Páginas Árabes les desea un Feliz 2018

Va llegando a su fin otro año, y es inevitable hacer un balance de lo cotidiano, de lo vivido. Por supuesto que las tareas realizadas en el portal no son la excepción. Todo comienzo de ciclo conlleva la culminación del anterior, entradas y salidas, cambios, renovación, nueva energía, nuevos proyectos, nuevas ideas.

El 2017 que hoy culmina fue de grandes cambios. Se cambió la modalidad, el enfoque, la manera de manejar la información, y los resultados fueron altamente positivos y satisfactorios. Se dió un vuelco de campana con respecto a los contenidos y a la manera de difundirlos. Muy importante para ello es el conocimiento del idioma árabe, de la idiosincrasia de cada uno de los pueblos, de cada una de las etnias, de cada uno de los credos. Se redobló la apuesta sobre contenidos no tan difundidos en otros medios, tratar de ser originales, (no caer en voces que se dicen árabes sin conocer ni el idioma ni lo que difunden, que caen vez tras vez en el latrocinio indiscriminado de contenidos que no conocen). Tratar de brindar un buen producto aún cuando los tiempos personales son tan escasos.

Por supuesto que cada contenido aportado tiene un autor, un colaborador, mayormente sin rostro y sin nombre, porque lo importante es Páginas Árabes y no los egos, y así se entiende en esta nueva etapa. Sin embargo los reconocimientos son importantes. Cuando no todo es copiar y pegar sino desarrollar contenidos, tratar de no aburrir, no centrarse en un único tema, que nuestra cultura árabe llegue sin tergiversaciones, sin fantasías, lo más clara y pura posible.

Y esta nota sí va a llevar mi firma, ya que como director del portal quiero hacer público reconocimiento de quien con su tarea, su investigación, conocimientos y aportes ha hecho posible el cambio anteriormente mencionado, sin egoísmos, sin vanidades, aportando su experiencia de años en la colectividad árabe, su mirada basada en la experiencia de su paso por Cultura de la ciudad de Córdoba, su conocimiento de personas y personajes de esta hermosa colectividad árabe de La Docta ciudad mediterránea. Por su tiempo y esfuerzo dedicado a difundir nuestra cultura desde las raíces, desde la verdad, desde lo ancestral.

Gracias por tu llegada al equipo, gracias por tu llegada a mi vida Viviana Saf. Gracias por tu tiempo, gracias por tu esfuerzo, gracias por tus ganas, por tu entrega, por tu generosidad, por tu humildad, aún cuando conoces y tratas a cada raís de esta maravillosa colectividad.

Se termina otro año y renovamos y redoblamos la apuesta de seguir difundiendo nuestra cultura árabe como fue legada por nuestros mayores, con la pureza y la sencillez de la tierra de Oriente Medio, de Al-Andalus, de los lugares que vieron nacer, crecer y partir a nuestros ancestros.

Esperamos contar con cada uno de Ustedes en este 2018 que ya se aproxima. Sin lectores no hay razón para difundir, por ello gracias a todos los que nos acompañan año tras año en este gratificante viaje por nuestras raíces. Esperamos cada día seamos más, y podamos seguir difundiendo nuestra maravillosa y ancestral cultura para que conociéndonos no crean más en los estereotipos malversados.

Un deseo de prosperidad y felicidad les desea todo el equipo de Páginas Árabes y nos encontramos en el 2018 In Shâ Allâh!

Levantaremos una copa y brindaremos por Todos Ustedes! Sahtén!

Moro

©2017-paginasarabes®

La Resistencia, un hijo de Oriente Medio en París – Amin Maalouf

… Cuando se apeó en la estación de Volontaires, le seguí los pasos. Ese día iba yo a una cita, y tuve que elegir: a la persona que tenía que ver siempre podría volver a llamarla a media tarde, o al día siguiente; a él, estaba convencido de no volver a verlo nunca si le perdía el rastro.

