Las Musas del Poeta

Kamile Rahme ©Gibrán Khalil Gibrán

LAS MUJERES

“Fueron las mujeres quienes abrieron las ventanas de mis ojos y las puertas de mi Espíritu”  

Gibrán Khalil Gibrán.

Mujeres que formaron y acompañaron la vida del artista en su corto paso por esta tierra.

Ellas fueron parte de sus obras, inspiradoras activas de su arte.

 Kamile Rahme, su madre

Su nombre significa “la perfecta”

Nacida en el seno de una familia maronita, oriunda de Becharre, ubicado en la zona montañosa al norte de Líbano.

Poseedora de  una gran sensibilidad por el arte, tocaba el laúd. Bella e inteligente, Kamile  fue  quien sostuvo al joven Gibrán en su exilio cuando éste tenía apenas 12 años.

Marianna y Sultana, sus hermanas:

Marianna, costurera de profesión, dedicaba su tiempo a confeccionar con delicadeza y devoción, las prendas que lucía Gibrán, con  gusto exquisito. Nunca se casó. La gratitud y admiración por su hermana se ve plasmada en  El Profeta, un tejedor pide: Háblanos del vestir. Y el protagonista le dice: Vuestra ropa cubre mucho de vuestra belleza y, sin embargo, no cubre lo que no es bello.

Sultana, Según Fred Holland Day, era la que más se le parecía. Gibrán sentía gran afecto por ella y su inesperada muerte, en 1902 lo afectó profundamente.

Mary Hanskell:

Propietaria de un reconocido colegio de señoritas en esa ciudad. Con gran capacidad intelectual, conoce a Gibrán durante la inauguración de su primera muestra de dibujos al carbón. Se inicia la relación intelectual y amorosa más trascendente de Gibrán. Mary es quien instiga al escritor a escribir sus obras en inglés. Es ella la que le paga las estancias en París para estudiar pintura. Es ella quien después de la muerte de Gibrán, junto con Marianna y Barbara Young, conserva y difunde el patrimonio del autor.

Cuando estoy triste, querida Mary, leo tus cartas. Cuando la bruma vence a mi yo, saco dos o tres cartas de su pequeña caja y las releo. Ellas me recuerdan la verdad de mí mismo. Me hacen dejar de lado todo aquello que no es ni alto ni hermoso en la vida. Cada uno de nosotros, querida Mary, debe tener un lugar de descanso en algún sitio. El lugar de descanso de mi alma es un bello huerto donde vive mi conocimiento de ti.

Josephine Preston Peabody:

Conocida también como Posy, poeta y dramaturga, constituirá con Gibrán una relación intelectual. Fotografías de ella forman parte del menaje más íntimo de Gibrán.

Gran crítica literaria, se dice que la máxima obra del libanés, El Profeta, se debe al ingenio y profundidad inventiva de la autora de Canciones (1923), cuando advirtió, tras conocer el manuscrito en 1903, que se trataba, efectivamente, de un texto profético. Ella le llamó mi joven profeta. Él dedicará el emblemático libro a su memoria.

 Barbara Young:

Cuyo verdadero nombre era Henrietta Breckenridge Boughton, fue crítica literaria en la década de los veinte.  Conoce al autor en Nueva York en 1926. Ella desempeñará un papel fundamental en la administración y difusión del archivo personal y los manuscritos del artista quien profesaba por Barbara un profundo amor y admiración recíprocos.

Bárbara Young escribió el libro This man from Lebanon, un ensayo sobre la vida y obra de Gibrán Khalil Gibrán. Al hacerlo, Henrietta Breckenridge Boughton, debió decir de él lo que Decroix de Chaplin: “Al artista cuya alma seguramente rebasa al oficio”.

Con información de Museo Soumaya / Mónica López Velarde Estrada

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