Contigo pan y cebolla

cebollas
“En la cuna del hambre / mi niño estaba.
Con sangre de cebolla /se amamantaba.
Pero tu sangre, /escarchada de azúcar
cebolla y hambre …”

Esta respuesta anonadada,  del profundo poema “Nanas de la cebolla” de Miguel Hernández,  se origina cuando el poeta es capturado y posteriormente encarcelado por participar  en el bando republicano en la sexta división. Miguel escribe a su mujer desde prisión “el olor a cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que te consueles, te mando estas coplillas que le he hecho”.

“La cebolla es escarcha /cerrada y pobre:
escarcha de tus días / y de mis noches … “

Miguel aún estando tan lejos, siente el olor a cebolla, siente el dolor, y el hambre ; la oscuridad, la desesperación …

” Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda … “

Como bien dice Mahmud Sobh “Toda la poesía de Miguel Hernández es maravillosa y muy emotiva. Pero considero que una de las más impresionantes son las “Nanas de la cebolla”. Me comentan que gran parte de los presos en las cárceles de Palestina conocen las “Nanas de la cebolla”. José Manuel Ocaña, el escritor cordobés que más estudió la escritura cúbica, me dijo un día en Córdoba: “¿Sabe de dónde procede la palabra nana?. Pues nana significa hierbabuena”. Y me cantó una canción árabe que termina al final con la palabra nana, que quiere decir hierbabuena. Puede ser verdad o no. Yo le creí. Por otra parte, la cebolla es muy importante en la gastronomía del sur y levante español. Para conocer a las personas hay que conocerlas por lo que comen. De verdad, “nana de cebolla” es muy arábigo”.

Dice Pablo Neruda :

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

La Historia Antigua registra que fueron los caldeos en Babilonia quienes descubrieron los poderes de la planta de cebolla. Además de utilizarla para las enfermedades del aparato digestivo, le otorgaban poderes sagrados y la veneraban en sus ritos religiosos.

El culto a la cebolla llegó hasta Egipto, donde fue muy popular durante la  Dinastía I de faraones  y se utilizó entera para curar varias enfermedades. Eran muy valoradas que incluso algunos expertos establecen hipótesis en las que se ofrece la cebolla como uno de los alimentos principales en la dieta de los trabajadores de las pirámides, junto con ajos y puerros; utilizándose también durante los sacrificios y funerales a modo de ofrenda.

Los años la fueron llevando a otras grandes civilizaciones, hasta que griegos y romanos la conocieron y en un principio la utilizaron para alimentar a sus tropas de combate en la creencia de que otorgaba fuerza en las batallas cuerpo a cuerpo. Más adelante comenzaron a emplear su zumo para el tratamiento de la hidropesía, la depuración de la sangre y los trastornos digestivos. A pesar de que la Asociación Nacional de la Cebolla (de Estados Unidos) asegura que la planta fue sembrada primero en Irán y Pakistán, otros estudios aseguran que se originó en Asia Central, y muchos historiadores que tratan sobre alimentos sitúan los primeros cultivos a orillas del Mediterráneo, unos 5.000 años atrás.

“Pero como varios cientos de primos de la cebolla crecen silvestres en las regiones templadas del mundo -sostuvo en su investigación Richard Straub, del departamento de Entomología de la Universidad de Cornell- es muy probable que se las haya comido durante decenas de miles de años. Porque además de su sabor y sus propiedades nutritivas, a esta hortaliza se le han atribuido muchos poderes curativos a través de los siglos”.

Neruda en Oda a la cebolla nos dice “… la tierra así te hizo, cebolla, / clara como un planeta, / y destinada a relucir, / constelación constante, / redonda rosa de agua … “

 Dos Cuentos

Corazón de cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.

De pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado…  los colores eran jaspeados, nacarados, centelleantes, como la luz de una sonrisa o el brillo de un  mirada.

Después de arduas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Ésta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella un lapislázuli, la de allá una esmeralda … ¡Una verdadera maravilla!

Pero, por una incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa  con capas y más capas, cada vez más gruesas , para disimular cómo eran por dentro.

Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:

– “¿Por qué no muestras cómo eres por dentro?”

Y ellas le iban respondiendo:

– “Me obligaron a ser así… me fueron poniendo capas… incluso yo me puse algunas para que no me dijeran nada”.

Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensaron que llorar ante las cebollas era propio de personas con sabiduría.

Se cuenta que la gente en el mundo sigue llorando cuando una cebolla  abre su corazón.

La cebolla y el Mullah

Había un sabio romano de visita en la corte de Babilonia y el Rey árabe pidió al Mullah  que se preparase para una batalla de ingenio con el romano. El día de la prueba, el Mullah se apareció en la corte con su burro cargado de libros con títulos  que sonaban impresionantes.

El Mullah abrumó al erudito romano con su gran ingenio e inteligencia, quien, no obstante decidió poner a prueba sus conocimientos teóricos.

El sabio romano levantó un dedo. El Mullah respondió con dos dedos.

El romano levantó tres dedos, el Mullah respondió con cuatro. El erudito mostró toda su palma, el Mullah levantó el puño … el primero sacó un huevo a lo que el Mullah respondió con una cebolla de su bolsillo. El romano preguntó:

-¿Qué evidencias tienes?

El Mullah respondió con los títulos de sus libros. Cuando el romano balbuceó que nunca había oído tales títulos, el Mullah respondió:

-Pues claro que no los has oído. Mira y verás cientos de libros que nunca has leído. -El romano quedó muy impresionado y concedió que había sido derrotado. Nadie había entendido nada.

Más tarde, cuando sirvieron los refrescos, el Rey árabe le preguntó al sabio romano cuál era el significado de todo lo que había pasado.

-Es un hombre brillante, este Mullah – dijo el romano. -Cuando le levanté un dedo, significando que no hay más que un Dios, él levantó dos para decir que ÉL creó el cielo y la tierra. Yo levanté tres dedos significando el ciclo de la concepción la vida y la muerte, a lo que el Mullah respondió mostrando cuatro dedos, indicando que el cuerpo está compuesto de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego.

-¿Y lo del huevo y la cebolla? – inquirió el Rey.

-El huevo era símbolo de la tierra (la yema) rodeada por los cielos (la clara). El Mullah sacó una cebolla, indicando las capas de los cielos alrededor de la tierra. Cuando le pedí que apoyara su información de que hay un mismo número de capas en los cielos que en la piel de la cebolla, la apoyó con todos esos sabios libros sobre los que , desgraciado de mí, lo ignoro todo. Tu Mullah es un hombre muy sabio, ciertamente.

El romano abatido, partió.

A continuación, el Rey árabe preguntó al Mullah sobre el debate. El Mullah respondió:

-Fue muy fácil, Majestad. Cuando levantó un dedo desafiándome, yo levanté dos, significando que le sacaría ambos ojos. Cuando levantó tres dedos, con el significado, estoy seguro, de que me daría tres patadas, le respondí amenazándolo con cuatro patadas. Su palma entera, naturalmente, significaba una bofeteada en la cara, a lo que respondí con el puño apretado.

Viendo que iba en serio, empezó a mostrarse amistoso y me ofreció un huevo, así que yo le ofrecí una cebolla.

Comenta el eminente orientalista Joseph Charles Mardrus “… El árabe, ante una música compuesta de notas de cañas y flautas, ante un lamento de kanoun, un canto de muezzin o de almea, un cuento subido de color, un poema de aliteraciones en cascadas, un perfume sutil de jazmín, una danza de flor movida por la brisa, un vuelo de pájaro o la desnudez de ámbar y perla de una abultada cortesana de formas ondulosas y ojos de estrella, responde en sordina o a toda voz con un ¡ah ¡ah! … largo, sabiamente modulado, extático, arquitectónico .

Y ésto se debe a que el árabe no es más que un instintivo; pero afinado, exquisito. Ama la línea pura y la adivina con su imaginación cuando es irreal.

Pero es parco en palabras y sueña … sueña …”.

 Para R.S.G.

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