La importancia de la edad – Cuento Sufí

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Un carnero, un camello y una vaca encontraron en su camino una gavilla de paja. El carnero dijo:

“Si dividimos esta gavilla en tres partes, ninguno de nosotros quedará satisfecho. Es preferible que el de más edad de nosotros tres la aproveche él solo. Porque nuestro deber es respetar a los ancianos.”

El carnero propuso que cada uno dijese su edad y empezó por él mismo:

“Yo estaba en el mismo prado que el carnero sacrificado por Abraham. “

La vaca dijo entonces:

“Yo estaba junto a Adán cuando él labraba. Pues yo era la hembra de su toro.”

A estas palabras, el camello se apoderó de la gavilla de paja y se puso a comérsela:

“De nada sirve deciros mi edad. Pues, como todo el mundo sabe, mi estatura es la prueba de mi antigüedad. Así, los cielos son más antiguos que la tierra.”

Por Yalal Al-Din Rumi

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El sagrado mes del Ramadán

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Fieles a sus creencias, a partir del 29 de junio más de mil 200 millones de musulmanes en todo el planeta observarán con fervor el ayuno del sagrado mes del Ramadán, uno de los cinco pilares fundamentales en los que se sustenta la milenaria religión islámica, aunque no todos, por adversas circunstancias, lo podrán realizar en medio de la paz y el sosiego espiritual que sus preceptos demandan.

El mes del Ramadán es el noveno del calendario Lunar Islámico (Hégira) y se inicia con la aparición de la luna a finales del Sha´ban, octavo mes de ese calendario, tras el cual los musulmanes practican el ayuno diario, el que enfermos y niños no están obligados a cumplirlo.

Ramadán es también el momento en el que el Profeta Muhammad tuvo la primera revelación y por eso es llamado también el “Mes del Corán”, el libro sagrado de los musulmanes.

Durante ese período de tiempo, los seguidores de las enseñanzas del Profeta, se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales en la parte del día comprendida entre el amanecer y la puesta del Sol.

Para los creyentes del Islam, que en el idioma árabe significa paz y obediencia, este es una etapa de purificación, devoción, fortalecimiento de la fe, plegarias y meditación; de generosa práctica de la caridad, peregrinación a las mezquitas y santos lugares, y también de amor, paz, solidaridad humana, unión y júbilo familiar.

Cada día al finalizar el ayuno se levantan las regulaciones y a las escasas actividades de la jornada da paso el Iftar, las cenas familiares y la animación de diversas celebraciones, que se prolongan hasta horas de la madrugada.

Al término del Ramadán se inicia El Eid Al Fitr, que son los tres días de celebraciones festivas en las que los musulmanes disfrutan en hogares y mezquitas de comidas familiares, dulces, visitas entre amigos, paseos y otros divertimentos.

No obstante, esta práctica de fe no transcurrirá de igual modo para todos los pueblos del mundo musulmán, pues muchos de sus fieles seguidores del Islam en Afganistán, Irak, Egipto, Siria, Palestina, Libia, Yemen, Turquía, Túnez, Sudán, Somalia, Sahara Occidental, o Nigeria, entre otros, se verán obligados a cumplir sus ritos religiosos en medio de la extrema violencia, guerras de agresión y ocupación, injerencia extranjera, terrorismo, fratricidas conflictos armados, étnicos y confesionales o desplazados de sus lugares de origen.

Cruentas tragedias causantes de enormes sufrimientos, de pérdidas de vidas humanas, de destrucción material, de herencias y valores culturales milenarios, contrarias a los nobles y pacíficos principios a los que convoca el mes del Ramadán.

Deberes, meditaciones y oraciones, los cuales todos los fervorosos musulmanes miembros de la Liga Islámica de Cuba y demás devotos islámicos en nuestro país, pueden practicar en sus hogares y centros de reunión, rodeados de un clima de paz, hermandad, comprensión y respeto a su creencia religiosa.

Por Juan Dufflar Amel
Con información de Trabajadores

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La anciana del rostro pintado – Cuento Sufí

Anciana con pipa - Jean-Léon Gérôme (1858)
Anciana con pipa – Jean-Léon Gérôme (1858)

Había una anciana de noventa años cuya cara arrugada era amarilla como el azafrán. Sus mejillas estaban plegadas como una cortina, pero el deseo de encontrar esposo era aún vivaz en ella. Ya no tenía dientes y su pelo era blanco como la leche. Su silueta estaba tan encorvada como un arco y sus sentidos estaban debilitados. En una palabra, ¡era vieja! Sólo el deseo del amor y la gana de marido subsistían en ella. Tenía muchos deseos de cazar, pero su trampa estaba en ruinas. Era como el gallo que canta demasiado tarde, como un pasajero extraviado. Se alimentaba su fuego, pero su marmita estaba vacía. Tenía deseo de cantar, pero ya no tenía labios.

Cuando pierde sus dientes, el perro deja de importunar a la gente. Ya no ataca a nadie y se pasea por el estercolero. Pero mirad a esas perras de más de sesenta años: ¡sus dientes están más acerados que los colmillos de los perros! Cuando envejece, el perro pierde su pelo, pero esta vieja perra se viste de piel y de seda. Si le dicen: “¡Que tu vida se prolongue!”, ella quedará encantada y tomará esta maldición por una bendición. Tal deseo se concebiría si ella supiera algo del otro mundo, pero esta perra ignora todo de él. Cuando el hombre se gasta sin haber conocido la madurez, no es más que viejo. No tiene ninguna forma ni clase de belleza. Huele a cebolla. No tiene ni favor, ni generosidad, ni sentido, ni esencia.

Con la esperanza de convertirse en una hermosa novia, esta vieja se depiló las cejas y se puso ante el espejo para maquillarse. Por mucho que se recubrió de polvos, no por eso dejaron de persistir sus arrugas. Como último remedio, imaginó recortar unas ilustraciones del Corán y adornarse la cara con ellas, esperando situarse así en el rango de las bellezas. Cuando se puso el vestido, cayeron al suelo las ilustraciones y ella volvió a pegarlas con saliva. Como seguían sin adherirse a su vestido, acabó por ponerse nerviosa y exclamó:

“¡Maldito sea Satanás!”

En aquel instante, Satanás se le apareció y le dijo:

“¡Vieja ramera! ¿Qué es ese maquillaje? Ni siquiera yo he llegado nunca a semejante aberración. ¡Lo que haces no tiene precedentes! ¡Ni siquiera has dudado en recortar las ilustraciones del Corán! ¡Tú vulgar, como ejércitos satánicos! ¡Déjame en paz, tú que, para adornar tu cara, has tomado los adornos del Corán!”

Para venderte y hacerte apreciar, has robado la palabra de los hombres. Pero una obra teatral relatada carece de valor, igual que una rama atada a un árbol no da fruto. Cuando la muerte te desnude, todo lo que te has añadido, se desprenderá.

¡Oh, mujer vieja! ¡No luches contra el destino! ¡Mira tu estado! No te vuelvas hacia el pasado. No hay esperanza de que puedas embellecer tu cara. Y, lo pintes de rojo o de negro, nada cambiará.

Por Yalal Al-Din Rumi

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