Maldiciones – Más allá de los labios que las profieren

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La magia de la lengua es el hechizo más peligroso y la mejor especie de magia teórica es la palabra, a ésto se refiere la frase; bendígale Dios y presérvele. De que la palabra tiene magia y sobre éso es lo que dice Platón en el Libro de los Aforismos: «el amigo se te vuelve enemigo con la mala palabra y el enemigo se convierte en amigo con la buena palabra». ¿No es ésto parte de la magia?.

“Maldito sea Canaán. Será el sirviente de sus dos hermanos (9:24-25). Bendito sea Jehová, el Dios de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo. Que Dios permita a Jafet extenderse, que habite en los campamentos de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo” (9:26-27). ?¿Por qué Noé pronuncia esta dura maldición contra la descendencia de su hijo Cam (que todavía no estaba casado). Más allá de la literalidad de “la desnudez del padre”, aunque Usted no lo crea , esta maldición en el relato bíblico, tiene  hoy para muchos; la justificación profética para avasallar y masacrar a todo un pueblo.

Hay quienes consideran que las enfermedades, además de tener una causa natural (cansancio, indigestión, golpes), pueden estar originadas por la acción de fuerzas no naturales, provocadas por la acción de genios maléficos, de demonios o de otros hombres, y en este último caso la enfermedad podía ser producida por encantamiento, mal de ojo, envidia u otras causas de parecida índole.

Las enfermedades que se podían curar por procedimientos mágico-religiosos eran muchas. Ibn Habib citaba la lepra, la locura, la elefantiasis, la tos, las enfermedades del vientre, la fiebre y el mal aliento, aunque, de modo general, se podría decir que las más habituales eran las fiebres, los malos sueños, los ataques epilépticos y los dolores fuertes. A ellas se podrían añadir distintos tipos de llagas, heridas e, incluso, hemorragias. De este último recoge un caso : El remedio contra la hemorragia nasal era frotar la nariz con el dedo y luego decir: “¡Tierra, engulle tu agua! ¡Cielo, detente! Y se curará, con el permiso de Dios”.

El poder de las maldiciones

Las maldiciones han estado presentes desde hace siglos en diferentes culturas. Desde sus orígenes, las tradiciones mágicas e incluso religiosas han concebido a la palabra como algo dotado de cierto poder inherente, que puede ser empleado tanto para crear como para destruir.

No en vano, los cabalistas hablaban de los poderosos y variados nombres de Dios, el Evangelio de Juan nos dijo que “en el principio era el Verbo” y que por él “todas las cosas fueron hechas” y, los antiguos griegos y los habitantes de muchas culturas asiáticas, guardaban un profundo temor a las maldiciones proferidas por las madres. Y es que la palabra vehiculiza energías y, en el contexto de las maldiciones, si además de ésta hay un vínculo fuerte entre emisor y receptor o si el emisor tiene una mente psíquicamente dotada o emplea ayuda de entidades o de elementos cargados de energías negativas, la maldición podría tener suficiente poder como para ocasionar la muerte del maldecido, o como para sumir gran parte de su vida en las sombras de la penuria y la desdicha…

El concepto ‹‹entrelazando palabras›› muestra el proceso mediante el cual las maldiciones y los hechizos son formulados. Las palabras habladas son dirigidas hacia alguien determinado; o bien a una base material que las potencia y hace que después el hechizo, al ser activado, sea más efectivo. Ahora, y aunque tanto en las maldiciones como en los hechizos suele estar presente la palabra hablada, ambas cosas son diferentes.

Los magos medievales italianos sabían que la composición en versos favorecía a que las operaciones mágicas fueran más poderosas. Por esta razón, las llamaban “incantesimo” (encantación) porque para su desarrollo empleaban la poesía y el canto “. Al poeta se le atribuye videncia de ahí la palabra “vate”. Y a propósito de poetas, ¿qué le parece este poema de Pablo Neruda  dedicado a Franco ? …

“Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante, ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta te escarbe la barriga buscando una sortija nupcial y un juguete de niño degollado, serán para ti nada sino una puerta oscura arrasada. En efecto: De infierno a infierno, que hay? En el aullido de tus legiones, en la santa leche de las madres de España, en la leche y los senos pisoteados por los caminos, hay una aldea más, un silencio más, una puerta rota.