En el momento de salir a la calle, se detuvo ante el plano del barrio. Se acercó hasta pegar la nariz contra él y, después, retrocedió, buscando la distancia adecuada. La vista le traicionaba. Era mi oportunidad, y me acerqué hasta él.

—Quizá pueda ayudarle…

Había hablado con el acento de nuestra vieja tierra, que reconoció y recibió con unas palabras afables y una sonrisa benévola, a la que siguió rápidamente una viva expresión de sorpresa. Vi en ella, entonces, un signo de desconfianza, y no creo que me equivocara. Sí, desconfianza, e incluso una especie de espanto avergonzado. El de un hombre que piensa que tal vez le hayan estado siguiendo, pero no está seguro, y al que le repugna mostrarse injustamente arisco o descortés.

—Busco una calle que debe de estar muy cerca —me dijo—. Lleva el nombre de Hubert Hughes.

No tardé en localizarla.

—Aquí está. Han escrito sólo H. Hughes, en caracteres ilegibles…

—¡Gracias por su amabilidad! ¡Le agradezco que haya culpado a los autores del plano y no a mis viejos ojos!

Hablaba con una suave lentitud, como si tuviera que desempolvar cada palabra antes de pronunciarla. Pero sus frases eran siempre correctas, esmeradas, sin contracciones ni giros familiares; por el contrario, algunas veces hasta resultaban anticuadas e inhabituales, como si hubiera conversado más a menudo con los libros que con sus semejantes.

—En otros tiempos, me habría orientado por instinto, sin consultar siquiera un plano o un mapa.

—No está lejos. Puedo conducirlo hasta allí. Conozco el barrio.

Me rogó que no lo hiciese, pero era pura cortesía. Insistí, y llegamos en tres minutos. Se detuvo en la esquina de la calle y la recorrió lentamente con la mirada antes de decir, un tanto desdeñoso:

—Es una calle pequeña. Una calle muy pequeña. Pero, al fin y al cabo, es una calle.

La extraordinaria trivialidad del comentario acabó por conferirle, para mí, cierta originalidad.

—¿Qué número busca?

Yo le ofrecía la ayuda del sentido común, ¿comprenden? No la aceptó.

—Ninguno en particular. Sólo venía a ver la calle. Voy a subir por ella y después bajaré por la acera de enfrente. Pero no quiero entretenerlo, tendrá usted sus ocupaciones. ¡Gracias por haberme acompañado hasta aquí!

En el punto en el que estaba, no quería irme así, tenía necesidad de comprender. La aparente extravagancia del personaje no había mermado mi curiosidad. Decidí ignorar sus últimas palabras, como si sólo fueran una cortesía excesiva.

—¡Esta calle debe de traerle a usted recuerdos!

—No. Nunca había estado en ella.

Caminamos de nuevo el uno al lado del otro. Yo, observándolo con ojeadas sucesivas, y él, con la cabeza levantada, admirando los edificios.

Cariátides. Un arte sólido y tranquilizador. Una bonita calle burguesa. Un poco estrecha… Los pisos inferiores deben de resultar sombríos. Salvo, quizá, allá abajo, cerca de la avenida.

—¡Usted es arquitecto!

La frase me brotó como la respuesta a una adivinanza. Con un vacilante matiz interrogativo, el preciso para no dar la impresión de excesiva familiaridad.

—En absoluto.

Estábamos ya al final de la calle; él se paró en seco. Levantó la mirada para leer la placa azul y blanca. Después, la bajó, en señal de recogimiento; sus manos, que colgaban a lo largo del cuerpo, se juntaron, con los dedos curiosamente entremezclados, como para sostener un imaginario sombrero.

Yo me situé detrás de él.

Calle Hubert Hughes
Resistente
1919-1944

Esperé hasta que relajó la postura y se volvió hacia mí, para preguntarle, con voz vergonzante, como cuando se susurra en un entierro:

—¿Lo conoció usted?

Él me respondió, en el mismo tono confidencial:

—Su nombre no me dice nada.

