¿Fué en verdad culpa de Eva?

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Adán y Eva – Franz von Stuck (1863-1928)

 

Las tres religiones están de acuerdo en un hecho: Tanto los hombres como las mujeres han sido creados por Dios, el Creador de todo el Universo. Sin embargo, la discrepancia comienza poco después de la creación del primer hombre, Adam, y de la primera mujer, Eva. La concepción judeocristiana de la creación de Adam y Eva está narrada con detalle en el Libro del Génesis (2:4 y 3:24).

Dios les prohibe a ambos que coman los frutos del Árbol Vedado. La serpiente induce a Eva a comerlos, y Eva, seguidamente, induce a Adam a comer con ella.

Cuando Dios inquiere a Adam por lo que ha hecho, éste echa toda la culpa a Eva:

“La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol y yo la he comido.”Por consiguiente, Dios dice a Eva:”Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti.”Él le dijo a Adam:”Puesto que obedeciste a tu mujer y comiste del Árbol… maldeciré a la tierra por tu causa; conseguirás el pan con gran esfuerzo todos los días de tu vida.

“La concepción islámica de la primera creación se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:”‘¡Oh Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis, pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos’. Pero Shaytán les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo: ‘Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a ese árbol sino por temor de que os convirtiérais en ángeles u os hiciérais inmortales’. Y les juró: ‘¡De verdad que os aconsejo bien!’. Les hizo, pues, caer dolorosamente. Y cuando hubieron gustado ambos del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Su Señor les llamó:‘¿No os había prohibido ese árbol y dicho que Shaytán era para vosotros un enemigo declarado?’. Dijeron: ‘¡Señor! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y Te apiadas de nosotros, seremos, ciertamente, de los que pierden’.”(Corán, 7-19,23)

Una mirada cuidadosa sobre los dos relatos de la historia de la Creación, revela algunas diferencias fundamentales. El Corán,contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido.En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol o que ella hubiese comido antes que él. En el Corán, Eva no es tentadora, seductora o engañadora.

Además, Eva no es castigada con sufrimientos durante el embarazo. Dios, de acuerdo con el Corán, no castiga a uno por las faltas de otro. Ambos, Adán y Eva, cometieron un pecado y entonces pidieron perdón a Dios y Él los perdonó a los dos.

El legado de Eva

La imagen bíblica de la Eva tentadora ha tenido un impacto extremadamente negativo sobre las mujeres en la tradición judeocristiana. Todas las mujeres creían haber heredado de su madre, la bíblica Eva, su culpa y su mentira. Consecuentemente, todas eran infieles, moralmente inferiores y malvadas. La menstruación, la concepción y el embarazo fueron considerados como justo castigo por el ancestral delito cometido por el maldito sexo femenino. Para poder apreciar en toda su dimensión la negativa influencia de la Eva bíblica sobre todas sus descendientes femeninas hemos de acudir a los textos de algunos de los más importantes pensadores judíos y cristianos de todas las épocas.

Comencemos por el Antiguo Testamento y miremos en los textos de la llamada Literatura Sapiencial, en donde encontramos:

“Encontré más amarga que la muerte a la mujer enredadora, cuyo corazón es una trampa y cuyas manos son cadenas. El hombre que agrada a Dios debe escapar de ella, pero el pecador en ella habrá de enredarse…mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil, más no encontré una sola mujer justa entre todas”. (Ecclesiastes 7:26-28).

En otro lugar de la Literatura Hebrea, que se encuentra en la Biblia Católica podemos leer:

“No hay maldad comparable a la maldad de la mujer…El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos nosotros habremos de morir.” (Ecclesiasticus 25:19,24).

Los rabinos judíos registraron nueve maldiciones inflingidas a las mujeres como consecuencia de la Caída:

“Él [Dios] concedió a las mujeres nueve maldiciones y la muerte: soportar la sangre de la menstruación y la sangre de la virginidad, la carga del embarazo, la carga del parto y la de criar a los hijos; su cabeza está cubierta como quien está de luto; horada sus orejas como una esclava o joven esclava que sirve a su señor; ella no es tenida nunca por inteligente; y después de todo, muere”. 1

Hasta el día de hoy, los judíos ortodoxos, en sus oraciones diarias matinales recitan:

“Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer”.

Las mujeres, por otra parte, agradecen a Dios cada mañana “por hacerme de acuerdo a Tu Voluntad” 2

Otra plegaria aparece en muchos libros de oraciones judíos:

“Alabado sea Dios que no me ha creado gentil. Alabado sea Dios que no me ha creado mujer. Alabado sea Dios que no me ha hecho ignorante.” 3

Eva había pecado, induciendo después a Adán a seguir su conducta. Por consiguiente, Dios los expulsó a ambos del Cielo a la Tierra, que habría sido maldita por su causa. Ellos legaron su pecado, que no había sido perdonado por Dios, a todos sus descendientes y, por eso, todos los humanos nacen en pecado. Para purificar a los seres humanos de su ‘pecado original’, Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado ‘el Hijo de Dios’.

Por consiguiente, Eva es responsable de su propio error, del pecado de su marido, del pecado original de toda la humanidad, y de la muerte del ‘Hijo de Dios’.

En otras palabras, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como ella y tienen que ser tratadas como tales.

Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento:

“La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora”. (I Timoteo 2:11-14).

