Historia de un asesino

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El reciente lanzamiento de la película “El Francotirador” (American Sniper), ha fomentado la división dentro de la población estadounidense. Mientras que aquellos que ven a Chris Kyle como la reencarnación de George Washington cantan las alabanzas de Kyle y de la película, otros han llegado a la conclusión opuesta.

Por supuesto, la oligarquía estadounidense a través de sus medios de propaganda convencional ha dibujado claramente sus fronteras: si te gusta Chris Kyle y la película, entonces apoyas a las tropas, amas a tu país, y te opones al terrorismo. Si en cambio, no ves a Kyle como a un héroe, entonces estás del lado de los comunistas, socialistas y simpatizantes de los terroristas y por supuesto, entonces odias a las tropas de tu propio ejército.

Pero la verdad es que Chris Kyle no era un héroe. Chris Kyle era un asesino. Y también un especulador de la guerra y un mentiroso.

Basta con mirar al pasado de Kyle y repasar sus propias palabras.

La historia de un asesino

En su libro autobiográfico, “American Sniper”, Kyle se refirió en varias ocasiones a las personas cuyas tierras invadió y a cuyas familias ayudó a matar como “salvajes”, lamentando que fuera incapaz de matar a más de ellos.

Kyle escribió:

La gente me pregunta todo el tiempo: “¿A cuántas personas has matado?” Mi respuesta estándar es “¿La respuesta me hace menos o más hombre?”

El número no es importante para mí. Ojalá hubiera matado a más. No para exigir derechos, sino porque creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes sueltos que maten a estadounidenses. Todo el mundo al que disparé en Irak estaba tratando de dañar a estadounidenses o a iraquíes leales al nuevo gobierno.

Tenía un trabajo que hacer como SEAL. Maté al enemigo, un enemigo que veía día tras día conspirando para matar a mis compatriotas estadounidenses. Estoy obsesionado por los éxitos del enemigo. Eran pocos, pero ninguna vida americana puede perderse.

Kyle estaba orgulloso de la cantidad de “salvajes” que mató. No sólo no lo lamentó, sino que le encantó hacerlo, tal y como expresa él mismo:

Hay otra pregunta que me hace mucho la gente: “¿Te ha molestado tener que matar a tanta gente en Irak?”

Yo les digo “No”

Y lo digo en serio. La primera vez que se dispara a alguien, te sientes un poco nervioso. Te preguntas: ¿Realmente podré dispararle a ese tipo? ¿Está bien lo que hago? Pero después de matar a un enemigo, ves que está bien. Dices: ¡Bien!.

Entonces lo haces de nuevo otra vez. Y otra vez. Lo haces para que el enemigo no pueda matar a tus compatriotas. Lo haces hasta que no queda nadie por matar.

Eso es lo que es la guerra.

Yo amaba lo que hacía. Lo sigo haciendo. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, si mi familia no me hubiera necesitado, habría vuelto a casa en un santiamén. No estoy mintiendo o exagerando al decir que fue divertido. Pasé los mejores momentos de mi vida siendo un SEAL.

Kyle parecía disfrutar torturando al pueblo iraquí, haciendo alarde de su número de muertes y pasándoselo en grande persiguiéndolos con hummers controlados por control remoto mientras gritaban, probablemente pensando que era algún tipo de arma dirigida contra ellos.

Cuando volvió a EEUU, Kyle también se jactó de su capacidad para perforar el cuerpo de las vacas de forma tan dura, que dos veces se rompió la mano. Cabe señalar que, disfrutar haciendo daño a los animales, por supuesto, es un indicador de psicopatía.

Después de su paso por el ejército estadounidense, Kyle se trasladó a esferas más lucrativas, y en concreto a la esfera privada del negocio de la guerra.

Se convirtió en el presidente de Craft International, una firma táctica militar que trabajaba tanto con el ejército estadounidense como con las fuerzas del orden y eso permitió a Kyle seguir beneficiándose de la masacre de inocentes en el extranjero y del aumento del estado policial represivo dentro de los EEUU.

Una maniobra de propaganda

Pero el negocio de la guerra no era suficiente y Kyle decidió ejercer de propagandista. Kyle afirmó públicamente que se había peleado en un bar con Jesse Ventura.

