Los que mueren por amor

Los que mueren por amor
Los que mueren por amor

¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?
¿Se muere el amor?
¿O se enamora la muerte?
Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte.

En la tradición legendaria se recuerda a un caballero,llamado Andrieu o André, que llegó a morir por una reina de Francia. Su nombre ha quedado fijado en la memoria como André de France (evocando la costumbre de los poetas udríes que añadían a su nombre propio el posesivo de su amada: Qays de Lubna, Jamil de Butayna, Addah de Rawda, Kutayyir de Azza…) En el mundo de los trovadores, la «muerte por amor» es, como afirman Nelli y Lavaud, simbólica, una transposición del dicho sufí según la cual el amor puro, «insatisfecho por esencia», no puede expresarse en este bajo mundo sino en la forma de una aspiración a la muerte.

Idealmente, la mort per amor o mor per amor alude a una pasión llevada hasta el paroxismo, que conduce al trovador a la muerte, aunque es, al mismo tiempo, dispensadora de gozo y juventud (gautz y jovens). En todo caso, sin llegar a ese extremo, la idealización de la amada puede rozar los límites de lo increíble, como sucede con el enamoramiento de oídas, el célebre «amor lejano» ( amor de lonh) del trovador Jaufré Rudel. Un poeta arábigo–andaluz, Ibn Muqana, escribe: «Enfermedad y languidez: he ahí lo que constituye la religión de los enamorados». Más incisivo aún, Ibn Suhayd piensa que los sufrimientos del amor son más terribles que las ansias de la muerte: «He sido dolorosamente golpeado por el amor, hasta tal punto que si mi fin estuviera próximo no encontraría ningún dolor en gustar de la muerte».

El relato sobre Layla y Majnún del poeta persa, Nezami Ganyawi (siglo XII), es bien expresivo: La tribu de Majnún intercedió ante la tribu de Layla para que el loco enamorado pudiera iluminarse con la vista de su belleza. La tribu de Layla replicó que no había ningún mal en ello, pero que Majnún no podría resistir la visión. Entonces se llevaron al loco y levantaron en su honor el borde de la tienda de Layla: «Inmediatamente su mirada cayó sobre la orla de la falda de Layla, y perdió el sentido…»

La literatura galaico-portuguesa recoge, como un eco de la canción trovadoresca, el tópico de las penas de amor: «quien ama, está destinado a sufrir», «quien está atormentado por el amor no tiene dolor [compasión] de sí mismo», «el amor no agradecido es fuente de máxima infelicidad», «sólo con la muerte rematarán las penas de amor».

El amor de lonh, sea o no real, evoca los vagos enamoramientos de la adolescencia, tan luminosos como sombríos, ese engolfarse en la ensoñación de un amor imposible o desconocido que acecha en algún recodo de la vida.

Jaufré Rudel, «el poeta de la pura nostalgia»

No hay en toda la lírica provenzal un solo ejemplo de muerte real por amor, pero a través de ella se nos ha transmitido una historia extraordinariamente hermosa y conmovedora: la del trovador Jaufré Rudel, que alcanza casi esa suprema distinción de «los que mueren por amor». Merece la pena escucharla en su integridad, pues se trata de una de las más bellas leyendas de todos los tiempos, escrita con una sencillez casi «evangélica», como si hubiera sido extraída de un Evangeliario del Amor:

«Jaufré Rudel de Blau fue muy gentil hombre, príncipe de Blaia. Y se enamoró de la condesa de Trípoli, sin verla, por el bien que oyó decir de ella a los peregrinos que volvían de Antioquía. E hizo de ella muchos versos con buen son y pobres palabras. Y deseando verla se cruzó y se embarcó , y cayó enfermo en la nave y fue conducido a Trípoli, a un albergue, [dado] por muerto. Ello se hizo saber a la condesa, y fue a él, a su lecho, y lo tomó entre sus brazos. Y ella lo hizo enterrar con gran honor en la casa del Temple; y después, aquel mismo día, se hizo monja por el dolor que tuvo por la muerte de él».

