Sobre la Ética – El Poder Secreto – (Jugarretas del Imperio)


Los países más ricos del mundo son Suiza y Luxemburgo. Dos países chicos, dos grandes plazas financieras. De la minúscula Luxemburgo, poco o nada se sabe. Suiza goza de fama universal gracias a la puntería de Guillermo Tell, la precisión de los relojes y la discreción de los banqueros.

Viene de lejos el prestigio de la banca helvética; una tradición de siete siglos garantiza su seriedad y seguridad. Pero fue durante la segunda guerra mundial que Suiza pasó a ser una gran potencia financiera. Fiel a su también larga tradición de neutralidad, Suiza no participó en la guerra. Participó, en cambio, en el negocio de la guerra, vendiendo sus servicios, a muy buen precio, a la Alemania nazi. Un negocio brillante: la banca suiza convertía en divisas internacionales el oro que Hitler robaba a los países ocupados y a los judíos atrapados, incluyendo los dientes de oro de los muertos en las cámaras de gas de los campos de concentración. El oro entraba en Suiza sin ningún inconveniente, mientras los perseguidos por los nazis eran devueltos en la frontera.

Bertolt Brecht decía que robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo. Después de la guerra, Suiza se convirtió en una cueva internacional de Alí Babá para los dictadores, los políticos ladrones, los malabaristas de la evasión fiscal y los traficantes de drogas y de armas. Bajo las aceras resplandecientes de la Banhofstrasse de Zurich o la Correterie de Ginebra, duermen, invisibles, convertidos en lingotes de oro y en montañas de billetes, los frutos del saqueo y del fraude.

El secreto bancario ya no es lo que era, debilitado como está por los escándalos y las investigaciones judiciales, pero mal que bien continúa activo este motor de la prosperidad nacional. El dinero sigue teniendo derecho a usar disfraz y antifaz, un carnaval que dura todo el año; y los plebiscitos revelan que a la mayoría de la población eso no le parece nada mal.

Por sucio que llegue el dinero, y por complicados que le resulten los enjuagues, la lavandería lo deja sin una sola manchita. En los años ochenta, cuando Ronald Reagan presidía los Estados Unidos, Zurich fue el centro de operaciones de las manipulaciones a varias puntas que tuvo a su cargo el coronel Oliver North. Según reveló el escritor suizo Jean Ziegler, “las armas norteamericanas llegaban a Irán, país enemigo, que en parte las pagaba con morfina y heroína”;(sic),(poca credibilidad la de un escritor del paraíso del lavado de dinero); desde Zurich se vendía la droga, y en Zurich se depositaba el dinero que luego financiaba a los mercenarios que bombardeaban cooperativas y escuelas en Nicaragua. Por entonces, Reagan solía comparar a esos mercenarios con los Padres Fundadores de los Estados Unidos.

Templos de altas columnas de mármol o discretas capillas, los santuarios helvéticos evitan preguntas y ofrecen misterio.

Ferdinand Marcos, déspota de las Filipinas, tenía entre mil y mil quinientos millones de dólares guardados en cuarenta bancos suizos. El cónsul general de Filipinas en Zurich era un director del Crédit Suisse. A principios del 98, doce años después de la caída de Marcos, al cabo de mucho pleito y contrapleito, el tribunal federal mandó a devolver quinientos setenta millones al estado filipino. No era todo, pero algo era. Una excepción a la regla: normalmente, el dinero delincuente desaparece sin dejar rastros. Los cirujanos suizos le cambian la cara y el nombre, y se ocupan de dar vida legal a su nueva identidad de fantasía. Del botín de la dinastía de los Somoza, vampiros de Nicaragua, no apareció nada. Casi nada se encontró, y nada se restituyó, de lo que la dinastía Duvalier robó en Haití. Mobutu Sese Seko, que exprimió al Congo hasta la última gota de su jugo, se entrevistaba con sus banqueros en Ginebra, siempre con su escolta de Mercedes blindados. Mobutu tenía entre cuatro y cinco mil millones de dólares: sólo seis millones aparecieron, cuando se derrumbó la dictadura. El dictador de Malí, Moussa Traoré, tenía mil y pico de millones: los banqueros suizos devolvieron cuatro millones.