Para quien no lo sepa, Jesse Ventura es un personaje conocido en EEUU. Fue gobernador de Minnesota, luchador de lucha libre, veterano de la marina, actor que participó en películas como Predator o Demolition Man y ante todo, uno de las caras más conocidas del mundo de las teorías de la conspiración y un ferviente crítico de la guerra de Irak.

Kyle insinuó que Ventura, crítico anti belicista, estaba feliz por la muerte de Navy SEAL y que enojado con él, le dió un puñetazo en la cara al encontrarlo en un bar.

Fue una maniobra de propaganda efectiva: Ventura, que como decimos, se había mostrado como un fuerte crítico de la guerra en Irak, fue pintado ante la opinión pública como un criminal despiadado que se regocijaba de la muerte de soldados estadounidenses, algo que sirvió, no sólo para denigrar la figura de Ventura, sino la de todos los críticos a la guerra de Irak.

Posteriormente, Ventura demandó a Kyle, pero Kyle fue asesinado antes de que se resolviera el caso en los tribunales.

Eso sirvió entonces para pintar a Ventura como a un mal patriota sin corazón, que odiaba a las tropas y que demandaba a la viuda de un pobre soldado.

El daño para la imagen de Ventura fue muy grande, a pesar de que Ventura ganó el caso y un tribunal federal le otorgó 1.8 millones de dólares de indemnización.

Ahora, con el lanzamiento de la película “El Francotirador”, Kyle está siendo retratado, no sólo como una víctima de Ventura, sino como un verdadero héroe que exudaba honor en todos sus actos, ya que todos ellos estaban exclusivamente diseñados para proteger a los estadounidenses y a las vidas de sus “hermanos”.

Pero como hemos visto, la imagen que se ofrece de Kyle en los medios de comunicación de EEUU, no sólo es errónea, sino profundamente vergonzosa.

Kyle estaba sediento de sangre. Era un asesino. Y estaba orgulloso de sus acciones criminales.

Ahora, tras el lanzamiento de la película de Eastwood, Kyle se ha convertido en un símbolo del “apoyo a las tropas”.

Ver a un asesino glorificado por los medios de comunicación no es nada nuevo. Lo que es verdaderamente repugnante, sin embargo, es la reacción social ante los que se atreven a criticar a este “nuevo Cristo del asesinato”.

Muchos estadounidenses han caído presa de la cultura del militarismo y de la propaganda a favor de la guerra, hasta el punto de que American Sniper se ha convertido en algo parecido a lo que representó en su momento la película de Mel Gibson “La Pasión de Cristo” para los cristianos.

Según se ha reportado en algunos medios, ha habido cines en los que los espectadores, tan entregados al culto del militarismo y tan carentes de capacidad para distinguir la realidad de la ficción, se han puesto de pie y han ovacionado al personaje de Kyle cuando mataba al “malo” de la película.

Para casi la mitad de la población de EEUU, la guerra es la respuesta. La pregunta no importa. Como escribió Paul Craig Roberts, “En EEUU, el patriotismo y el militarismo se han convertido en sinónimos”

Y por lo visto, la tortura también les parece bien. De hecho, a ojos de la generación de Hollywood, la capacidad para torturar es un sello distintivo de lo que es un “verdadero hombre”. Cualquier sugerencia en sentido contrario no es más que simpatizar con los terroristas y odiar a las tropas de tu propio país.

Por si eso fuera poco, en la sociedad norteamericana, se ha instalado la idea de que no tienes ningún derecho a criticar y opinar sobre Chris Kyle, a no ser que hayas servido en el ejército y participado en combates.

¿Acaso hace falta ir a una guerra para saber que disparar a niños y abuelas está mal?

La verdad es que las guerras siempre son iniciadas por personas que no se ven obligadas a luchar en ellas. Si lo fueran, entonces nunca se librarían guerras.

Sin embargo, también es cierto que las personas que inician las guerras no disparan balas, ni bombardean pueblos. Se necesitan hombres que vistan uniformes para hacerlo y que maten a personas con las que tienen mucho más en común que con esos hombres trajeados que los envían a luchar.

