Rumbo de relaciones Colombo-Palestinas causa optimismo

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Consciente de que Colombia es el mejor aliado de Estados Unidos en la región y, que como tal, no desea deteriorar su relación con Israel, el asesor político de la Misión Especial de Palestina en nuestro país, el nortesantandereano Alexander Montero, está convencido de que el presidente Juan Manuel Santos ha dado pasos valiosos para el fortalecimiento de unas relaciones colombo-palestinas que no se circunscriben a lo institucional.

La presencia en Colombia de una numerosa colonia de origen palestino, la mayoría de la cual ha perdido mucho de sus vínculos culturales con la tierra de sus ancestros, revela bastante acerca de unos nexos fácticos que deberían extrapolarse al plano político, económico y comercial.

Todo ello, en el marco de esa larga tradición mediante la cual Colombia ha jugado siempre en la política internacional: al compás de los tiempos que dicta el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en cuyo seno la oposición de Estados Unidos, ha impedido que Palestina sea admitida como miembro pleno de la ONU.

De familia pamplonesa, este politólogo de la Universidad Nacional y magister en Análisis Político de la Universidad Externado, cree, sin embargo, que al margen de esa casi que comprensible posición de Colombia frente al conflicto del Medio Oriente, el Gobierno de Santos no ha revertido la tendencia de acercamiento a Palestina iniciada por el presidente Ernesto Samper en la Conferencia de los No Alineados de 1995, celebrada en Cartagena.

En diálogo con La Opinión, Montero se refirió a los principales tópicos del momento por el que atraviesan las relaciones entre Colombia y Palestina:

¿Resulta inevitable que Santos no pueda reconocer a Palestina por la alianza que tiene Colombia con Estados Unidos?

No es un obstáculo insalvable, pero frente a la posición asumida por Colombia en la ONU, cuando decidió no acompañar a sus socios suramericanos para aceptar a Palestina en la Asamblea General de la ONU, hay que entender que Colombia estaba pendiente de que el Congreso de Estados Unidos aprobara el Tratado de Libre Comercio. En esas condiciones era apenas lógico y predecible el sentido con el que se pronunció la delegación colombiana en el Consejo de Seguridad.

¿Cómo cayó entre los diplomáticos palestinos esa posición asumida por Santos?

Hay que recordar que en el Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia –como titular en ese entonces de un escaño no permanente en esa instancia- no votó en contra de la admisión de Palestina en la ONU, sino que se abstuvo, lo cual dice mucho acerca del cuidado con el que Santos actuó en un momento que, como repito, no hacía proclive que Colombia se sumara al grueso de los países suramericanos. Para nosotros esa abstención fue un éxito, aunque hayamos entendido, como lo entendemos, que Colombia proteja su relación con Israel.

¿Qué lectura darle a la visita que el presidente palestino Mahmud Abas hiciera a Bogotá para entrevistarse con Santos en busca de un apoyo diplomático a su causa en la ONU?

Es importante aclarar que esa visita, realizada en octubre de 2011, no tuvo como fin presionar el voto colombiano. La visita a Colombia tuvo dos propósitos esenciales: enviar un gesto de acercamiento a la inmensa comunidad palestina que vive en este país y conocer de primera mano los esfuerzos de paz que hace Colombia. Queremos mirar y aprender de esa experiencia.

¿Hubo resultados más allá de lo esperado?

Creemos que sí. Después de la gira del presidente Abas a Colombia, la canciller María Ángela Holguín viajó a Palestina y acordó el histórico viaje a Ramallah que hiciera Santos en su gira por Medio Oriente el año pasado. Es un viaje importante por lo que connota para Palestina.

¿El foro de los No Alineados sigue siendo la herramienta indicada para un acercamiento bilateral entre Colombia y Palestina?

Creo que más allá de eso, el mejor foro de acercamiento es el que ofrece el mundo árabe en su relación con Colombia y ahí vemos mejores oportunidades. En Bogotá hoy hay solo cinco embajadas de naciones árabes (Marruecos, Argelia, Egipto, Líbano y Palestina), por lo que es reconfortante saber del interés que tienen países como Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait y Arabia Saudí por abrir representaciones diplomáticas en Colombia.

¿Si tuviese que señalar al presidente colombiano que mejor trato ha dispensado a Palestina, a quién citaría?

Creo que todos en general, desde el presidente Samper hacia acá, han tenido gestos valiosos de apoyo a la causa palestina, si bien entendemos la tradición colombiana de condicionar el reconocimiento del estado Palestino a que este sea el fruto de un acuerdo de paz en la región. A Samper hay que reconocerle la valentía que tuvo de autorizar la apertura de la sede diplomática palestina; a Pastrana la de haber fortalecido esa misión dándole a su titular el rango de embajador; y a Uribe los avances en materia de negocios.

¿Cuentan con la influyente comunidad palestina en Colombia para impulsar en el Gobierno el respaldo al reconocimiento del Estado palestino y a su admisión en la ONU?

Los palestinos que viven en Colombia y sus descendientes forman parte de una comunidad dispersa y aunque mantienen vivas muchas de sus manifestaciones culturales, no hacen parte de una colonia homogénea. De hecho, suele ser confundida con la colonia sirio-libanesa que igualmente se ha integrado tanto en la sociedad colombiana, hasta el punto de perder mucho de su capacidad de trabajar unida por una causa.

¿Y cómo rescatarlos para mantener vivo el legado de su herencia palestina?

Primero que todo tenemos que hacer un censo para determinar el número exacto de palestinos que viven en Colombia. La idea que tenemos es que, aproximadamente, hay 40.000 palestinos en el país, quienes han llegado en varias oleadas migratorias, muchas de ellas relacionadas con las incursiones bélicas de Israel.

Con información de El Universal

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