La mano de Fátima y sus muchos significados

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La obra abarca desde la sublevación de las Alpujarras (1568) hasta la expulsión de los moriscos de España (1609). Su protagonista, Hernando Ruiz, es un joven morisco –como se les llamaba a los musulmanes que habitaban en España, desde el siglo VIII al XV– de hermosos ojos azules, que se entera, a los 14 años, de que su nacimiento es el fruto de un estupro. Su madre, la morisca Aisha, fue violada en su juventud por un sacerdote católico. Más tarde, es entregada en matrimonio a un musulmán que no la ama (de hecho solo se casa con ella por la dote, que consistía en dos mulas) y mucho menos quiere al pequeño Hernando, a quien los musulmanes llaman “el Nazareno”, en alusión a su padre biológico.

Nótese que la situación de los musulmanes que habían quedado en la Granada de la época –protegidos por las condiciones de la capitulación y la política apaciguadora del confesor real y primer obispo de la ciudad, Fray Hernando de Talavera–, se vio alterada por la presión ejercida por el nuevo confesor, el cardenal Cisneros. Este “impuso la cristianización forzosa de los moriscos, así como la eliminación de su cultura, el establecimiento de nuevos y gravosos impuestos y la supresión de su autonomía administrativa”, como apunta el autor en su nota aclaratoria, a modo de epílogo.

De manera que, dentro de estas condiciones tan adversas para los moriscos, Hernando se debate entre dos religiones: la cristiana –que aprende en la Iglesia Católica– y la musulmana –cuyas enseñanzas recibe, a escondidas, de Hamid, un anciano musulmán. “¿Qué era él? Andrés (el sacristán) se había volcado en su instrucción más que en los otros muchachos del pueblo. El sacristán lo había tratado mejor que su padrastro. ‘Sabe hablar árabe y castellano, leer, escribir y contar’, sostenían interesadamente por su parte los moriscos. Y, sin embargo, Hamid también le había tomado bajo su custodia, y ya fuera en los campos o en su choza le enseñaba con tesón las oraciones y la doctrina musulmana, la fe de su pueblo”. Esta disyuntiva se le presenta a Hernando en un momento en que su vida depende de su respuesta: la sublevación de las Alpujarras ya ha comenzado y su madre tendrá que salir en busca de Hamid para que este demuestre la “verdadera” fe de Hernando.

Al igual que en su novela anterior, La catedral del mar, el protagonista pugna por sobrevivir –y triunfar en todo lo que se propone: tanto en su vida personal, como en la profesional– en un medio muy desfavorable, dada su doble condición.

Un evidente propósito del autor es lograr un acercamiento entre ambas religiones, la cristiana y la musulmana, algo que intentaron en aquella época algunos musulmanes. Es bueno aclarar que la mano de Fátima (también conocida como al-hamsa) es “un amuleto en forma de mano con cinco dedos, que, al decir de algunas teorías, representan los cinco pilares de la fe: la declaración de fe ( shahada) ; la oración cinco veces al día ( salat); la limosna legal ( zakat); el ayuno (ramadán) y la peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida ( hach)” . Debo anotar que este amuleto también aparece en la tradición judía. Coincide además con que es una de las joyas que les prohibieron labrar a los plateros moriscos. Fátima es quizás el único nombre común a las dos religiones: la Virgen de Fátima y Fátima como la hija de Muhammad (BDP).

Por Elena Martí
Fuente: El Nuevo Herald

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