Después de la caída del muro de Berlín.¿Qué?

«Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando» – Warren Buffet (el tercer hombre más rico del mundo).

Muro del Apartheid
Muro del Apartheid

He oído y leído mil veces que cayó el Muro de Berlín, pero nunca he oído y leído de esos mismos creadores de opinión, un análisis riguroso sobre la situación política, económica y social que desencadenó esa caída histórica que va más allá de un siempre indeseable muro.

El capitalismo, temeroso siempre de las revoluciones populares, y, en este caso, de posibles involuciones inmediatas, ha tenido que dosificar, en estos 25 años, las medidas de duro ajuste político, económico y social, “de manera ordenada, y no traumática” (como dicen en los despidos colectivos), por lo menos en los primeros tiempos, mientras nos entretenían con el cuento capitalista engaña necios de siempre sobre la democracia, la paz y la prosperidad que ellos nos aportan. Después, terminaron perdiendo las formas y se echaron a correr para apoderarse del resto del botín y seguir acumulando riquezas, despojando a la mayoría, que es lo mejor que saben hacer. Y en esa fase de gran desorden muy traumático llevamos muchos años.

El 10 de noviembre de 1989, caía el muro y ese mismo año, se retiraron los soviéticos de Afganistán, y los “guerrilleros de la libertad” (así llamaban los EEUU a los talibanes), colgaron en la plaza pública de Kabul a los gobernantes comunistas, se hicieron con el poder, retiraron a niñas y mujeres de las escuelas y universidades e impusieron el burka. Un “Buen” inicio de la “nueva era”.

En el Este de Europa, entre 1990 y 1991, la Unión Soviética se dividió en un gran mosaico de repúblicas independientes. Con las privatizaciones brutales de Yeltsin, la riqueza nacional cayó en manos de un pequeño grupo de oligarcas. Checoslovaquia se dividía en dos repúblicas y Yugoslavia en seis, con guerra incluida. La “nueva era” inauguraba el primer conflicto sangriento en suelo europeo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y los más feroces partidarios de la unidad de España, y de otros países de la UE, alentaban esas divisiones territoriales, favorables a los intereses de Estados Unidos, sin tener en cuenta los precedentes que creaban en sus respectivos territorios.

En Europa occidental, se decidía el establecimiento de la Unidad Económica y Monetaria como un proceso de carácter progresivo que debía nacer en 1990, con una primera fase cuyo objetivo sería la plena liberalización de la circulación de capitales, iniciándose la privatización del poderoso sector público creado en Europa al final de la Segunda Guerra Mundial (1945), un sector público productivo y rentable que había dado lugar a una mayor redistribución de la riqueza, mediante el empleo público de calidad, los derechos laborales, la Seguridad Social, la expansión de la educación y la sanidad públicas, las prestaciones sociales.

En 1990, un año después de la famosa y aclamada caída, se inició la privatización de la emblemática industria automovilística RENAULT, nacionalizada en 1945, y que aportó durante 45 años enormes beneficios a las arcas públicas de Francia, al conjunto de la población de ese país. España, se sumó con fervor a las privatizaciones. En ENDESA, el proceso de privatización iniciado en 1988, con una Oferta Pública de Venta que reducía la participación del Estado al 75,6%, continuó paulatinamente hasta su culminación en 1998; en 1989 se inicia la privatización de REPSOL; ARGENTARIA, un holding público que agrupaba a los bancos públicos, fue progresivamente privatizada entre 1993 y 1998, fusionándose en 1999 con el Banco Bilbao Vizcaya; en 1994 el Estado vendió a Gas Natural el 91% del capital de la empresa pública ENAGÁS, y en octubre de 1998 el restante 9%; la privatización total de TELEFÓNICA tuvo lugar mediante dos ofertas públicas de acciones en 1995 y 1999; IBERIA se privatizó en 1999, TRANSMEDITERRÁNEA en el 2002 y así, muchas más empresas, dejando todas las riquezas industriales en manos de las transnacionales.

Un nuevo Tratado de la Unión Europea que ratifica ese modelo económico es firmado en la ciudad neerlandesa de Maastricht el 7 de febrero de 1992. Estados Unidos deroga, en 1999, la ley Glass-Steagall que había sido aprobada tras la Gran Depresión de 1929. Esta decisión abre de nuevo la puerta a la desregulación bancaria pura y dura, facilitando el comportamiento irresponsable del sector financiero. Ese nuevo diseño desembocó en la catástrofe económica que se inició en 2008.

Los expresidentes del Gobierno español, Felipe González y José María Aznar, pasaron a ser consejeros, con altos salarios, de las empresas privatizadas GAS NATURAL y ENDESA, respectivamente. Es la llamada “armonización” del mundo político con el mundo empresarial: determinados políticos toman decisiones que favorecen los intereses de los grandes grupos empresariales y éstos les agradecen los servicios prestados. Sin entrar en lo legal e ilegal, la valoración política y social es que siempre se favorece a una minoría en detrimento de la mayoría.

Y por si fuera poco, después de la aclamada caída, tampoco llegó la Paz en el mundo. En 1991, Estados Unidos, con el apoyo de Europa, inicia la Guerra del Golfo. Volverán en 2003 a invadir Irak, con el cuento de las inexistentes armas de destrucción masiva. El baño de sangre de víctimas inocentes, el caos, el desastre económico, la infancia sin escolarizar durante todos estos años, ha demostrado ampliamente que los “guardianes del orden y la justicia en el mundo”, no aportaban ni la paz, ni la democracia, ni la prosperidad. Sin embargo, seguirán con su discurso sobre el “imperio de la ley” y sus intervenciones, llevando la misma violencia, la muerte, el caos, el atraso económico y cultural a otros países como Libia, Egipto, Siria y otros. La primavera árabe made in USA e Israel, armando hasta los dientes a no se sabe que insurgentes, mercenarios, creando el caos social y económico necesario para hacerse con los grandes recursos que poseen los países intervenidos.

Resultado de estos 25 años, con un diseño económico decidido en el Olimpo de los Dioses, al margen de la mayoría: el uno por ciento de la población más rica del mundo se ha enriquecido todavía más, con lo que estas personas poseen casi la mitad del patrimonio mundial, revela un estudio realizado por expertos del banco Crédit Suisse, entidad nada sospechoso de ser marxista.

Pero, por lo menos, ¿cayeron los muros? Pues, no. Como dice Galeano: “otros muros brotaron, y siguen brotando, en el mundo. Aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada. Poco se habla el muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla. Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y será quince veces más largo que el Muro de Berlín, y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que perpetúa el robo de la patria saharaui por el reino marroquí y mide sesenta veces más que el Muro de Berlín.

En la Europa de 1945, la población que había luchado contra la ocupación nazi, la que reconstruía los países devastados por la guerra llevaron a las instituciones su programa, el programa de la resistencia (voto de la mujer, grandes nacionalizaciones, seguridad social, etc.). Los hombres y las mujeres de hoy también podemos y debemos hacer lo mismo: llevar a las instituciones nuestro programa, un programa que responda a los problemas y las necesidades que tenemos todos y todas, nuestro programa para construir el bienestar de la mayoría de la población.

Por María Puig Barrios (Forma parte de la Coordinadora Popular por la Vivienda y los Derechos de la Clase Trabajadora AVANCE SOCIAL).
Con información de Tercera Información.

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