¿Qué festejamos el 1º de Enero? – Por Carlos Luis Juncal Mir

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Muchos de Uds. ante el título de nuestro encuentro me contestaran rápidamente: – Que pregunta tan sencilla, el principio del nuevo año. Y eso está muy bien para la gran mayoría de las personas y sobre todos para aquellas culturas occidentales y para las que se rigen por determinadas concepciones cívico-religiosas. Pero debemos saber que no siempre fue así y el motivo que llevó a que este fuera el principio del año es muy variado.

Al parecer todo tiene su génesis con los innumerables cambios de calendarios que nuestra “joven” civilización ha sufrido en el devenir de los años. La palabra “calendario” deriva del término “calendas” que era el día del mes en el cual el Sumo Sacerdote convocaba al pueblo romano en el Capitolio para hacer los anuncios de las fiestas y ceremonial religioso que se debían de obedecer en ese periodo de año. Esto sucedía porque en esa época el “calendario” tenía una fuerte impregnación mágico-religiosa y tanto los sacerdotes como los magos y astrónomos eran los únicos que poseían las claves para lograr descifrar esas incógnitas y esto les daba, dentro de la ciudadanía, determinado poder y estatus.

Pero hagamos una breve historia. En el principio de la humanidad no existía un calendario, los días que pasaban se marcaban como un suceso más y solo si en ese día había ocurrido algo fuera de la común – una muerte, un ataque, una destrucción, etc. – se marcaba como algo especial pero sin poder tomarlo de mucha referencia dado que no había forma de relacionarlo numéricamente con nada y lo que se decía era que: -“La muerte del brujo sucedió antes de la inundación” – pero, ¿cuanto antes?, no se sabía.

Con el correr de los años las fases lunares comenzaron a intrigar a nuestros antepasados y fue así que los primeros calendarios fueron lunares. Podemos decir que aún hoy, más de una cultura, sigue basando sus calendarios en las fases lunares. Esto lo observamos en el calendario judío, el calendario musulmán, etc. Pero también el calendario litúrgico religioso cristiano tiene la fecha de la Pascua de Resurrección basada en fechas lunares, ya que la misma se celebra el – primer domingo después de la luna llena siguiente al equinoccio de la primavera (1) – es por ello que no tiene fecha fija.

Este hecho, como veremos más adelante fue uno de los donantes que llevó a la Iglesia a proponer un cambio de calendario.

Con el correr del tiempo el calendario lunar fue dejando paso a una nueva interpretación de los astros y fue así que hace uno 4.000 años los sacerdotes y magos egipcios convencieron al faraón de que, el sol era, a la hora de medir el tiempo, más confiable que la luna. Ya nos encontramos en este momento en la medición del tiempo por el sol, nos estamos acercando mucho a nuestra realidad.

Pero a pesar de estos cambios tan radicales la interpretación de los acontecimientos seguían en manos de los dirigentes religiosos y ese conocimiento se iba transmitiendo de iniciado en iniciado. Esto les daba, sobre el común del pueblo, una diferencia y los hacía poderosos, ellos eran los únicos que tenían en sus manos el poder de la información sabiendo, de antemano, las fechas del cultivo y la cosecha, las fechas rituales y de los sacrificios.

Debido a esto, este calendario de los romanos era muy caótico ya que las fechas se disponían, muchas veces, a conveniencia o a capricho de unos pocos que ostentaban el poder. Esto llevó a que en el 304 a. de C., cuando el plebeyo Gnaeus Flavius (Cneo Flavio) fue elegido edil y fue encargado de la regulación de las fiestas tomo posesión de las claves que determinaban el calendario y las compartió con el pueblo quitándole un poco de relevancia al poder que presumían los sacerdotes y patriarcas.

Pero este calendario estaba muy desarmonizado con las estaciones de la Tierra. En este calendario el año comenzaba en marzo, el 1° de marzo, ya que este mes Martium, de Marte, dios de la guerra era el tiempo en que planificaban las campañas militares del año, pero además, era el mes en que comenzaba la primavera (equinoccio de primavera en el hemisferio norte).

Ello llevo a que se produjeran, con el correr de los años una serie de modificaciones y correcciones, la mayoría, con poca fortuna.

Pero es por el año 46 a. de C. cuando Julio Cesar, apoyado por el astrónomo Sosigenes de Alejandría introduce una serie de cambios al calendario y nace el Calendario Juliano. Este calendario estaba mucho más acertado en cuanto a tiempos solares. Presentaba 364 días y un cuarto, lo que se aproximaba mucho más que el anterior a la duración de año tropical, aunque aún no era exacto.

