Alemania arma a Israel contra Irán: Berlín vende su más moderno submarino “Dolphin II” a Tel Aviv

 


INGO NIEBEL – Desde principios de julio la prensa y la política alemana están de batiendo sobre la venta de 200 tanques Leopard 2A7+ a Arabia Saudita y la entrega de unas tantas patrulleras a Angola. A primera vista el debate se caracteriza como una habitual disputa entre el gobierno y la oposición.

Sin embargo, todo el pro y contra sobre estas ventas de armas no es más que una cortina de humo que debe tapar otro negocio mucho más peligroso para el Oriente Medio, Irán y los países del ALBA: la venta subvencionada del sexto submarino alemán de última generación a Israel.

El sumergible pertenece a la categoría “Dolphin II“ (delfín en ingles). Se trata de una serie de naves, construida por las alemanas IKL/HDW y adaptada a las ne cesidades estra-tégicas y tácticas de la Armada sionista.

La característica especial y por lo tan to letal de este arma consiste en su propulsión. Por un lado dispone de un motor diesel y por el otro de uno eléctrico que se alimenta de una célula de combustión. Con este último tipo de propulsión la nave puede moverse casi silenciosamente, además de estar sumergida durante tres semanas.

En concreto la técnica alemana hace que estos submarinos puedan navegar en las por su poca profundidad difíciles aguas del Mediterráneo y del Golfo Pérsico. Siguiendo las instrucciones israelíes, los ingenieros les han dotado a los últimos sumergi bles con una cámara para transportar comandos especiales como el Shayetet 13 por ejemplo.

Sus integrantes pueden dejar con su correspondien te equipo técnico la nave a través de uno de los cuatro tubos de 650 milímetros. Además han rea lizado los cambios necesarios para po der lanzar desde seis tubos de 533 mi límetros diferentes tipos de torpedos (16) y misiles (modelo Harpoon y 5 SLCM), entre ellos piezas con cabezas nucleares.En 2003 la revista especiali zada Janes‘ informó que estos subma rinos israelí hicieron prácticas de tiro en el Océano Indico con un misil que tiene el alcance de 1500 kms y que puede llevar una carga atómica.

La historia de estos submarinos es la siguiente: En los años 90 Berlín regaló dos sumergibles de propulsión diesel a Tel Aviv como parte de su “ayuda a la Guerra del Golfo“ en el que Alemania no partici pó. Valían unos 880 millones de marcos (440 millones de euros). Pocos después subvencionó la venta de una tercera nave. Los submarinos “Dolphin,”

“Leviathan” y “Tkuma” forman parte de la 7a escuadrón, basada en Haifa. A principios de este año el se manario Der Spiegel publicó una bre ve noticia en la que informó de la existencia de un cable de 2005 en el que Tel Aviv dice a Washington de que quiere adquirir a otros submarinos, pero mucho más modernos que los anteriores. Ante la falta de divisas el gobierno israelí planteó al ejecutivo germano pagarlo dentro de un paquete que incluye pagos de la desaparecida RDA por el Holocausto. A pesar de que estos últimos nunca fueron reconocidos por Berlín del Este, el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder legalizó la venta de dos submarinos modernos Dolphin II a Israel el último día de su mandato. Ambos serán entregados entre 2011 y 2012.

Durante su reciente estancia en tierras israelíes, el ministro de Defensa ale mán Thomas de Mazière acordó la venta de un sexto Delfín por el valor de 500 millones de euros. Berlín paga rá la tercera parte de esta suma, otro tercio Israel y el último será a base de un intercambio de bienes.

Dado que la propaganda sionista ha conseguido que en Alemania cualquier crítica al Estado israelí y su política es considerada como “antisemitismo“, na­die se atreve a protestar contra estos negocios. Berlín los justifica porque aumentan la “estabilidad en el Golfo“ poniendo en jaque a Irán.

“Luego de leer a Roger Garaudy,creo que nunca han dejado de ser aliados … Alemania y el sionismo” – Aisar

Altair Zanzíbar, el sueño de los árabes del mar – Por Jordi Esteva

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Altair Zanzíbar, el sueño de los árabes del mar

Antes de que divisáramos Zanzíbar, mucho antes de que el vuelo de las aves marinas nos señalara la proximidad de la isla, ya sabíamos que estábamos cerca porque el viento nos traía la fragancia de sus especias.

Sus ojos quedaron vacíos. Mumtaz era un viejo capitán que en otros tiempos navegaba entre los puertos de Arabia y los del África Oriental, siguiendo la antigua ruta de los monzones. Una semanas atrás, un antiguo marino de Omán, me había entregado una carta de presentación para su viejo amigo. Ahora gozaba de la hospitalidad de Mumtaz en la vieja ciudad de Zanzíbar.

