Gaza: los hechos sobre el terreno – Noam Chomsky

Ataques en Gaza
Ataques en Gaza

El 26 de agosto, Israel y la Autoridad Palestina aceptaron un acuerdo de cese del fuego luego del asalto isarelí de 50 días a Gaza que dejó 2 mil 100 palestinos muertos y vastos parajes de destrucción. El acuerdo pone fin a la acción militar de Israel y Hamas y afloja ligeramente el sitio israelí que ha estrangulado a Gaza durante muchos años.

Sin embargo, es apenas el más reciente en la serie de acuerdos similares alcanzados después de cada una de las intensificaciones periódicas del interminable asalto militar israelí sobre Gaza.

Desde noviembre de 2005, los términos de estos acuerdos siguen siendo iguales. La pauta regular es que Israel desprecia cualquier acuerdo en vigor, mientras Hamas lo cumple –como Israel ha aceptado–, hasta que un fuerte aumento en la violencia israelí provoca una respuesta de Hamas, seguida por una brutalidad aún más feroz.

Estas crestas son llamadas cortar el césped en la jerga israelí. La más reciente fue descrita con más precisión como remover el suelo superficial por un alto oficial miltar estadunidense, citado por la sucursal estadunidense de Al Jazeera.

El primero de la serie fue el Acuerdo de Movimiento y Acceso entre Israel y la Autoridad Palestina, de noviembre de 2005. Estipulaba un cruce entre Gaza y Egipto en Rafah para la exportación de bienes y el tránsito de personas, cruces entre Israel y Gaza para artículos y personas, reducción de obstáculos al movimiento dentro de Cisjordania, convoyes de autobuses y camiones entre Cisjordania y Gaza y construcción de un puerto en Gaza, y la reapertura del aeropuerto de Gaza, que bombardeos israelíes habían demolido.

Ese acuerdo fue alcanzado poco después de que Israel retiró sus colonos y fuerzas militares de Gaza, acción conocida como desvinculación. El motivo fue explicado por Dov Weisglass, confidente del entonces primer ministro Ariel Sharon, quien estuvo a cargo de negociarlo y ejecutarlo.

La significancia de una desvinculación es congelar el proceso de paz, declaró Weisglass al diario Haaretz. “Y cuando se congela el proceso, se previene la instauración de un Estado palestino y se evita hablar de los refugiados, de las fronteras y de Jerusalén. En los hechos, todo ese paquete llamado Estado palestino, con todo lo que implica, ha sido retirado de nuestra agenda por tiempo indefinido. Y todo esto, con autoridad y permiso. Todo con la bendición presidencial de (Estados Unidos) y la ratificación de las dos cámaras del Congreso.

La desvinculación es en realidad formaldehído, añadió Weisglass. Proporciona la cantidad de formaldehído necesaria para que no exista un proceso político con los palestinos.

Esa tónica ha continuado hasta el presente: desde la operación Plomo endurecido en 2008-09 pasando por Pilar de defensa en 2012 hasta Borde protector este verano, el ejercicio de corte de césped más extremo… hasta ahora.

Durante más de 20 años Israel se ha dedicado a separar Gaza de Cisjordania, en violación de los Acuerdos de Oslo, que firmó en 1993, los cuales declaran que Gaza y Cisjordania constituyen una unidad territorial inseparable.

Una ojeada al mapa explica el razonamiento. Separada de Gaza, cualquier enclave en Cisjordania dejado a los palestinos carece de acceso al mundo exterior. Son contenidos por dos potencias hostiles, Israel y Jordania, ambos aliados cercanos de Estados Unidos. Y, pese a ilusiones en contrario, Estados Unidos está muy lejos de ser un negociador honesto y neutral.

Además, Israel ha estado ocupando sistemáticamente el valle del Jordán, expulsando a los palestinos, fundando colonias, hundiendo pozos y procurando de otras formas que la región –alrededor de un tercio de Cisjordania, gran parte tierra cultivable– acabará integrada a Israel junto con las demás regiones arrebatadas.

Los demás cantones palestinos quedarán totalmente aprisionados. La unificación con Gaza interferiría con todos estos planes, que se remontan a los primeros días de la ocupación y han tenido apoyo firme de los principales bloques políticos israelíes.

Puede que Israel sienta que su apropiación de territorio palestino en Cisjordania ha marchado sin contratiempos hasta ahora, así que hay poco que temer de alguna forma limitada de autonomía para los enclaves que les queden a los palestinos.