Aquí estás. Triste párpado, estiércol de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra de traición que la sangre no borra. Quien, quien eres, oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra, oh mal nacida palidez de sombra.

Retrocede la llama sin ceniza, la sed salina del infierno, los círculos del dolor palidecen.

Maldito, que sólo lo humano te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas, no te consumas, que no pierdas en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio ardiendo ni la feroz espuma.

Solo, solo, para las lágrimas todas reunidas, para una eternidad de manos muertas y ojos podridos, solo en una cueva de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre por una eternidad maldita y sola.

No mereces dormir aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar despierto, general, despierto eternamente entre la podredumbre de las recién paridas, ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños descuartizados, tiesos, están colgados, esperando en tu infierno ese día de fiesta fría: tu llegada. Niños negros por la explosión, trozos rojos de seso, corredores de dulces intestinos, te esperan todos, todos, en la misma actitud …

Solo y maldito seas, solo y despierto seas entre todos los muertos, y  que la sangre caiga en ti como la lluvia, y que un agonizante  río de ojos cortados te resbale y recorra mirándote  sin término”.

Los hechizos, a diferencia de las maldiciones, son recitados o escritos para ser incluidos en un marco operativo junto a una gama de elementos materiales. El hechicero no necesariamente convocará a una entidad para potenciar el hechizo, pues bien puede usar el “poder verbal” de lo recitado para que la energía mágica ascienda y, en esta etapa, es justamente cuando emplea una base material para dirigir el hechizo hacia el blanco seleccionado. Sin embargo, es evidente que también en los hechizos puede solicitarse la ayuda de entidades. Al fin y al cabo, el hechizo es un conjunto de pasos orientados al direccionamiento y manejo de energías psíquicas y astrales para conseguir un fin determinado, mientras que la maldición es una fórmula verbal concebida para ser recitada generalmente de manera hablada, a fin de ocasionar, en virtud de determinados elementos que la dotan de poder, un mal contenido en las palabras que la articulan, que la constituyen. Naturalmente, este mal tiene la finalidad de dañar a una o más personas, por lo general determinadas; aunque, desde un punto de vista estructural, el mal recae sobre el blanco, y el blanco puede ser un lugar o un objeto, y no necesariamente un sujeto.

En Asia y en Oriente se creía (y aún suele creerse) que las madres son las más poderosas emisoras de maldiciones. Aquel poder para maldecir, supuestamente aparecía tras el parto del primer hijo. Pese a que en la cultura asíatica se creía que la mayoría de las maldiciones podían ser rechazadas, las maldiciones efectuadas por madres constituían una excepción; ésto, claro está, cuando el blanco de la maldición era un hijo o una hija. Entretanto, los antiguos griegos temían tanto esta clase de maldición que le otorgaban un nombre específico: Miasma.

En distintas culturas, la sangre menstrual ha sido empleada para potenciar hechizos y maldiciones, y aún hoy en día es así. En la antiguedad contituía una forma que la mujer tenía de ofrecer sacrificio, ya que la sangre menstrual tiene restos de óvulo no fecundado. Volviendo a los rituales, este tipo de sangre es parte de los fluidos corporales que se meten en las “botella de brujas” o se embadurnan sobre un hechizo escrito para cargarlo.

Históricamente ese temor al poder metafísico de la mujer se plasmó en el Oscurantismo; cuando, a través de órdenes papales como la Cum inter nonnullos del Papa Juan (1325) y la Ad extir panda del Papa Inocencio IV (15 de Mayo de 1252), aproximadamente cinco millones de personas fueron torturadas y/o asesinadas, siendo una gran parte de estas mujeres a las que se acusó de hechicería, creyéndose que éstas, en gran parte por su género, tenían el poder para maldecir/hechizar, constituyéndo, según la superstición popular, hijos y esposos los generalmente maldecidos por las brujas.

Las maldiciones no siempre son proferidas con plena conciencia de su uso; por ejemplo, si un psíquico, un brujo o una persona con el tercer ojo algo poderoso entra en cólera y profiere algo como “¡Quiero que te enfermes y sufras!”, es muy probable que, poco después, la persona que recibió aquel deseo caiga efectivamente enferma… Inclusive, en ciertos casos bastan los pensamientos malintencionados cuando están bien hilados en la mente y van acompañados de intensas emociones y claras visualizaciones. No obstante, en ciertos tipos de maldiciones como las de muerte, se requiere siempre de la palabra hablada.

