La solución para Gaza según líder del parlamento israelí

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El vicepresidente de la Knesset (Parlamento israelí), Moshe Feiglin, ha declarado públicamente que el objetivo de Israel en Gaza es el de llevar a cabo una limpieza étnica y repoblar la Franja con población judía.

El pasado martes, Feiglin escribió un artículo en su página de Twitter en el que revelaba sus esperanzas y sueños para el futuro de Gaza. El artículo se titulaba “Mi enfoque para una solución en Gaza”. En el hablaba de sus ideas para una “calma”, que no paz en Gaza.

En él describe varias fases en la consecución de la “calma” en Gaza. Una de ellas es lo que denominaba “conquista” de Gaza por el Ejército israelí, que tendrían lugar “tras el ablandamiento de los objetivos mediante el poder de fuego israelí” y la utilización “de todos los medios posibles para minimizar las bajas de nuestros soldados”.

Él distingue entre los “terroristas”, que deberían ser eliminados, y la “población inocente” a los que se permitiría salir. Posteriormente, se produciría una fase que él califica de “soberanía”. En ella afirma que “Gaza es una parte de nuestra Tierra y permaneceremos allí para siempre. Ella se convertirá en parte de Israel y será repoblada con judíos. Esto también servirá para suavizar la crisis de la vivienda en Israel”.

Estas declaraciones dejan ver el racismo, ultranacionalismo, extremismo religioso y apología de la limpieza étnica y el genocidio que guían la mente de los líderes israelíes.

Aquí la nota de Manlio Dinucci , publicada en Il Manifesto

A la sombra del secretario de Estado John Kerry, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, altamente agradecido ante el «compromiso dinámico» del jefe de la diplomacia estadounidense, está buscando en Jerusalén la manera de «poner fin a la crisis de Gaza». Pero Ban Ki-moon parece ignorar que existe alguien que ya encontró esa solución. El vicepresidente del parlamento de Israel, Moshe Feiglin, ha presentado, en efecto, un plan para «una solución en Gaza» .

Ese plan se compone de 7 fases:

1) El ultimátum, impuesto a la «población enemiga» a la que se intima a abandonar las áreas donde se encuentran los combatientes del Hamas «trasladándose al Sinaí, no lejos de Gaza».

2) El ataque, desencadenado por las fuerzas armadas de Israel «en toda Gaza con el máximo de fuerza (y no con una parte minúscula de esa fuerza)» contra todos los objetivos militares y la infraestructura «sin consideración alguna por los escudos humanos y daños al medio ambiente».

3) El asedio, simultáneo con el ataque, para que «nada pueda entrar en Gaza ni salir de Gaza».

4) La defensa, para «golpear con plena fuerza y sin consideración por los escudos humanos» cualquier lugar de donde haya partido un ataque contra Israel o contra sus fuerzas armadas.

5) La conquista, emprendida por las fuerzas armadas israelíes, que «acabarán con todos los enemigos armados en Gaza» y «tratarán conforme al derecho internacional a la población enemiga que no haya cometido fechorías y que se haya separado de los terroristas armados, [población] que será autorizada a abandonar Gaza».

7) La soberanía, sobre Gaza, «que se convertirá para siempre en parte de Israel y será poblada por judíos», contribuyendo así a «aliviar la crisis de alojamiento en Israel». A los habitantes árabes, quienes «según los sondeos en su mayoría quieren abandonar Gaza», se les ofrecerá «una generosa ayuda para la emigración internacional», ayuda que sin embargo se concederá solamente a «aquellos que no estén implicados en actividades antiisraelíes». Los árabes que opten por quedarse en Gaza recibirán un permiso de estancia en Israel y, después de cierto número de años, «los que acepten la dominación, las reglas y el modo de vida del Estado judío en su propia tierra» podrán convertirse en ciudadanos israelíes.

Ese plan no sale de la mente de un simple fanático sino del cerebro de un político que está obteniendo un creciente consenso en Israel. Moshe Feiglin es el jefe de Manhigut Yehudit (en español, «Liderazgo judío»), la facción más grande en el seno del Comité Central del Likud, o sea el partido en el poder. En 2012, durante la elección de la dirección del Likud, Moshe Feiglin hizo campaña en contra de Benyamin Netanyahu y obtuvo un 23% de los votos. Su ascenso ha sido continuo desde aquel momento, tanto que en julio de 2014 agregó a su cargo de vicepresidente del parlamento israelí el de miembro de la influyente Comisión de Relaciones Exteriores y de Defensa.

Si se analiza el plan que Feiglin está promoviendo activamente, tanto en Israel como en el extranjero (principalmente en Estados Unidos y Canadá), puede comprobarse que la actual operación contra la franja de Gaza incluye casi íntegramente las 4 primeras de las 7 fases previstas.

Visto desde esa perspectiva se percibe además que el verdadero objetivo de la retirada de los colonos israelíes de la región de Gaza –en 2005– no era otro que dejar el campo libre a las fuerzas armadas de Israel para la posterior realización de la operación «Plomo fundido» –en 2008/2009.