Insensible a mi perplejidad, sacó del bolsillo un cuadernito y tomó unas breves notas, antes de decirme:

—Me aseguraron que había en París treinta y nueve calles, avenidas o plazas que llevan nombres de resistentes. He visitado veintiuna, antes de ésta. Me quedan diecisiete. Dieciséis, si excluyo la plaza Charles de Gaulle, que crucé en otros tiempos, cuando se llamaba de «l’Etoile».

—Y ¿piensa usted visitarlas todas?

—En cuatro días, tengo tiempo de sobra.

¿Por qué cuatro días? No se me ocurría más que una explicación:

—Después, ¿volverá a casa?

—No creo…

De pronto, dio la impresión de haberse sumido en sus pensamientos, muy lejos de mí y de la mencionada calle Hubert Hughes. ¿Tenía yo la culpa, por mencionar nuestra vieja tierra, el regreso? Aunque es posible que fuese la evocación de esos «cuatro días» lo que lo dejase tan meditabundo.

No podía entrometerme más a fondo en su alma. Por tanto, preferí desviar la conversación.

—Así pues, no conoció usted a Hubert Hughes; pero su interés por la Resistencia no será casual, seguramente.

Se tomó tiempo antes de responder. Tardaba en volver a tierra.

—¿Decía usted?

Tuve que repetir mi observación.

—Es cierto, yo estaba estudiando en Francia durante la guerra. Y conocí a algunos resistentes.

Estuve a punto de hablar de la foto, de mi manual de historia… Renuncié a ello de inmediato. Habría comprendido que le había seguido intencionadamente. Supondría que le había espiado, quizá durante días, que alimentaba alguna intención vil… No, más valía fingir ignorancia.

—Sin duda perdió a amigos en aquellos años.

—A algunos, en efecto.

—Y usted, ¿no empuñó las armas?

—No.

—Preferiría consagrarse a sus estudios…

—La verdad es que no… Yo también estuve en la clandestinidad. Como todo el mundo.

—No todo el mundo estaba en el maquis en aquella época. Me parece usted demasiado modesto.

Creí que iba a protestar. No dijo nada. Yo repetí: «¡Decididamente, me parece usted demasiado modesto!», en tono festivo y como si se tratase más de una conclusión que de una pregunta. Un viejo truco de periodista, que funcionó de maravilla, ya que, súbitamente, le ganó la locuacidad. Y, aunque sus frases seguían siendo lentas, no resultaban por ello menos encendidas.

—¡No le estoy diciendo más que la verdad! Pasé a la clandestinidad como otros miles de personas. No era ni el más joven ni el más viejo, ni el más medroso ni el más heroico. No llevé a cabo ninguna hazaña memorable…

Conseguía, mediante una suerte de elegancia en las palabras y los gestos, mostrarse indignado sin manifestar la menor hostilidad hacia un interlocutor tan insistente como yo.

—¿Qué estudios cursaba usted?

Medicina.

—Y los reemprendería después de la guerra, imagino.

—No.

Un «no» demasiado seco. Había lastimado algo dentro de aquel hombre. Volvió a enfrascarse en sus pensamientos, antes de decirme:

—Seguro que tiene usted mil cosas que hacer. No quiero entretenerlo…

Me estaba despidiendo cortésmente. En efecto, debía de haber tocado un punto doloroso. Pero insistí.

—Tengo, desde hace tres años, una verdadera pasión por esa época: la guerra, la Resistencia… He devorado decenas de libros sobre el tema. ¡Cómo decirle lo que representa para mí el solo hecho de hablar con un hombre que vivió aquello!

Yo no mentía. Y, en cuanto a él, sentí que había aplacado un poco sus reticencias.

—¿Sabe usted? —dijo—, soy como un río represado durante demasiado tiempo. Si se abriese una brecha, ya no podría callar. Sobre todo, porque no tengo nada que hacer durante los próximos días…

—Aparte del inventario de las dieciséis o diecisiete calles que faltan…

Se echó a reír.