Se cuenta que si se desea un método concreto para maldecir, puede hacerse lo siguiente, supuestamente útil en el caso de alguien que nos haya generado ira:

-Piensa en aquellas cosas que han hecho que la persona a maldecir te cause ira, intenta sentir esa ira de nuevo y, poniéndo tu atención en el tercer ojo, visualiza allí a la persona que maldecirás. Concéntrate en visualizarlo, y en sentir cada vez más ira mientras recitas su nombre con mucho odio. Cuando hayas alcanzado el estado idóneo, golpea tu pecho con el puño derecho y convoca a Pazuzu (un demonio sumerio de muerte y enfermedad, que aquí opera como ente simbólico canalizador de fuerzas antes que como ser real):

Pazuzu, Señor del viento del Sudoeste, yo te convoco.
Pazuzu, oh hermano de Humwawa, yo te convoco.
Oh sonriente ángel oscuro, yo te convoco.
Oh cornudo demonio de alas dobles, yo te convoco.
Pazuzu, hunde tus dientes en (nombre de la víctima).
Pazuzu, que tus aullidos destruyan su alma.
Oh Pazuzu que te aferras a tus víctimas hasta la muerte,
mata a (nombre de la víctima),
porque esta es mi voluntad.

-Hecho lo anterior, visualiza a la víctima de pie frente a ti, e imagina una caosfera (símbolo del caos en Magia del Caos) dentro de su corazón, mientras gritas el nombre del demonio invocado. Posteriormente recita ésto:

Ya que Pazuzu es mi ayuda,
con el poder de este demonio una maldición es hecha
para matar a (nombre de la víctima).
Antes de dos ciclos de la luna,
tú, (nombre de la víctima), serás enviado a la tumba.

-Repite lo anterior dos veces, después aplaude con contundencia dos veces o da dos golpes de tambor y dí “¡está hecho!”. Haz entonces una ofrenda de agradecimiento a Pazuzu, sepultando un pedazo de carne cruda en la tierra, preferiblemente bajo la sombra de un árbol. Con ello, simbólicamente Pazuzu estará atado a tu petición y será liberado solo cuando la carne enterrada esté completamente consumida.

En todo lo anterior, al igual que en cualquier hechizo, se dice que es necesario que se mencionen los dos nombres (si tiene dos; si es un caso raro de más de dos, mencione todos; si tiene solo uno, ese uno) de la víctima, al igual que ambos apellidos, ya que teóricamente el nombre completo contiene la energía de la persona pues posee un vínculo unívoco con la misma, cosa que se ve en el hecho de que tanto a ángeles como a demonios haya que llamarlos por sus nombres verdaderos, de modo que no será lo mismo decir “Diablo” que “Satanás”; pues, aunque ambos contienen su energía, el segundo la detenta en un grado mucho mayor.

Otra cosa a tener en cuenta, es que bajo ningún concepto recomendamos emplear el hechizo anterior, pues el karma por el mero hecho de intentarlo es enorme, más aún el karma que se sufre si la maldición llega a funcionar… Ahora, y por otra parte, desde un punto de vista ético, el mero hecho de jugar con algo así ya es terrible, aunque uno sea un ateo o un escéptico.

LAS BOTELLAS DE BRUJAS

La “botella de bruja” es parte fundamental del repertorio tradicional de brujería, y la vemos presente en manifestaciones que llevan siglos, como la Brujería Tradicional Británica, que consta entre las influencias de la moderna Magia del Caos.

Se dice que una botella de bruja puede ser energetizada y preparada para colocarse en el hogar a manera de objeto protector, pero también puede acondicionarse para acabar con la vida de quien pise el suelo en donde se la entierra.

Aunque “mala suerte” sea algo poco específico, aquí su uso es intencional porque permite a la fuerza mágica obrar con mayor libertad, cosa que a su vez aumenta la fe del hechicero en que la maldición funcionará, y esto a su vez aumenta las probabilidades de que funcione.

La botella ideal para este trabajo es una que haya sido desenterrada, pero también valdrá una vieja botella de vidrio en que haya habido leche o alguna otra botella usada de vidrio. Elegida la botella, procederemos a limpiarla con agua, sal marina, y algo de tierra. Posteriormente la pondremos en el alféizar de la ventana cuando el sol se esté poniendo, y la sacaremos al amanecer. Entonces la lavaremos de nuevo en agua de manantial (venden agua de manantial, es la famosa “agua mineral”) o de lluvia, y la dejaremos después en un lugar donde nadie, ni siquiera nosotros mismos o algún animal, habrá de tocarla por cinco días .