—Tan pronto como llegaba el kusi el monzón del suroeste—añadió el capitán—, nos embarcábamos rumbo a los puertos de Arabia. La travesía duraba unas pocas semanas. A veces el mar se enfurecía y las olas se hacían tan grandes como montañas. Más de una vez vimos la muerte cerca, muy, muy cerca. De regreso, cuando como en una aparición, surgía refulgente en el horizonte la ciudad de Zanzíbar con sus edificios blancos reflejados en el mar turquesa, exclamábamos: Alá u Akbar! (¡Dios es el más Grande!) y le dábamos las gracias por permitir que regresáramos a casa con nuestras familias.

Mumtaz aspiró con fuerza la pipa de agua produciendo sonoros borbotones y, tras retener el humo largos instantes, soltó una poderosa voluta. El olor dulzón del narguile se mezclaba con el aroma de las resinas aromáticas que quemaban en un incensario.

El capitán no exageraba. La primera vez que viajé a la isla, lo hice en barco desde Dar es Salam y antes de llegar a puerto ya se olía a la especia del clavo, mientras se iba dibujando un frente marítimo que apenas debía haber cambiado en los últimos cien años. Me sorprendieron las antiguas residencias de los sultanes, el palacio de Beit al Ajaib, o Casa de las maravillas, construido por el sultán Bargash, los edificios coloniales de aduanas, las casonas de los mercaderes indios y árabes, la del famoso esclavista Tippu Tip, el fortín omaní que parecía una reproducción gigante de un castillo de arena… El perfil de la ciudad coincidía con el de los antiguos grabados del XIX. Sólo faltaban los grandes veleros árabes -dhows- del Yemen, de Omán, y del golfo Pérsico, que desde la década de los sesenta del siglo XX, habían dejado de acudir arrinconados por los modernos navíos.

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A finales de los ochenta, callejeando por aquella vieja ciudad, me sorprendió el estado ruinoso de las casas y palacetes; algunos con los techos hundidos; otros con los bajantes reventados y las fachadas enmohecidas por los monzones. Sin embargo, la vieja ciudad de Zanzíbar ejercía un poderoso embrujo. El trazado tortuoso de sus calles y sus altos edificios blancos, me recordaban poderosamente al puerto yemení de Mukala.

Si algún lugar del Índico resumía la historia de aquella civilización hija de los monzones, ése era sin duda Zanzíbar. Entrado ya el siglo XXI, a pesar de los cambios evidentes que había traído consigo el boom turístico, la ciudad seguía guardando un antiguo secreto. Era cierto: muchas calles habían perdido su antiguo sabor, las tiendas tradicionales habían sido sustituidas por incontables bazares de baratijas para turistas. Pero: ¡qué espectáculo resultaba sentarse en un cafetín y contemplar el vaivén!: Los suahilis con sus kikoi o pareos y sus bonetes bordados, con sus rostros reflejo de las mil y una combinaciones entre Arabia y África; los omaníes, elegantes en sus dishdashas impolutas; los yemeníes con sus rostros aguileños; y qué decir de los numerosos indios, con sus coloridas vestimentas, ya fueran ismaelitas, musulmanes suníes o de otras sectas, sijs o hindúes.

Las mujeres suahili de Zanzíbar competían con sus vestidos de colores con los saris de las bellas hindúes, mientras sus hermanas de origen árabe, caminaban lentamente, cubiertas de negro de la cabeza a los pies, desvelando apenas sus ojos de almendra o las manos cubiertas de alheña. De noche, todo Zanzíbar parecía volcarse en el frente marítimo donde se alineaba un gran número de puestecillos de comida, en los que se asaban pulpos, gambas, apetitosos pescados sobre las brasas o se freían samosas en abundante aceite.

Todos aquellos olores se mezclaban con el del clavo y del incienso, mientras el humo de los asados se deshilachaba entre luces de colores al son del taarab, la alegre música de Zanzíbar. Aquella música vigorosa, árabe y al mismo tiempo tropical, que al cerrar los ojos, hacía que en mi cabeza se superpusieran imágenes de la proa de un velero árabe que cortaba el mar azul, con la de sus velas mecidas suavemente por el viento.