Aunque el calendario desarrollado por Julio César había sido el más preciso hasta el momento, no era lo suficientemente preciso ya que el año tropical no dura 365 días y 6 horas, sino que dura más o menos 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Por lo tanto, el año del calendario de Juliano difería en 11 minutos y 14 segundos más que el año solar real. Esta “pequeña diferencia” no se nota en un año pero si se hace marcada, por ejemplo, en 128 años donde el tiempo acumulado se transforma en 24 horas, un día completo.

Este desfasaje de tiempo se fue acumulando con el correr de los siglos. Con ese mismo correr de los siglos es que entramos en la Era Cristiana.

En el 525 d. de C. se ingresa a la Era Cristiana. Era Cristiana, que fue decretada por el fraile Dionisio el Exiguo, el cual fija como fecha de inicio el nacimiento de Cristo, el cual el estimó, según sus cálculos, que fue el día 25 de diciembre, en coincidencia con el solsticio de invierno.

También propone que el año comience el 25 de Marzo, o sea el día, que según sus cálculos se había producido la anunciación de la concepción de María. Este planteo generó, en aquel momento, el mayor de los rechazos por los distintos reinos o países Europeos. Tal fue el desorden que produjo que coexistieron durante siglos diferentes cronologías en las cuales se iniciaba el año el 1 de enero; el 1 de marzo, el 25 de marzo o el 1 de setiembre, según la relevancia histórica que esa fecha tuviera para el país.

En el año 1572, Ugo Boncompagni se convirtió en el papa Gregorio XIII. Este papa, uno de los teólogos más destacados de su tiempo, creyó conveniente realizar una revisión del calendario ya que las fechas más importantes para la grey católica no estaban correspondiendo con las estaciones del año.

La pascua, por ejemplo, fecha basada, como ya dijimos, en el día del equinoccio de la primavera se estaba celebrando a destiempo.

La razón de este desfasaje era causa de que durante los últimos 1.500 años la civilización se había regido por el calendario Juliano y la acumulación de días, por error de cálculo, llegaban a 10 días.

El 24 de Febrero de 1582 el Papa Gregorio XIII dio a conocer una bula que instituía el calendario Gregoriano como el nuevo y único calendario oficial del mundo Católico. Ya que el calendario Juliano tenía 10 días de diferencia, el Papa decidió que el 4 de Octubre de 1582 sería seguido por el 15 de Octubre de 1582.

La noticia se diseminó a través de toda Europa: no solo se utilizaría el nuevo calendario, sino que esos 10 días se perderían para siempre, el año nuevo comenzaría el 1° de Enero en lugar del 25 de Marzo.

O sea que, el Año Nuevo comenzó a festejarse el 1° de enero hace relativamente poco tiempo; fue el papa Gregorio XIII quien lo dispuso, por bula, en 1582 para todos los países católicos, al inaugurar el calendario en vigencia, que sustituyó al juliano.

¿Pero qué festejamos el 1° de enero?

El 1° de enero se festeja la fiesta mariana más antigua de la liturgia romana. La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primer Fiesta Mariana que apareció en la Iglesia Occidental, su celebración se comenzó a dar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1º de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, la cual es la primera iglesia mariana de Roma.

Tras desaparecer la antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso (431), instituyó la Fiesta Mariana para el 11 de octubre, en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María como verdadera Madre de Cristo; pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1º de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios.

Pero no hay que perder de vista que también, el rito romano celebraba el 1º de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús.

Podemos decir que hay un sincretismo entre las dos corrientes y que la fiesta que se celebra el 1 de enero, por algunas facciones, es la Circuncisión de Jesús y la imposición del nombre que acompañaba a esta ceremonia, que es la equivalente de nuestro bautizo.

La circuncisión del niño Jesús (nacido bajo la fe judía) es aun ampliamente celebrada. De hecho, la fecha que todos observamos cómo Año Nuevo (1° de Enero), corresponde a la circuncisión de Jesús, a los 8 días de nacido (24 de diciembre-1 de enero). Del latín circum (que significa alrededor) y cisio (sustantivo derivado del verbo caedere, que significa cortar), es la escisión del prepucio, que tenía para los judíos una importancia capital. Era nada menos que su gran distintivo religioso y nacional.

El pueblo judío cimentó su identidad sobre dos ejes: la fuerte cohesión interna y el máximo aislamiento respecto a los pueblos de alrededor. La circuncisión fue el rito principal que se creó para dar cuerpo a estos dos objetivos. Yahvé cerró con Abraham un pacto en virtud del cual se comprometía a ser el Dios del pueblo que de él nacería, a condición de que él se comprometiese a ser su pueblo. Y que la señal de ese pacto sería la circuncisión de todo varón que de él naciese, como señal de su consagración a Dios.

Lucas 2,21 Llegado el día octavo, en que debía ser circuncidado el Niño, le fue puesto por nombre Jesús; nombre que le puso el ángel antes que fuese concebido en el vientre.