También hay cierta verdad en la observación del primer ministro Benjamin Netanyahu: Muchos elementos en la región entienden hoy día que, en la lucha en la que están amenazados, Israel no es un enemigo, sino un socio. Es de suponerse que aludía a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Sin embargo, el destacado corresponsal diplomatico israelí Akiva Eldar añade que “todos esos ‘elementos en la región’ también entienden que no hay acción diplomática valerosa e integral en el horizonte sin un acuerdo sobre la instauracion de un Estado palestino con base en las fronteras de 1967 y una solución justa y negociada al problema de los refugiados”.

Eso no está en la agenda israelí, advierte, y de hecho entra en conflicto con el programa electoral de 1999 de la gobernante coalición Likud, que nunca se ha rescindido y que rechaza de plano la instauración de un Estado palestino al oeste del río Jordán.

Algunos comentaristas israelíes enterados, sobre todo el columnista Danny Rubinstein, creen que Israel está decidido a dar marcha atrás y relajar su estrangulamiento de Gaza.

Veremos.

El registro de estos años pasados sugiere otra cosa, y los primeros signos no son auspiciosos. Al terminar la operación Borde protector, Israel anunció su mayor apoderamiento de tierra en Cisjordania en 30 años, casi 500 hectáreas.

Con frecuencia se dice en todos lados que si el acuerdo de dos estados está muerto por efecto de la apropiación de tierras palestinas por Israel, el resultado será un Estado palestino al oeste del Jordán.

Algunos palestinos reciben bien este resultado, previendo que pueden embarcarse en una lucha por la igualdad de derechos modelada en la lucha antiapartheid en Sudáfrica. Muchos comentaristas israelíes advierten que el resultante problema demográfico de más nacimientos árabes que judíos y una disminución de la inmigración judía socavaría su esperanza de un Estado democrático judío.

La alternativa realista a un acuerdo de dos estados es que Israel continúe con los planes que ha estado aplicando durante años: apoderarse de cuanto considere de valor en Cisjordania, evitando concentraciones de población palestina y retirando a los palestinos de las zonas que absorba. Con eso evitará el temido problema demográfico.

Las zonas ocupadas comprenden una Gran Jerusalén muy extendida, la zona del ilegal muro de separación, los corredores que cortan las regiones al este y probablemente el valle del Jordán.

Gaza continuará bajo el duro sitio de siempre, separada de Cisjordania. Y los Altos del Golan de Siria –al igual que Jerusalén, anexados en violación de las órdenes del Consejo de Seguridad– se volverán con sigilo parte del Gran Israel. Entre tanto, los palestinos de Cisjordania serán contenidos en cantones inviables, con acomodo especial para las élites en el acostumbrado estilo neocolonial.

Durante un siglo, la colonización sionista de Palestina ha avanzando primordialmente sobre el principio pragmático de la silenciosa consumación de hechos en el terreno que el mundo a la larga ha llegado a aceptar. Ha sido una política sumamente exitosa. Hay todos los motivos para prever que persistirá mientras Estados Unidos aporté el apoyo militar, económico, diplomático e ideológico necesario.

Para quienes les interesan los derechos de los palestinos sometidos a la brutalidad, no puede haber una prioridad más alta que trabajar por cambiar las políticas estadunidenses, lo que de ningún modo es un sueño guajiro.

* El libro más reciente de Noam Chomsky es Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013 (Maestros de la humanidad: ensayos y conferencias, 1969-2013). Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya
Con información de : La Jornada

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Allahu Akbar

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Juviles, las Alpujarras, reino de Granada
Domingo, 12 de diciembre de 1568

El tañido de la campana que llamaba a la misa mayor de las diez de la mañana quebró la gélida atmósfera que envolvía a aquel pequeño pueblo, situado en una de las muchas estribaciones de Sierra Nevada; sus ecos metálicos se perdían barranco abajo, como si quisieran estrellarse contra las faldas de la Contraviesa, la cadena montañosa que, por el sur, encierra el fértil valle recorrido por los ríos Guadalfeo, Adra y Andarax, todos ellos regados por infinidad de afluentes que descienden de las cumbres nevadas.

