Jesús hijo de María – Cuento Sufí

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Un día, Jesús, hijo de María, se dirigía corriendo hacia la montaña. Alguien se puso a seguirlo gritando:

“¡Nadie te persigue! ¿Por qué corres así?”

Jesús, sólo preocupado por su huida, no respondió siquiera a la pregunta. Pero el otro reiteró su llamada:

“¡En nombre de Dios! ¡Detente! Quisiera solamente saber lo que haces, pues, aparentemente, no hay motivo de temor.”

Jesús respondió:

“¡Huyo de un tonto! No te pongas en mi camino. ¡No retrases mi huida!”

El otro exclamó:

“¿Cómo? ¡Tú que posees el hálito santo! ¡Tú, que has curado a ciegos y a sordos, Tú, que puedes resucitar a un cadáver soplando sobre él! ¡Tú, que haces un pájaro de un puñado de barro! ¿Por qué ese temor?”

Jesús respondió:

“Es Dios quien ha creado mi alma y mi carne. Cuando invoco Su nombre, el ciego y el sordo quedan curados. Cuando invoco Su nombre, la montaña se dispersa como un almiar. Si murmuro Su nombre al oído de un cadáver, resucita. Una gota se convierte en un océano por Su nombre. Le he invocado mil veces ante un tonto, pero no ha habido resultado alguno.”

El hombre insistió:

“¿Cómo es que el nombre de Dios, que influye en el sordo, el ciego y la montaña, no tiene efecto sobre un tonto? Si la tontería es una enfermedad como las demás, ¿cómo es que no se le encuentra remedio ?”

Jesús respondió:

“La tontería es una maldición de Dios mientras que la ceguera no lo es. Pues se adquiere. Los males que se adquieren merecen piedad, pero la tontería es nuestra enemiga.”

¡Como Jesús, huye de los tontos! La conversación de los tontos hace disminuir tu fe, igual que el aire hace evaporarse el agua. Si te sientas sobre rocas húmedas, se va el calor de tu cuerpo y caes enfermo. El tonto enfría tu naturaleza. No creas que Jesús huía por temor. Estaba protegido por Dios. No, sólo lo hizo para enseñanza tuya.

Por  Yalal Al-Din Rumi

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Sopa Viernes Santo

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INGREDIENTES:

1 Rodaja, la cabeza, cola, espinas y piel de merluza y 2 lenguados.
1/2 Kilo de almejas, 100 gramos de colas de cangrejo y 100 gramos de langostinos.
1/2 Kilo de zanahorias, 2 cebollas, perejil y ajo.
1 Taza de arroz.
Harina
1 Cucharadita de mantequilla.
1/4 Litro de leche, agua.
3 Huevos.
Trufa
100 Gramos de almendras dulces.
1 Vaso de vino blanco.
Aceite.
Pimienta.
Sal.

ConsejoLa merluza puede sustituirse por besugo, rape o cualquier otro pescado que sea sabroso.

ELABORACIÓN:        

Cocemos en agua con sal, zanahorias, cebolla, perejil, ajo, pimienta y unas gotas de aceite crudo, la cabeza, cola, raspas de merluza y almejas. Se deja dos horas a fuego lento, se cuela el caldo, y se cue­cen el arroz y las almendras dulces, peladas y moli­das. Se agrega la carne de la merluza desmenuzada, con cebolla frita y algo de aceite, y se cuela todo por un colador. Aparte se rehoga una raja de merluza muy picada, se echa en un sartén con aceite y una cucharada de harina, una nuez de mantequilla y la le­che. Se deja cocer a fuego lento, moviéndolo y cuan­do la pasta espesa se aparta del fuego, se agrega una yema batida y se deja enfriar. Se coge con una cuchara un poco de la pasta, y se forman unas bolitas con harina, que se fríen después en mucho aceite. Cuando están doradas y escurridas, se echan, con las almejas, sin concha, en el puré anterior.

Se hacen cuatro filetes de lenguado, y se ponen al fuego, rociándolos con dos cucharadas de aceite frito, una de vino blanco y dos de agua, se tapan y se dejan cocer unos minutos.

Se hace otra pasta, como para las croquetas de merluza, de lenguado, pero con muy poca harina y se liga con una yema. La pasta se extiende sobre los filetes de lenguado, se espolvorea con un poco de pan rallado, poniendo encima una pizca de mantequi­lla y se mete en el horno para que se dore el pan. Se decora el plato, poniendo unas colas de cangrejos y de langostinos, entre los filetes de lenguado y encima del picadillo que les cubre tres o cuatro obleas de tru­fas o un picadillo de yema de huevo duro.

