La pastelería siria que escapó de las bombas de guerra

La pastelería Salloura ©GroundTruth Project

Continúa su legado en Estambul, dando trabajo a otros refugiados sirios y haciéndoles sentir como en casa.

Samir Salloura y su familia abandonaron Siria cuando comenzó la guerra civil, en 2011. Con ellos, decidieron llevarse su pastelería y la receta del dulce típico que les hizo famosos en la ciudad de Hama. Se trata del Baklava, un pastel elaborado con una pasta de nueces trituradas en masa filo y un baño de miel que curiosamente, siendo originario de Turquía, ahora siguen preparando en su nueva panadería de Estambul.

Allí, y en los dos países en los su familia ha buscado refugio –Egipto y algunas zonas de Siria alejadas de la guerra­–. Pero su tienda en la capital de Turquía se encuentra en una zona ahora muy peculiar: Faith, el barrio que se ha convertido en la “pequeña Siria” de la ciudad.

Son ahora muchos los letreros que anuncian el shwarma sirio” y la “cocina de Alepo en las estrechas callejuelas de este distrito. También son muchos los vendedores ambulantes exiliados del país fronterizo que venden café con especias de cardamomo o frascos de verduras encurtidas para poder sobrevivir.

Pero la historia de la pastelería Salloura es, quizás, la más particular. La tradición de la pastelería comenzó con el tatarabuelo de Samir, hace más de 150 años, cuando comenzó a elaborar y vender pasteles de queso en las calles de la ciudad siria de Hama.

Un expositor de la pastelería repleto de dulces típicos ©Daily Sabah

Pronto sus dulces se hicieron famosos, y durante el próximo siglo y medio, los Salloura – apellido que en árabe significa “hijo de”– se dispersaron por todo el país llevando consigo las recetas de sus confecciones. Abrieron tiendas y añadieron nuevos dulces a su oferta.

El apellido Salloura se convirtió en Siria en un sinónimo de postre, pero la guerra ha estado a punto de acabar con su legado y con sus recetas que datan de la década de 1870. A medida que la crisis política y humanitaria ha obligado a millones de sirios a huir del país con pocas posesiones –algunas ropas, algunas fotos–, los exiliados han traído consigo una moneda diferente: su cultura, idioma y comida. Y en Salloura, esa moneda es oro.

Los exiliados sirios en Estambul reconocen esa moneda y la saben apreciar. De ahí que, desde la apertura de la pastelería en 2013, haya conseguido ganarse la buena reputación también en la antigua capital del Imperio Otomano. Para muchos, tomar postre en Salloura significa paladear de nuevo los sabores de casa.

Además, Salloura, da empleo a otros refugiados sirios. Desde julio de 2015, Turquía ha registrado más de 1,8 millones de exiliados procedentes del país fronterizo, según datos de la agencia de refugiados de la ONU, ACNUR. Aproximadamente 350.000 de ellos viven en Estambul, según fuentes oficiales turcas, y este número irá al alza.

Con información de La Vanguardia

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