Más allá de la Contraviesa, las tierras de las Alpujarras se extienden hasta el mar Mediterráneo. Bajo el tímido sol del invierno, cerca de doscientos hombres, mujeres y niños —la mayoría arrastrando los pies, casi todos en silencio— se dirigieron hacia la iglesia y se congregaron a sus puertas.

El templo, de piedra ocre y carente de adorno exterior alguno, constaba de un único y sencillo cuerpo rectangular, en uno de cuyos costados se alzaba la recia torre que alojaba la campana. Junto al edificio se abría una plaza sobre las intrincadas cañadas que descendían hacia el valle desde Sierra Nevada. Desde la plaza, en dirección a la sierra, nacían estrechas callejuelas bordeadas por una multitud de casas encaladas con pizarra pulverizada: viviendas de uno o dos pisos, de puertas y ventanas muy pequeñas, terrados planos y chimeneas redondas coronadas por caparazones en forma de seta. Dispuestos sobre los terrados, pimientos, higos y uvas se secaban al sol. Las calles escalaban sinuosamente las laderas de la montaña, de forma que los terrados de las de abajo alcanzaban los cimientos de las superiores, como si se montasen unas sobre otras.

En la plaza, frente a las puertas de la iglesia, un grupo formado por algunos niños y varios cristianos viejos de la veintena que vivía en el pueblo observaba a una anciana subida en lo alto de una escalera que estaba apoyada en la fachada principal del templo. La mujer tiritaba y castañeteaba con los escasos dientes que le quedaban.

Los moriscos accedieron a la iglesia sin desviar la mirada hacia su hermana en la fe, que llevaba allí encaramada desde el amanecer, aferrada al último travesaño, soportando sin abrigo el frío del invierno. La campana repicaba, y uno de los niños señaló a la mujer, que temblaba al son de los badajazos, intentando mantener el equilibrio.

Unas risas rompieron el silencio.
—¡Bruja! —se oyó entre las carcajadas.
Un par de pedradas dieron en el cuerpo de la anciana al tiempo que los pies de la escalera se llenaban de escupitajos.

Cesó el repique de la campana; los cristianos que todavía quedaban fuera se apresuraron a entrar en la iglesia. En su interior, a un par de pasos del altar y de cara a los fieles, un hombretón moreno y curtido por el sol permanecía de rodillas sin capa ni abrigo, con una soga al cuello y los brazos en cruz: sostenía un cirio encendido en cada mano.

Días atrás aquel mismo hombre había entregado a la anciana de la escalera la camisa de su mujer enferma para que la lavase en una fuente de cuyas aguas se decía que tenían poderes curativos. En aquella fuentecilla natural, oculta entre las rocas y la tupida vegetación de la fragosa sierra, jamás se lavaba la ropa. Don Martín, el cura del pueblo, sorprendió a la mujer mientras lavaba esa única camisa y no dudó de que se trataba de algún sortilegio. El castigo no tardó en llegar: la anciana debía pasar la mañana del domingo subida en la escalera, expuesta al escarnio público. El ingenuo morisco que había solicitado el encantamiento fue condenado a hacer penitencia mientras escuchaba misa de rodillas, y de esa guisa podían contemplarlo entonces los allí presentes.

Nada más acceder al templo los hombres se separaron de sus mujeres, y éstas, con sus hijas, ocuparon las filas delanteras. El penitente arrodillado tenía la mirada perdida. Todas lo conocían: era un buen hombre; cuidaba de sus tierras y del par de vacas que poseía. ¡Sólo pretendía ayudar a su mujer enferma! Poco a poco los hombres se situaron, ordenadamente, detrás de las mujeres. En el momento en que todos hubieron ocupado sus puestos accedieron al altar el cura, don Martín, el beneficiado, don Salvador y Andrés, el sacristán. Don Martín, orondo, de tez blanquecina y mejillas sonrosadas, ataviado con una casulla de seda bordada en oro, se acomodó en un sitial frente a los fieles. En pie, a cada lado, se apostaron el beneficiado y el sacristán. Alguien cerró las puertas de la iglesia; cesó la corriente y las llamas de las lámparas dejaron de titilar. El colorido artesonado mudéjar del techo de la iglesia brilló entonces, compitiendo con los sobrios y trágicos retablos del altar y los laterales.