Numerosos poetas se han sentido fascinados por esa leyenda romántica. Petrarca la evoca en dos versos (Trionfi, III): «Giaufré, ch’usò la vela e’l remo/ a cercar la sua morte» (Jaufré, que utilizó la vela, el remo/ para buscar su muerte). El poeta catalán Hug Bernart de Rocaberti evoca también a Rudel en su Comèdia de la gloria d’Amor , hacia 1460, y el romanticismo hará de ese trovador uno de sus ídolos: Uhland, Heine, Browning, Swinburne, Carducci y Rostand (La Princesse lointaine) se inspirarán en su legendaria biografía … Sabemos que Geoffroy o Jaufré Rudel (1130-1150) era señor de Blaya (en la orilla derecha del Garona, frente a Burdeos); que participó en la segunda cruzada y que murió persa domna, a los veinte años, en el sitio de Damasco (iniciado en 1149), siendo enterrado, por disposición de su amada, en la casa de la orden del Temple. Un año antes, Marcabrú le había dirigido «a ultramar» su canción Cortezamen vuelh comensar.

Jaufré Rudel encarna y consagra el amor de lonh o amour lointaino amors de terra lonhdana , misterioso y fatalista, sustentado sobre un sueño: una dama desconocida, pero célebre por su belleza y por sus cualidades morales (en el caso de Rudel, la condesa de Trípoli, celebrada por los peregrinos que volvían de Antioquía). Su verso llega hasta nosotros, transido de infinita nostalgia:

Je chante d’un amour de lonh.
(Canto un amor lejano).

Los trovadores de 1150 enseñaban que la dama del lonh era preferible a la dama propdana o próxima; la dama lejana otorgaba una amistad de corazón, que ennoblecía, mientras que la dama cercana, la que uno tenía al alcance de la mano, no podía más que envilecer:

«Es evidente que la “dama jamás vista” simbolizaba en el límite -¿fue, jamás, algo más que un símbolo?- la exigencia extrema de purificación que yace en el fondo de la erótica del Languedoc. […] El mito del amor “lejano”, tan característico de esa época [primera mitad del siglo XII], figura en Marcabrú, en Cercamón y en Bernart Martí. Jaufré Rudel no hace más que revestirlo de una poesía más sobrecogedora. […] Las cualidades corteses de la dama dependen tan poco de su cuerpo que Guilhem se enamora de Flamenca sin haberla visto jamás». 1

En la biografía del trovador Raimbaut d’Aurenga se dice que se enamoró de la condesa de Urgel, sin verla (senes veser), sólo por la fama de sus méritos. El amor de lonh, con su amargura penetrante, es, en definitiva, amor a una dama desconocida – que’ieu anc no vi – y de tierra lejana – de terra lonhdana -como canta Rudel: «Tengo una amiga pero no sé quién es, pues jamás a fe mía la vi… y mucho la amo… Ninguna alegría me place tanto como la posesión de este amor lejano.» «Es en el colmo del amor (verdadero) y de su “alegría” -comenta Rougemont- como Rudel se siente máximamente alejado del amor culpable y de su “angustia”. Llega más lejos en la liberación: la presencia física del objetoamado le será pronto indiferente». 2 En una penetrante semblanza, Martín de Riquer evoca la vaga luz de misterio que envuelve la lírica de Jaufré Rudel, «poeta de la nostalgia, que desmaterializa la realidad e insiste repetidamente en el motivo de la lejanía y de la dama amada y nunca vista con los ojos corporales».

El tema de la lejanía había sido ya evocado por el primer trovador, Guilhem de Peitieu (dice no conocerse porque fue «hechizado de noche sobre una alta montaña», y afirma que jamás vio a la mujer que ama, ni sabe dónde vive…), pero es en Rudel donde este tema alcanza su más honda expresión.

Gaston Paris toma los textos de Jaufré Rudel como imágenes o modos de hablar metafóricos; Carl Appel sostiene que la dama lejana y nunca vista por el poeta era la Virgen María; Yves Lefèvre y Grace Frank creen que la terra lonhdana es, directamente, Tierra Santa; Leo Spitzer ve un sentimiento de nostalgia de una lejanía purificadora; Diego Zori, el amor divino…, pero Moshé Lazar sostiene que el trovador canta a una dama hermosa y muy real, de la que desea la recompensa de gozarla y que vive en un país lejano, a la que probablemente nunca ha visto,pero cuyas cualidades ha oído alabar…; en cualquier caso, el tema dominante de Jaufré Rudel, el amor de lonh , hace de él -como ha escrito Salvatore Battaglia- «el primer poeta moderno de la pura nostalgia»: «Triste y feliz seré/ cuando vea a mi amor lejano», cantaba el trovador. La más bella de las canciones de Rudel -considerada como «la primera canción moderna de la pura nostalgia»- está transida de una suave melancolía:

Lanquan li jorn son lonc en may m’es belhs dous chans d’auzelhs de [lonh, e quan mi suy partitz de lay remembra’m d’un’amor de lonh; vau de talan embroncx e clis si que chans ni flos d’albespis no’m platz pus que l’yverns gelatz .

