Cultura declara BIC la Ermita de Serena de Bédar


La Consejería de Cultura publica en el BOJA de este martes, 6 de marzo, la Orden por la que se resuelve inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como bien de catalogación general, la Ermita de Serena, en el término municipal de Bédar (Almería).

La Ermita de Serena, edificio originariamente construido para albergar una mezquita, presenta una inusitada dimensión espacial para su tipología, y fue adaptado al culto cristiano como ermita tras la conquista cristiana de Bédar, manteniendo dicho uso religioso hasta la construcción, a fines del siglo XVII, de la iglesia parroquial de la localidad. Posteriormente, el edificio albergó una almazara, careciendo actualmente de uso debido a su mal estado de conservación, aunque permanece en la memoria colectiva de la población como un lugar de interés, con abundantes significados, y apreciado hito identificativo del territorio y de la ordenación urbano-espacial. Constituye un importante testigo documental del devenir histórico del municipio y de su identidad, así como una muestra paradigmática de la arquitectura vernácula adaptada al medio.

La antigua mezquita y posterior Ermita de Serena, situada en una pedanía de Bédar en plena falda de la sierra de Los Filabres, es testigo relevante de los turbulentos acontecimientos producidos tras la conquista entre la población cristiana y morisca.

A partir de finales del siglo XVII y hasta mediados del siglo XX la ermita se adaptó para reconvertirse en almazara, pudiéndose apreciar actualmente elementos constructivos y maquinaria que revelan sus distintos usos históricos.

El edificio integra valores de arquitectura vernácula popular con otros de carácter artístico, así como elementos que ponen de manifiesto su evolución y adaptación de espacio religioso a molino de aceite o almazara.

La construcción en mampostería y ladrillo le proporciona un aspecto de solidez considerable, pues los alzados carecen de revestimiento. El edificio presenta una fachada principal que claramente desvela su morfología de ermita, con una entrada dispuesta con un arco de medio punto y alfiz de ladrillo. Los macizos predominan y son mínimos los huecos o vanos, especialmente en el exterior, hallándose uno solo en la fachada izquierda.

La planta es rectangular, de una sola nave con tres tramos diferenciados por dos arcos de medio punto con aberturas en sendos lados, que dan paso a la parte posterior del inmueble, también rectangular y más pequeña, donde se instalaron los trojes o atroces (como los denomina la población local) para el almacenamiento de la aceituna. En lo que fue el altar, se encuentran las tres muelas cónicas del rulo del molino de sangre, descansando sobre la solera. Los restos de la cubierta son de teja árabe, apreciable únicamente en los extremos de la estancia central y en parte de las laterales, que presentan una cubrición posterior y a una cota inferior. El cese de la actividad productiva y cierre del edificio supondrá un acusado deterioro del mismo.

Delimitación del Bien.

La delimitación del Bien comprende la integridad del inmueble, el edificio completo, ya que se ha mantenido en la unidad del mismo como antigua ermita y posterior almazara. El bien queda delimitado mediante un área poligonal, siendo sus lados los límites de la misma y teniendo como vértices las coordenadas UTM que constan en el expediente de protección. La parcela completa afectada es la 05 de la manzana 99501.

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La Feria del Libro de Riad, un oasis amenazado por la censura saudí


La Feria Internacional del Libro de Riad, considerada una vía de escape para los amantes de la literatura en un país de costumbres estrictas como Arabia Saudí, abre hoy sus puertas bajo la amenaza de censura por cuestiones religiosas.

El grupo ultraconservador de “Al Muhtasabin” (“supervisores” en árabe) ya ha puesto el grito en el cielo ante la posible presencia de libros escritos por “herejes” en la cita de este año, que concluirá el próximo 16 de marzo.

Este grupo teme que entre los más de 200.000 libros, procedentes de 25 países, se expongan algunos contrarios a la religión islámica, señaló a Efe el jeque radical Saad al Qaud.

Por eso, ha pedido al Ministerio saudí de Cultura e Información que prohíba la llegada de textos que “pasen por encima de lo divino e infrinjan la educación del islam”.

“Permitir la entrada de estos libros es como jugar con fuego. Supone una provocación para los civiles”, apuntó Al Qaud.

La furia de los ultraconservadores parece no frenar el interés de los saudíes más liberales por la feria, la cual definen como “una oportunidad de oro” para la lectura.

“La censura suele ser muy estricta cuando se revisan los libros que entran en Arabia Saudí, pero, en el caso de esta feria, se permite la exposición de ejemplares que antes estaban prohibidos”, argumentó a Efe el periodista Haizam al Sayed, contento por la posibilidad que se presenta para leer estos últimos.

Aunque los “muhtasabin” ya han amenazado con combatir todo tipo de “herejía literaria”, los clérigos musulmanes de las mezquitas han querido rebajar la tensión.

Para ello, han pedido a los más radicales que sean “sabios y flexibles en el tratamiento de los vicios” y que eviten “enfrentarse con la gente”.

En la calle, existen opiniones para todos los gustos: desde quienes agradecen que se cumpla estrictamente con los preceptos religiosos hasta quienes acusan a los “muhtasabin” de querer hacer fracasar este importante evento cultural molestando sin tregua a los lectores.

Por su parte, la Comisión saudí para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, la policía saudí encargada de velar por el cumplimiento de los estrictos códigos islámicos sobre la vestimenta y la moral, se desmarcó del grupo de Al Muhtasabin y recordó que este trabaja por su cuenta.