San Tertuliano es aún más grosero que San Pablo cuando, hablando a sus ‘hermanas más queridas’ en la fe, dijo: 4

“¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadísteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle.Vosotras destruísteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo de Dios.”

San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo:

“Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer…… Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos.”

Siglos después, Santo Tomás de Aquino todavía consideraba a las mujeres como seres defectuosos:

“Respecto a la naturaleza individual, la mujer es incompleta y mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el sexo masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o incluso de una cierta influencia externa.”

Finalmente, el famoso reformador Martin Lutero no podía ver beneficio alguno en la mujer salvo en el hecho de traer al mundo tantos niños como le sea posible, sin tener en cuenta cualquier otro aspecto:

“Si se cansan o incluso se mueren, eso no tiene importancia. Dejémoslas morir en el parto, que es para lo que ellas están allí”.

Una y otra vez las mujeres son denigradas a causa de la imagen de la Eva tentadora, gracias al relato del Génesis.

Para resumir, la concepción judeocristiana de la mujer ha sido contaminada por la creencia en la naturaleza pecadora de Eva y de su descendencia femenina.

Si prestamos ahora atención a lo que el Corán nos dice sobre las mujeres, comprenderemos pronto que la concepción islámica de la mujer es bastante diferente de la Judeocristiana. Dejemos que el Corán hable por sí mismo:

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La bicicleta verde, un relato sobre ser mujer en Medio Oriente

Muestra 'La bicicleta verde' un conmovedor retrato de lo que significa ser mujer en Medio Oriente.
Muestra ‘La bicicleta verde’ un conmovedor retrato de lo que significa ser mujer en Medio Oriente.

 

En Arabia Saudita se considera que las mujeres “buenas” y que cuidan su honor no deben andar en bicicleta, sin embargo, para Wadjda, una chica de 10 años que vive en los suburbios de Riad, es un deseo que se puede cumplir.

Esto es lo que sucede en La bicicleta verde, primera película rodada por una mujer en el país islámico y que formará parte de la programación de uno de los eventos fílmicos de mayor tradición: el  33 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, a realizarse del 11 de abril al 4 de mayo.

La cinta destaca por mostrar a través de una historia entrañable y conmovedora, la segregación que sufren las mujeres y las limitaciones impuestas en esta región árabe.

Sin caer en el melodrama, el espectador se adentra a la cultura, tradiciones y aspectos de la religión islámica por medio de Wadjda, una niña curiosa e inteligente, que en su paso a la adolescencia, cuestiona prohibiciones que le impiden convivir con los niños, descubrirse la cabeza o hasta utilizar unos tenis Converse.

Luego de un altercado con Abdullah, un vecino con el que no debería jugar, Wadjda ansía comprar una bicicleta verde para competir en una carrera con su amigo, pero adquirirla no será fácil en medio de una sociedad que ve a las bicicletas como un peligro para la dignidad femenina.

Su sueño podría ser frustrado tanto por los hombres, pero también por las mujeres que la rodean comenzando por su madre y la directora de su escuela quienes, poco a poco, comienzan a sentirse identificadas con ella.

Para la directora de la producción, Haifaa Al Mansour, la situación de las mujeres ha sido difícil en un ambiente tan conservador, es por eso que decidió filmar La bicicleta verde no en un tono de queja o lamento, sino como un grito de esperanza y lucha.

“Vengo de un pequeño pueblo de Arabia Saudí en el que hay muchas niñas y mujeres como Wadjda, llenas de grandes sueños y con un enorme potencial. Las niñas como ella están redefiniendo y cambiando el rumbo de nuestra nación”.

Al Mansour ha declarado que el rodaje no fue sencillo, ya que aunque se contaba con el permiso oficial para filmar, en la práctica, las mujeres no pueden trabajar con los hombres ni transitar libremente por la calle, lo que convierte a la cinta en un testimonio valioso, honesto, pero sobre todo, valiente.

Hasta el momento, la película ha recibido diversos reconocimientos como el premio CinemAvvenire a mejor película, premio CICAE y premio Interfilm en la Muestra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia, Italia y el Premio Muhr Arab a mejor película y mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Dubái, Emiratos Árabes Unidos.

La bicicleta verde se exhibirá del 18 al 22 de abril en diversos horarios en la sala 1 Jorge Stahl de la Cineteca Nacional ubicada en Avenida México Coyoacán #369, Col. Xoco. Para consultar la programación completa del 33 Foro Internacional de la Cineteca Nacional.

Con información de Conaculta

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El Talmud y la mujer menstruante

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El Talmud considera a la mujer menstruante como “fatal” incluso sin que se produzca ningún contacto físico:

“Nuestros Rabinos enseñaron:…. si una mujer menstruante pasa entre dos [hombres], si es al principio de sus menstruos, ella matará a uno de ellos, y si está al final de sus menstruos causará disputa entre ellos.” (bPes. 111a.)

Además, al marido de una mujer menstruante le estaba prohibida la entrada en la sinagoga si se había contaminado por causa de ella, incluso por tocar el polvo que habían pisado sus pies. Un sacerdote cuya esposa, hija, o madre estaban menstruando, no podía recitar la bendición sacerdotal en la sinagoga.

No sorprende el hecho de que muchas mujeres judías todavía se refieran a la menstruación como a “la maldición.” 

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