Las santas palestinas

Mariam Bawardi (izquierda) y María Alfonsina Danil Ghattas (derecha).
Mariam Bawardi (izquierda) y María Alfonsina Danil Ghattas (derecha).

Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores.

El  Papa Francisco canonizó a dos religiosas palestinas en el Vaticano: Mariam Bouardi y María Alfonsina Ghattas; las primeras mujeres de lengua árabe en llegar a los altares de la Iglesia Católica. Su canonización es vista como un signo de paz para el Medio Oriente, días después de que el  Vaticano reconociera al Estado palestino.

En la plaza de San Pedro y frente a más de dos mil personas, el Papa Francisco se refirió primero a la carmelita descalza Sor María de Jesús Crucificado( 1846-1927), cuyo nombre original era Mariam Baouardy; y posteriormente, a Sor Alfonsina Ghattas( 1843-1927), fundadora de las Hermanas del Rosario de Jerusalén.

“Su docilidad al Espíritu Santo la convirtió en un medio de encuentro y comunión con el mundo musulmán”, afirmó Jorge Bergoglio sobre Mariam Baouardy.

El Papa calificó a María Alfonsina Ghattas como “un ejemplo de la mansedumbre y de la unidad, al entender la importancia de hacernos responsables de los demás y vivir al servicio de ellos”.

En una ceremonia de casi dos horas que contó con la presencia del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas entre los principales invitados.

En la carta pastoral escrita para la ocasión por el patriarca latino de Jerusalén, monseñor Fuad Twal dijo que “la noticia de la canonización de estas dos religiosas desciende como un rocío celestial sobre nuestra tierra sedienta de amor y de justicia y diezmada por la violencia. Hemos esperado por largo tiempo el anuncio de esta doble canonización, que nos da confianza y esperanza en Cristo. El Señor quiere confortar a nuestros países llenos de conflictos y guerras y a nuestras poblaciones, que sufren por las continuas injusticias”.

Mariam Baouardy (María de Jesús Crucificado)

Nació el 5 de enero de 1846, en Ibillin, una pequeña aldea de Galilea, a mitad de camino entre Nazareth y Haifa . A los 3 años de edad quedó huérfana y creció bajo los cuidados de sus tíos. Trabajó como empleada doméstica en Alejandría, después en Jerusalén y en Beirut donde entró en contacto con la vida religiosa y viajó a Marsella, Francia para ingresar al Monasterio de San José de la Aparición. Mariam fue miembro de dos congregaciones religiosas: en 1865 ingresó en las Hermanas de San José de la Aparición, pero en 1867, siendo aún postulante la juzgaron más apta para la vida contemplativa por lo que fue despedida de la Congregación. Esto la llevará al Monasterio Carmelo (de vocación Carmelita), ahí adoptó el nombre de María de Jesús Crucificado. Durante su vida religiosa participó en la fundación de varios monasterios, entre ellos el Carmelo de Mangalor, el primer monasterio carmelita en la India. También intervino en la fundación del Carmelo de Belén y el Carmelo de Nazareth. Murió a los 33 años víctima de una gangrena producto de una caída mientras participaba en la construcción del Monasterio de las carmelitas en Belén. Durante su Beatificación el Papa Juan Pablo II afirmó que “su vida religiosa estableció un vínculo entre los cristianos de Oriente y de Occidente”. La causa de su canonización se inició en 1827. En 1981 se reconocieron sus virtudes heroicas y el 13 de octubre de 1983 Juan Pablo II la elevó a la gloria de los altares nombrándola Beata de la Iglesia Católica.

Maria  Danil Ghattas (Santa María Alfonsina)

Nació en Jerusalén el 4 de octubre de 1843. En 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición y el 30 de junio de 1860 tomó el habito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas. Siendo parte de la Congregación de las Hermanas de San José, se acogió a la dirección espiritual para fundar para las jóvenes de su país una congregación bajo el nombre de “Hermanas del Rosario”. María Alfonsina pasó 42 años al servicio de su comunidad: abrió en Belén un taller para dar trabajo a las jóvenes pobres de la ciudad, luego fue a Jaffa de Nazaret donde asistió a su director espiritual, el padre Tannous Giuseppe, hasta el momento de su muerte. Más tarde fue a Beit Sahur, Salt, Nablus, Zababdeh, Belén, Jerusalén y, finalmente a Ain Karem, donde mandó a fundar un orfanato. En marzo de 1927, su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después, el 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral. En 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. El 15 de diciembre 1994  se proclamaron sus virtudes heroicas. El 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre un milagro atribuido a María Alfonsina. El 22 de Noviembre, 2009 el Papa Benedicto XVI la beatificó en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.

Los milagros que permitieron la proclamación de la santidad de ambas mujeres tuvieron lugar en tiempos muy recientes.