Como dijo una vez el general Smedley Darlington Butler:

“Serví en todas las jerarquías, desde teniente segundo a general de división. Y, durante ese tiempo, pasé la mayor parte de mi tiempo ejerciendo de hombre musculoso para las clases altas de los Grandes Negocios, para Wall Street y para los banqueros. En resumen, yo era un matón y un mafioso del capitalismo”.

Muchos soldados han comenzado a hablar sobre las trágicas consecuencias de la estupidez flagrante de la población estadounidense y de la traición de sus “líderes”, tanto sobre las poblaciones víctima de sus políticas criminales, como sobre los propios soldados estadounidenses.

Estos hombres y mujeres son los verdaderos héroes. De hecho, ellos son héroes dos veces: la primera por poner sus vidas en peligro por algo que creían y la segunda por darse cuenta de que lo que hacían estaba mal, que su causa era errónea y por tratar de evitar que los crímenes continuaran produciéndose o volvieran a suceder. Estos son los verdaderos héroes y no el asesino de Chris Kyle. Las prioridades de Estados Unidos están totalmente sesgadas.

Años de propaganda de Hollywood y de dominación oligárquica han conseguido que ciertas cosas ya no se discutan, que las personas estén separadas las unas de las otras, y que cualquier atisbo de diálogo se detenga en seco.

Estados Unidos ha sido utilizado como el matón de la oligarquía mundial y para que siga siéndolo, esas oligarquías necesitan promover el militarismo exacerbado entre la población estadounidense.

Siempre ha sido igual con todos los imperios…

‘American Sniper’: Mentiras y Propaganda para dividir una nación por Brandon Turbeville.(Activist Post). Fuente: El Robot pescador

Noam  Chomsky y Michael Moore

“El lingüista y filósofo Noam Chomsky considera que la popular película ‘American Sniper’, que obtuvo este año 7 nominaciones para los Oscar refleja la campaña terrorista llevada a cabo por el presidente de EE.UU. Barack Obama, la más grande en la historia moderna”. Publica RT que Noam Chomsky ha comentado un artículo de ‘The New York Times’ dedicado a la película ‘American Sniper’ en el que se afirma que la cinta presenta una imagen patriótica y “pro-familiar” de la inteligencia de Estados Unidos:

“¿Cuál fue esta película patriótica y ‘pro-familiar’ que encantó a los estadounidenses?”, se pregunta Chomsky en voz alta. “Se trata de un francotirador más letal en la historia estadounidense, un hombre llamado Chris Kyle, que afirma haber usado sus habilidades para matar a varios cientos de personas en Irak”.

Para el activista, la imagen del francotirador que se ha hecho popular en el país ayuda a entender por qué es tan fácil ignorar la campaña terrorista más grande en la historia moderna:

“La campaña global de asesinato” llevada a cabo por Obama. Chomsky denuncia que esta campaña tiene como objetivo matar a las personas que son “sospechosas de planear tal vez hacernos daño algún día”.

Michael Moore también ha criticado el aberrante belicismo de la película,  misma que ha logrado romper todas las marcas de taquilla en un mes, recaudando poco más de 200 millones de dólares. El director de célebres documentales de denuncia, se pronunció hace unos días en su cuenta de twitter :

“Mi tío fue asesinado por un francotirador en la Segunda Guerra Mundial. Los francotiradores son unos cobardes. Te disparan por la espalda. Los francotiradores no son héroes “.

Relata Pablo Scarpellini en su artículo para El Mundo, que la crítica de Moore se unió a la de otros muchos en las redes sociales, escandalizados por el tono racista que detectaron en el filme de Eastwood :

“Por favor no vayan a ver American Sniper. Es propaganda para promover y normalizar la islamofobia”, decía una de las usuarias en Twitter, a raíz también de los comentarios de otros miembros que dijeron que, tras ver la película, les entraban unas ganas irreprimibles “de matar unos cuantos árabes”.

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Las mil y una noches

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‘Las mil y una noches’ de la mano de ediciones Atalanta

Nada más estimulante, para un comparatista, que encontrarse con una edición de Las mil y una noches.

