El cine de Leonardo Favio en relación con sus raíces árabes

 

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Convencida de que la poética del realizador se vincula con las culturas orientales, Amira Juri prepara una tesis doctoral sobre el autor de “Nazareno Cruz y el lobo”.

Amira Juri es docente de filosofía en la UNT y una enamorada de la cultura sirio-libanesa. Investigó sobre la poesía de ese origen y también escribe poemas, que publicó en dos libros “Al-Andaluz” (2001) y “Arbol de viajes” (2008). Sostiene que el idioma árabe, en el habla cotidiana, es sumamente poético. Amira es descendiente de inmigrantes sirio-libaneses. Su abuelo Asad Juri fue un comerciante muy humilde que logró progresar con mucho esfuerzo. Su padre, Amir Juri, fue un odontólogo reconocido en nuestro medio.

Aunque nació en Chilecito (La Rioja) en 1969, se define como tucumana, sin renunciar al legado cultural de Oriente, que le viene del origen libanés de su padre. Se graduó en Filosofía en la UNT, donde es profesora de Estética y de Pensamiento Filosófico. Entre 1997 y 1999 fue becada por la Embajada de España para estudiar en la Universidad de Granada el arte hispano-árabe.

“Poéticas de artistas argentinos de origen árabe” es el título de la tesis doctoral que prepara Amira Juri, centrando su atención en el cine de Leonardo Favio y la pintura de Daniela Jozami, él es descendiente de sirios y ella hija de libaneses. Además, el verdadero apellido del cineasta es Jury. También le atrae a la investigadora el hecho de que nació el mismo año que su padre. Y aunque no pudo entrevistar personalmente a Favio, sí mantuvo entrevistas con su hermano, Suhair Jury (realizador de “El piano mudo”, una película sobre Miguel Angel Estrella).

En el cine de Favio hay un fuerte sentimiento peronista.

Sí. Leonardo Favio es hijo de un inmigrante sirio que se radicó en Luján de Cuyo. Toda la mitología de la cultura árabe se advierte a través de la sensibilidad que tiene para con la cultura popular argentina. No sólo por su condición de peronista. El dice, sobre la dimensión política de su cine, que nadie puede vivir o morir por Yrigoyen, pero sí se puede vivir o morir por Perón. Eso genera un sentimiento que aparece en su cine. En todas sus películas está. Es uno de los primeros cineastas argentinos que se detiene en las clases obreras, en las clases históricamente marginadas de la Argentina. En una entrevista que le hace Feinmann le pregunta por qué es peronista. Y dice: “porque yo en Luján de Cuyo no tenía qué comer, casi. Y venía en Navidad un camión trayendo pan dulce, en un camión que decía Fundación Eva Perón”. O sea que hay en él la vivencia de haber pertenecido a estas clases marginales.

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¿Cómo es estéticamente el cine de Favio?

Es un cine que se hace eco de la cultura popular y de la religiosidad popular. Se atreve a filmar la vida de Gatica, mitos como el del lobizón en “Nazareno Cruz y el lobo”, con Alfredo Alcón que hace de diablo. Un diablo que para la época es contemporáneo y que le dice al lobizón: “dígale a Dios que estoy cansado de ser diablo”. Filma Juan Moreira, con Rodolfo Bebán.

En su primera película, “Crónica de un niño solo”, tiene influencia del cine de Truffaut en “Los 400 golpes”. Es un cine social, sin llegar a ser como el de Fernando Birri (“Tire dié”), que filmó en las barriadas pobres de Santa Fe a los niños que mendigaban diez centavos al paso del tren. Después, en la facultad di una optativa sobre el cine de Gerardo Vallejo (“El camino hacia la muerte del viejo Reales”), donde veíamos la distinción entre el cine de izquierda peronista (como el de Fernando Pino Solanas y el de Gerardo Vallejo) y el de izquierda antiperonista, como el de Raymundo Gleyzer, que hace ese documental de investigación periodística “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”, donde muestra que los sindicatos peronistas se corrompen y los obreros trabajan en condiciones de insalubridad total. En medio de este cine social de los 70, el cine de Favio es distinto. No entra en un grupo ni en el otro. Opta por lo que él ve en la cultura popular. Se sensibiliza con ella. Además él era un cantante popular, en contacto con la gente común.

¿Cómo se manifiesta lo árabe en la obra de Favio?

