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El zajal, poesía recitada o cantada

©Joseph-Gérard Tohmé

El zajal es un género de poesía popular libanesa que se recita o se canta con motivo de la celebración de acontecimientos familiares y sociales, y también en la vida diaria. Sus intérpretes (hombres o mujeres) abordan individual o colectivamente una temática variada: la vida, el amor, la nostalgia, la muerte, los acontecimientos políticos y la realidad de la vida cotidiana.

En las justas poéticas, los grupos de recitantes y músicos se sientan en torno a una mesa cargada de platos con aperitivos variados (“mezes”) y botellas de aguardiente anisado (“arak”) para declamar versos ante un público mezclado, al compás de un tamboril llamado “derbuka”.

Los poetas a menudo se retan entre sí, recitando pareados que repiten el público y grupos de coristas. En esos desafíos verbales evocan la belleza de Líbano, el derecho a la diferencia y la importancia que tienen la tolerancia y el diálogo entre las diversas comunidades y religiones.

El zajal se transmite y se renueva principalmente de modo informal en el seno de las familias, o de forma espontánea mediante imitación, observación y participación. Los grupos de recitantes y algunas ONG participan activamente en la práctica y recreación de este género poético. El carácter inclusivo y comunitario del zajal promueve su continuidad, y las justas poéticas cumplen una función de válvula de escape, contribuyendo así a la solución conflictos y el reforzamiento de la cohesión social.

Con información de Unesco

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El príncipe y el libro mágico

Toth
Toth

Un sabio príncipe llamado Setne al que le encantaba leer todo lo que tenía relación con la magia; leía todos los papiros que encontraba. Un día, un sacerdote muy mayor le dijo que perdía su tiempo leyendo cosas que no servían para nada, que podía encontrar el libro mágico de Thot (el maestro supremo de los conocimientos), en la tumba de Men Nefer. Intrigado, Setne acompañado por su hermano de leche, Inaro, se encaminó hacia la tumba.

Cuando llegó vio el libro e intentó cogerlo, pero Nenefer se alzó y se lo impidió, le aconsejó que no lo cogiese, pues desataría la ira de los dioses. Para convencerlo Nenefer le contó la historia de cómo él intentó conseguir el libro y fue castigado por los dioses:

<Un día incitado por un viejo, Nenefer fue a buscar el libro de Thot. Esquivó al guardián del libro, una serpiente inmortal, y consiguió apoderarse del mismo. Enfureció a los dioses y estos lo castigaron matándolo a él y a su familia.>

Aunque había oído la historia, Setne seguía empeñado en conseguir el libro, así que Nenefer le propuso que si le ganaba a las damas se podría llevar el libro. Setne aceptó y perdió, así que Nenefer le dio un golpe y lo hundió en la tierra hasta las caderas. Lo mismo pasó dos veces más y la tierra le llegaba por las orejas. Mandó a Inaro a por el amuleto de Ptah y gracias a él salió de la tierra y se llevó el libro.

Un día encontró a una hermosa mujer. Al instante, se enamoró perdidamente de ella y se olvidó de quién era y dónde se encontraba. Para poder estar con ella, le pidió que firmara un documento que le permitiese compartir sus bienes y riquezas; los hijos del rey debían firmar el mismo documento, un tratado para que sus hijos tuvieran los mismos derechos que los que tendrían juntos. Encantado lo hizo, pero a cambio reclamó darle un beso. Ella enfadada propuso que para ello debería matar a sus hijos, para que los que tuviesen juntos no se peleasen por la herencia.

Víctima del hechizo, Setne los mató, y se los dio de comer a los gatos. Solo en ese momento pudo tumbarse en la cama con su nueva novia, pero al intentar tocarla la joven gritó fuerte y Setne perdió el conocimiento. Cuando recobró el sentido todo se había desvanecido: el pabellón, la casa, el jardín, la joven. Presa del pánico lloró hasta que no le quedaron más lágrimas. Al verlo los dioses se apiadaron de él, le aconsejaron que volviese a palacio. Setne obedeció y allí encontró a todos sus hijos.

Devolvió el libro al templo de Nenefer, le pidió disculpas y transportó los ataúdes de su esposa e hijo junto a él y así descansaron juntos eternamente. Tapó la entrada a la tumba y fue disimulada entre las piedras y la arena. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada del libro de Thot.

Por M.Laporte

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Algodón, un vocablo árabe

Tras la cosecha del trigo, mientras termina de secarse el girasol, han comenzado a florecer en nuestra comarca los campos de algodón. La superficie de estos campos se ha reducido mucho en los últimos años, seguramente debido a que el cultivo del algodón es insostenible en las actuales coyunturas, al requerir demasiada agua cada vez más escasa, demasiado abono cada vez más caro y también demasiados pesticidas cada vez mejor controlados.

El algodón, cuyo nombre deriva del árabe al-qutn, está profundamente ligado a la cultura de los países del sur. En Europa se cultiva principalmente en Grecia y en España. Se cultivaba en Al-Ándalus hace más de 700 años. Los andaluces de entonces sembraron el algodón y otras plantas como el arroz, la caña de azúcar, las sandías, las berenjenas, los naranjos, los limoneros y las palmeras datileras. Con estas plantas, desconocidas en aquella época a este lado del Mediterráneo, los árabes trajeron también nuevas técnicas, nuevos usos y nuevos saberes, modelando con sus ambiciones y sus sueños los paisajes y las costumbres que hoy perviven en la Andalucía rural.

Reconocer a los árabes sus contribuciones a nuestra cultura es recordar una evidencia: vivimos en una región mestiza a la vez europea y africana. Todos nuestros ancestros deberían ser glorificados equitativamente.

Por Juan Manuel López Muñoz
Con información de La Voz del Sur

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