Sionistas contra el Imperio Otomano y el botín de Palestina

En el clima del pensamiento sionista emergente, en agosto de 1897 se llevó a cabo en Basel la primera Conferencia Sionista, dirigida por Theodore Herzl. En ella los sionistas fortalecieron y estructuraron su movimiento como un esfuerzo político y nacionalista para que los judíos regresaran a Palestina como descendientes de los hebreos que fueron conquistados y desterrados por las fuerzas romanas en la época del Emperador Tito, en el año 70 d.C. Por lo demás, la hipótesis de que los judíos modernos y contemporáneos son descendientes de los antiguos hebreos resulta muy discutible, pues la etnología histórica ha comprobado que lo son sólo en un sentido muy restringido. 1

Desde sus orígenes el movimiento sionista ha utilizado la religión – dentro del concepto moderno del nacionalismo-, para politizar las ideas religiosas del Mesías y de la redención. 2

Como aspiración política, el sionismo se formuló por primera vez dentro del contexto de la corriente colonialista e imperialista del siglo xix. Fue por esto que Theodore Herzl propuso al Imperio Otomano la compra de Palestina a cambio de la ayuda sionista para sanear la economía del Imperio; además, los judíos se constituirían en un baluarte europeo contra Asia, en los guardianes de la civilización contra la barbarie. 3

Resulta lógico que posteriormente los británicos hayan apoyado las aspiraciones políticas de los sionistas en beneficio del Imperio Británico. Para desgracia de los sionistas, el sultán ‘Abd al-Hamid II rechazó la idea de vender Palestina. Como resultado, Theodore Herzl inició la búsqueda de otro lugar donde los judíos pudieran establecer su propio estado, aunque seguía insistiendo en que el Imperio Otomano perdería para siempre la oportunidad de mejorar su situación económica. 4

Por otro lado, según Herzl, la presencia de los judíos en la región no implicaría ningún brote de problemas económicos entre la población palestina no judía ni resistencia por parte de esa población a los inmigrantes. 5

Rechazados por los otomanos, los judíos recurrieron a medidas agresivas tanto durante como después de la primera guerra mundial. Así, se opusieron al nacionalismo árabe y a la creación de un estado árabe de acuerdo con los arreglos señalados en la correspondencia Husayn-McMahon, una serie de cartas en la cuales los británicos ofrecían, por intermedio de Henry McMahon, alto comisionado británico en El Cairo, su apoyo a los árabes, representados por el Sharif Husayn de La Meca para el establecimiento de un país árabe en cuanto terminara la guerra. A cambio, los británicos esperaban que Husayn hiciera un llamado a los árabes a rebelarse contra el Imperio Otomano, aliado de Alemania y por tanto enemigo de Gran Bretaña. 6

Sin embargo, los británicos tenían otros acuerdos que contradecían esa promesa, pues además del compromiso con los árabes, habían ofrecido territorio en el Medio Oriente (de Damasco a Mosul) a los franceses según el Acuerdo Sykes-Picot (16 de mayo de 1916) y a los judíos, en los términos de la Declaración Balfour (2 de noviembre de 1917), para que fundaran en Palestina su nueva patria. 7

Por Roberto Marín-Guzmán (Universidad de Costa Rica) (Estudios de Asia y Africa, Vol. 22, No. 3). 


Notas:

  1. J. Couland (1969: 47).
  2. Respecto al mesianismo judío, véase C.W. Emmet (1964: 570-587); A. Hertzberg (1961); A. Hyamson (1964: 581-588); H. Kohn (1962: 356-363); B.K. Rattey (1956); R. R. Ruether (1971); R. Marín-Guzmán (1962: 99-116).
  3. T. Herzl (1936). Véase T. Couland (1969: 48-49).
  4. A. Elon (1971: 160). Sin embargo, en 1903, el Congreso Sionista rechazó cualquier otro lugar que no fuera Palestina para la fundación del Estado judío, tal como señala T. Nolin (1971 : 1 1): “En 1903 le Congrés Sioniste répond non. Non a POuganda! Non a l’Alaska! Non a tout ce qui n’est pas la Palestine! Il est dit que l’Etat juif sera bati sus les collines de Sion ou ne sera pas”.
  5. Elon (1971: 160); R. Marín-Guzmán (1986: 294-301). También es importante tener presente que existen algunas interpretaciones materialistas del movimiento sionista. Abraham Leon señaló que el sionismo representa uno de los movimientos nacionalistas europeos más recientes. Como es el caso de otros movimientos nacionalistas en Europa, este movimiento se basó en un pasado largo y abundante. En su interpretación materialista de la cuestión, Leon consideraba al sionismo como existente dentro de la última fase del capitalismo que es el imperialismo. Entonces el sionismo representa para Leon una reacción contra la persecución de los judíos dentro del contexto de la destrucción de los vestigios del feudalismo y la decadencia del capitalismo en su fase imperialista. Este surgimiento de sentimientos judíos y pretensiones sionistas para regresar a Palestina representan las respuestas naturales a las antiguas aspiraciones judías.
  6. Acerca del nacionalismo árabe y la correspondencia Husayn-McMahon véase S.G. Haim (1962); A. Hourani (1983: 260-323); F. Khoury (1963: 3-6); J. Kimche (1970: 58); F. Gabrieli (1961: 72-74); E. Monroe (1963); M. Lesch (1979: 33-36); Y. Porath (1974); H. Cattan (1969); F.A. Sayegh (1965), y R. Marín-Guzmán (1986: 121-152). En la cuarta carta de McMahon dirigida al Sharif Husayn de La Meca (fechada en El Cairo el 30 de enero de 1916), aquél expresó su esperanza de que los árabes se rebelaran contra los otomanos: “Actualmente los países árabes se encuentran asociados en aquella meta noble que puede ser realizada al unir nuestras fuerzas y actuar todos juntos. Le rezamos a Dios para que el éxito nos junte en una amistad duradera que nos proporcione ganancia y felicidad a todos. Nos alegra saber que están haciendo un esfuerzo por ganar a todas las tribus árabes para nuestra causa conjunta, evitando que ayuden a nuestros enemigos. Le dejamos a su criterio el escoger la oportunidad más adecuada para el inicio de medidas más decisivas. Sin duda nos informarán, a través del portador de esta carta, de las formas en que les podamos ayudar. Tengan por seguro que todas sus solicitudes serán tomadas en cuenta y tratadas de inmediato” (en G. Antonius, 1938: 427).
  7. Respecto al Acuerdo Sykes-Picot, véase los documentos originales en Antonius (1938: 428-430). J. C. Hurewitz (1958: 25-26).

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