Siguiendo la ruta del pueblo asirio – Por Ricardo Georges Ibrahim

Mesopotamia o “Beth Nahrein”, como la llamaban los asirios y la siguen llamando quienes se reivindican sus descendientes, es efectivamente “el país entre dos ríos”.

Mesopotamia o “Beth Nahrein”
Mesopotamia o “Beth Nahrein”

Las fronteras artificiales creadas tras el desmembramiento del Estado Otomano, tratados de Lausana y Sykes Pikot mediante, dividieron esta región entre la República de Turquía, Siria e Irak. Lo que fue una región con características propias y las mismas poblaciones, a uno y otro lado de las fronteras, se vieron arrinconadas entre tres nacionalismos territoriales diferentes, además de bajo la presión de nacionalismos étnicos turco, árabe y kurdo.

El recorrido que acompañado por los lectores realizaré, sigue la línea sur de la República de Turquía, adentrándonos hacia la parte turca de Mesopotamia, desde la ciudad de Gaziantep (Aintab, para los árabes), provincia fronteriza a la misma ya que se encuentra al oeste del río Eufrates (Furat). La provincia de Gaziantep formó parte del vilayeto otomano en tiempos anteriores a la primera guerra mundial, y en ella encontramos numerosos asentamientos arqueológicos atribuidos a las culturas hititas y neohititas. La más deslumbrante es sin duda, la antigua ciudad neohitita de Karkemish, con sus imponentes esfinges talladas en la roca. Los neohititas fueron un pueblo indoeuropeo que, tras la caída de la capital hitita en el centro de Anatolia, Hatusha, fundaron pequeños reinos en esta región y el noroeste de Siria. Esta cultura adoptó la religión del vecino pueblo asirio, del que fueron vasallos, y en el último periodo llegaron a utilizar junto con su lengua, el arameo como lengua franca.

Una de las esfinges que guardaban la entrada a la ciudad de Karkemish, expuesta en el Museo de Civilizaciones Anatólicas de Ankara. ©Ricardo Georges Ibrahim
Una de las esfinges que guardaban la entrada a la ciudad de Karkemish, expuesta en el Museo de Civilizaciones Anatólicas de Ankara. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

Gaziantep (Aintab) también cuenta con otra maravilla, de época romana, que es la antigua ciudad palaciega de Zeugma, a orillas del Eufrates. Esta ciudad del siglo II ac, quedó anegada por embalses realizados en el río, como parte del proyecto GAP (Güneydogu Anadolu Projesi) pero se recuperaron y restauraron los maravillosos mosaicos y otros restos en el Museo del Mosaico de Gaziantep, inaugurado en 2011.

Vista de columnas y mosaicos rescatados de Zeugma, en el Museo del Mosaico de Gaziantep. ©Ricardo Georges Ibrahim
Vista de columnas y mosaicos rescatados de Zeugma, en el Museo del Mosaico de Gaziantep. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

URFA Y HARRAN: Entrando al país de los asirios.

Cruzando el Eufrates desde Gaziantep, se llega a la provincia de Urfa, la ciudad que, según la tradición, fundara el rey asirio Nimrud, y también donde se sitúa el nacimiento del profeta Abraham (Ibrahim). Cuenta la leyenda, que allí se disgustó el rey Nimbrud con Abraham porque éste estaba destruyendo los símbolos que consideraba paganos. Y que en lo alto de la fortaleza que domina la ciudad, encendió una pira e intentó quemar a Abraham. En ese momento intervino la divinidad, convirtiendo el fuego en agua y las brasas en peces. Sigue la historia diciendo que entonces el rey tiró a Abraham desde la fortaleza, pero que éste, también por intervención divina, cayó sobre un lecho de rosas, sin daño alguno.

Hoy, el paisaje de la parte más bella del casco antiguo de la ciudad, conmemora con su complejo de monumentos esta historia. En lo alto del acantilado, donde están los restos de una fortaleza, dos columnas marcan el sitio desde donde fuera arrojado Abraham, mientras que en la parte baja dos lagos uno pequeño, indicaría el lecho de rosas donde cayera Abraham, mientras que una serie de canales llenas de peces, recrean el fuego convertido en agua y las brasas en peces. Peces que la gente alimenta, y que nadie pesca, porque se los considera sagrados y se dice que quien pesque alguno, quedará ciego.

Urfa, columnas desde las que según la leyenda, el rey Nimrud arrojó al vacío a Abraham. ©Ricardo Georges Ibrahim
Urfa, columnas desde las que según la leyenda, el rey Nimrud arrojó al vacío a Abraham. ©Ricardo Georges Ibrahim

La ciudad de Urfa, cuyo nombre original en siríaco (el dialecto arameo que adoptaron los asirios en el s. VII ac) es Orhay, fue tomada luego por los hititas, y posteriormente por Alejandro Magno, quien la llamó, en honor a una villa de su Macedonia natal, Edessa.

Gölbasi. Conjunto de canales, arcadas y mezquitas, (y restos de campanarios de iglesias), donde la gente de Urfa pasea y alimenta a las carpas. ©Ricardo Georges Ibrahim
Gölbasi. Conjunto de canales, arcadas y mezquitas, (y restos de campanarios de iglesias), donde la gente de Urfa pasea y alimenta a las carpas. ©Ricardo Georges Ibrahim

Urfa es de suma importancia para el cristianismo de la región y especialmente para la Iglesia Siriaca Ortodoxa, por dos motivos. Fue aquí donde nace la escritura y el idioma siríaco moderno, que utilizan aún las comunidades sirianas/asirias, y donde la población asiria, helenizada, comienza a adoptar el cristianismo. Esto se debe a la mítica figura del rey Agbar, quien habría intercambiado correspondencia, según manuscritos apócrifos y documentos que consideran auténticos la iglesia siria, con el propio Jesús.

Escritura en variante de siríaco. ©Ricardo Georges Ibrahim
Escritura en variante de siríaco. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

 

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