La frontera de la Sierra Sur

Fortaleza de la Mota desde el barrio de las Cruces de Alcalá la Real

La fortaleza de La Mota es el emblema monumental no ya sólo de Alcalá la Real sino de toda la comarca de la Sierra Sur, límite geográfico y político con las tierras del norte de Granada. Desde este conjunto monumental, esparcido en el más alto otero de la ciudad, se distinguen los relieves montañosas de Sierra Nevada y los horizontes planos de Granada a los que estuvo íntimamente ligada desde el principio de su historia. Es uno de los hitos irrenunciables de la Ruta de los Castillos y las Batallas y su gestión turística la realiza la empresa Tu Historia, que además de organizar las entradas nos propone recreaciones teatrales y visitas guiadas con expertos.

La Mota toma asiento sobre una muela rocosa habitada por el hombre desde épocas prehistóricas. Como punto estratégico entre valles y serranías los romanos ubicaron en ella atalayas de vigilancia que siglos después sirvieron de marca e inspiración a los primeros gerifaltes árabes que llegaron hasta aquí a mediados del siglo VIII.

Bajo el gobierno de al-Andalus, Alcalá la Real se convierte en una de las ciudades más prósperas primero del califato y luego de los gobiernos almorávides y almohades.

El punto de inflexión se produce con la llegada de la dinastía de los Banu Said, una saga familiar que convierte el conjunto monumental en meca de cultura, pujanza económica y progreso social. Los Banu Said pertenecían a esa estirpe de familias legendarias que a lo largo de sus ocho siglos de historia dio al-Andalus. Cuentan que durante el siglo XII mantuvieron una cierta autonomía con respecto a las autoridades almorávides, llegando a alcanzar todo su esplendor social bajo dominio almóhade.

A finales del siglo XIII la fortaleza pasó a formar parte del reino nazarita de Granada. En 1341, Alfonso XI la anexionó a Castilla, distinguiéndola con el apelativo de real. La antigua ciudad amurallada vio crecer sobre las ruinas de la mezquita árabe una iglesia mayor abacial cuyas naves y campanarios aún señorean sobre el conjunto monumental. La iglesia luce en su interior bocanadas góticas que se manifiestan, por ejemplo, en la delicada escalera de caracol que trepa hasta la zona del coro donde hay una exposición permanente que ilustra al visitante sobre el proceso de restauración del templo. Este es el lugar más recomendable para contemplar las tumbas antropomorfas que se extiende por toda la planta de la iglesia, abierta en decenas de huecos que en otro tiempo acogieron los restos mortales de los monjes que religiosos que habitaron este desierto.

Las tareas de restauración procuraron dotar al templo de una techumbre de madera bien resulta e integrada en los muros renacentistas. Ya por fuera destaca la soberbia torre campanario cuya altura parece rivalizar con la torre del homenaje del vecino castillo. Una veintena de metros separa la iglesia de la primitiva alcazaba. En ese tramo, a uno y otro lado, destacan los trazados de viejas calles y los arranques de viviendas que ya no están. Las tareas de restauración arqueológicas han evidenciado la existencia de una gran ciudad intramuros cuyo apogeo alcanzó la fundación del vecino reino nazarita de Granada.

La primitiva fortaleza árabe, hoy recuperada de los estragos del tiempo y el olvido, acoge en el interior de la torre del Homenaje un interesante museo histórico, cuyas principales piezas arqueológicas han quedado reunidas en épocas históricas. Una puerta enmarcada por un arco de herradura da acceso al patio de armas, recuperado como escenario de actividades culturales. Desde el camino de ronda que recorre el perímetro de la pentagonal fortaleza se divisan extraordinarias vistas del caserío blanco y tradicional de Alcalá la Real, ensalzado en su barrio viejo por iglesias renacentistas y palacios señoriales del mismo estilo. En tono a la fortaleza de La Mota se han recuperado senderos que conducen hasta los lienzos de muralla que aún sobreviven y que mantiene en pie la memoria histórica de un lugar mágico, poblado de leyendas y poseedor de algunos de los capítulos más notables de la ancha y fascinante historia de al-Andalus.

Por Manuel Mateo Pérez
Con información de El Mundo

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