Tradiciones de Pascuas – Del origen pagano al cristianismo

El origen pagano de la Pascua

La gran mayoría de las celebraciones que realizamos en los días festivos de nuestro calendario se mezclan con tradiciones paganas; el simbolismo de ciertos acontecimientos, naturales o místicos, con las creencias acumuladas a lo largo de siglos. Y es que toda sociedad moderna se inspira en sus orígenes de civilizaciones antiguas.

En el Libro de Ezequiel, (capitulo 8,6-18): “los líderes religiosos se habían apartado de Dios y arrastraban al pueblo a la adoración de Tamuz, un ídolo pagano de la antigua Babilonia, hijo del sol y la luna”. Un dios redentor que muere a los 33 años de edad y cuya resurrección sucede en domingo, (inmediatamente posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de marzo), en medio de la primavera. Cuarenta días antes se inicia el luto por su muerte. “Los sacerdotes babilónicos vestidos de negro preparan ceniza para marcar a sus fieles en la frente con la señal de Tamuz”, una T, (lo que parece ser una cruz), origen del miércoles de cenizas.

En Asiria y Babilonia

Según la mitología asirio-babilónica (1813-609 a.C), “cuando el fuerte sol del verano secaba las plantas, Tamuz bajaba al mundo y se celebraba su muerte con ritos especiales”. Esto sucedía durante el cuarto mes del año, (junio-julio), que todavía lleva su nombre, (Tamuz), en los calendarios siriaco, árabe y hebreo. Dos mil años después, la Iglesia Católica Apostólica y Romana, adaptó la fecha a su calendario y la hizo coincidir con los hechos de la Pasión y Muerte de Cristo.

La pascua como sìmbolo de esperanza

Con la Pascua, los antiguos daban la bienvenida a la primavera, considerada un periodo de esperanza tras la dureza del frío invierno, una celebración que no es más que una fusión de costumbres cristianas, hebreas y paganas muy antiguas. El término se encuentra en la Biblia, (versión Reina-Valera), y es una traducción de la palabra griega Pascha, en el sentido de ‘dispensar’. Pascua también toma su nombre de Ishtar, la diosa babilónica y asiria, diosa de amor y fertilidad. Los fenicios también la conocieron como Eaéstre, hermana y consorte de Baal, un dios a quien se rindió culto en muchas partes del mundo oriental. Estas tradiciones antiguas se popularizaron a lo largo de Europa, y Eaéstre se convirtió en la diosa anglosajona de la primavera por excelencia. Durante la edad media, misioneros que buscaban convertir las tribus bárbaras al norte de Europa comprendieron que el tiempo de muerte y resurrección de Jesús coincidía con la celebración de dicha diosa de la primavera, de manera que enseñaron que estos acontecimientos apuntaban a la resurrección de Jesús.

Semana Santa Cristiana

La Semana Santa celebra la Resurrección de Jesús de los muertos luego de la Crucifixión. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas.

Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección: Jesús y sus discípulos partieron hacia Jerusalén en primavera, cuando los hombres se juntaban para la Pascua. Según las profecías, “su llegada en asno fue recibida por una multitud con palmas en las manos”, algo que pudo ser tomado por los alto mandos como un peligro para ellos, primer paso rumbo a su Crucifixión.

La religión cuenta, por tanto, que la Semana Santa arranca con la entrada de Jesús a Jerusalén. El lunes, según las creencias, resucita a Lázaro, lo que podría significar el inicio de su gran popularidad y el peligro para los jefes de la zona. Posteriormente, el martes, anuncia a sus discipulados la traición de uno y la negación de Pedro. Con el miércoles llega la traición de Judas Iscariote por treinta monedas de plata, (asunto que se niega en el Evangelio Prohibido de Judas). El jueves es uno de los días más significativos en la Semana Santa, ya que representa el lavatorio de pies en la última cena, donde advierte de su muerte a sus discipulados. Ese mismo día es capturado. La Pasión de Cristo llega el viernes, donde según los evangelios inicia el Vía Crucis, cuando Jesús carga su propia cruz por las calles de Jerusalén.

Se dice que Pilato intentó liberar a Jesús al saber que no había hecho nada malo, sin embargo la gente pidió su crucifixión. Entre burlas y latigazos Cristo llevó su cruz hasta el Monte Gòlgota donde finalmente moriría después de unas horas. El domingo es el día de mayor gloría, según los creyentes, ya que es la Resurrección de Jesucristo venciendo a la muerte.

La celebración de la Semana Santa no se convierte en tradición hasta el siglo XVI.

Discrepancias Pascuales entre Oriente y Occidente

La fiesta de Pascua fue bien establecida y aceptada por cristianos, sin embargo, hubo un debate considerable entre los cristianos orientales y occidentales acerca de la fecha exacta de la celebración de este evento. La Iglesia occidental estableció el domingo de Pascua como el día de la resurrección anual, sin tener en cuenta la fecha establecida en el libro de Éxodo, (capítulo 12).