—Eso lo hago para llenar los días, mientras espero…

De nuevo sentí deseos de preguntarle qué esperaba. Pero la verdad es que tuve miedo de que volviera a refugiarse en sus pensamientos. Me pareció más prudente sugerirle que fuésemos a sentarnos en un café de la cercana avenida.

Cuando estuvimos instalados, en la terraza, ante dos cervezas negras, volví a la carga a propósito de sus estudios interrumpidos.

—El día siguiente a la Liberación, yo estaba sumido en una especie de borrachera. Me costó tiempo serenarme. Demasiado tiempo. Luego, ya no tenía la cabeza como para estudiar.

—¿Y sus padres? ¿No insistieron?

—El que quería ser médico era yo. Mi padre siempre tuvo otros proyectos para mí, habría querido…

Hizo una pausa. Una última vacilación, quizá, porque me miró prolongadamente, como si quisiera atravesarme de parte a parte antes de confiarse.

—Mi padre habría querido que yo llegase a ser un gran dirigente revolucionario.

No pude evitar sonreír.

—Sí, ya lo sé, en las familias normales el padre insiste en que su hijo haga la carrera de medicina y el hijo sueña con hacer la revolución. Pero mi familia no es de las que se pueden calificar de «normales»

—Su padre debía de ser, si he entendido bien, un revolucionario de la primera hornada.

—Sin duda, él se habría descrito así. Digamos que, más bien, era un espíritu rebelde. Nada desabrido, entiéndame. Hasta jovial y vividor. Pero profundamente rebelde.

—¿Contra qué?

—¡Contra todo! Las leyes, la religión, las tradiciones, la política, la escuela… Sería demasiado largo de enumerar. Contra cuanto cambiaba y cuanto no cambiaba. Contra «la necedad y el mal gusto y los cerebros mugrientos», decía él. Soñaba con gigantescos desórdenes…

—¿Qué le condujo a semejante actitud?

—Resulta difícil decirlo. Aunque la verdad es que, en sus primeros años, pasó por ciertas circunstancias que pudieron alimentar su resentimiento.

—Supongo que procedía de un ambiente modesto…

—¿Pobre, quiere decir? En eso no acierta usted, amigo mío, no acierta en absoluto. Nuestra familia…

Al pronunciar esas palabras, bajó los ojos, como avergonzado. Pero estoy seguro de que, más bien, pretendía disimular su orgullo.

Sí, cuando hoy vuelvo a pensar en ello, estoy convencido: era el orgullo lo que le avergonzaba cuando me dijo:

—Provengo de una familia que gobernó Oriente durante mucho tiempo…

Por Amin Maalouf

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Nacimiento de Jesús de Nazaret según el Sagrado Corán

María, madre de Jesús

En el Corán (el libro sagrado de los musulmanes) a ninguna otra mujer se le da más atención que a María. El Corán cuenta la historia de solo veinticinco Profetas, pues, María recibe más atención que a todos los Profetas.

En los 114 capítulos que componen el Corán, María está entre las ocho personas en tener un capítulo a su nombre. El decimonoveno capítulo del Corán que se llama Miriam, en honor a la Virgen María o “Maryam” en árabe. El tercer capítulo del Corán se llama Al- ‘Imran (la familia de ‘Imran), el cuál ‘Imran, según el Islam, es el padre de María. Maryam o María es el único nombre propio femenino que se encuentra en el Corán. Se repite al menos 34 veces. En 24 de ellas se cita a María con ocasión de hablar de su hijo Jesús.

Las referencias a María las recogemos siguiendo el orden de las Suras o capítulos del Corán; y dentro de cada Sura se señalan los versículos. Hay referencias a María o Maryam, en siete Suras: Sura 3: 33- 43; Sura 4:156,169; Sura 5:72-77,109-110,112-119; Sura 19:16-33; Sura 21:91; Sura 23:50 y Sura 66:12.