Sí, a pesar de un cierto turismo de masas, la isla continuaba siendo un paraíso. Al sur de Paje, en la costa oriental, se extendían interminables playas de cocoteros de arena blanca y aguas transparentes, protegidas de los embates del océano por arrecifes alejados de la costa. Valía la pena navegar a bordo de uno de los toscos y bellos catamaranes de los pescadores de Jambiani, ya casi en el extremo sur de la isla, para sumergirse en el mar y contemplar peces y corales. Pocos lugares podían compararse a la magia de la pequeña isla de Chumbe, donde cangrejos gigantes, de ocho kilos, trepaban a lo más alto de los cocoteros. En sus aguas el coral estaba maravillosamente protegido y alcanzaba formas y coloridos espectaculares. En algunos pueblos del norte de la isla, como Nungwi, todavía se seguían construyendo los veleros tradicionales calafateados con grasa de tiburón.

El capitán sirvió otra ronda de café árabe. La misma cafetera, las mismas tacitas que en la península arábiga. Observé la habitación: los arabescos y filigranas de yeso que decoraban estanterías y alacenas, los rosetones de colores de las ventanas, los arcones claveteados en cobre, la humareda olorosa del incensario, la vestimenta de mi interlocutor, el puñal curvo o yambía que lucía en una fotografía… Podría hallarme en Moca, Mascate o Lamu. Nada de extrañar porque, Zanzíbar, al igual que los otros puertos e islas del África Oriental como Mombasa, Pemba o el antiguo sultanato de Pate, era una de la escalas más importantes de la ruta marítima de los monzones.

Caía la tarde. Sonaba ya la llamada de la oración y el capitán Mumtaz se disculpó. Llené de nuevo mi tacita de café y me acomodé sobre los cojines. Mientras mi anfitrión se postraba en dirección a La Meca, me enfrasqué en mis pensamientos. Durante siglos, incluso antes del Islam, los árabes del mar viajaban al África Oriental, en sus veleros siguiendo unas rutas que apenas habían variado desde los tiempos de Simbad. Partían con el monzón del noreste en busca de maderas, pieles de animales salvajes, concha de tortuga, ámbar gris, marfil, ébano y esclavos. En sus veleros transportaban dátiles de Basora, salazones de tiburón de Yemen y Socotra, miel del Hadramaut, incienso y otras resinas aromáticas.

De la China y la India traían sedas, porcelana y especias. Los marinos y mercaderes árabes permanecían unos meses esperando a que soplara el monzón del suroeste que les habría de conducir de nuevo a los puertos de Arabia. La mayoría acabaron por esposarse con africanas y del estrecho contacto entre los nativos y los árabes, se fue forjando la cultura suahili. Una cultura islámica, de fuerte influencia árabe en la vestimenta, arquitectura y costumbres, que sólo se expresaba en la lengua del Profeta en los saludos y en las mezquitas, y que en la vida diaria y en el trabajo lo hacía en suahili, un idioma africano del grupo bantú, con fuerte influencia árabe y en menor medida persa.

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El capitán enrolló su alfombra de oración y se acercó.

—Beba, beba—Mumtaz me llenó de nuevo la tacita de café—, ¿Le gusta? Está perfumado al cardamomo. ¿Ha visitado ya alguna plantación de especias?

Recordaba el bello interior de la isla, cerca del pueblo de Kidichi, las casas de adobe y paja bajo grandes mangos, las antiguas explotaciones de los latifundistas árabes con sus avenidas de palmas reales, los árboles del clavo, los arbustos de cardamomo, las lianas de la vainilla y la pimienta; la canela, la cúrcuma y la nuez moscada…

El capitán me invitó a salir a la terraza que dominaba los tejados de la vieja ciudad que se recortaban sobre un Índico que en el atardecer aún retenía su color cobalto.

Sus ojos se perdían en el horizonte. De pronto se giró hacia mí y suspiró:

—Cuando partíamos de la isla en nuestros veleros, nos cubríamos la vista para no ver como Zanzíbar desaparecía en el horizonte.

Restalló un trueno que anunció la tormenta. Se alzó un fuerte viento que parecía querer arrancar a las palmeras de cuajo. Era ya de noche y se fue la luz. Cada rayo desvelaba un viejo palacete o una antigua casona. Algunos estaban en ruinas, apenas unos muros por cuyas ventanas se asomaba la maleza. Entonces el viejo capitán Mumtaz me sorprendió antes de que cayeran las primeras gotas:

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—Son las viejas casas de los mercaderes y esclavistas. Durante la revolución, muchos árabes fueron asesinados, otros tuvieron que huir y sus viviendas fueron ocupadas por gentes sin recursos. Dijeron que se trataba de una venganza histórica—puso los ojos en blanco—. Los “negros”—dijo—se levantaron contra quienes durante siglos los habían esclavizado. A los pocos meses de aquella carnicería comenzaron a suceder cosas incomprensibles. En aquellas casonas ocupadas, la gente caía por las escaleras sin motivo aparente y se oían voces. La mala suerte se apoderó de sus vidas y retomaron la antigua costumbre de sacrificar gallinas y cabras para contentar a los espíritus. Dicen que algunas noches se oyen lamentos y se ven luces en esas viviendas, por ello muchos evitan pasar cerca de ellas. Son las almas, aseguran, de los mercaderes árabes que nunca encontraron descanso y las noches sin luna regresan a las que un día fueron sus moradas.

