Gibran, el hijo de los cedros

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«El soñador o consolador de almas» es el significado del nombre de la familia Gibran, y Kahlil «el escogido o el amigo amado», dice Leonardo S. Kaím. Los sentidos nombres podrían ser guía para la biografía o datos imprescindibles porque la obra de Gibran ha estado dedicada a consolar el alma, privilegio que sólo poseen los escogidos.

Infancia es destino. La frase podría ampliarse diciendo que la biografía con datos agregados de la adolescencia y la juventud conforma ese destino. Agrega Alexander Najjar que en la autobiografía no resulta molesto inventar las cosas que la memoria ha transformado. Algo semejante sucede con la biografía porque finalmente siempre se trata de la representación de quien escribe sobre la persona cuya vida reconstruye.

Otros autores se acercan de manera diferente, de la más académica como Suheil Bushrui y Joe Jenkins, Kahlil Gibran, poeta iluminado (Grijalbo, México, 1998), a la más sentimental como Barbara Young, Este hombre de Líbano (Editorial Orion, México, 1960); quien enfatiza lo literario como Robin Waterfield, El profeta. Vida y época de Kahlil Gibran (Editorial Complutense, Madrid, 2000), y quien acentúa la reivindicación familiar como Jean Gibran y Kahlil Gibran, His Life and World (Interlink Books, Nueva York, 1991). Todas parten de los testimonios reunidos por el mismo Gibran, como lo son sus cartas, esa posibilidad de reconstruir las vidas a través del género epistolar.

Sabemos que luego de su llegada a Boston, Jessie Freemont Beale recomendó al fotógrafo Fred Holland Day al joven prometedor que apenas había llegado de Siria. En los Estados Unidos nadie ubicaba el territorio del Maxrek profundo, preferentemente formado por Siria y Líbano. Si el famoso fotógrafo lo tomó bajo su protección fue por los rasgos árabes del adolescente que apenas había cumplido 13 años en 1896, cuando estaba por culminar el siglo del descubrimiento y atracción por el Cercano Oriente luego de las invasiones napoleónicas que confrontaron a Europa con su propia imagen. El Orientalismo es la moda de los salones europeos. Es el siglo de los grandes pintores y músicos que representan ese mundo que vuelven a descubrir. La ópera Aida de Giuseppe Verdi es quizás el ejemplo más claro, cuyo origen se basa en la Description de l’Egypte.

Por eso las primeras fotografías de Holland Day muestran a un joven con ropaje árabe y tocado con el kefieh o el turbante árabe o el tarbush turco en la insinuación del efebo con el que se despiertan las pasiones de ese mundo imaginado desde Occidente.

En Espíritus rebeldes Gibran dejó constancia de algo que estaba en la memoria colectiva de los libaneses, en uno de sus más fuertes relatos:

¿Cuánto tiempo el hermano peleará contra su
hermano por el pecho de la madre?
¿Cuánto tiempo el vecino amenazará al vecino
junto a la tumba de los bienamados?
¿Cuánto tiempo la Cruz y la Media Luna estarán
separadas ante los ojos de Dios?

En todo caso esas fueron las circunstancias que obligaron a miles de montañeses a buscar en la emigración un destino más alentador. El norte quedó convertido en un territorio esencialmente cristiano, de donde ya había salido la mayor emigración cuando las tensiones llegaron a su punto más álgido. Primero los libaneses partieron hacia países cercanos como Egipto, a los del Mediterráneo occidental o de Asia Menor. Luego se atrevieron a ir más lejos hasta cruzar el mar.

1895 fue el año de la decisión de Kamileh –que significa «la perfecta»– para dejar el imponente paisaje de Qadicha, el Valle Santo, en cuyo borde se encontraba el místico pueblo de Becharre. El 17 de junio llegó a la Isla Ellis –el lugar para el desembarco de los emigrantes pobres mientras los de estatus más alto lo hacían en el Puerto de Nueva York–, en compañía de sus cuatro hijos: Boutros, Gibran, Sultana y Marianna.

La madre que tomó sola ese riesgo llevando a sus hijos recibió la solidaridad de los otros libaneses inmigrantes que se le adelantaron. Fue decisiva su experiencia de haber viajado a Brasil donde murió su primer marido y de donde regresó acompañada por el mayor de sus hijos.