El de la madre Maria Alfonsina sucedió justo el día de su beatificación. Un hombre de Kfar Kana (Caná de Galilea), Emile Mounir Salim Elías, experto geómetra, estaba trabajando en Bayt Dajan, cerca de Holon (Jaffa) y fue alcanzado por una descarga eléctrica de entre treinta y cuarenta mil voltios. Estuvo en coma dos días sin que el corazón diese señales de vida. Sus parientes se confiaron en María Alfonsina y Elías se despertó vivo.

El milagro de Mariam Bawardi consiste en la curación de un niño siciliano, Emanuel Lo Zito, que sufría de una insuficiencia cardíaca congénita. Después de una operación quirúrgica, que los médicos consideraban incluso inútil, el niño se curó en modo prodigioso. Sus padres lo confiaron a Mariam Bawardi, cuya santidad habían conocido durante un viaje a Tierra Santa

Esperanza de paz

Para el vicario patriarcal de Jerusalén, monseñor William Shomali, es importante mostrar que el significado de estas canonizaciones va más allá de los confines de la Iglesia católica. En una reciente conferencia de prensa dijo: “Creo que no sólo los cristianos, sino también los musulmanes y los judíos pueden sentirse felices de que estas dos personas de nuestro país hayan alcanzado el más alto grado de virtud, de sabiduría espiritual y de experiencia mística de Dios. Las dos vivieron en Palestina antes de la división. No conocieron el conflicto árabe-israelí. Estoy seguro de que, desde el cielo, siguen nuestra situación y continúan intercediendo por la paz y la reconciliación en Tierra Santa. Y fijémonos en que ambas se llaman María, Miriam. Esto es extraordinario: este nombre es común entre los judíos, los cristianos y los musulmanes. Esperemos que puedan convertirse en un puente para unirnos a todos”.

Al acto, en el que no cesaron de ondear las banderas palestinas, unas horas antes Francisco había deseado al presidente palestino que se convirtiera en un “ángel de la paz”, tras la audiencia privada de 20 minutos que mantuvieron en el Vaticano como corolario de una semana en la que la Santa Sede reconoció por primera vez al Estado Palestino en un documento oficial.

Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia.

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No hay para todos- Por Emir Sader

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El lema de una campaña electoral de hace poco tiempo del PP, el partido de derecha español, en Cataluña, resume la esencia de la filosofía del neoliberalismo.

En primer lugar, somos demasiados. ¿Respecto de qué? A lo que hay. Es como decir hay demasiadas cabezas para pocos sombreros.

Pero el neoliberalismo no se dispone a producir más sombreros para superar esa inecuación, sino a cortar cabezas. Podría dividir mejor lo que hay, hacer rotación con los sombreros que hay por varias cabezas. Pero no. Hay que reducir la demanda de sombreros por las excesivas cabezas.

¿Y quién decide que hay que cortar cabezas y qué cabezas deben ser cortadas? ¿La población, reunida democráticamente en asambleas o en carnicerías gigantes? No. Es el mercado, ese gran carnicero.

Las cabezas han vivido por encima de sus posibilidades de tener sombreros para todas, uno para cada una. Ahora hay que hacer el deber de casa, cortar austeramente las cabezas sobrantes.

¿Cómo decide el mercado cuáles son las cabezas sobrevivientes para los insuficientes sombreros? Por la acción mágica, sabihonda y equilibrada de su mano oculta.

Así, sobrevivirán las cabezas mejor calificadas por la inevitable ley de la oferta y la demanda. Malthusianamente. Para la gloria de los sacrosantos equilibrios macroeconómicos.

¿Y si, violando esas normas, se produjeran más sombreros para atender la demanda de todas las cabezas?

No, no y no. Por Dios, ni pensar en los disturbios macroeconómicos que se producirán con la tenebrosa venganza del mercado, que enviaría rayos sobre las cabezas de todos, como castigo por no haber obedecido las leyes de la oferta y la demanda. Todo, menos éso.

La inflación se dispararía a cifras de no se cuantos dígitos. Los capitales huirían a cualquier agencia del HSBC todavía abierta o buscarían refugio, atraídos por la ley de atracción universal que los hace llevaría, si no hay ningún obstáculo que los desvíe, hacia el dulce y justo reposo de los paraísos fiscales. El Fondo Monetario Internacional encenderá todas sus luces rojas y nos considerará un caso execrable, infradotado de los criterios mínimos de confianza para recibir un céntimo siquiera de préstamos o de capitales.

¿Vale la pena todo eso simplemente para satisfacer algunas cabezas, cuya insistencia en sobrevivir nos puede exponer a todas los fuegos del infierno? ¿A ser declarados países no confiables frente a los confiables organismos internacionales de la finanza y el poder?

Quedarán menos cabezas, pero mejores, porque saben que tienen que meter sus cabezas en los pocos sombreros que van quedando. Que de eso se trata para países, gobiernos, partidos serios. Si no hay para todos, tiene que haber para algunos, que sean los que el mercado dice, que son los que merecen tener sus cabezas cubiertas.

Esa es la filosofía del neoliberalismo, de la austeridad. No hay para todos.

Por Emir Sader
Con información de :La Jornada

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