Muñecas artesanales narran historias de una Siria asolada por la guerra

Dentro de uno de los innumerables edificios de escasa altura que pueblan el campamento de refugiados de Shatila, Amina, una refugiada siria de 56 años, borda con esmero escamas de pescado sobre un tejido de algodón.

Un fino muro de hormigón la separa del bullicio de este campamento de refugiados palestinos en el Líbano, construido hace décadas en los suburbios del sur de Beirut, que ha recibido una nueva ola de refugiados sirios desde el comienzo del conflicto en su país en 2011.

“Estoy bordando un pez. Refleja los sueños de viajar de una familia”, cuenta Amina. “Tienen una niña pequeña a la que le da miedo viajar. ¿Por qué? Porque teme ahogarse en el mar y que se la coma el pez”.

En abril del año pasado la familia Mousalli (padre libanés, madre siria y sus hijas Marianne y Melina) decidieron acercar al mundo las historias y los sueños de madres sirias procedentes de un Alepo asolado por la guerra.

Cada muñeca cuenta la historia de una persona que se llama igual que ella

Con la ayuda de un pariente que sigue en Siria, recopilan las historias de sirios de a pie y las convierten en bocetos que mujeres refugiadas sirias bordan en algodón.

“Cada muñeca cuenta la historia de una persona que se llama igual que ella”, explica Marianne mientras sostiene una de las muñecas. “Esta es Adreyeh. Es de Alepo. Su hijo Hassan sueña con reconstruir su casa en su aldea. Por eso hemos bordado aquí la casa de sus sueños”.

Marianne nos explica: “Hoy, casi todo lo que vemos en televisión se centra en la idea de la guerra en Siria. A menudo nos olvidamos de que hay gente que sigue viviendo allí y tiene historias que contar. No es que a la gente no le importe: es que ven una gran guerra y no consiguen ver a las personas”.

El proyecto ha sacado dos colecciones a la luz: “Desde dentro de Aleppo” y “La colección de las festividades”, en la que los niños de Alepo expresaron sus deseos para Navidad. Ahora están trabajando en una tercera colección, “Historias de la Becá”, que narra las historias y los sueños de los refugiados que viven en el valle de la Becá, en el Líbano oriental.

“Mucha gente compra las muñecas para sus hijos”, dice Marianne. “Cuando llevan una muñeca que se llama Hamida, sus padres les cuentan que Hamida tiene su misma edad y quiere volver a su casa y jugar con sus amigos. Esto hace que sea mucho más fácil comprender su situación”.

Con el nombre “Colección Ana” (“ana” significa “yo” en árabe), este proyecto pretende enfrentar mediante el arte y la expresión personal el dolor oculto de los sirios que permanecen en un país asolado por la guerra.

“Es buena artesanía”, dice Amina. “Se la enseñé a mi nuera y a mi sobrina y ahora ellas bordan en casa”.

El Líbano acoge en la actualidad a más de un millón de refugiados sirios inscritos, lo cual representa cerca de una quinta parte de su población total. Como resultado, este pequeño país tiene la proporción de refugiados más alta de todo el mundo.

Además de arrojar luz sobre algunas de las víctimas olvidadas de esta guerra que dura ya seis años, el proyecto ha contribuido a crear un “círculo completo de empoderamiento”, cuenta Marianne.

“La gente sabe que si compra la muñeca de Salma está ayudando a la verdadera Salma, que está en Siria, y que el dinero que paguen irá efectivamente a ella. Esto les conmueve”.

“El proyecto permite que los refugiados ayuden a otros refugiados y desplazados internos en Siria“.

El precio de las muñecas oscila entre los $25 dólares y los $65 dólares, en función de su tamaño. Las ganancias obtenidas se destinan a las madres y los niños que hay tras las historias, y en parte cubren los costos de producción y la compensación para las 80 bordadoras en el Líbano.

Marianne comenta: “El proyecto permite que los refugiados ayuden a otros refugiados y desplazados internos en Siria. Es algo que les entusiasma”.

Refugiados sirios en el Líbano, tales como Amina, también han encontrado en este proyecto un buen modo de perfeccionar sus destrezas y mejorar su motivación para alcanzar un objetivo. “Es buena artesanía”, dice Amina. “Se la enseñé a mi nuera y a mi sobrina y ahora ellas bordan en casa”.

Desde la puesta en marcha del proyecto se han vendido más de 1.500 muñecas con 48 historias en países como el Líbano, Kuwait, Francia y Australia. Todas las muñecas tienen una etiqueta con un mensaje para el cual trabajan todos los días en nombre de las madres sirias, según Marianne: “Yo protejo los sueños de mis hijos”.

Por Dana Sleiman, Rima Cherri y Houssam Hariri

Gracias al Voluntario en Línea Jaime Guitart por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.
Con información de: ACNUR

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