A Suiza fueron a parar los dinerillos de los militares argentinos que se sacrificaron por la patria ejerciendo el terror desde 1976. Veintidós años después, una investigación judicial reveló la punta de ese iceberg. ¿Cuántos millones se habrán desvanecidos en la niebla que ampara las cuentas fantasmas? En los años noventa, la familia Salinas desvalijó México. A Raúl Salinas, hermano del presidente, lo llamaban Señor Diez por Ciento, en mérito a las comisiones que embolsaba por la privatización de los servicios públicos y por la protección a la mafia de la droga. La prensa ha informado que ese río de dólares desembocó en el Citibank y también en la Unión de Banques Suisses, la Société de Banques Suisse y otras vertientes de la Cruz Roja del dinero. ¿Cuánto se podrá recuperar? En las mágicas aguas del lago de Ginebra, el dinero se zambulle y se hace invisible.

Hay quienes elogian a Uruguay llamándolo la Suiza de América. Los uruguayos no están muy seguros del homenaje. ¿Será por la vocación democrática de este país, o el secreto bancario? Desde hace algunos años, el secreto bancario está convirtiendo al Uruguay en la caja de caudales del Cono Sur: un gran banco con vista al mar

Referencia: “Patas Arriba – La Escuela Del Mundo Al Revés” de Eduardo Galeano.

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Así será la nueva imagen del Patio de los Leones – Fernando Valverde

 

El lugar más emblemático de la Alhambra lucirá un suelo de mármol blanco de Macael

El Patio de los Leones de la Alhambra cambiará su imagen a comienzos de 2012. Su tradicional suelo de chinos dará paso a una espectacular solería de mármol blanco de Macael que permitirá el acceso de los turistas hasta la fuente, lo que era imposible desde la última remodelación de la zona en los años 90.

Durante el proceso de restauración del patio y de la fuente se han realizado diferentes investigaciones que han sido expuestas durante el Congreso Internacional de Conservación y Restauración de Bienes Culturales que se celebró en el Parque de las Ciencias de Granada. En una de las ponencias, Francisco Lamolda, arquitecto conservador del Patronato de la Alhambra, desveló los resultados de las diferentes catas arqueológicas realizadas en el Patio de los Leones.

La idea de que allí había un jardín ha sido descartada, ya que la superficie de roca subyacente “hace inviable la existencia de un espesor mínimo de tierra vegetal”. Los dibujos y referencias que existen en este sentido son del periodo de la ocupación francesa, entre 1810 y 1846, en el que hubo arrayanes y rosas que fueron plantados en macetas.

Sin embargo, el estudio exhaustivo de la documentación histórica procedente de diferentes archivos nacionales ha desvelado que el suelo estuvo cubierto a comienzos del siglo XVII por mármol blanco, por lo que la nueva intervención lo que procurará será devolverle el aspecto original al patio además de una mejor conservación del sistema hidráulico de la fuente.

Fuente: La Cosmogonía …

En defensa de la ética

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Desde el punto de vista etimológico, el propio concepto de “ética” en lengua árabe tiene una serie de connotaciones que deben ser señaladas por su relevancia. Así, la raíz j-l-q, de la que procede el término ajlāq y su adjetivo derivado ajlāqī/iyya, normalmente traducidos, dependiendo del contexto, como “ética” o “moral”, está relacionada con la noción de “crear, creación” y por tanto, en última instancia y de manera lógica, con la de “humanidad”. Así, por ejemplo, el sustantivo jalq tiene que ver con la naturaleza humana fundamental, es decir con la fitra, que en términos islámicos es la propia humanidad per se, derivada de su condición de ser creado por Dios. En términos políticos, de la misma raíz se deriva al-hikma al-julqiyya que, aplicado a la noción de “poder” o “gobierno”, hace referencia al carácter moral, y por ende justo (‘ādil), de un determinado gobierno, según la jurisprudencia islámica clásica.

Por tanto, el ethos, que con el significado de “costumbre” se sitúa en el origen de la ciencia ética como parte de la filosofía en la tradición griega, está formado en el corpus filosófico árabe por el jalq y por el julq, es decir, por la propia condición humana, su disposición natural, sus características innatas y su conducta. Es este último aspecto, el de la conducta humana y los valores que deben determinarla, el que focaliza la atención de la reflexión ética en el pensamiento árabe contemporáneo, al que ha dedicado numerosos esfuerzos. Por tanto, el julq en su acepción de “conducta” sería, desde el punto de vista etimológico, el nexo de unión entre la ética como derivación del ethos, es decir, como “doctrina de las costumbres” según las definiciones empiristas, y la ética árabe como al-falsafa al-ajlāqiyya, ésto es, filosofía ética.

