El espía Domingo Badía (o el príncipe sirio Alí Bey)

El príncipe abásida Alí Bey
El príncipe abásida Alí Bey

Domingo Badía, el espía de Godoy que recorrió el Marruecos de principios del siglo XIX bajo la identidad del príncipe sirio Alí Bey con el objetivo de ganarse la confianza del sultán Suleyman y derrocarle, fue sin duda uno de los personajes más fascinantes de la historia contemporánea de España. Fascinante, entre otras cosas, porque no queda nada claro que su papel como espía fuese tan eficaz como aseguraba cuando escribía al valido de Carlos IV, dándole a entender que el reino de Marruecos estaba a poco menos de un paso de caer en sus manos. Según se deduce de sus escritos, Alí Bey fue capaz de conjugar dos identidades, la de príncipe y aventurero, manteniendo a duras penas el equilibrio entre ambas y salvándose, siempre por los pelos, de quedar desenmascarado.

La historia de Domingo Badía comienza cuando le propone a Godoy un viaje científico por todo el continente africano. Pretendía Badía descubrir las fuentes del Nilo y visitar Tombuctú, la ciudad del Sahara, además de abrir cuantas rutas le fuera posible desde el corazón del continente. El catalán era todo un aventurero con muchos pájaros en la cabeza, como cuando siendo aún adolescente trató de volar en un globo aerostático de fabricación casera y a punto estuvo de perder la vida. Pese a esto, era también un hombre culto y de buena familia, con inquietudes científicas y una brillante carrera a sus espaldas como funcionario del Estado.

Sin embargo a Godoy le interesaban poco aquellas misiones científicas, el suyo era un talante enfocado al poder y poco a poco fue llevando a Badía a su terreno, de modo que allí donde este mencionaba el Nilo y Tombuctú, el valido hablaba de anexiones territoriales y grandes operaciones comerciales. La operación quedó diseñada por fin de la siguiente manera. Domingo Badía viajaría a Marruecos bajo la identidad del príncipe abásida Alí Bey, que regresaba a su Siria natal después de recibir una esmerada educación europea dando un rodeo para conocer bien las tierras del norte de África. Alí Bey se ganaría la confianza del sultán Suleyman con el objetivo de que aceptase la protección de España y si este se negaba, Badía debía iniciar un plan para derrocarle, para lo cual debería azuzar contra él a las tribus rebeldes del Atlas. Toda una misión de alto espionaje que el buen Badía estaba poco capacitado para desarrollar, aunque con tal convencimiento dejó a Godoy y al coronel de la Secretaría de Estado, Francisco Amorós, que habría de ser quien despachase con él en el futuro.

Se sabe por escritos posteriores de Godoy que recibió una gratísima impresión del aventurero barcelonés, a quien describió como “valiente y arrojado como pocos, disimulado, astuto, de carácter emprendedor, amigo de aventuras, hombre de fantasía y verdadero original de donde la poesía pudiera haber sacado muchos rasgos para sus héroes fabulosos”. Gracias al aprecio de Godoy, Badía logró el subsidio que necesitaba para su viaje científico, aunque para llevarlo a cabo tenía que despachar primero las exigencias de Godoy.

La misión era del todo descabellada y partía además del desconocimiento de Godoy respecto a la situación política de Marruecos puesto que en aquel año 1803 no existían apenas conflictos internos que pusieran en duda el poder del sultán, cuyo reinado era plácido. No obstante, Badía avivó en su correspondencia las expectativas del ambicioso valido y en 1804 afirmaba que su fama era inmensa y el levantamiento inminente, solicitando a Godoy el envío de armas y el traslado de tropas desde Ceuta. No había duda de que Badía jugaba fuerte porque en aquella época su trato con Suleyman no pasaba de cordial y si le había conocido fue porque llegó a Tanger con una bolsa repleta que despilfarró sin recato, lo que le permitió codearse enseguida con la alta sociedad de aquella ciudad. Respecto a las tribus del Atlas, lo único que Badía podía afirmar sobre ellas era que trataba de evitarlas cuando viajaba por la zona.

Domingo Badía, bajo la apariencia de Alí Bey, había logrado formar una identidad consistente pero lo había hecho sobre el supuesto interés científico del personaje, una coartada que podía sostener con mucha más seguridad que la de príncipe sirio. De hecho, Alí Bey ganó enseguida fama de sabio y fue favorecido por el sultán para que viajara sin impedimento de acuerdo con sus intereses y los de sus investigaciones, que distaban mucho de servir a las ambiciones de Godoy. Sólo el apremio al que le sometía Amorós en sus cartas llevó a Badía a iniciar aquel descabellado plan de trasladar a los ejércitos desde Ceuta, un plan que fue detenido felizmente por Carlos IV cuando conoció la operación – Godoy no podía iniciar una operación militar en África sin su consentimiento – al parecer para evitar la deshonrosa traición del español al sultán Suleyman, que tan bien le había tratado.

Alí Bey sería finalmente expulsado de Marruecos a finales de 1805 por la poca ortodoxia de sus opiniones científicas pero sus viajes no terminarían aquí. Enmascarado en su alter ego musulmán, Badía se convertiría en uno de los primeros cristianos en visitar La Meca y en el primero en dibujar croquis y dibujos del templo, así como en hacer estimaciones sobre su posición geográfica. Diez años después, afincado en parís, Badía escribiría una obra de teatro, ‘Alí Bey en Marruecos’, en la que no narraría sus planes conspiratorios, sino que se presentará a sí mismo como un benefactor que trata de dotar al país de una Constitución, por lo que sufre la interferencia de intereses oscuros que conspiran contra él, venciendo al final el despotismo.

