Expertos en el engaño – Por Leonardo García Tsao

Ben Affleck debe ser un tipo muy popular en Hollywood. Ya su anterior esfuerzo como realizador, Atracción peligrosa (2010) fue sobrevalorada en demasía. Y ahora su tercer largometraje, Argo, ha sido objeto de hiperbólicos elogios de la crítica estadunidense. Lo cual es comprensible, en parte, porque la película apela a ese espíritu triunfalista tan caro al american way of life.

Argo está basado en un hecho real ocurrido en la crisis entre Irán y Estados Unidos que se inicia a finales de 1979, cuando una muchedumbre toma por asalto la embajada estadunidense en Teherán y captura como rehenes a sus ocupantes. En una acción poco conocida, pues el reporte de la CIA fue recién desclasificado y hecho público, media docena de empleados logra ponerse a salvo y refugiarse en la embajada canadiense. Al agente de la CIA Tony Méndez (Affleck, en pleno ejercicio de su narcisismo) se le ocurre una idea descabellada: inventar una falsa producción cinematográfica que use como pretexto la búsqueda de locaciones en Irán y extraer a los seis cautivos, disfrazados de integrantes canadienses del equipo de producción.

La única parte ocurrente de Argo es cuando Méndez acude al maquillista John Chambers (un divertido John Goodman) para dar al engaño las bases más realistas posibles, con la ayuda del cínico productor (Alan Arkin en buena forma cómica) que quizá se ha involucrado con demasiados churros en su carrera. En esas secuencias se adopta una aguda postura satírica para revelar qué tan delirante y falaz puede ser el proceso de armar una producción hollywoodense (el título del proyecto, Argo, deriva de un chiste malo cuyo remate en inglés es “Arr…go fuck yourself”).

Una vez aprobado el plan por los directivos de la CIA, convencidos de que se trata del plan menos malo entre los urdidos para el rescate, la película deja el lado satírico para desarrollarse como un convencional thriller. Por supuesto, las autoridades iraníes ceden ante ese gran alcahuete, el cine, y aceptan esa supuesta búsqueda de locaciones en su país. Méndez será quien conduzca la misión, entrenando a los seis empleados a parecer cineastas canadienses.

Una vez ausentes los personajes de Goodman y Arkin, Argo procede a convertir en héroes a una serie de personalidades anodinas. No se hace esfuerzo alguno por dotar de rasgos distintivos a los empleados; todos se asemejan en su timidez y espíritu pusilánime. Y es que la acción se centra claro, en Méndez, a quien el tieso de Affleck interpreta con una impostura cool que deviene más bien en pedantería.

En su responsabilidad de director su trabajo tampoco es sobresaliente. Los mecanismos del suspenso son aplicados de manera poco imaginativa, como si se hubiera tomado un curso básico de Hitchcock. El éxito de la misión radica en que los tontos y rabiosos iraníes siempre están un paso atrás de los héroes gringos y se dan cuenta demasiado tarde del engaño (no lo suficiente para evitar una improbable persecución final que, seguro, no ocurrió en la realidad).

Si hay algo verosímil en Argo es la recreación de la época setentera, ya sea en los decorados, la vestimenta y peinados de los personajes, como en el tono de la fotografía. El trabajo del mexicano Rodrigo Prieto es, en ese sentido, todo un acierto. (Gran ironía: los thrillers de los 70 que la película pretende emular por lo general presentaban a la CIA como organización tenebrosa, autora de las más siniestras conspiraciones.)

El estreno de Argo en su país coincidió con la reciente crisis de la embajada estadunidense en Libia, donde el embajador fue asesinado. O sea, pocas cosas han cambiado. Y la recuperación villanesca de los iraníes en este ordinario thriller sirve básicamente para manifestar, de nuevo, la recurrente animadversión contra un país que bien podría ser el escenario de un próximo conflicto bélico.

 Argo

D: Ben Affleck/ G: Chris Terrio, basado en el artículo periodístico de Joshua Bearman/ F. en C: Rodrigo Prieto/ M: Alexandre Desplat/ Ed: William Goldenberg/ Con: Ben Affleck, Bryan Cranston, John Goodman, Alan Arkin, Victor Garber/ P: GK Films, Smoke House, Warner Bros. Pictures. EU, 2012.

Fuente : La Jornada

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Arquitectura Islámica – Mezquita Al-Haram – Meca – Arabia Saudita

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Al Masjid al Haram
, conocida como la Mezquita al Haram o simplemente Haram, es una de  las mezquitas más importantes del Islam y está ubicada en la ciudad de Meca, en Arabia Saudita. Se le ubica entre  los templos más hermosos del mundo y tiene una construcción exquisita. El complejo de esta mezquita cubre un área de más de cuatro millones de metros cuadrados y en ella caben alrededor de 820.000 personas durante la peregrinación anual , que es uno de los cinco pilares del Islam.

 

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Este lugar fue construido en el siglo VII y durante todos este tiempo ha sido modificado, reconstruido y expandido para estar a la altura de la cantidad de visitantes que llegan hasta allí. La actual mezquita data de 1570. Tiene la forma de un cuadrado central rodeado por muros de piedra. Alrededor del santuario interior existe un pavimento de mármol, el mataf. En el centro del patio central se encuentra la Ka’aba, el templo más sagrado del Islam.

 

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Por Al Muru Andalucí

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