Por M. Rodríguez San León

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Sopa Viernes Santo por M. Rodríguez San León se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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Las iglesias,el ábside y Palestina

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Todas las iglesias tienen el ábside orientado hacia el sudeste; la fachada, hacia el noroeste, y el crucero, que forma los brazos de la cruz, de nordeste a sudoeste. Es una orientación invariable, establecida a fin de que fieles y profanos, al entrar en el templo por Occidente y dirigirse en derechura al santuario, miren hacia donde sale el sol, hacia Oriente, hacia Palestina, cuna del cristianismo. Salen de las tinieblas y se encaminan a la luz.

Como consecuencia de esta disposición, uno de los tres rosetones que adornan el crucero y la fachada principal no está nunca iluminado por el sol; es el rosetón septentrional, que luce en la fachada izquierda del crucero. El segundo resplandece al sol de mediodía; es el rosetón meridional, que se abre en el extremo derecho del crucero. El último se ilumina bajo los rayos colorados del sol poniente; es el gran rosetón, el de la fachada principal, que aventaja a sus hermanos laterales en dimensiones y en esplendor. De esta manera se suceden, en las fachadas de las catedrales góticas, los colores de la Obra, según una evolución circular que va desde las tinieblas -representadas por la ausencia de luz y el color negro- a la perfección de la luz rubicunda, pasando por el color blanco, considerado como «intermedio entre el negro y el rojo».

En la Edad Media, el rosetón central se llamaba Rota, la rueda. Ahora bien, la rueda es el jeroglífico alquímico del tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal y, por ende, de la propia cocción. El fuego mantenido, constante e igual, que el artista alimenta noche y día en el curso de esta operación, se llama, por esta razón, fuego de rueda. Sin embargo, además del calor necesario para la licuefacción de la piedra de los filósofos, se necesita un segundo agente, llamado fuego secreto o filosófico. Es este último fuego, excitado por el calor vulgar, lo que hace girar la rueda y provoca los diversos fenómenos que el artista observa en su redoma:

Ve por este camino, no por otro, te advierto;
observa solamente las huellas de mi rueda.
Y para dar a todo una calor igual,
no subas ni desciendas al cielo y a la tierra.
Si demasiado subes, el cielo quemarás;
si bajas demasiado, destruirás la tierra.
En cambio, si mantienes en medio tu carrera,
el avance es seguido y la ruta más segura. (1)

El rosetón representa, pues, por sí solo, la acción del fuego y su duración. Por esto los decoradores medievales trataron de reflejar, en sus rosetones, los movimientos de la materia excitada por el fuego elemental, como así puede observarse en la fachada norte de la catedral de Chartres, en los rosetones de Toul (Saint-Gengoult), de Saint-Antoine de Compiégne, etc. En la arquitectura de los siglos XIV y XV, la preponderancia del símbolo ígneo, que caracteriza claramente el último período del arte medieval, hizo que se diera al estilo de esta época el nombre de Gótico flamígero.

Ciertos rosetones, emblemáticos del compuesto, tienen un sentido particular que subraya todavía más las propiedades de esta sustancia que el Creador selló con su propia mano. Este sello mágico le dice al artista que ha seguido el buen camino y que la mixtura ha sido preparada según los cánones.

Es una figura radiada, de seis puntas (digamma), llamada Estrella de los Magos, que resplandece en la superficie del compuesto, es decir, encima del pesebre en que descansa Jesús, el Niño-Rey.

Entre los edificios que presentan rosetones estrellados de seis pétalos -reproducción del tradicional Sello de Salomón (2)– citaremos la catedral de Saint-Jean y la iglesia de Saint-Bonaventure, de Lyon (rosetones de las fachadas); la iglesia de Saint-Gengoult, de Toul; los dos rosetones de SaintVulfran, de Abbeville; la fachada de la Calende de la catedral de Rouen; el espléndido rosetón de la Sainte-Chapelle, etc.

Por Fulcanelli

(1) De Nuysement, Poéme philosophic de la Vérité de la Phisique Mineralle, en Traittez de l’Harmonie et Constitution generalle du Vray SeL París, Périer et Buisard, 1620 y 1621, pág.254.
(2) La convalaria poligonal, vulgarmente llamada Sello de Salomón debe este apelativo a su tallo, cuya sección es estrellada, como el signo mágico atribuido al rey de los israelitas, hijo de David.

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