Jordi Esteva: escritor y fotógrafo. Es autor de Los árabes del mar (Altaïr Viajes/Península), Viaje al país de las almas (Pre-Textos), Mil y una voces (El País /Aguilar), Los oasis de Egipto (Lunwerg) y coautor de Fortalezas de barro al sur de Marruecos (Compañía Literaria).

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El mito de Josué: la purificación étnica – Los mitos fundacionales de la política israelí – Roger Garaudy

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“Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón. Yavé entrego Laquis a manos israelitas. Pusieron su campo junto a la ciudad y la atacaron. Aquel mismo día la tomaron y pasaron a filo de espada a todos los habitantes que había en ella y la dieron al anatema, como habían hecho con Laquis… Josué y todo Israel con él subió de Eglón a Hebrón…” 42.

La lectura integrista del sionismo político: El 9 de abril de 1948, Menahem Beghin, con sus tropas del Irgún, masacró a los 254 habitantes del pueblo de Deir Yassin, hombres, mujeres y niños.

No estudiaremos este episodio de fosilización del mito en historia y de pretensiones de bricolage histórico en aras de la justificación de una política concreta más que en un caso particular: el de la instrumentalización de los relatos bíblicos,porque no han cesado de jugar un papel determinante en el devenir de Occidente abarcando sus empresas más sanguinarias, desde la persecución de los judíos por los romanos, después por los cristianos, hasta las Cruzadas, las inquisiciones, las Santas Alianzas, las dominaciones coloniales ejercidas por los pueblos elegidos, hasta las exacciones del Estado de Israel, no sólo por su política de expansión en Oriente Medio,sino por las presiones de sus lobbies, de los cuales el más poderoso, constituido en la potencia más potente de los Estados Unidos, juega un papel de primer orden en la política americana de dominación mundial y de agresión militar.

Esa es la razón de nuestra elección: la explotación de un pasado mítico orienta el futuro hacia lo que podría ser un suicidio planetario.La Biblia contiene, más allá del relato de las masacres ordenadas por un “Dios de los ejércitos”, el gran profetismo de Amós, Ezequiel, Isaías y Job, así como la anunciación de una nueva alianza con Daniel.

Esta nueva alianza (este Nuevo Testamento) marcará a la vez la mayor mutación de la historia de los hombres y los dioses con la aparición de Jesús, a través de la cual,como dicen los Padres de la Iglesia de Oriente “Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera llegar a ser Dios”. Después se regresó, con San Pablo, a la visión tradicional de un Dios soberano y todopoderoso, dirigiendo desde el exterior y lo alto la vida de los hombres y las comunidades, no ya por medio de la ley judía, sino de una gracia cristiana que poseería la misma exterioridad acabando con la responsabilidad del hombre. “Por medio de la gracia habéis sido salvados. Esto no os viene de vosotros. Es un don de Dios” 43.

No hablaremos de la Biblia en general, sino sólo de la parte en la cual pretende inspirarse hoy en día el régimen teocrático israelí y el movimiento sionista: la Torá (que los cristianos llaman el Pentateuco, es decir los cinco libros iniciales – Génesis, Éxodo,Levítico, Números y Deuteronomio -) y sus anexos llamados históricos (Josué, Jueces,Reyes y Samuel). De la Torá judía no forma parte la grandiosa crítica profética que recuerda constantemente que “la alianza de Dios con los hombres” es condicional y universal, ligada a la observancia de la ley divina y se abre a todos los pueblos y a todos los hombres.

La Torá (el Pentateuco) y los libros históricos (tal y como los exégetas han demostrado desde hace más de un siglo) son una compilación escrita de tradiciones orales hecha por los cronistas del siglo IX y por los escribas de Salomón, cuya preocupación central era legitimar (exagerándolas) las conquistas de David y de su imperio (del que, por otra parte no existe ninguna posibilidad de recuperación histórica,ni por medio de restos arqueológicos ni por medio de otros documentos que no sean los relatos bíblicos. El primer suceso confirmado por historias ajenas concierne a Salomón del cual encontramos restos en los archivos asirios).

