Sopa de Cuaresma

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‘Engulle el poderoso rica sopa cuando a mí me contenta una zurrapa;y siendo el mundo dilatado mapa le parece a su vicio estrecha copa…”

Diego de Torres Villarroel del poema ‘Engulle El Poderoso Rica Sopa

Un alimento como la sopa, que parece tan simple, tiene sin embargo detrás una larga historia y una gran riqueza culinaria, no hay más que oír la expresión “Esta sopa resucita a un muerto”, en los crudos inviernos de  Zamora, cuando alguien llega muerto de frío a casa y se toma una sopa que actúa como reconstituyente inmediato.

Desde los tiempos prehistóricos, nuestros antepasados ya ponían al fuego las verduras que recolectaban y las carnes que cazaban para ablandarlas y hacer así que fueran más digestivas y sabrosas, lo que nos hace suponer que no tirarían el caldo en el que habían cocido tales viandas y se lo tomarían calentito. Fue con la civilización griega cuando la sopa toma parte importante en la alimentación, lo que llamaban “caldo negro” era más bien un brebaje, bastante estimulante. Habría que esperar a los romanos, que ya eran maestros en los caldos de verduras y de carnes, llamados por ellos “Potus” y los tomaban como tónicos y remedios para algunas afecciones. En la Edad Media las sopas salvaron a muchas poblaciones de la inanición, se hacían entonces con agua, pan y cereales, las clases más pudientes incorporaban arroz, especias, huevos, pescados y carnes y así ha seguido hasta nuestros días, cuando la sofisticación se ha adueñado de nuestras cocinas, la sencilla sopa sigue triunfando cada noche en la cena de muchos hogares.

En Cuaresma y Semana Santa también es tiempo de sopas, de pescado, de verduras y hasta la típica sopa de ajo que aquí tomamos en la madrugada del Viernes Santo y, que según cuentan salvo la vida del rey Jaime I “El Conquistador”, cuando hallándose muy enfermo, y no sabiendo los galenos cómo curar su mal, le dijeron que un caldo con ajos y pan hervidos en él lo sanarían, el problema fue que tuvieron que ir seis nobles caballeros a buscar los ajos a Valencia, que entonces se hallaba en poder de los moros, sólo uno de ellos regresó con los ajos, prepararon la sopa y el Rey la tomó, recuperando rápidamente su salud.

INGREDIENTES:

 

2 Patatas.
1 Cebolla.
150 Gramos de bacalao.
1 Hoja de laurel.
1 Diente de ajo.
Pimentón.
Pimienta negra molida.
1 Plato de sopas de pan tostado. Aceite.
Sal.
Agua.

ELABORACIÓN:

 

En una cazuela, o en un sartén, se pone un poco de aceite y se fríe la cebolla picada muy finamente, sin llegar a dorarla, se añaden las patatas, peladas y cortadas en lonchas finas.

El bacalao, después de escaldarlo, se parte en trozos muy pequeños, quitando todas las espinas y pieles, se une al preparado de la cazuela, poniendo una hoja de laurel y un poco de pimentón, se cubre con un poco de agua y caldo de escaldar el bacalao y se deja cocer despacio.

Se hace un majado con un diente de ajo y un poco de pimienta y se incorpora al preparado anterior, manteniéndolo un momento en el fuego para agregar las sopas de pan.

Consejo: Para que quede mucho mejor, antes de servirlo se mete la cazuela en el horno, unos instantes, y se sirve bien caliente.

Por M. Rodríguez San León

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