El es hijo de un sirio, que lo tiene al padre totalmente repudiado, por eso toma el apellido de su madre. No tiene buenos recuerdos de su padre. Vivió en orfelinatos, donde se orinaba en la cama y le decían “zorrino”. También dice que el cine lo salvó de la delincuencia. Yo lo que quiero mostrar en mi tesis es que hay una consonancia con la cultura árabe entendida como una sensibilidad hacia lo popular, que otorga la filmación nerviosa que él tiene. Prácticamente cámara en mano. Y combina cosas disímiles. En “Soñar, soñar” junta a Carlos Monzón con Gianfranco Pagliaro. En “Nazareno Cruz” combina música clásica, las óperas de Verdi, con música muy popular. Lo que hace es filmar sectores sociales que no estaban filmados todavía por el cine nacional. Hay poesía, y en ese punto también se advierte su origen árabe.

Quién es el polifacético realizador de “Aniceto”

Su biografía nos relata que Fuad Jorge Jury, su nombre real, nació en Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina, en 1938, conoció la pobreza extrema, robó y estuvo internado en varios institutos de menores, de los cuales al final se escapaba o lo echaban. Su padre de origen sirio que para batallar la pobreza terminó dedicándose a negocios no muy lícitos, abandonando el hogar cuando Favio era muy chico y murió joven. La ausencia de su padre desestabilizó y marcó mucho la infancia de Favio “de mi papá no me acuerdo mucho… creo que me dio tres besos en su vida. Llegó de tierras lejanas a reunirse con su hermano mayor cuando él tenía diecisiete o dieciocho años. Papá es en mí una figura frágil que he construido a través de versiones y de la foto que conservo de cuando se casó: un muchacho realmente hermoso.” comentó en una oportunidad.

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Favio creció prácticamente en la calle, pasó algunos años en un reformatorio para adolescentes, del cual se fugó para volver a Luján de Cuyo a vivir con su hermano mayor. Algunos pequeños hurtos lo llevaron a la cárcel de menores, luego se enroló en la Marina, donde duró poco simplemente partió con el uniforme puesto, con el cual pedía limosna en la estación de trenes de Retiro y al cabo de un año retornó a Mendoza, donde su madre (que era escritora de radioteatros) le consiguió algunos trabajitos para escribir libretos radiales.

Más tarde de regreso a Buenos Aires, consiguió trabajó en una radio y luego comenzó su carrera como actor, bajo el padrinazgo de Leopoldo Torre Nilsson, quien lo tomó bajo su protección y lo incluyó en varias de sus películas. Se convirtió en el actor joven con mayor demanda. Luego se iniciaría como director lanzando su primer largometraje en 1965 – Crónica de un niño solo. Y más tarde llegarían Romance del Aniceto y la Francisca (1967) y El dependiente (1968), éxitos de crítica que le valieron varios premios internacionales.

“Crónica de un niño sólo” es considerada como la mejor película argentina” de acuerdo a una encuesta realizada por el Museo Nacional de Cine en 2000 – y “El romance del Aniceto y la Francisca” de 1996 considerada en 1997 como la Mejor Película y Mejor Director, de acuerdo a una encuesta a 100 personalidades del ambiente cinematográfico sobre el cine argentino de todos los tiempos realizada por la Revista Tres Puntos. Favio llegó a la canción después de haber dirigido tres películas que lo posicionaban como “director de culto” dentro de la llamada “generación de los 60” de la cinematografía argentina.

En una reciente entrevista, Favio no dudó en confesar que al lugar fundamental de su vida que ocupan Juan Domingo Perón y Eva Perón, desde 2003 sumó a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández.

Por otra parte, dedicó elogios a Paula de Luque, autora del filme “Juan y Eva”, que ella le dedicó, y que lo impresionó por la forma de tocar esa historia. “¡Qué sentido de la estética tiene esa película! ¿Será porque viene de la danza? Yo no podría haber hecho una película así porque es muy difícil hablar de seres tan vivos y de la intimidad más íntima, escenas de amor. Es toda ficción, sin embargo ella lo hizo y su visión tiene una muy cuidada estética -comentó el realizador-. Cuando hice el documental sobre Perón (“Sinfonía del sentimiento”) sabía que tenía que ser didáctico y ameno, y me gustó la idea de enriquecer lo estrictamente documental con música y dibujos, pero era un documental. No podría hacer una ficción acerca de Perón”

Fuente : Primera Fuente

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