El sacristán, un joven alto, vestido de negro, enjuto y de tez morena, como la gran mayoría de los fieles, abrió un libro y carraspeó.
—Francisco Alguacil —leyó.
—Presente.
Tras comprobar de dónde provenía la respuesta, el sacristán anotó algo en el libro.
—José Almer.
—Presente.
Otra anotación. «Milagros García, María Ambroz…» Las llamadas eran contestadas con un «presente» que, a medida que Andrés pasaba lista, sonaba cada vez más parecido a un gruñido. El sacristán continuó comprobando rostros y tomando nota.
—Marcos Núñez.
—Presente.
—Faltaste a la misa del domingo pasado —afirmó el sacristán.
—Estuve. —El hombre intentó explicarse, pero no le salían las palabras. Terminó la frase en árabe mientras esgrimía un documento.
—Acércate —le ordenó Andrés.

Marcos Núñez se deslizó entre los presentes hasta llegar al pie del altar. —Estuve en Ugíjar —logró excusarse esta vez, mientras entregaba el documento al sacristán.

Andrés lo ojeó y se lo pasó al cura, quien lo leyó detenidamente hasta comprobar la firma y asentir con una mueca: el abad mayor de la colegiata de Ugíjar certificaba que el 5 de diciembre del año de 1568 el cristiano nuevo llamado Marcos Núñez, vecino de Juviles, había asistido a la misa mayor oficiada en esa población.

El sacristán esbozó una sonrisa casi imperceptible y escribió algo en el libro antes de seguir con la interminable lista de cristianos nuevos —los musulmanes obligados por el rey a bautizarse y abrazar el cristianismo—, cuya asistencia a los santos oficios debía comprobar cada domingo y días de precepto. Algunos de los interpelados no contestaron y su ausencia fue cuidadosamente registrada. Dos mujeres, al contrario que Marcos Núñez con su certificado de Ugíjar, no pudieron justificar por qué no habían acudido a la misa celebrada el domingo anterior. Ambas intentaron excusarse atropelladamente.

Andrés las dejó explayarse y desvió la mirada hacia el cura. La primera cejó en su intento tan pronto como don Martín la instó a que callara con un autoritario gesto de la mano; la segunda, sin embargo, continuó argumentando que ese domingo había estado enferma. —¡Preguntad a mi esposo! —chilló mientras buscaba a su marido con mirada nerviosa en las filas posteriores—. Él os. — ¡Silencio, aduladora del diablo! El grito de don Martín enmudeció a la morisca, que optó por agachar la cabeza. El sacristán anotó su nombre: ambas mujeres pagarían una multa de medio real.

Tras un largo rato de recuento don Martín dio inicio a la misa, no sin antes indicar al sacristán que obligase al penitente a elevar más las manos que sostenían los cirios.

—En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… La ceremonia continuó, aunque fueron pocos los que entendieron las lecturas sagradas o pudieron seguir el ritmo frenético y los constantes gritos con que el sacerdote les reprendió durante la homilía.

—¿Acaso creéis que el agua de una fuente os sanará de alguna enfermedad? —Don Martín señaló al hombre arrodillado; su dedo índice temblaba y sus facciones aparecían crispadas—. Es vuestra penitencia. ¡Sólo Cristo puede libraros de las miserias y privaciones con que castiga vuestra vida disoluta, vuestras blasfemias y vuestra sacrílega actitud! Pero la mayoría de ellos no hablaba castellano; algunos se entendían con los españoles en aljamiado, un dialecto mezcla del árabe y el romance. Sin embargo, todos tenían la obligación de saber el Padrenuestro, el Avemaria, el Credo, la Salve y los Mandamientos en castellano. Los niños moriscos, gracias a las lecciones que recibían del sacristán; los hombres y las mujeres, por las sesiones de doctrina que se les impartían los viernes y sábados, y a las que debían asistir so pena de ser multados y no poder contraer matrimonio. Sólo cuando demostraban conocer de memoria las oraciones se les eximía de acudir a clase.

Durante la misa algunos rezaban. Los niños, atentos al sacristán, lo hacían en voz alta, casi a gritos, tal y como les habían aleccionado sus padres, porque así ellos podían burlar la presencia del beneficiado, con sus idas y venidas, para clamar a escondidas: Allahu Akbar…

Referencia:
 La mano de Fátima , de Ildefonso Falcones

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Latidos de poesía que unen orillas

Paloma Fernández Gomá
Paloma Fernández Gomá

En la lírica española contemporánea ya no cabe duda de que la poesía de mujer constituye un aporte significativo. Dentro de su entramado, en la panorámica actual de la lírica femenina de Andalucía, Paloma Fernández Gomá se perfila como una de las poetas más interesantes y singulares. Nacida en Madrid y asentada en Algeciras (Cádiz) desde niña, su poesía se inicia tempranamente pero recién se da a conocer en 1991 con El ocaso del girasol, al que le siguen hasta el momento una decena de poemarios más, con sucesivos crecimientos y maduración de expresión y sentir.