Hasta ahí no hay ninguna fuente ajena a los relatos de la Biblia para controlar su historicidad.Por ejemplo, los vestigios arqueológicos de Ur, en Irak, no nos dan más datos sobre Abraham que los que nos dan las ruinas de Troya sobre Héctor o Príamo.

En el libro de los Números (XXXI, 7-18) se nos cuentan los logros de los “hijos de Israel” que, habiendo vencido a los Madianitas, “tal y como el Señor había ordenado a Moisés, mataron a todos los hombres, (…), hicieron prisioneras a las mujeres(…),incendiaron todas las ciudades”. Cuando volvieron a Moisés “Moisés se enfadó. ¿Por qué, les pregunto, habéis dejado vivas a las mujeres? Bien, ahora matad a todos los niños y matad a todas las mujeres que han conocido a un hombre en trato conyugal…Pero todas las vírgenes, guardáoslas para vosotros”.

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El sucesor de Moisés, Josué, perseveró, tras la conquista de Canaán, de manera sistemática, en esta política de purificación étnica ordenado por el Dios de los ejércitos.

“Aquel mismo día se apoderó Josué de Maceda y la destruyó con todos los bienes que en ella había y su rey, pasándola a filo de espada. Dio al anatema la ciudad, y a todos los vivientes que en ella había, sin dejar uno solo, y trató a su rey como había tratado al de Jericó.

Paso Josué con todo Israel de Maceda a Libna y la atacó. Yavé la entregó también a las manos de Israel, con su rey; y la pasó a filo de espada a ella y a cuantos en ella había, sin dejar escapar a uno, y trató a su rey como había tratado al de Jericó.Paso Josué con todo Israel de Libna a Laquis, y la atacó, acampando ante ella.Yavé entregó a Laquis a manos de Israel, que la tomó al segundo día, y la pasó al filo de la espada, con todos los vivientes que en ella había, como había hecho en Libna.

Entonces Goram, rey de Gazer, subió para socorrer a Laquis; pero Josué le derrotó a él y a su pueblo, sin dejar escapar a nadie.“Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón. Yavé entrego Laquis a manos israelitas. Pusieron su campo junto a la ciudad y la atacaron. Aquel mismo día la tomaron y pasaron a filo de espada a todos los habitantes que había en ella y la dieron al anatema, como habían hecho con Laquis… Josué y todo Israel con él subió de Eglón a Hebrón…” 44.

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Y la letanía continúa enumerando los “exterminios sagrados” perpetrados en Cisjordania.

Debemos, ante estos relatos, plantearnos dos cuestiones fundamentales:

a) La de su veracidad histórica.

Nos ceñiremos aquí a la arqueología. Las excavaciones parecen haber demostrado que los israelitas que llegaron al final del siglo XIII a. C. No pudieron tomar Jericó porque Jericó estaba por la época deshabitada. La ciudad del Bronce Medio fue destruida hacia 1550 y fue en seguida abandonada. En el siglo XIV fue escasamente rehabitada: se han encontrado vasijas de esta época en las tumbas del Bronce Medio que fueron reutilizadas y una casa en la que se halló un pequeño cántaro de mediados del siglo XIV. Nada puede ser atribuido al siglo XIII. No hay restos de fortificaciones del Bronce Reciente. La conclusión de K. M. Kenyon es que es imposible asociar la destrucción de Jericó con una entrada de israelíes a finales del siglo XIII a. C.45

Lo mismo es aplicable a la “toma de Ay”.“De todos los relatos de la conquista, este es el más detallado; no contiene ningún elemento milagroso y aparece como el más verosímil. Desgraciadamente está desmentido por la arqueología.

El lugar ha sido excavado por dos equipos diferentes. Los resultados son concordantes: Et-Tell era, en el Bronce Antiguo, una gran ciudad de la que ignoramos el nombre y que fue destruida en algún momento del Bronce Antiguo, hacia 2400 a. C.Permaneció desierta hasta ca. 1200, cuando una reducida ciudad no fortificada se instaló sobre una parte de las ruinas. Ésta no subsistió más allá del inicio del siglo X a. C. como mucho; tras lo cual el sitio fue abandonado. Cuando llegaron los israelíes no había ciudad alguna en Ay, no había rey alguno en Ay, sólo ruinas de 1200 años de edad”.46

b) La de las consecuencias de una imitación literal de esta exaltación de una política de exterminio.

¿Por qué, en base a todo esto, un judío piadoso e integrista (es decir, fiel a una lectura literal de la Biblia) no iba a seguir el ejemplo de personajes tan prestigiosos como Moisés o Josué?