NOTAS DE APOYO

(1) El equinoccio de primavera para el hemisferio norte es próximo al 21 de marzo, y la Pascua de Resurrección se marca el primer domingo posterior a la primera luna llena luego del equinoccio de primavera. Para el hemisferio sur el 21 de marzo se produce el equinoccio otoñal, o sea que la Pascua de Resurrección se festejará el primer domingo posterior a la primera luna llena luego del equinoccio otoñal.

Por Carlos Luis Juncal Mir

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El Turrón,un dulce de origen árabe.

 

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Historia del Turrón

La almendra y la miel ya fueron utilizados en Al-Ándalus para la fabricación de numerosos dulces. La mayoría de los científicos piensan que el origen del turrón esta en la península arábiga, esta teoría se apoya en el tratado “De medicinis et cibis semplicibus” del siglo XI, escrito por un médico árabe, en el cual se habla del “turun”. Los árabes trajeron este postre a las costas del Mediterráneo, en particular a España y a Italia. La versión española del turrón nace en la provincia de Alicante alrededor del siglo XV pues en época de Carlos V ya era un dulce famoso.

Una de las primeras menciones escritas al turrón se encuentra en el drama del dramaturgo sevillano Lope de Rueda LOS LACAYOS LADRONES, publicada en 1541: la trama de la obra consiste, en la riña de un amo con sus criados porque éstos se han comido su libra de turrones de Alicante que estaban encima del escritorio.

En 1582, un documento del municipio de Alicante señala que de tiempo inmemorial, en cada año, dicha ciudad de Alicante acostumbra, para fiestas de Navidad, pagar (..) sus salarios, parte en dineros y parte en un presente que se les da, de una arroba de turrones (…).

Con el pasar del tiempo este postre se utilizó siempre más en las celebraciones y en las tradicionales fiestas de Navidad.

El anónimo Manual de Mujeres, del siglo XVI, aporta la primera receta que se conserva para fabricar turrón.En cualquier caso, la costumbre de tomar turrón en Navidad se encontraba extendida por toda España en el siglo XVI, al menos entre los sectores más acomodados de la sociedad.

Una carta firmada por Felipe II en 1595 exhorta, para rebajar gastos, a Que en turrón y pan de higos para presentar la Navidad, prohíbo y mando que no pueda gastar esa mi ciudad [de Alicante] más de cincuenta libras cada año.

Durante los siglos XV, XVI y XVII, el turrón se fabricaba no sólo en Jijona sino también en Alicante ciudad. En época de Carlos II, la injerencia de los gremios de pasteleros de la ciudad de Valencia agrupados en el “Colegio de la Cera” sobre la regulación de la actividad del turrón en Alicante provocó un pleito porque pretendían someter a los maestros turroneros y confiteros alicantinos a sus estatutos. Por este motivo y por la novedad que supuso el chocolate, su elaboración en Alicante desapareció en su mayor parte, convirtiéndose desde entonces Jijona, más alejada de la atención de las corporaciones gremiales valencianas, en el único gran centro de producción del turrón.

Las Indicaciones Geográficas asociadas a los turrones elaborados en Jijona y gestionadas por el Consejo Regulador de la IGP “Jijona” y la Conselleria de Agricultura, Pesca y Alimentación, ofrece a los productores, elaboradores y transformadores de productos agrarios y alimentarios, la posibilidad de diferenciar su oferta comercial, ofreciendo al consumidor, con criterios de calidad diferenciada, productos con una especial identificación cualitativa garantizada, al mismo tiempo que permite poner a disposición de los consumidores un distintivo de identificación de unos productos de composición genuina, elaborados con unas variedades de materias primas y técnicas de elaboración autóctona que permitan resaltar las característ icas organolépticas reconocidas y apreciadas en dichos productos.

Los turrones duro y blando elaborados en Jijona, popularmente conocidos como “Turrón de Jijona” y “Turrón de Alicante”, vienen elaborándose de manera artesanal desde hace cinco siglos. Hoy, la fabricación de este singular dulce de origen árabe, conserva en su proceso de preparación las operaciones básicas que se realizaban en el pasado. Salvando las distancias propias de la aplicación de las nuevas tecnologías, el producto ha respetado unas prácticas artesanales que aseguran el mantenimiento de la tradición y la calidad.

Jijona. Historia viva del Turrón

En la actualidad el Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida “Jijona”, que agrupa a todas las empresas jijonencas y que produce casi el 70% del turrón nacional, se encarga de controlar, proteger, defender e internacionalizar la calidad de los Turrones de Jijona, pues aunque es una golosina imprescindible en las mesas españolas, sus fronteras son extensas, ya que buena parte de su producción viaja a Argentina, Uruguay, México, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba y las poblaciones hispanas de EE.UU. (Florida, Nueva York y California)

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