(Por mayo, cuando los días son largos, me agrada el dulce canto de los pájaros de lejos, y cuando me aparto de allí, me acuerdo de un amor lejano; voy de humor apesadumbrado y cabizbajo, de tal suerte que ni la poesía ni la flor del blancoespino me placen tanto como el invierno helado).

El tema del que se enamora «de oídas, que no de vista», o enamoramiento senes veser, como Montesinos en el romance de Rosaflorida, como Guilhem de Nivers se enamoró de Flamenca, es muy antiguo y puede rastrearse en todas las culturas; está en San Agustín y está en la epístola de Paris a Helena de las Heroidas de Ovidio. Y está en El collar de la paloma , de Ibn Hazm de Córdoba: «Otro de los más peregrinos orígenes de la pasión es que nazca el amor por la simple pintura del amado, sin haberlo visto jamás. Por este camino se puede llegar incluso a los últimos grados del amor; a que se crucen mensajes y cartas; a sufrir tristezas, desabrimientos e insomnios, y todo sin haber contemplado nunca a quien se ama…» Ibn Hazm justifica así esa pasión “absurda”:

Conoce alguien el paraíso
si no es porque le hablan de él? 3
Morir por la dama

La relación establecida entre el amor y el heroísmo encuentra su expresión límite en la «Muerte-por-amor», común al amor sufí y al amor provenzal, y presente en las leyendas populares, en la mitología guerrera y en el lenguaje místico.

En la tradición caballeresca, buscar el peligro «por amor de una dama», haciendo alarde de coraje y de temeridad, expresa el deseo de morir por ella. «El que ama -decían los místicos musulmanes- muere para sí, y si no es amado, es decir, si no vive en el ser amado, muere dos veces…»

En la literatura irlandesa, el amor es impuesto en cierta medida por la mujer al héroe, bajo la forma de una prueba peligrosa que, a veces, le cuesta la vida 4 . La ausencia de la persona amada provoca un lamento ensimismado: Guillermo, enamorado de Flamenca, se lamenta sobre la fuerza del amor y sueña en el subterráneo que le llevará hasta el baño donde podrá verla. Cuando la muerte pone en evidencia la traición o el abandono, el roman courtois busca testigos que transmitan la íntima lamentación: una doncella recoge las últimas palabras de la castellana de Vergi y cuando se las transmite al amante, éste, abrumado por el remordimiento, se quita la vida sobre el cuerpo de la amada … Cuando dama de Flayel escucha el último mensaje del amante muerto por una flecha envenenada y sabe que ella misma ha comido, gracias a un cruel ardid del esposo, el corazón de su amante, pierde el conocimiento y, cuando lo recobra, toda pálida, llama a la muerte, apretando los brazos contra el pecho, como queriendo arrancarle al cuerpo el último aliento de la vida… 5


Notas

 

  • 1. Nelli, René: L’érotique des troubadours, Bibliothèque Méridionale, Toulouse, Privat, 1963, y Trovadores y troveros. Libros legendarios de Oriente y de Occidente. José J. de Olañeta, Editor. Edición limitada de 2.000 ejemplares. Palma de Mallorca, 1982.
  • 2. Rougemont, Denis de: El amor y Occidente . Barcelona, Kairós, 1978; 3ª ed., 1984.
  • 3. Ibn hazm: El collar de la paloma. Tratado sobre el amor y los amantes . Traducido por Emilio García Gómez, con un prólogo de José Ortega y Gasset. Alianza Editorial, Madrid, 1981, 3ª edición .
  • 4. Marx, Jean: Les littératures celtiques, P.U.F., Paris, 1951.
  • 5. Citado en La vida privada . Tomo 2: De la Europa feudal al Renacimiento. Volumen dirigido por Georges Duby. Ed. Taurus, Madrid, 1988.

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Un pensamiento en “Los que mueren por amor”

  1. No se por qué salió una dirección en el mensaje anterior, mil disculpas. Te agradecería si lo borrás. Yo solo quería saber de quién era la frase inicial de este texto. Gracias, saludos

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