Antequera – La Peña de los Enamorados – Berthold Volberg

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Delante de las puertas de la pequeña ciudad Antequera en el corazón de Andalucía se encuentra un peñón que podemos considerar como la cumbre del Romanticismo, un lugar que se podría convertir en un destino de amantes procedentes de todo el mundo. Y no sólo porque ese peñasco enorme de 880 metros de altura esta posando de manera muy decorativa como un guardián delante del panorama de esa bella ciudad – como si unos arquitectos modernos lo hubieran colocado allí mismo por encargo del Ayuntamiento. No, desde eternidades ese monte calizo es lo primero que los viajeros pueden ver al acercarse a Antequera viniendo del noreste.

Esa “Peña de los Enamorados” tampoco obtuvo su nombre tan simbólico por alguna costumbre actual, o por ser el lugar de encuentro de amantes antequeranos que se citan aquí para subir juntitos a la cumbre durante una tarde calurosa de verano, sino porque una leyenda antigua lo convirtió en la Meca de amores trágicos y enamorados que busquen amores imposibles y deseos irrealizables. La leyenda que data del temprano Siglo XV nos cuenta la historia dramática de Tello y Tagzona – nada menos que la tragedia amorosa mas apasionada de todos los tiempos.

Sucedió durante la época de las guerras fronterizas entre moros y cristianos, cuando Antequera todavía pertenecía al Reino islámico de Granada, que el caballero cristiano Tello fue capturado por los moros y encadenado en un calabozo. La princesa mora Tagzona, hija del comandante y muy curiosa, dando una vuelta para echar un vistazo a los guerreros cautivados, fijó su mirada en Tello. Y al encontrarse sus miradas, parecía encenderse el aire por el flechazo, naturalmente era amor a golpe de vista. ¿Cómo se comunicaron ambos amantes (aparte de por señas y miradas)? No sabemos si Tello entendió la lengua árabe o Tagzona supo hablar el castellano. De todas maneras, de noche cuando nadie lo notaba, la princesa mora liberó clandestinamente a su caballero y la pareja logró escapar del campamento. La mañana siguiente, pronto notaron su huida y y el padre enfurecido mandó que un destacamento de arqueros persiguiera a su hija y el amante. En aquella época una relación de amor o matrimonio cristiano-musulmán no era aceptable para los padres.

Cuando los amantes Tello y Tagzona llegaron a la peña maciza y ya vieron venir a sus perseguidores, decidieron subir cuestas para llegar a lo más alto posible, esperando que los jinetes no pudieran seguirles. Sin embargo, se equivocaron en el alcance de las flechas de los arqueros. Cuando aquéllos los descubrieron en la peña sin árboles y casi desnuda, empezaron a lanzar sus flechas, mientras que la pareja de amantes siguió subiendo desesperadamente. Al final, habiendo llegado al punto más alto del peñasco, se encuentraron de repente al borde del abismo.

Tan sólo parecía haber dos alternativas: o se dejan alcanzar y matar por las flechas de los arqueros o se rinden para ser cautivados y separados para siempre. Se decidieron en favor de la tercera posibilidad – una profunda mirada, un beso apasionado e interminable – y luego el salto al vacío: Tello y Tagzona se abrazan fuertemente y saltan desde la altura de 880 metros al abismo, salvando su amor y a la vez perdiendo sus vidas por ese salto mortal. La historia de “Romeo y Julieta”, comparada con la de los amantes de Antequera, es teatro infantil. Si Shakespeare, en vez de su inspiración italiana, hubiera conocido esa versión andaluza de amor incondicional que venció las fronteras de razas y religiones, ya desde siglos los viajeros románticos de todos los países habrían venido aquí a Antequera en vez de visitar Verona.

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Al menos en España, esa leyenda de la Peña de los Enamorados fue muy conocida y popular en el Siglo XV, como nos demuestra por ejemplo una frase en el famoso diario de a bordo del descubridor de América, Cristóbal Colón, quien llega a comparar un peñasco en la costa de la recién descubierta Isla Hispaniola por sus formas con la “peña de los amantes de Antequera.”

La cuestión si esa colina dramática de verdad tiene semejanza con la cabeza de una persona yacente que mira al cielo (como se puede leer en muchas descripciones), dependerá de la fuerza de imaginación de cada uno que la contempla.

La leyenda trágica de la Peña de los Enamorados ha inspirado numerosos poemas y dramas de lengua española, también Miguel de Cervantes presenta en el quinto capítulo de su “Don Quijote” una historia muy parecida – aunque con un final feliz. Y actualmente sigue siendo una temática muy popular en los colegios de Antequera para ensayos escolares y también para concursos de literatura la creación de un fin alternativo (y mucho más feliz en la mayoría de los casos) para concluir esa historia de amor tan patética. Muchos buscarán la inspiración para sus ambiciones literarias en los alrededores de Antequera.

En la Oficina de Turismo de Antequera advirtieron que una subida de la peña fuera prohibida y que a veces la Guardia Civil controlara el acceso mediante rondas vigilantes para impedir que poetas al borde de la locura (y posibles suicidas) llegaran a la cumbre para precipitarse.

Posiblemente, en esa romántica ciudad andaluza ya quieren preparase para recibir el “asalto” – tan esperado como temido – de románticos trastornados. Sea como sea, uno puede consolarse con el hecho de que esa peña prohibida parece mucho más bonita contemplada desde lejos que mirándola de muy cerca. La vista más espectacular a ese peñasco calizo la ofrecen las murallas de la Alcazaba, también recomendables son varios puntos de la calleja Niña de Antequera detrás de la Alcazaba, tanto a la hora de la salida del sol como a la hora del crepúsculo, cuando la peña se ilumina de color rojizo por la luz del sol poniente, inspirando sueños de amor eterno.

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