¿No está dicho al inicio del libro de los Números, cuando comienza la conquista de Palestina (Canaán):

“Oyó Yavé la voz de Israel, y le entregó el cananeo, a quien dio al anatema,destruyéndolos a ellos y a sus ciudades…”47. Y después, refiriéndose a los Amoritas y a su rey: “Y le derrotaron a él y a toda su gente, hasta no dejar ni uno, y se apoderaron de su tierra” 48.

El Deuteronomio incide en la misma línea, exigiendo no sólo la expoliación de la tierra y la expulsión de los autóctonos, sino la masacre: “Cuando Yavé, tu Dios, te introduzca en la tierra que vas a poseer y arroje delante de ti a muchos pueblos (…) las darás al anatema49, “y las suprimirás” 50.

De Sharon al Rabino Meir Kahane, es la prefiguración de la actitud de los sionistas hacia el pueblo palestino.

¿Acaso no era la conducta de Josué la misma que la de Menahem Beguin cuando el 9 de abril de 1948 los 254 habitantes de la ciudad de Deir Yassin, hombres, mujeres y niños fueron masacrados por sus tropas del Irgún a fin de hacer huir aterrorizados a los árabes desarmados? 51

Llamaba a los judíos “no sólo a expulsar a los árabes, sino a apoderarse de toda Palestina”.

¿Acaso no era la conducta de Josué la misma que la de Moshé Dayan: “Si poseemos el libro de la Biblia, si se nos considera como el pueblo de la Biblia, deberíamos poseer todas las tierras bíblicas”. 52?

¿Acaso no era la conducta de Josué la que definía Yoram Ben Porath en el gran periódico Yediot Aharonoth, el 14 de julio de 1972: “No hay sionismo, colonización de Estado judía, sin la evicción de los árabes y la expropiación de su tierras”.?

En lo tocante a los medios empleados para este despojo de tierras fueron fijados por Rabín cuando era General en jefe en los territorios ocupados: romper los brazos de los que lanzaban piedras en la Intifada.

¿Cuál es la reacción de las escuelas talmúdicas de Israel? Aupar al poder a uno de los responsables más directos de Sabra y Shatila: el general Rafael Eytan, que reclama el “reforzamiento de las colonias judías existentes”.

Animado por las mismas certezas, el Doctor Baruch Goldstein, colono de origen americano de Kiryat Arba (Cisjordania) causó más de cincuenta víctimas ametrallando a los palestinos que rezaban en la Tumba de los Patriarcas. Miembro de un grupo integrista apadrinado por Ariel Sharon (bajo la protección del cual fueron perpetradas las masacres de Sabra y Shatila, y que fue recompensado por su crimen con un ascenso.

Ministro de Vivienda, cargo que le otorgó la responsabilidad de llevar adelante las colonias en los territorios ocupados), Baruch Goldstein es hoy en día objeto de un verdadero culto por parte de los integristas que vienen a cubrir de flores y besos su tumba ya que fue rigurosamente fiel a la tradición de Josué exterminando a todos los pueblos de Canaán para apoderarse de sus tierras.

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Esta “limpieza étnica” que ha llegado a ser sistemática en el Estado de Israel hoy en día, deriva del principio de pureza étnica que impide la mezcla de sangre judía con la “sangre impura” de todos los demás pueblos.

En los textos que especifican la orden de Dios de exterminar las poblaciones que pone en sus manos, el Señor recomienda a Moisés que su pueblo no despose a las mujeres de dichos pueblos 53.

En el Deuteronomio el pueblo elegido 54 no debe mezclarse con los demás: “No darás tu hija a su hijo ni tomarás su hija para tu hijo” 55.

Esta apartheid es la única vía para impedir la desaparición de la raza elegida por Dios, de la fe que le liga a él.

Esta separación del Otro ha tomado cariz de ley, en su libro El Talmud 56 el Rabino Cohen escribe: “los habitantes del mundo pueden ser divididos entre Israel y las demás naciones en bloque. Israel es el pueblo elegido: dogma capital”.

A la vuelta del exilio, Esdrás y Nehemías velan por el restablecimiento de este apartheid.Esdrás llora porque “la raza santa (sic) se mezcló con los pueblos de aquella tierra” 57… Pinhas empala a una pareja mixta… Esdrás ordena la selección racial y la exclusión: “todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras las devolvieron,mujeres y niños” 58. Nehemías dice de los judíos: “los purificaba de elementos extranjeros” 59.