El papel de María en la espiritualidad Musulmana

Para captar los significados reservados del papel de María en la espiritualidad musulmana, no se podría hacer nada mejor que dejarse guiar por los versículos del Corán para contar la historia de María desde su nacimiento en el libro sagrado de los musulmanes.

Dios elige a María para que sea la madre del Mesías Jesús, este relato se encuentra en el Corán, (Sura 3:42-43) “Un día le dijeron los Ángeles: ¡OH María! Dios te ha elegido y te ha purificado; Él te ha escogido con preferencia a todas las mujeres del universo. ¡OH María!. Sé devota a tu Señor; póstrate y adora con los adoradores”.

Los exegetas musulmanes han creído o intuido en el versículo 42 que no sólo tenemos delante un eco de la concepción de María en gracia sino incluso una declaración de verdad, pues fue elegida, purificada, escogida y privilegiada entre todas las mujeres. El Corán sigue contando en (Sura 3:45-47) “Y cuando los Ángeles dijeron:

¡OH, María! Dios té albricias con Su Palabra. Su nombre será el Mesías Jesús, hijo de María. Será distinguido en esta vida y en la otra, y se contará entre los más próximos a Dios. Hablará a los hombres en la cuna y de adulto, y se contará entre los virtuosos. Dijo: ¡OH, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre? Le respondió: ¡Así será! Dios crea lo que Le place. Cuando decide algo, sólo dice: ¡Sé! Y es”.

La importancia de María en el Islam está subrayada por el hecho de que en el Corán (Sura 19) que relata primero la Anunciación y la Natividad se designa por ese nombre y segundo según el Corán; Dios ordena a Muhammad que hable de María.

Anunciación de Maria según el Sagrado Corán

A continuación el pasaje principal en los versículos 16-33 del capitulo 19. Empezamos con los versículos 16-21 “Y narra ¡OH! Muhammad la historia de María que se menciona en el Libro. Ella dejó su familia y se retiró en un lugar hacia Oriente. Colocó un velo entre ella y los suyos. Nosotros le hemos enviado nuestro Espíritu; él se presentó ante ella bajo la forma de un hombre perfecto. Ella dijo: “¡En el Clemente me refugio contra ti, si eres piadoso! Él dijo: Yo soy el enviado de tu Señor para darte un hijo puro. Ella dijo: ¿Cómo tendré yo un hijo? Ningún hombre me ha tocado nunca y yo no soy disoluta. Él dijo: Es así: Tu Señor ha dicho: Eso es fácil para Mí. Haremos de él un Signo para todos los hombres, una misericordia venida de Nosotros. El decreto es irrevocable”.

Nacimiento de Jesús

El relato en los versículos 22- 26 del capítulo 19: “Ella quedó encinta del niño y después se retiró con él en un lugar alejado. Los dolores la sorprendieron cerca de un tronco de palmera. Ella dijo: ¡Desdichada de mí! ¡Ojalá hubiera muerto antes de esto y estuviese completamente olvidada!. Gabriel que se encontraba a sus pies le dijo: ¡No te entristezcas! Tu Señor ha hecho surgir un arroyo a tus pies. Sacude hacia ti el tronco de la palmera: caerán dátiles frescos y maduros. Come, bebe y tranquilízate. Cuando veas a algún mortal, dile: Yo he hecho voto al Clemente de ayunar. Hoy no hablaré a ningún humano”.

El Corán cuenta que Jesús habló cuando todavía estaba en la cuna, a juzgar por las referencias que se recogen en el Corán (Sura 19:29-30) “Entonces ella se lo indicó. Dijeron: ¿Cómo vamos a hablar a uno que aún está en la cuna, a un niño? Dijo Él: Soy el siervo de Dios. Él me ha dado Escritura y ha hecho de mí un Profeta”. Pero la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), no cuenta nada de eso.