Y más si está realizada por alguien tan cuidadoso de su oficio como Jacobo Siruela, en Atalanta (un precioso cofre con tres volúmenes, en total más de mil páginas); personalmente debo una parte importante del conocimiento del contexto del libro árabe por excelencia a otras tantas ediciones (¡Oh Burton!) que fueron apareciendo en su día en la memorable primera Siruela. Todos sabemos que hay que leer Las mil y una noches poco a poco (una extendida leyenda urbana dice que, si lo lees de golpe, falleces literalmente), entre otras cosas porque tal es su poder de seducción que, tras los primeros cientos de noches blancas, uno acabaría (como el Rey Sahriyar, el carcelero insomne de Sherezade, que apenas duerme de noche y no para de trabajar de día) cayendo irremediablemente en la locura.

Y esa precaución he tenido yo en estas últimas semanas (precisamente las del atentado contra los periodistas de Charlie Hebdo) con esta nueva edición, traducida por los arabistas Leonor Martínez y Juan Antonio Gutiérrez-Larraya a partir del original egipcio de Bulaq de 1835. De las versiones castellanas, junto a la de Juan Vernet, es la mejor: como ésta, rigurosa, directa, completa y suficientemente adornada.

Todos hemos oído hablar de semejante joya literaria, pero, ¿sabemos en qué consiste y que tesoros encierra? En primer lugar se puede afirmar que Las mil y una noches es más que un libro: enmarcados por un relato principal (la historia de Sherezade, la princesa que se salvó contándole mil y una historias al sátapra que, tras poseerla, la amenazaba de muerte), se trata de una antológica colección de historias, anécdotas, fábulas, relatos de viajes (¡Oh Sinbad y los árabes del mar!), poesía más o menos popular, etc, con todo el contenido sapiencial y antropológico no sólo arábigo, sino de las mejor elaboradas tradiciones orientales que confluyeron en su conformación, especialmente la persa, la india, la hebrea y en menor medida la turca (¿cuántas veces habrá que recordar a los bárbaros de aquí y de allá la densidad cultural de Oriente?).

Originada antes del año mil, trasmitida en parte oralmente, de un modo radial, de autor y compilador anónimo, ajena en principio a la alta cultura árabe y por tanto rechazada (por popular y narrativa) por sus élites y (por sensual) por las autoridades religiosas, conocida antaño en nuestra península, no fue hasta la edad moderna, por medio de un puñado de orientalistas europeos (Antoine Galland y William Lane, replicados y superados primero por Mardrus y Burton pero también por las excelentes traducciones alemanas y, a mi juicio una de las mejores, por la italiana de Gabrieli) cuando el libro comenzó a ser valorado debidamente aquí y allá, con un poderoso efecto boomerang en toda la cultura oriental, especialmente en la arábiga.

Hay mil y un aspectos dignos de consideración de este monumento escrito, pero quiero incidir, en esta brevísima nota, en el extraordinario valor simbólico que tiene su estructura (un milagro técnico cuyo responsable infelizmente desconocemos), y en sus conexiones con lo mejor de la literatura universal.

Dejando aparte motivos tan fértiles como el viaje (el físico pero también el espiritual, el que apunta a una trascendencia irreversible), y la espera, o la relación del hombre con los animales (origen de la fábula y, aún más allá, de posibles figuras de una humanidad inserta en lo ciclos del eterno retorno, algo que por cierto llega hasta Nietzsche o al Kafka cuyo protagonista de la parábola Ante la ley suplica a las pulgas del cuello que intercedan ante el guardián que le impide el acceso al otro lado), resulta asombrosa la sagacidad de la princesa Sherezade, una sabiduría que saca de los mil libros que posee y que ha asimilado y que le sirven (como a Penélope le sirvió la costura) para salvarse.

Pues bien, el modo en el que la narradora utiliza cada historia como un mot de passe entre el desvelo del déspota y la muerte que le acecha (y a la que vence finalmente también por medio de los tres hijos que engendra con su curioso enamorado) contiene todas las potencialidades del mito. Y es que pocas veces la palabra y la historia que tiene un comienzo, un medio y un fin que se prolonga o acorta al perspicaz antojo de quien la cuenta, también por motivos prácticos, han estado en una relación límite tan sustancial con la realidad misteriosa del amor, la locura, la muerte y el sueño como están en una obra que conecta de pleno, imposible eludirlos, con la Biblia, con el pastor de Hermas, con Berceo, con Boccaccio y con Dante, con Cervantes, con  Proust, con Freud y con Borges.