Esta mixofobia y este rechazo del Otro exceden la dimensión racial. Si se rechaza la sangre del otro evitando el matrimonio mixto, se rechaza también su religión, su cultura o su manera de ser.Así, Yavé fulmina a aquellos que se apartan de su verdad, la única que existe, por supuesto: Sofonías lucha contra las modas extranjeras en la vestimenta; Nehemías contra las lenguas extranjeras: “Vi asimismo por aquellos días judíos que habían tomado mujeres de Azoto, de Ammón y de Moab, cuyos hijos por mitad hablaban azoteo o lalengua de este u otro pueblo, y no sabían hablar judío. Les amonesté y les maldije;golpeé a algunos de entre ellos, les arranqué los cabellos…” 60.

Todos los disidentes son juzgados con severidad. Rebeca, hermana de Isaac y madre de Jacob, afirma: “Estoy disgustada y triste a causa de las hijas de Het [las mujeres hititas]. Si Jacob toma una mujer como esa, entre las hijas de Het, ¿qué me importa la vida?” 61. O los parientes de Sansón que, abrumados por el matrimonio de su hijo con una filistea le gritan: “¿acaso no hay mujeres entre las hijas de tus hermanos y en todo tu pueblo para que tomes mujer entre los filisteos, esos incircuncisos?” 62.

La literalidad conduce a las mismas masacres de Josué: “Los colonos puritanos de América, en su caza del Indio para tomar sus tierras, invocaban a Josué y a los exterminios sagrados de los Amalecitas y de los Filisteos” 63.

Haim Cohen, que fue juzgado por la Corte Suprema de Israel, constata: “la amarga ironía del destino quiso que las mismas tesis biológicas y racistas propagadas por los nazis y que inspiraron las infamantes leyes de Nuremberg, sirvieran de base para la definición del judaísmo en el seno del Estado de Israel” 64.

En efecto, en el proceso de Nuremberg contra los criminales de guerra nazis, en el seno del interrogatorio del teórico de la raza, Julius Streicher, se planteó la pregunta:

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“En 1935, en el Congreso del Partido en Nuremberg, fueron promulgadas las ‘leyes raciales’. ¿Fue usted consultado o participó en el curso de la preparación de este proyecto de ley?

Acusado Streicher: – Sí, creo haber participado en el sentido de que, desde hacía años atrás, venía escribiendo que había que evitar en el futuro toda mezcla de sangre alemana y de sangre judía. He escrito artículos en este sentido, y siempre he repetido que debíamos tomar a la raza judía, o al pueblo judío, como modelo. Siempre he repetido en mis artículos que los judíos deberían ser considerados como un modelo para las otras razas, ya que se dieron a sí mismos una ley racial, la ley de Moisés que dice: “Si vais a un país extranjero no debéis tomar esposas extranjeras”. Y esto, señores,es de una importancia considerable para juzgar las leyes de Nuremberg. Son las leyes judías las que han sido tomadas como modelo. Cuando, siglos más tarde, el legislador judío Esdrás constató que, a pesar de ello, muchos judíos habían desposado a mujeres no judías, estas uniones fueron disueltas. Fue el origen de la judería que, gracias a sus leyes raciales, subsistió durante siglos, mientras que las otras razas, y todas las demás civilizaciones, fueron aniquiladas” 65.

Fue así, en efecto, como los juristas, consejeros del Ministerio del Interior nazi,elaboraron las “Leyes de Nuremberg, del derecho de la población del Reich y de la protección de la sangre alemana y del honor alemán”. Estos juristas consejeros, Bernard Losener y Friedrich Knost comentan así el texto en el libro Las leyes de Nuremberg: “Según la voluntad del Führer, las leyes de Nuremberg no implicaban verdaderamente medidas dirigidas a acentuar el odio racial o a perpetuarlo; al contrario, tales medidas significaban el inicio de una tregua en las relaciones entre el pueblo judío y el pueblo alemán.

Si los judíos tenían ya su propio estado, en el cual se sentirían en su hogar, la cuestión judía podría ser considerada resuelta, tanto por los judíos como por losalemanes. Esta es la causa por la que los sionistas más convencidos no opusieron la más mínima resistencia contra el espíritu de las leyes de Nuremberg”.

Este racismo, modelo de todos los demás racismos, es una ideología de dominación de diversos pueblos.

Entre la shoah cananea y la mixofobia se inserta actualmente la ideología de la transferencia de poblaciones que sostienen el 77% de los rabinos de Judea-Samaria. El hecho de que esta doctrina de la exclusión-exterminación, tenga fundamentos en parte religiosos (es Dios quien lo impone) no enmienda en nada el rechazo judío al Otro.Dios, en el Levítico, insta a los judíos a no practicar la mezcla de las especies 66 y les ordena distinguir entre el puro y el impuro 67 tal y como él mismo ha distinguido Israel de los demás pueblos 68 para llevar a cabo una discriminación racial: “Estableceré una diferencia entre mi pueblo y tu pueblo” 69.