La ética está presente en todos los actos humanos, porque en ella se fundamenta la distinción entre el bien y el mal. ¿Pero a qué bien o a qué mal hace referencia? Lógicamente, al bien o al mal determinado por la sociedad de consumo, por los estamentos jurídicos de un estado. Es bien claro que quienes se inmolan atendiendo sus principios religiosos o sociales, lo hacen con plena conciencia de estar haciendo lo mejor, lo mas ético. Aquí el bien está en cumplir una consigna y el mal en ser inferior a su compromiso. De la misma forma, en las actividades del hombre existen normas que rigen sus procedimientos. Para el médico, para el abogado, para el ingeniero, para el maestro, para el periodista, se han creado “Códigos de Ética”, que se convierten en reglas de oro para desempeñar su profesión y que no significan otra cosa que adaptarse al sistema en el cual se desarrolla como persona.

No obstante, intentar hoy definir la ética, es un asunto complejo porque sobre el tema puede ser que ya todo esté dicho. Sin embargo, el hombre debe arriesgarse y tomar posiciones radicales cuando las circunstancias lo merezcan, por esta razón, la decisión de enfrentar el reto de escribir sobre ética en el periodismo, por ejemplo, tiene su razón de ser en la necesidad de aventurarse en la búsqueda de nuevas alternativas, de nuevos conceptos que permitan la formación de una conciencia plena en cuanto al tema se refiere.

La Real Academia de la Lengua define la ética como el conjunto de principios o reglas morales que rigen el comportamiento de una persona. También dice que la parte de la filosofía que trata de los conceptos de lo bueno o lo moral aplicados a los actos humanos.

Estos conceptos dejan ver la importancia que se le da a la ética en su intima relación con la moral. ¿Pero, esa intimidad realmente existe? ¿Qué es lo moral y qué es lo ético? Lo moral es una barrera impuesta por la sociedad para conseguir un ordenamiento legal, para determinar parámetros de comportamiento, para buscar corregir un rumbo desviado o para darle solidez a un sistema lleno de prohibiciones. Lo ético es más interior, más individual, más conceptual, depende de cada persona.

El periodista, personaje de gran importancia en el rumbo de las regiones, de los países, de los estados, se caracteriza por tener absoluta libertad de informar sin cortapisas, sin límites en su expresividad, en su manera de ver y de analizar la noticia, de presentar sus crónicas, de vivenciar la problemática social, sin embargo, esa libertad depende de muchos factores. En un país que supuestamente disfrute de democracia, el periodista tiene que afrontar muchos obstáculos y aunque se diga que no, existe mucha censura a la prensa. Qué decir de la iglesia, intocable, con fuero especial, con capacidad en los púlpitos para acabar con la carrera de cualquiera, o con las fuerzas políticas mayoritarias, que no aceptan otra versión que la suya, inclusive con la clase social dominante, cuyo dinero alcanza para acallar las voces discordantes y para comprar conciencias.

Este panorama, lamentable por excelencia, es parte de la cotidianeidad. Aquí la ética es acomodada, la moral existe sólo en la concepción unipersonal. Es imposible realizar un periodismo crítico, donde no están dadas las condiciones. Cuántos periodistas han caído por las balas asesinas, sólo por presentar una verdad irrefutable. Es que la ética también va de la mano con la verdad, decir la verdad es ético, las verdades a medias se convierten en mentiras y la mentira hace parte de lo malo, de lo inmoral. Pero cuando la verdad duele, se convierte en motivo de crítica, y se aprovecha para colocar en la picota pública a quien la esgrime como un acto de libre opinión.

Referencias

AL-FĀRĀBĪ. El camino de la felicidad (Kitāb al-tanbīh ‘alà sabīl al-sa‘āda). Traducción, introducción y notas Rafael Ramón Guerrero. Madrid: Trotta, 2002,

FERRATER MORA, José, s.v. “Ética”. Diccionario de Filosofía, v. II. Madrid: Alianza, 1979, p. 1056. Sobre el estado de la cuestión, cfr. RACHELS, James (ed.). Ethical Theory. Oxford: Oxford University Press, 1998.

Trafalgar Información ;
Juan Antonio Macías Amoretti –  Anaquel de Estudios Árabes

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