Durante la invasión napoleónica Badía se alineará con los afrancesados, logrando que José I le nombre gobernador de Segovia, una posición que le obligaría a refugiarse en París tras la guerra de la Independencia. Auspiciado por el Gobierno francés emprenderá un nuevo viaje a oriente del que ya no regresaría. Se cree que fue envenenado en Damasco, quizás por agentes británicos que disputaban con Francia aquella zona de Oriente Medio. Otros autores afirman que murió prosaicamente de disentería. Su propia familia creyó que aquellos rumores sobre la muerte de Badía habían sido inventados por él mismo, para volar libre de ataduras en busca de nuevos viajes y aventuras. Sin embargo, su aventura terminaba en Damasco, curiosamente la ciudad natal de aquel personaje inventado, Alí Bey, que había dado pie a sus aventuras.

Por Pedro García Luaces
Con información de Te Interesa 

©2014-paginasarabes® 

Cocina de Cuaresma: Potaje de Vigilia

potajes

“…Una vieja más vieja que la sarna, menos que no se encarna, suele de mes a mes muy aburrida guisarnos la comida, que lo demás del año no hay potaje yo como de pillaje, y mi amo ¡alhaja honrada!, fingiendo que está lejos la posada, o con otro motivo que él enreda, donde le dan las doce allí se queda.

Diego de Torres y Villarroel

Hasta el Diccionario recoge como segunda acepción de la palabra ‘potaje‘ (del francés “potage“), que equivale a puchero, cocido y esta:

“Por antonomasia, guiso hecho con legumbres, verduras y otros ingredientes que se come especialmente los días de abstinencia”.

Son potajes todos aquellos guisos que se realizan con hortalizas, que pueden ser frescas o en conserva. Se suelen consumir como plato único, por su contundencia. Las variantes de este tipo de cocido son innumerables, pero la característica que las une es su cocción, larga y a fuego lento, mejor si es en puchero de barro, pero tampoco sale mal en olla exprés y en nuestros días el tiempo también cuenta. Actualmente a legumbres y hortalizas les suele acompañar el bacalao como príncipe de los ingredientes.

Pero este plato no siempre fue así, en la Edad Media potaje era todo lo que se ponía a cocer en una olla, con el tiempo el nombre fue cambiando y se denominaba también “cocido“, “arreglo“, incluso “puchero“, tomando el guiso el nombre del recipiente de cocción. En realidad todos estos guisos descienden de un plato, llamado “adafina“, que los judíos españoles cocinaban los viernes para tomarlo durante el sabbath, y en el que cocían en una olla, garbanzos, arroz, alubias, verduras, carnes de vaca y cordero, huevos, aceite de oliva y ciruelas pasas. Este plato, tras la expulsión de los judíos en el siglo XV, se cristianizó para no levantar sospechas de la Inquisición, por lo que se agregaron carnes de cerdo y tocino. Es interesante destacar que sólo un siglo después de la expulsión, el gran cocinero, Ruperto de Ñola, en su famoso libro de cocina, escrito al principio del siglo XVI, incluye varios potajes entre cuyos ingredientes destacan las verduras y los cereales.

Hoy queremos ser fieles a la tradición, y pocas tan ricas como la del suculento potaje cuaresmal, a base de garbanzos, espinacas y bacalao, una de las cosas más ricas que ha aportado a la cocina española la otrora tirana Cuaresma. Por eso, prepararemos, pues, un buen potaje.

(Especial para el almuerzo del Viernes Santo).

 Potaje de Vigilia

 

INGREDIENTES:

1/2 Kilo de garbanzos de Fuentesaúco. Ajo.
Aceite.
1 Puñadito de arroz.
300 Gramos de bacalao.
1 Cebolla.
1 Hoja de laurel.
1 Huevo.
Pimentón.
1/2 Kilo de espinacas.
Sal.

 Elaboración

Se deja desalar el bacalao en agua durante 24 horas, el agua ha de cambiarse, por lo menos dos veces. Los garbanzos se dejan en remojo, en agua caliente con sal durante una noche entera o 12 horas.

Se pone en una olla con agua, mejor si es de barro, la cebolla, tres dientes de ajo y una hoja de laurel, y cuando rompa el hervor, se echan los garbanzos. Cuando éstos comiencen a estar blandos, se retira la cebolla y los ajos, que se triturarán junto con una yema de huevo cocido. Se añade a la olla el bacalao cortado en trozos. Mientras tanto las espinacas se pondrán a cocer aparte, teniendo en cuenta que tardan muy poco en hacerse. Cuando falten unos veinte minutos para que estén cocidos los garbanzos se añade el arroz (también se puede poner un poco de patata).

Se calienta medio vasito de aceite, añadiendo un ajo, y cuando esté dorado, una cucharadita de pimentón y se vierte en la olla, dejándolo cocer todo como un cuarto de hora más, teniendo en cuenta que los garbanzos han de quedar blandos, pero enteros, y comprobando el punto de sal. Cuando esté listo se deja reposar un poco antes de servirlo porque estará mucho mejor, se puede moler y añadir un poco de pimienta negra.

Por M. Rodríguez San León

©2014-paginasarabes® 

Licencia Creative Commons
Cocina de Cuaresma: Potaje de Vigilia por M. Rodríguez San León se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://paginasarabes.com/2014/04/12/cocina-de-cuaresma-potaje-de-vigilia.