Para intentar resolver las más que posibles disputas entre los ultraconservadores y las editoriales, la policía de la moral solicitó a los primeros que rellenen un formulario y viertan allí sus comentarios.

De ese modo, las denuncias sobre los libros que supuestamente difunden ideas herejes llegarán a un comité que las revisará, decidirá y actuará en consecuencia.

Estos enfrentamientos entre la corriente más conservadora y la más liberal de la sociedad no son nuevos en la Feria del Libro de Riad, capital del reino donde se sigue el rito wahabí del islam, que parte de una interpretación rigorista del Corán, el libro sagrado islámico revelado al Profeta Muhammad (BPD).

El año pasado, el permiso para que hombres y mujeres entrasen juntos al recinto de exposiciones, sin la tradicional segregación por sexo que impera en los espacios públicos saudíes, fue motivo de confrontación entre los “muhtasabin” y los visitantes.

Este año el Ministerio de Cultura ya ha anunciado que las personas de ambos sexos podrán entrar de nuevo juntas a la feria, un motivo de fricción que se suma a la ya polémica presentación de libros “alternativos”.

Pese a la entrada autorizada de mujeres, se espera que situaciones como la firma de autógrafos o los coloquios sobre literatura entre mujeres y hombres sigan dando trabajo a la policía religiosa y a los llamados supervisores de la moral islámica.

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Un puente cultural a través de la danza

El espectáculo «Nya», palabra árabe que significa «confiar en la vida», viene a cristalizar un proyecto trienal de cooperación entre la unidad contemporánea del Ballet Nacional Argelino, la Agencia Argelina para la Proyección Cultural y la Compañía «La Baraka» (creada en Lyon por Abou Lagraa y residente en el teatro Les Gémeaux de la localidad francesa de Sceaux) que entrelaza las visiones artísticas de Francia y Argelia. Pero además de esta apertura cultural, «Nya» también supone un encuentro entre la danza profesional más académica y las prácticas urbanas. Tras más de dos años de duro trabajo, el coreógrafo y director artístico Aboul Lagraa, con la asistencia de la bailarina e instructora Nawal Aït Benalla-Lagraa, dio forma a este díptico, consistente en dos piezas en las que convergen tradición y modernidad. Presentado el pasado domingo en el teatro Jovellanos con un notable éxito de público, la obra ya ha cautivado otros escenarios españoles como Bilbao, Granada, Sevilla, Barcelona o Santiago de Compostela.

Este enlace coreográfico dividido en dos partes se potenció a través de la música escogida como base para cada danza. Por un lado, el «Bolero» de Ravel es una de las composiciones más representativas no sólo de Francia, sino también de los inicios del siglo XX en cuanto a producción académica europea, donde además se dan cita influencias hispanas y orientales en ritmo y melodía. Esta obra sonó en la primera pieza alternándose con sonidos de la calle (de hecho, aquellos momentos en los que aparecía y desaparecía la música de Ravel podrían asemejarse con una procesión popular que iba y venía); por otro, la voz de la cantante Houria Aïchi, especializada en repertorio sagrado de la región montañosa del Aurés argelino, y la percusión del egipcio Hossam Ramzy, conocido en Occidente a través de sus colaboraciones con artistas como Peter Gabriel, Robert Plant o Jimmy Page, evocaron las raíces tradicionales del Magreb en la segunda pieza, contando con los arreglos experimentales del músico francés Eric Aldéa.

En ambos casos, la danza combina movimientos procedentes de estéticas muy diversas. Hay una fuerte herencia de performance con elementos más teatrales -siempre jugando con un lenguaje abstracto muy gráfico- al igual que elementos más cercanos al lenguaje americano de creadores como Jerome Robbins, con una notable influencia del jazz y el musical, sobre todo en los números de conjunto. También hay presencia de un componente más clásico debidamente actualizado y reinterpretado. Pero es el discurso de las danzas urbanas el que ejerce un peso mayor en la concepción artística (vestimenta, pasos de baile, tratamiento del cuerpo y actitud escénica). Rasgos asumidos del hip-hop (breakdance) o del rai (fusionándose lo tradicional con un enfoque más globalizado) deslumbran por su vistosidad y el ingente esfuerzo físico que realizan sus nueve ejecutantes.

El mero hecho de que danzas y músicas tan diferentes convivan en escena con tanta fluidez denota una búsqueda de universalización en el lenguaje artístico de la propuesta, conseguido sobradamente mediante dos escenificaciones tan diversas. El crescendo continuo de la obra de Ravel, generado a través de la repetición y la superposición de capas, fue brillantemente complementada con una coreografía en la que primó la individualidad de cada bailarín (factor fundamental en el Bolero, representado por el timbre) y donde una iluminación con forma de ventana nos invitaba a la observación de la diversidad. En la segunda parte del espectáculo, un sobrio escenario constituido por dos tapices que representaban el cielo y la tierra (con el azul turquesa como referencia simbólica a la protección divina) nos mostró la complejidad de las relaciones humanas, predominando números colectivos en los que hubo enfrentamientos y hermanamientos, rituales de purificación (con surtidores de agua en escena) y de liberación (el propio Abou Lagraa explicó al público el impacto que supuso en Argelia el punto álgido en el que algunos bailarines se quitan la camiseta como gesto simbólico).

Un brillante espectáculo en lo artístico y en lo sociocultural, que contribuirá, sin duda, al establecimiento de un sólido marco pedagógico y profesional en la danza de Argelia.

Por Eduardo G. Salueña (musicólogo)

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