Apenas la familia se está ambientando al medio en Boston, la madre proveedora ha logrado su manutención gracias al oficio milenario de los libaneses de venta en abonos con un cajón de mercancía a cuestas con los implementos para los últimos detalles del vestido o de la camisa. Boutros le ayuda con su ingreso de empleado y Marianna con su trabajo de costurera. Mientras el hijo menor es introducido al ambiente intelectual luego de haber entrado por la puerta grande, con las recomendaciones de destacados personajes.

No ha pasado el tiempo y Gibran regresa al país natal en febrero de 1897, donde estudió cuatro años, entre 1898 y 1902, en el Colegio de la Sagesse para dominar el árabe y el francés. De vuelta en Boston, en enero de 1903 debe enfrentarse al vacío de la muerte de su hermana Sultana (14 de abril de 1902) y sufrirá la de su hermano (12 de marzo de 1903), seguida por la de la madre luego de penosa enfermedad. Escribe para Al Mouhahir y realiza dibujos de carácter místico apoyado por su relación amistosa con Holland Day y con Mary Haskell, propietaria del Cambridge School, quien le impulsará para realizar una estancia en París. Ya ha escrito La música (1905) con esa maravillosa primera frase: Me senté junto a la amada de mi alma para escucharla y es que se trata de un tema universal si se dice de la misma manera en árabe que en su original griego. En Ninfas del valle hay un reclamo por la vida en los pueblos y aldeas de Líbano y su señalamiento de que la civilización moderna olvida la filosofía de una vida hermosa y sencilla, llena de pureza y claridad espiritual. Luego de escribir esas ideas, se encuentra en la capital cultural de Occidente donde se instala entre julio de 1908 y octubre de 1910.

En 1910 Ameen al Rihani llega a París y entablará con él una gran amistad porque ambos creen en el mundo árabe y sueñan con su independencia y desarrollo. Arte y compromiso social quedan ya sólidamente engarzados, inseparables, cuenta Rosa-Isabel Martínez Lillo en Cuatro autores de la Liga Literaria (Cantarabia, Madrid, 1994). Además de la enseñanza estética que adquiere durante esa estancia, su personalidad se ha impregnado de una suerte de internacionalismo en la coyuntura política e intelectual que le toca vivir en Europa. Tal se desprende de la actividad de las nuevas generaciones que, siguiendo de cerca al movimiento de los «Jóvenes turcos» en Macedonia, se unificaron contra el Imperio Otomano. Por primera vez cristianos y musulmanes, drusos y maronitas, judíos y ortodoxos se unieron en Líbano con propósitos libertarios en julio de 1908.

A su regreso a Boston fundó en 1911 Al-Halqa al-dahabiyya, agrupación político-social para luchar en contra de la opresión en Oriente. En 1912, en medio del descontento general, los nacionalistas organizaron una gran protesta. Ese año Gibran publica Alas rotas, una novela corta sobre el amor, la muerte y la búsqueda de la verdad en el tono nostálgico que lo marcará en toda su obra. Al año siguiente el Congreso Árabe reunido en París declaró que respetaría la autonomía de Líbano y reconocería su personalidad nacional. En 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, luego de la invasión del Imperio Austrohúngaro a Serbia, los turcos aliados con los alemanes pusieron fin al régimen del Pequeño Líbano. En 1915 Turquía lo invadió militarmente y anunció el fin de la autonomía del Moutassarifieh. La represión se abatió sobre los que se conocieron con el nombre de patriotas libaneses cristianos por sus aspiraciones a la independencia y por su colaboración con Francia.