También se percibe que la actual operación «Margen protector» no es una simple respuesta a una acción anterior sino que, al igual que las operaciones anteriores, forma parte de un plan preciso, respaldado al menos por una parte consistente del Likud y tendiente a ocupar de manera permanente la franja de Gaza y a colonizarla expulsando de allí la población palestina. Y Feiglin seguramente ya tiene listo también el plan para «una solución en Cisjordania».

Con información de : Al Manar  y Red Voltaire

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Matar a un niño y esconderlo tras las palabras

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Desde los años 50, tras la creación del Estado de Israel, los rabinos, los intelectuales, los periodistas, los artistas y los políticos del país, han puesto un esmero exquisito en el cultivo, el riego y la diseminación de determinadas palabras que permitan custodiar el relato milenario del pueblo judío. Ben Gurion, el fundador del Estado, se vinculó personal y activamente en esa tarea. Entendió algo que saben muy bien los padres y las madres de la patria, y que hace décadas dijo Benedict Anderson: que las naciones son “comunidades imaginadas”, construcciones sociales. Requieren referencias a un origen común –quizá mítico– a unas características específicas –puede que étnicas– a una historia compartida, un enemigo con el que contrastar, unos héroes que admirar, una bandera que honrar, un himno que cantar…

En otras palabras, las naciones, todas ellas, son realidades inventadas. El pueblo judío también es una invención. Shlomo Sand, profesor de la Universidad de Tel Aviv e hijo de supervivientes del Holocausto, recorre precisamente ese proceso de creación en un libro muy riguroso y con título poco dudoso: La invención del pueblo judío. Nada que objetar. Está en la condición humana crear culturas, lenguas, tradiciones, ritos y liturgias para distinguirse del otro.

Pero a veces ese ejercicio colectivo es obsceno, y eso es lo que está pasando estos días en Gaza. Basta echar un vistazo a la cobertura que los medios israelíes están haciendo de los ataques contra la Franja, para indignarse ante tan despreciable tergiversación. Veamos, por ejemplo, el Jerusalem Post.

En el mundo inventado por los israelíes, los niños muertos que nosotros vemos no están. No hay familias palestinas hostigadas bajos salvajes bombardeos indiscriminados, ni casas ni hospitales ni aeropuertos ni centrales eléctricas destruidas. No hay referencias, como las que ve el resto del mundo al hacinamiento, el desempleo, la pobreza y la humillación a los que Israel somete desde hace 50 años a los palestinos, cuyo territorio ha ido invadiendo y ocupando y colonizando progresivamente, justificando la invasión con el retorno a una “Tierra Prometida” siglos después del éxodo según el mito bíblico.

Para el Estado de Israel y todos sus poderosos amigos, eso que vemos es la operación Margen Protector. Una operación militar, dentro de una larga “guerra” en la que “los terroristas” matan soldados israelíes que sólo se defienden. Palestina no existe en las crónicas, y menos aún los palestinos. Se dice que se han atacado unos 3.000 “objetivos terroristas”. Con la excusa de que los “terroristas” esconden sus arsenales en las casas de la población civil, arrasan sin contemplación barrios enteros. Y si mueren civiles serán “bajas”, efectos colaterales involuntarios por culpa de Hamás.

La desproporción del conflicto se percibe muy bien al leer la cobertura de los mismos acontecimientos en la prensa palestina. Por ejemplo, allí se celebra a lo grande la captura (el “secuestro” dirían al otro lado) de un soldado israelí. Lo celebran alegremente porque hace un par de años, Israel liberó a mil presos palestinos a cambio de la entrega de un solo soldado de Israel. En otras palabras, esa gente sale a la calle, entre cascotes y escombros (en pleno Ramadán, por cierto, crueldad adicional de los judíos, tan ortodoxos con sus propios ritos y tan displicentes con los del otro), porque de pronto para miles de familias se abre la esperanza de que entregando a ese soldado, quizá liberen a otros mil palestinos.

En las dos semanas de ataque brutal a Gaza, ha muerto un millar de personas inocentes, pero “sólo” dos decenas de soldados israelíes. Sin embargo, la prensa judía presenta el conflicto como la defensa propia de un país democrático que sólo quiere vivir en paz y protegerse de los terroristas.

Es probable que alguien de la embajada de Israel mande una nota protestando por este artículo, o que me llame por teléfono (ya he tenido alguna de esas amables conversaciones). Tambien es probable que ese alguien vuelva a aplicar el argumentario apelando por enésima vez al Holocausto, sugiriendo así sutilmente que al escribir yo estoy justificando la barbarie de aquel genocidio. Atenderé la llamada con todo respeto. Pero yo creo que ha llegado la hora de perder el complejo y de decir alto y claro que Israel está actuando de manera criminal y aplicándose sin pudor en una aniquilación salvaje del pueblo palestino.

Por Luis Arroyo
Con información de :Infolibre

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