Por la temática de sus obras, de ahondamiento en sí misma y en el misterio que todo lo impregna, de diálogo y comunión interrogativa con lo próximo y lo sideral, de firme voluntad de encuentro con otras orillas y culturas del Estrecho de Gibraltar y mundo andalusí, y sobre todo por la permanente y rigurosa búsqueda de una expresión ‘propia’ y a la par reveladora de realidades e irrealidades, se ha convertido en un referente importante en el ámbito de la cultura y las Letras no sólo de la región andaluza sino de España, hecho corroborado por su inclusión en importantes antologías de lírica femenina nacionales y extranjeras.

Desde los ’80, la mujer española, de presencia tan restringida en la esfera pública durante los largos años del franquismo, ha ido avanzando a grandes pasos en todos los campos hasta su fuerza viva actual, cuando ocupa por mérito propio las más altas posiciones en las jerarquías política, social y cultural de la nación y sus ámbitos regionales.

Uno de los territorios conquistados en nuestros días es el de las Letras, donde ciertamente le ha sido difícil no sólo ser aceptada sino, más aún, ser valorada y reconocida en la tradición literaria y los cánones. Sin embargo, ya no puede obviarse que en la reciente contemporaneidad ha ido obteniendo relevantes logros personales y creativos que la sacan de la anterior marginalidad y la ubican en planos de mayor equilibrio respecto de sus pares hombres.

Su labor literaria es más conocida en el terreno de la narrativa, donde desde hace años se han asegurado un lugar consagrado escritoras de la talla de una Ana María Matute, una Carmen Martín Gaite o una Elena Quiroga, entre muchas otras. No obstante, en la lírica española de las últimas décadas la poesía de mujer también ha significado un importante aporte.

En este campo, siguiendo sendas semejantes a las transitadas por los poetas, ‘ellas’ se han hecho eco de las propuestas poéticas del momento instauradas por ‘ellos’, aunque con sello personal distintivo, o bien han inaugurado originales derroteros, sacando a relucir un decir y sentir propios de mujer, revelado en temáticas, usos lingüísticos, fraseos… Y es que la mujer ha salido del silenciamiento y ha recuperado, por fin, la palabra. Un fenómeno que se replica y expande ahora por ciudades y pueblos, a lo largo y ancho de España toda.

Andalucía no es una excepción en esto. Antes bien, como tierra apreciada desde siglos por la excelencia de sus poetas, anida a un grupo interesantísimo y abundante de mujeres creadoras que hacen oír sus voces ricamente matizadas. Las hay de larga trayectoria como Concha Lagos, Carmen Martín Vivaldi o Julia Uceda, y otras muy jóvenes como Balbina Prior, Elena Medel, María Luz Escuín, Ana Isabel Caride o María Jesús Soler Arteaga, por dar apenas un puñado de nombres de las muchas que merecen ser leídas y conocidas.

Forzando el recorte a una sola voz, hemos de decir que, en la específica urdimbre de la lírica femenina de Andalucía, Paloma Fernández Gomá se perfila como una de las poetas más profundas y singulares de nuestros días por obra y trayectoria.

Nacida en Madrid en 1953 y asentada en Algeciras (Cádiz) desde su adolescencia, allí su poesía se inicia de modo temprano pero recién se da a conocer en 1991 con El ocaso del girasol, al que le siguen hasta el momento Calendas (1993), Sonata floral (1999), Paisajes íntimos (2000), Senderos de Sirio (2000), Umbral de vigilias (2000), Lucernas para Jericó (2003), Tamiz del desasosiego (2003), Cáliz amaranto (2005), Ángeles del desierto (2007), Desde el alféizar (2008) y Acercando orillas (2008) 1, en un proceso de sucesivos crecimientos y maduración de su expresión.