Gibran continuará y afianzará sus escritos en árabe. Esa fase culminará con la formación de Al-Rabita al qalamiyya (La Liga Literaria) producto de una reunión en su domicilio en el número 51 de la calle 10 Oeste en Greenwich Village, en Nueva York, la tarde del 20 de abril de 1920. A sus integrantes se les considerará la avanzada de la literatura árabe moderna: Gibran Kahlil Gibran, Mikhail Naimy, Naseeb Arida, Raschid Ayoub, Elia D. Madey, Wadi Bahout, Nudra Haddad, William Catzeflis, Abdul Massih Haddad y Ameen al Rihani. Su aspecto crítico es la esencia, surge un tono amargo y la nostalgia por Líbano se acrecienta. Naimy se expresará en árabe, ruso e inglés, lo que hizo al arabista italiano Francesco Gabrielli llamarle el árabe de las tres almas. En Nueva York coincide con Arida en su revista Al-Funun donde publicará un primer artículo de crítica literaria que se manifestará en su importante obra Al-Gurbal (La Criba), con tal repercusión que en México es el título que lleva la revista literaria política con más de siete décadas de duración, escrita en árabe y luego bilingüe en español. Los tres tienen fuertes coincidencias con Gibran, los tres forman parte de familias de emigrantes que finalmente se establecieron en los Estados Unidos, los tres son cristianos y reúnen información de cuatro continentes: Europa, Asia, África y América, y forman la Liga Literaria que tendrá un rol decisivo en los cambios de la poesía y del pensamiento árabe de la primera mitad del siglo xx. Gibran Kahlil Gibran contribuyó para formar en Boston un Comité de Voluntarios Siria-Monte Líbano inspirado en la idea de que el nacionalismo era un paso necesario para la conciencia universal.

Ya combina el árabe con el inglés desde la publicación de El Loco (1918). Está ya en la línea de la que se convertirá en su obra más difundida, El Profeta (1923), publicada en la madurez de sus cuarenta años y concebida como parte de una trilogía que incluía El jardín del Profeta (1933) y La voz del Maestro (1959) que se publicaron de manera póstuma.

Gibran murió el 10 de abril de 1931 en el Hospital de San Vicente en Nueva York, acompañado por su entrañable amiga, la pintora Adele Watson. Sus palabras se escuchan aún para la eternidad: Y en verdad, hallará que las raíces del bien y del mal, lo fructuoso y lo infructuoso, están juntamente entrelazados en el sosegado corazón de la tierra.

Carlos Martínez Assad
Con información de : Museo Soumaya

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En principio fue la palabra

Mezquita en Madagascar
Mezquita en Madagascar

Angelo Arioli (Nettuno, 1947), profesor de Lengua y Literatura Árabe en el Departamento de Estudios Orientales de la Facultad de Letras de la Universidad de Roma, especialista en onomástica y prosopografía islámica, es autor de estas significativas líneas:

«En principio fue la Palabra; inmediatamente después llegaron los mercaderes. Mercaderes viajeros, una de las dos categorías, de las dos tipologías arcaicas, a las que se puede reducir el tropel de narradores, de aquellos que de plausibles experiencias personales extrajeron o proporcionaron, conscientes o no, materia de relato, desde que el mundo es mundo, o lo que es lo mismo, desde que el viaje es viaje, hasta este mundo nuestro donde se viaja frenéticamente, pero ya no se cuenta, ya no se fabula, sobre tierras o acontecimientos lejanos, unos y otros superficialmente cercanos en el cotidiano aplastamiento del espacio/tiempo perpetrado por los medios de comunicación, entendidos en el más amplio sentido. Antaño eran los mercaderes quienes narraban novedades y eventos: “narrar”, “novedades”, “eventos”, tres palabras que la lengua árabe hace derivar de la misma raíz, las dos primeras unidas en la misma palabra, como para sugerir que es el “evento”, lo que es “nuevo”, lo digno de “narración”, o, si se prefiere —por darle vueltas a un juego dialéctico contemporáneo —, que lo que es objeto de “narración” se postula implícitamente como “evento”, “novedad”.

Los primeros significados de la raíz h-d-th son “ser reciente, nuevo” y “acaecer, suceder, tener lugar”; una de las muchas flexiones de esta raíz, la palabra hadath, significa a un tiempo “novedad” y “acontecimiento”. Una flexión sucesiva de la misma raíz, con duplicación de la segunda radical, da vida al verbo haddatha que significa narrar”; una flexión ulterior produce los dos homógrafos y homófonos hadith, es decir una sola palabra, distinguible sólo en los respectivos y diferenciados plurales, con el significado de “nuevo” y de “narración”».

 Por R.H. Shamsuddín Elía

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