Este pasaje coránico, muy frecuentemente recitado, es uno de los elementos más importantes que mantienen viva en el Islam la presencia de María y de Jesús. Al milagro del recién nacido capaz de hablar en su cuna, se puede añadir otro mantenido en la memoria popular gracias a un Hadiz de Muhammad atestando la impecabilidad de Jesús y de su Madre, recogido por Al- Bujari en su libro dice: “Todo hijo de Adán es tocado por un demonio en el momento mismo de nacer. La criatura así tocada emite un grito. Solamente María y su hijo hicieron excepción a esta regla. Refiriéndose a la tradición según la cual todos los niños, en su nacimiento, dan gritos porque están siendo pinchados por Satán”. Este Hadiz afirma que solamente Maryam o María y su hijo ‘Isa o Jesús escaparon a la acción del demonio y permanecieron sin pecado.

El relato añade en los versículos 31-33 del sura 19: “Él me ha bendecido donde quiera que yo esté. Él me ha prescrito la plegaria y la limosna mientras viva y la bondad hacia mi madre. Él no me ha hecho ni violento ni malvado. ¡Que la Paz sea sobre mí el día en el que nací, el día en el que moriré, el día en que resucitaré!”.

Jesús el gran Profeta

En esta parte el niño es quien, salvando a su madre de una situación embarazosa ante los familiares que le reprochan su vida, actúa con madurez prematura, y se atreve a mostrar dos cosas:

  1. Que tiene conciencia de Profeta del Señor.
  1. Que cuenta con su bendición doquiera que esté y caminará, por tanto, siempre en su presencia y conforme a su voluntad.

Procede señalar, además, dos detalles importantes en los versículos 31 y 33:

-Primero; el niño señala como prescripción de Dios la Oración y la Limosna, es decir, dos de los cinco pilares de la religión musulmana.

-Segundo; suplica la salud y la bendición de Dios en los tres momentos capitales de su vida: en el nacimiento, en la muerte y en la resurrección.

El Corán también llama a Jesús palabra de Dios , como vemos en (Sura 4:171) “ciertamente el ungido, hijo de María es el mensajero de Dios, Su palabra depositada en María y un espíritu procedente de El”.

El Doctor Muhammad Al- Shaqanqiry profesor de estudios árabes e Islámicos en Universidad París, escribió un artículo en el periódico Al- Ahram, explicando este texto, dijo: “Sabemos que el Corán dice de Jesús que es la palabra de Dios y su espíritu”.

Y en (Sura 3:45) “Cuando los ángeles dijeron: María Dios te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él. Su nombre es el Ungido Jesús hijo de María considerado en la vida de acá y en la otra y será de los allegados”.

Muhy Al- Din Al- ‘Araby, en su libro Fusas Al- Hokum, explicando este texto, dice: “la palabra es Dios”.

También en (Sura 3:39) “Los ángeles le llamaron cuando, de pie, oraba en el Templo: Dios te anuncia la buena nueva de Juan, en confirmación de una palabra que procede de Dios y que será jefe abstinente, profeta de los justos”.

El Imam Abu Al- Sa’ud Al- ‘Amady, en su libro “Tafsir Al-‘Amady”, explicando este texto, dice: “Creyendo en la palabra de Dios, quiere decir que creía en El Mesías Jesús. La madre de Yahya (Juan), encontró María la madre de Jesús, y la dijo: estoy embarazada, María la contestó: yo también. La madre de Yahya dijo: he soñado de que mi hijo se inclinará delante de tu hijo”.

El Corán afirma en (Sura 41:37) “Entre Sus signos figuran la noche y el día, el sol y la luna. No prosternéis ante el sol ni ante la luna. Prosternáos ante Dios, Que los ha creado. Si es a Él a Quien servís”, de que la inclinación solo para Dios, entonces Yahya (Juan), según el Corán, no puede inclinarse ante cualquier persona que no sea Dios.

En el Corán (Sura 43:61) “Será un medio de conocer la Hora. No dudéis, pues de ella y seguidme. Esto es una vida recta”.

Por Raad Salam Naaman

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