Para resolver este problema, el Emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea, (325 d.C), y decide que debe celebrarse el domingo que sigue a la primera luna llena después del equinoccio vernal: el 21 de marzo. Esta fecha ha sido desde entonces la pauta general para la mayoría de la Cristiandad. Es el Papa León I, (390-461), quien la llama la máxima fiesta, (festum festorum), y dice que la Navidad sólo se celebra sólo como preparación para la Pascua.

Finalmente, Dionisio el Exiguo, (año 525 d.C.), desde Roma, convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la Pascua Cristiana. Sin embargo, los cristianos no comienzan a celebrar la Semana Santa, tal y como la conocemos, hasta la Edad Media, empezando a convertirse en tradición a inicios del siglo XVI.

Por Ana Sharife

Con información de Canarias en hora

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Partimos – Issa Majluf

Partimos

Partimos para distanciarnos del lugar que nos crió y para ver el otro lado de la aurora. Viajamos buscando la fuente de nuestro nacimiento. Partimos para completar el alfabeto, para cargar nuestro adiós de promesas, para viajar tan lejos como el horizonte, anulando nuestro destino y esparciendo las páginas al viento, antes de permitir que huya, o tal vez no, nuestra historia en otros libros.

Partimos hacia destinos no escritos para decir a los que hemos conocido que retornaremos para establecer relaciones otra vez. Partimos para aprender el lenguaje de los árboles que no viajan; para escuchar el tintineo de campanas en los sagrados valles en busca de dioses más piadosos; para arrancarles a los extranjeros la máscara del exilio; para susurrar a los transeúntes que, como ellos, nosotros también pasamos, y que nuestra historia es efímera, tanto en la memoria como en el olvido, lejos de madres que encienden las velas de la ausencia y acortan el lapso del tiempo cada vez que elevan sus manos al cielo.

Partimos para no ver a nuestros padres envejecer, para no advertir las marcas del tiempo en sus rostros. Partimos para anunciarles a los que amamos que aún los amamos, que la distancia no puede asombrarnos y que el exilio puede ser tan dulce y fresco como la patria. Partimos para que al regresar un día, nos reconozcamos como exilados donde quiera que estemos. Partimos para borrar la diferencia entre aire y aire, agua y agua, cielo e infierno. Nada nos importa el tiempo, contemplamos la inmensidad, vemos olas brincando como niños, mientras el mar refluye entre dos barcos: uno que parte y el otro hecho de papel en manos de un niño.

Partimos como un payaso que viaja de poblado en poblado, guiando a sus animales que enseñan a los niños su primera lección de tedio. Partimos para engañar a la muerte que nos persigue de un sitio a otro. Continuaremos así hasta que estemos perdidos, para que donde quiera que vayamos nunca más nos encontremos a nosotros mismos y para que de esta forma nadie pueda encontrarnos.

Issa Majluf
(Líbano 1955)

Traducido por Joumana Haddad

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El nombre árabe de Jesús

Los musulmanes reconocen a Jesús en el Corán, (libro sagrado del Islam), en árabe como عيسى ʿĪsā o Isa. Jesús, (Isa), resulta ser el profeta más amado del Islam, según la creencia islámica, Jesús profetizó la llegada de Muhammad.

Las actuales reglas aconsejan que no se traduce un nombre propio. No obstante, estamos hablando de “reglas actuales”. Hoy no pueden traducirse los nombres propios, pero cuando se trata de idiomas antiguos, los expertos, filólogos o lingüistas nos han mostrado que cuando se habla de nombres propios antiguos como en los idiomas arameos, griegos, hebreos, entre otros, como los que aparecen en los manuscritos antiguos se aplica la regla de la transliteración.

Los nombres de Jesús en árabe

“Isa” es el nombre árabe coránico que identifica a Jesús para los musulmanes. Sin embargo, este nombre no es usado entre los “cristianos árabes” sino solo por musulmanes.

“Yesu, Yesu, Yesu`, o Yessou”, es el nombre propio árabe de Jesús transliterado adecuadamente desde el arameo, hebreo, latino y árabe, que ha sido adoptado por los cristianos árabes.

Los expertos manifiestan que “Yesu” es la versión árabe del nombre que proviene del latín “Iesús”, transliterado de del griego “Iesous”, (Ἰησοῦς), y este que la forma griega naturalizada del nombre hebreo “Yeshúa”, (ישוע), que es la forma abreviada del nombre arameo “Yehoshua”, (יהושע).

Incluso el nombre de “Yasu o Yesu” se encuentra en la traducción árabe de la Biblia.


“Jesús” es la transliteración castellana del nombre griego “Iesous”, mismo que se trata del nombre naturalizado y romanizado de “Yeshúa”.

Cuando se hace mención de “Isa” en lugar de Jesús, probablemente se trate de un islámico. En cambio, cuando digan “Yasú o Yesú” se trata de un árabe cristiano. Sin embargo, naturalmente que los cristianos también entienden que cuando dicen Isa se trata de una referencia coránica de “Jesús”.

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