El tejedor de alfombras

… En mi caso, la fabricación de una alfombra a estas alturas de mi vida, se ha convertido en una labor casi espiritual, en un diálogo personal con Dios y conmigo mismo, en un repasar los hechos y la pequeña historia de mi vida, es decir: un encuentro sincero conmigo mismo. Hoy basto yo para ajustarme cuentas (Qûr’an17:14) .

A veces en mi trabajo rezo y no sé, a ciencia cierta si rezar supone una comunión con Dios, en realidad, la monótona repetición de las oraciones a veces me provoca “excursiones mentales” para darme cuenta de que mi distracción haya provocado que, seguramente, mi oración no haya sido ni escuchada ni aceptada, dicen que cuando esas interferencias ocurren es porque el demonio, celoso, se interpone para que la oración no llegue y por tanto no sea escuchada; pero también pienso que si el deseo de mi razón (que es quién en realidad manda en mí), me mantiene en esa oración a pesar de que la mente divague es porqué mi profunda conciencia lo que quiere es mantener ese contacto y lo mantiene en el fondo y a pesar de las distracciones.

Si, abandono las oraciones aprendidas de memoria y elevo a Dios mi pensamiento en mi trabajo sé que es una conversación o un monólogo pero sincero y por tanto tengo la percepción interior no solo de que se me escucha sino de que me responde, no de palabra, claro, pero si con cosas que ocurren al día siguiente o al otro o pasado un tiempo o bien mediante una inspiración cuya procedencia se intuye, porqué es directa, clara y exacta aunque no inmediata.

Todo esto viene a mi cabeza mientras nudo a nudo, hebra sobre hebra y poco a poco voy componiendo el tapiz. A veces como en la oración, mi mente se evade tanto que tengo que deshacer muchos nudos por seguir el trazo equivocado pero también me viene a confirmar, que aunque distraído, permanezco sentado ante el telar que es lo que hará avanzar y terminar mi obra …

Por F.L.Martín

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