La vocación poética de esta autora fue clara desde un principio, y luego las asiduas lecturas fueron profundizando y abonando el terreno para la posterior germinación de su decir lírico. En sus palabras:

La Poesía siempre llamó a mi puerta o bien siempre estuve con la puerta abierta, desde niña, adolescente y durante la juventud. Siempre leí mucho a los clásicos, la Generación del 27, Generación del 98, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado…Un largo etcétera de autores 2.

Paloma Fernández Gomá tiene un sentido muy sugestivo de la poesía. Afirma: “La poesía es algo innato en el ser humano” 3 y se explaya en estas breves líneas acerca de su personal Poética:

Creo que la poesía es consustancial a la naturaleza humana y que todo hombre nace comprometido con lo que de eterno o imperecedero hay en su ser.

La poesía para mí es una catarsis necesaria para explorar lo que de inmortal tiene el alma humana. En el ser humano siempre existe un interrogante continuo sobre la existencia, que sólo él debe o puede interpretar a través de la realidad circundante, y el vínculo imprescindible de esta introspección que el hombre mantendría consigo mismo sobre la existencia se encontraría en la poesía, cauce necesario de vivencias interiores que posibilitan el diálogo de la persona consigo misma y con los demás, más allá de cualquier frontera física o cultural 4 .

Como vemos, a su entender la poesía permitiría verdaderamente el contacto con la esencialidad que somos en cuanto humanos, que operaría ‘hacia adentro’ y ‘hacia afuera’ como puente comunicante de autenticidad con uno mismo y con los hombres todos.  En conexión con tan alto e ideal sentir, también ahonda esta escritora en lo que significa ser ‘poeta’ y en cuál sería su ‘misión’:

El poeta no es un ser “raro”, es un ser diferente porque percibe aquello que está más allá de los ojos… La poesía siempre debe de dar una respuesta. El poeta debe indagar en la sociedad para rescatar los valores olvidados, es su misión: hacer que el mundo renazca de sus cenizas 5.

Esta poeta andaluza ha crecido en soledad, desde su aislamiento en Algeciras, ciudad portuaria del Mediterráneo alejada, quizás no tanto por geografía sino más bien por sus actividades e intereses económicos, de los grandes centros capitalinos de efervescencia cultural como Sevilla, Córdoba o Granada. Tan peculiar situación ha marcado por cierto sus procesos de crecimiento creativo, y con sencilla lucidez lo manifiesta así:

Yo me encuentro en mi sitio, con mi voz y mi soledad, con mi camino en parte hecho y aún por hacer. El tiempo y los hados me llevarán a donde esté escrito que deba llegar, mientras tanto yo me auto ayudaré desde mi creación, pues (…) vivo aislada de Cádiz capital y de su entorno, de Málaga y de Sevilla. Me he ido labrando mi obra con mi esfuerzo y ahí estoy, alejada de los poderes, siendo yo misma 6.

En esa soledad se fue abismando en reflexiones y maceró su quehacer lírico. De allí que desde su ‘orilla’ humana procure captar lo que late más acá y más allá de la realidad, en un puro intento de salirse de sus límites. Nuestra certeza al respecto crece cuando observamos las muchas veces que se filtran en sus versos las palabras “orillas”, “limbo”, “linde”, “frontera”, “ribera” y otras afines, con su sentido de cerca, lejos, distancia, proximidad, desafío, e incluso invitación a trasponer esa demarcación, pues toda orilla puede concebirse como la posibilidad de un puente al otro lado.

Posiblemente influya en esta reiteración léxica el hecho real de vivir en Algeciras, sobre las costas de una bahía homónima que linda al este con el Peñón de Gibraltar, que se asoma al Estrecho y allí atisba al frente, a escasos kilómetros, la ribera africana. El “camino del agua” que une las tres orillas territoriales de España, Gibraltar y Marruecos por un lado abre al Mediterráneo, sus tierras y gentes tan diferentes de este a oeste y de norte a sur, y por el otro a la inmensidad del Atlántico y el infinito litoral de sus recortes continentales e insulares de más allá de sus aguas.

Y la autora ha mirado desde adolescente y sigue mirando hoy, incansable, las rutas que le señala el mar invitándola al pasaje, al descubrimiento, al encuentro cordial y esperanzador con ‘los otros’.

