Amor a Líbano: La historia de un lógico y nostálgico desconocido argentino-libanés

Bandera de Líbano
Bandera de Líbano

–    Estaba en el auto, en el camino de regreso desde Chile a Mendoza, donde habito desde hace más de 20 años

–   En el puesto fronterizo, presenté mi pasaporte al empleado de la Aduana y cuando leyó “LUGAR DE NACIMIENTO: LÍBANO” me preguntó:

–    ¿Cómo está  Líbano?

–    Se puede ir, le respondí. Todo lo que deseamos es que continúe lo mejor posible….

–    ¿Desde hace cuánto vive en  Argentina?

–   Acabo de cumplir los 20 años

–    ¿y cuándo fue la última vez que volvió a Líbano?

–    Hace dos años

Me miro sonriente y me dijo:

–    ¿A cuál de los dos países ama más, a Líbano o a  Argentina?

–    La diferencia que hago entre Líbano y Argentina es exactamente la misma que hago entre mi madre y mi esposa.  A  mi esposa la elegí, caí bajo su encanto, la amo y estoy enamorado de ella , pero ella no puede en ningún caso, hacerme olvidar a mi madre.

Yo no elegí a mi madre, pero sé que le pertenezco. Me siento bien solo en sus brazos y solo puedo llorar en su hombro.

Él cerró mi pasaporte, me miró fijamente con asombro y luego me dijo:

–    Oímos decir a menudo que la vida en  Líbano es muy difícil.  ¿Cómo puede Ud. amar tanto ese país?

–    ¿Ud. quiere decir a “mi madre”?

Sonrió y dijo: supongamos.

–    Mi madre quizá sea pobre; no tiene suficiente para pagar mi cuidados, aun menos lo honorarios del médico, pero la ternura de su regazo cuando me abraza y el calor de su corazón  cuando estoy en sus brazos, es suficiente para curarme.

–    Descríbame   Líbano

–   No tiene le belleza rubia, pero ver su rostro, tranquiliza. No tiene los ojos azules, pero su mirada da seguridad. Su vestimenta es simple, pero lleva en sus pliegues bondad y misericordia…

No se adorna con oro y plata, pero lleva en su cuello un collar de espigas de trigo, con el cual alimenta a los hambrientos. Los bandidos lo han despojado pero sigue sonriendo.

Me devolvió mi pasaporte y me dijo:

–  Conozco  Líbano a través de las pantallas de la tele, pero no he encontrado nada de lo que Ud. me ha descripto.

–    Ud. vio el Líbano de los mapas, en cuanto a mí, yo hablo del Líbano enterrado en mis entrañas.

–    Deseo que su fidelidad hacia  Argentina sea igual a la que siente por  Líbano. Quiero decir, su fidelidad a la esposa  tanto como a la madre.

–    Entre  Argentina y yo, existe un contrato al cual le debo fidelidad, y no soy de esos que no respetan su contrato.  Y desearía que Ud. sepa que esta fidelidad es mi madre quien me la ha enseñado.

A través de Embajada de Líbano en Argentina

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