Así, en 1993, el gran Rabino Sitruk puede decir sin miedo alguno de ser llamado al orden por instancia alguna: “Quisiera que los jóvenes judíos no desposasen jamás más que a muchachas judías”.Esta fobia halla su punto culminante cuando se trata de Israel. Así, Israel “que será santa” 70 no debe “mancharse” 71 con el contacto con otras naciones que Dios “ha aborrecido” 72. La prohibición se repite hasta la saciedad: “No contraigas matrimonio con ellas [las naciones cananeas], no des tus hijas a sus hijos ni tomes sus hijas para tus hijos” 73. “…y os ligáis con los restos de esas gentes que han quedado entre vosotros, si contraéis matrimonios con ellas, mezclándoos con ellas y mezclándose ellas con vosotros, sabed bien que Yavé, vuestro Dios, no seguirá arrojándolas [a las naciones] delante de vosotros, sino que serán para vosotros un lazo y una trampa, aguijón en vuestros costados y espinas en vuestros ojos, hasta que desaparezcáis de sobre esta excelente tierra que os ha dado Yavé, vuestro Dios” 74.

El 10 de noviembre de 1975, en sesión plenaria, la ONU consideró que el sionismo era una forma de racismo y de discriminación racial.Tras el desmembramiento de la URSS, los Estados Unidos iniciaron sus triquiñuelas en la ONU y, entre muchos otros actos de bandolerismo internacional, obtuvieron el 16 de diciembre de 1991 la abrogación de esta justa resolución de 1975, lavando así una vez más la sangre que mancha a Israel y a sus dirigentes. Por tanto, al menos de hecho,nada ha cambiado en 1975, o más bien sí: la represión, el genocidio lento del pueblo palestino, la colonización, han adquirido una amplitud sin precedentes.

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42 Josué X, 34.

43 Efesios II, 8.

44 Josué X, 18-36.

45 Cf. K.M. Kenyon, Digging up Jericho, Londres, 1957, pp. 256-265 ; Jericho, dans Archaeology Study,

ed. D. Winton, Oxford, 1967, spec. pp. 272-274 ; H.J. Franken, Tell es-Sultan and Old Testament Jericho,

en OTS, 14 (1965), pp. 189-200. M. Weippert, Die Landnahme der israelitischen Stämme, pp. 54-55.

46 Padre de Vaux (O.P.), Histoire ancienne d’Israël, ed. Lecoffre et Gabalda, París 1971, T I, p. 565.

Cf. en 1933-35 por Judith Marquet-Krause, Les fouilles de `Ay (Et-Tell), París, 1949; J.A. Callaway a

partir de 1964, cf. J.A. Callaway, Basor 178 (ca. 1965), pp. I3-40 ; RB, 72 (1965), pp. 409-415 ; K.

Schoonover, RB 75 (1968), pp. 243-247 ; 76 (1969), pp.423-426 ; J.A. Callaway, Basor, 196 (dic. 1969),

pp.2-16.

47 XXI, 3.

48 XXI, 35.

49 VII, 1-2.

50 VII, 24.

51 Menahem Beguin, La révolte: Histoire de l’Irgoun, p. 200, ed. Albatros, 1978.

52 Jerusalem Post, 10 de agosto de 1967.

53 Éxodo XXXIV, 16.

54 Cf. VII, 6.

55 Cf. VII, 3.

56 París, Payot, 1986, p. 104.

57 Cf. IX, 2.

58 Cf. X, 44.

59 Cf. XIII, 30.

60 Cf. XII, 23-25.

61 Génesis XXVII, 46.

62 Jueces XIV, 3.

63 Thomas Nelson, The puritans of Massachusets, Judaism, vol. XVI, p. 2, 1967.

64 Cf. Joseph Badi, Fundamental Laws of the State of Israel, Nueva York, 1960, p. 156.

65 Proceso a los grandes criminales de guerra ante el Tribunal militar internacional (Nuremberg: 14 de

noviembre de 1945 – 1 de octubre de 1946. Texto oficial en francés. Debate del 26 de abril de 1946,

Tomo XII. D. 321).

66 Levítico XIX, 19.

67 Cf. Ibídem XX, 25.

68 Cf. Ibídem XX, 25.

69 Éxodo VIII, 19.

70 Levítico XX, 26.

71 Esdrás IX, 11.

72 Levítico XX, 23.

73 Deuteronomio VII, 3-4.

74 Josué XXIII, 12-13.

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