de hombre. Soñaba con ser arquitecto. Pero la pobreza no es compañía feliz y debió emigrar hacia alguna parte del mundo: el azar lo detuvo en Antofagasta y el azar le acercó a un comerciante en joyas, a quien, luego, por trabajo tenaz, continuó. Lo primero que hizo mi padre al sucederle, fue variar el nombre del negocio. Se llamaba Joyería Alemana. El nuevo título era una confirmación de amor a la tierra que lo acogía: Joyería Americana.

Nunca fue hombre de expectaciones. Añoraba los crepúsculos de Tierra Santa, pero concluyó por enamorarse de los atardeceres metálicos del Norte:

-Lo más bello que la vida me entregó –confesaba, sin mentir cortesías- fue la suerte de tirarme, desde un velero, a Antofagasta. Aquí, me hice hombre. Aquí, aprendí lo que sólo en estas tierras se aprende: a vivir en vigilia de coraje.

Se fue llenando de ahijadas y ahijados. “El turquito de la joyería” no demoró en hablar español, en escribirlo, al punto que, de repente, deseando redactar en árabe, se detenía, preguntándose cómo hacerlo, correctamente. Leyó algunos libros. No muchos. El primer “Quijote” de mi vida lo miré en una edición Sopena que guardaba. Ya de viejo, leyó “Ron” de Blaise Cendrars, mientras me cuidaba de en lo que pudo ser agonía, en el antiguo Hospital de San Vicente de Paul en Santiago. El doctor Julio Dittborn le preguntó que le parecía: -Es un hombre y eso bastará para leerlo de nuevo.

Con Julio éramos devotos del novelista de las verdaderas aventuras. Una tarde, viéndolo tristón, Julio le interrogó por la causa de su abatimiento… Mi padre le replicó, lejanos los ojos: -¡Cómo estará la pobrecita!

Creyó Dittborn que sería alguna mujer a la que evocaba:

-No, no, doctor –se apresuró mi padre- La pobrecita es Antofagasta, tan distante, tan olvidada, con sed y sin luz, allá, en la punta del desierto…

Estas palabras determinaron mi resolución de vivir y morir con “la pobrecita”. Y si de morir hablamos, mi padre se estaba lavando las manos, cuando un coágulo de sangre al cerebro aniquiló sus 75 años. Dios lo recibió satisfecho: las manos de mi padre no llevaron una mancha a las suyas.


Andrés Sabella fue uno de los escritores más importantes del Norte Grande, título de una de sus obras y que dio origen a la actual denominación de esa zona geográfica.

Escritor polifacético, dueño de una vastísima producción artística, que abarca prácticamente todos los géneros literarios: poesía, cuento, novela, ensayo, teatro, crónica. Fue además periodista, dibujante, charlista ameno e impulsor de cuanta actividad cultural se realizó durante medio siglo en Antofagasta, ciudad en la que nació el 13 de diciembre de 1912, y donde residió la mayor parte de su vida.

Era hijo de Andrés Sabella, un joyero palestino, nacido en Jerusalén, y de doña Carmela Galvez, originaria de Copiapó.

Hombre vital y exultante, desplegó ilimitados esfuerzos por difundir la cultura, donde quiera que se le solicitaba. A fines de agosto de 1989 fue invitado a dictar conferencias en Iquique. Allí falleció inesperadamente el 26 de ese mes debido a un paro cardíaco. El Norte Grande se vistió de luto. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Iquique y posteriormente a la catedral de Antofagasta, donde todo un pueblo lloró su muerte.

Numerosos homenajes le rindieron en todas partes, especialmente en su tierra natal. Hoy existe una placa en la plaza Petronila Giusti de Antofagasta, una de las principales calles fue bautizada como Avenida Andrés Sabella.

A las pocas semanas de su desaparecimiento. El Instituto Chileno – Árabe de Cultura de Santiago le rindió un emotivo homenaje. Sus restos se encuentran en un mausoleo del Cementerio General de Antofagasta.

En julio de 2012 a iniciativa del senador Carlos Cantero y por aprobación unánime del Congreso Nacional de Chile, el aeropuerto pasó a denominarse “Aeropuerto Andrés Sabella”  en homenaje al poeta.

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