MALDICIÓN DIRECTA

En el imaginario popular, la forma de maldición que prevalece es aquella en que el emisor de la maldición la manda en presencia de la víctima, usualmente de forma verbal, por lo que la víctima, al momento de ser maldecida, sabe que lo está siendo.

En realidad los hechiceros, y en líneas generales las personas versadas en el lado oscuro del esoterismo, saben que no es muy buena idea mandar una maldición en presencia de la víctima de forma tal que ésta se percate; ya que entonces, además de la reacción de enojo que podría presentar en aquellos momentos, posteriormente podría tomar una serie de medidas preventivas si se toma en serio el poder de la maldición, yendo éstas desde la simple oración, hasta formas avanzadas que incluyen visualizaciones, limpias y hasta trabajos de magia blanca…

El uso de la magia y quien la aplica

La magia intenta obligar a lo sobrenatural a efectuar lo que el mago desea y a prevenir lo que teme. Este objetivo de la magia se relaciona con el poder, porque “obligar a lo sobrenatural” se realiza teniendo como base el poder. Es un ejercicio de poder, por parte de alguien que lo tiene, que es el mago .

El mago recibe el poder por parte de Dios y trabaja bajo Su autoridad, y es en base a ésta, y no por sus poderes particulares, por lo que es capaz de impartir órdenes a los ángeles y a los demonios . En Salomón encontraremos el ejemplo más acabado de hombre capaz de dominar a seres extranaturales por petición expresa suya a Dios y concesión de Éste.

En medio oriente se distingue entre magia blanca, es decir la que emplea medios naturales para conseguir resultados sobrenaturales, que se considera lícita, y magia negra, que busca la ayuda del demonio para lograr sus resultados, que es ilícita. La magia lícita nos hace retroceder a Salomón, mientras que la magia ilícita, la negra, tiene sus orígenes en Iblís.

Es una concepción de magia bastante similar a la occidental, en la que se concibe una magia blanca, o Teurgia, vinculada a lo divino y al Bien, y una magia negra, o Goecia, vinculada al diablo y al Mal. La primera es lícita y la segunda no.

Según Ibn Jaldún hay tres tipos de magia. Los dos primeros son reales, el tercero no, es una ilusión. Añade que los filósofos llaman a la primera magia, a la segunda teurgia, y a la tercera prestidigitación. Considera la alquimia como magia y no como una práctica técnica.

Los magos trabajan bajo la autoridad de Dios, en tanto ellos aportan el conocimiento que tienen de los instrumentos apropiados, que incluyen las palabras o frases oportunas y los nombres de los ángeles y de los demonios, obteniendo así poder sobre el amuleto con el que logran sus fines. Es, sobre todo, en base a esta autoridad divina y no por sus poderes particulares por lo que son capaces de ordenar y ayudar .

La magia se aplicará de varias maneras: de modo oral, a través de fluidos vitales, por escrito o por medio de objetos. En el mundo islámico la persona encargada de curar solía tener un don especial, la báraka, una especie de influjo bienhechor colmado de bienes divinos que, al mismo tiempo, era un medio para obtener toda clase de favores.

Figuran en la sociedad islámica unas personas, los marabút, a los que se supone que poseen esta báraka, personas piadosas, de vida ascética y austera, a los que se conocía por sus virtuosos consejos y por su prudencia.

Ibn Jaldún establece un paralelismo entre los magos y los marabút. Los marabút están inspirados y apoyados por Dios, son hombres buenos que realizan buenas acciones, mientras que los hechiceros hacen su trabajo por su propio poder psíquico y, en ocasiones, con el apoyo de los diablos, y son gente malvada que realiza acciones malignas. Las acciones de los marabút son más poderosas que las acciones de los hechiceros porque la báraka que poseen les presta el poder de una magia benigna o santificada…

Termino esta nota con las palabras del Nigromante…

“Que los cielos y la tierra retumben para maldecir a esos traidores que entregaron a su país y a su gente a una nación extranjera; que sus almas no encuentren reposo hasta el fin de los tiempos porque lo más sagrado que tiene un hombre es su honor y la patria”.

Haced verdad mi voluntad

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