Por Álvaro Rica
Con información de : Teinteresa

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Madrid:Israel,una necesidad para Occidente?

Una guía destinada a profesores y maestros de la Comunidad de Madrid sostiene que “el antisionismo es la forma que la judeofobia adopta en la actualidad”.

Fragmento del manual presentado por la Consejería de Comunicación de la Comunidad de Madrid.
Fragmento del manual presentado por la Consejería de Comunicación de la Comunidad de Madrid.

Con motivo de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, la Comunidad de Madrid ha dado a conocer su Guía Didáctica de la Shoa, promovida por la Consejería de Educación. El objetivo declarado es promover el estudio del genocidio judío (sic) durante la II Guerra Mundial en la educación primaria y secundaria.

La publicación, dirigida a maestros y profesores, fue presentada el 23 de enero en la Asamblea de Madrid con la asistencia del embajador de Israel en España, Alon Bar, que calificó la iniciativa del gobierno madrileño de “pionera” y llamó a seguir el ejemplo de la Consejería madrileña.

Para el presidente de la Comunidad, Ignacio González, el objetivo principal es que los estudiantes aprendan que hubo un tiempo en que la humanidad se degradó hasta límites irracionales, que sepan que el Holocausto no se produjo en una cultura primitiva sino en una sociedad avanzada como la nuestra“. (sic)

“El antisionismo odia a Israel por ser el país judío y busca, después, argumentos para la justificación de su odio”, dice la Guía (sic)

Las primeras quejas por el contenido del texto no han tardado en llegar por parte de profesores de instituto. Algunos de ellos han contactado con Diagonal para señalar el marcado carácter “pro israelí” y “sionista” del texto. Un texto en el que apenas se habla del conflicto palestino-israelí o de las teorías, incluso de investigadores israelíes, que califican a Israel de Estado colonial.

En 2014, Israel ha tomado la decisión de que prefiere ser un Estado racista de Apartheid y no una democracia”, decía recientemente el historiador israelí Ilan Pappé.

En el epílogo de la Guía se concentran las afirmaciones más valorativas sobre la actual situación en Oriente Medio, entre ellas una disquisición sobre “la necesidad del Estado de Israel”.

“La existencia del Estado de Israel es una necesidad no ya para los judíos del mundo, sino para los ciudadanos de Oriente que padecen tiranías teocráticas y para las democracias occidentales, asediadas por el fanatismo fundamentalista ante la cual Israel ofrece una resistencia insólita”. (sic)

Una necesidad que lleva necesariamente, según la lógica de la Consejería de Educación a la “defensa” de Israel.

“La defensa de la existencia del Estado de Israel (…) es hoy un acto racional de elemental autodefensa sin el cual las conquistas políticas de las que disfrutan las sociedades avanzadas están en peligro de elección” (sic)

La Guía no duda en tomar partido ante cuestiones más que polémicas, como es el caso del carácter confesional o aconfesional del Estado de Israel. “Israel no es ni puede ser un Estado religioso (judaico) o teocrático”, afirma el texto sin citar fuente alguna en la que se sustenta esta afirmación.

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Aunque donde esta Guía Didáctica despliega las afirmaciones más sorprendentes es en el apartado “¿Qué es el antisionismo?”.

“El antisionismo es la forma que la judeofobia adopta en la actualidad (…) Igual que el judeófobo odia al judío por serlo y busca, después, argumentos para la justificación de su odio, el antisionismo  odia a Israel por ser el país judío y busca, después, argumentos para la justificación de su odio”. (sic)

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Como causa del antisionismo no se menciona Sabra y Shatila, los casi cinco millones de refugiados palestinos, los 700 km de muro, los checkpoint, los miles de palestinos presos, los millones de árabes que viven en Israel sin gozar de los mismos derechos que los ciudadanos israelíes, los bombardeos sobre la población civil o el mismo concepto de Nakba (el desastre), palabra con la que los palestinos denominan el éxodo forzado iniciado en 1948 de más de 700.000 personas que habitaban la región, obligados a abandonar sus hogares ante la presión del ejército y grupos paramilitares israelíes.

Por Martín Cúneo
Con información de Diagonal

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