Si hay ‘orillas’ por trascender espacialmente, también las hay en el tiempo. Porque Paloma vive en Andalucía, y una historia de larga data atraviesa ese sur peninsular tan disputado otrora. Tierra de asentamientos fenicios, cartagineses, griegos y romanos en la antigüedad, cuyos vestigios son rastreables todavía, diseminados aquí y allá, como las ruinas clásicas de Baelo Claudia, dentro del actual Parque Natural del Estrecho en la provincia de Cádiz, que muy bien registra esta creadora. Y en el medioevo, asimismo, tierra de moros y cristianos que juntos labraron la esplendidez fabulosa, casi mítica se diría, de Al-Andalus.

Atenta a ese pasado histórico, la poeta cincela versos donde las reminiscencias clásicas y árabes afloran por ese extraordinario mimetismo entre culturas y gentes que observamos al leer su obra lírica. Así, aparecen referencias al mundo greco-latino: “Venus”, “Orfeo”, “Tetis”, “Aquiles”, “Ulises”, “Proserpina”, Ceres”, “Vulcano”, “Perseo”, “Caronte”, “Casiopea”, “Arcadia”, “caballos con alas”, “pebetero olímpico de amor pagano”, “néctar”, “ambrosía”, “calendas”, “idus”, “clepsidra”, “lucernas”, “metamorfosis”, “nereydas”, “ninfas”, “sirenas”, “vestal”, “bacantes”, “cariátides”, “clámides”, “cíngulos”, “oráculos”…

E igualmente vocablos de raigambre árabe: “arabesco”, “vergel”, “jazmín”, “alhucema”, “arrayán”, “amaranto”, “alcanfor”, “almizcle”, “abubilla”, “anémonas”, “granada”, “retama”, “menta”, “almendros”, “sándalo”, “ámbar”, “alcores”, “acequia”, “oasis”, “medina”, “zocos”, “celosía”, “ajorcas”, “almíbar”, “abalorios”, “alcuzas”, “huríes”, “muhecín”, “morabito”, “jarchas”, “dunas”, “nubas”…

Aunque debe decirse que Al-Andalus y el Magreb actual parecen haberse enseñoreado, temática y léxicamente, de su lírica última, o sea “Ángeles del desierto”, “Desde el alféizar” y Acercando orillas. No es casual, porque su propio proceso de crecimiento humano y evolución poética la fueron conduciendo a este enlace y verdadera fusión de ‘orillas’ étnicas, culturales y espirituales.

Esa fuerza andalusí ha impregnado de manera creciente a esta poeta, quien así lo reconoce:

Así mi poesía ha llegado a identificarse de forma muy personal con la mística Al-Andalus, lugar del conocimiento más avanzado en la Edad Media, allí donde las culturas intercambiaron sus posturas en base a un respeto, casi siempre perceptivo de la configuración de sus diferencias. Quizás esta forma de pensamiento llevada a cabo en el Sur del Sur (…) me ha llevado a querer estrechas vínculos con la otra orilla del Estrecho de Gibraltar…7.

Efectivamente, con esto Paloma Fernández Gomá ha iniciado lo que llama “una andadura de versos y contactos” con la orilla marroquí, esa con la que enlaza desde un común pasado cultural Andalucía.

Por cierto, para ella fue un claro impulso el hecho de coordinar la antología poética Arribar a la Bahía. Encuentro de poetas en el 2000 , edición donde se dieron cita las producciones líricas de poetas de ambas orillas del Estrecho de Gibraltar. No obstante, en el registro de su corpus de creación vemos el gusto por la cultura andalusí evidenciado antes de esto una y otra vez, como una verdadera ‘constante’ en su obra.

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Notas:

1 En adelante, a los efectos de la citación de las obras con las que trabajamos, se han de utilizar las siguientes siglas: OG (El ocaso del girasol), C (Calendas), SF (Sonata floral), PI (Paisajes íntimos), SS (Senderos de Sirio), UV (Umbral de vigilias), LJ (Lucernas para Jericó), TD (Tamiz del desasosiego), CA (Cáliz amaranto), AD (Ángeles del desierto), DA (Desde el alféizar) y AO (Acercando orillas).
2  Entrevista a la poeta realizada por la autora en el año 2009.
3  Entrevista citada.
4  “Acerca de mi poética” (texto inédito enviado por la poeta recientemente como archivo adjunto a un e-mail).
5  Entrevista citada.
6  Entrevista citada.
7 Paloma Fernández Gomá: “Aproximación a la incidencia andalusí en la obra de Paloma Fernández Gomá”, ensayo enviado a la autora de este trabajo por la poeta.