Los mitos fundacionales de la política israelí – Introducción – Roger Garaudy


Este libro es la historia de una herejía.
Ésta consiste, por medio de una lectura literal y selectiva de una palabra revelada, en hacer de la religión el instrumento de una política sacralizándola.
Se trata de una enfermedad mortal de este final de siglo que ya definí en Integrismos.La combato ahora en el seno de los judíos en Los mitos fundacionales de la política israelí, aun a riesgo de atraer sobre mí la furia de los israelo-sionistas a los que ya desagradaba que el Rabino Hirsh les dijese: “El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional… Es una herejía” 5.
¿En qué consiste el sionismo (que no la fe judía) que denuncio en mi libro? A menudo se define a si mismo.
En primer lugar es una doctrina política: “Desde 1896, el término sionista se aplica al movimiento político fundado por Theodor Herzl” 6.
En segundo lugar es una doctrina nacionalista que no nació del judaísmo sino del nacionalismo europeo del siglo XIX. El fundador del sionismo político, Herzl, no se reclamaba de la religión: “No obedezco a un impulso religioso” 7.“Soy un agnóstico” 8.
Lo que le interesa no es particularmente “Tierra Santa”: acepta de buen grado para el cumplimiento de sus objetivos nacionalistas Uganda o la Tripolitania, Chipre o Argentina, Mozambique o el Congo 9.
Pero ante la oposición de sus amigos de fe judía toma consciencia de la importancia de la “poderosa leyenda” (mighty legend como dice en la anotación del 9 de junio de 1895 en su diario 10 ) que “constituye una llamada a la unión de un irresistible poder” 11.
Es un eslogan movilizador que este político eminentemente realista no pudo ignorar. Así, proclamó, convirtiendo la “poderosa leyenda” del “regreso” en realidad histórica: “Palestina es nuestra inolvidable patria histórica… su simple nombre será una poderosa llamada a la unión de nuestro pueblo” 12.“La cuestión judía no es para mi una cuestión social, ni una cuestión religiosa…, es una cuestión nacional”.
En tercer lugar es una doctrina colonial. A este respecto el lúcido Theodor Herzl no oculta sus objetivos; como primer paso establecer una pequeña colonia bajo protección de Inglaterra o de cualquier otra potencia, en espera de construir el “Estado judío”.
Por eso se dirige hacia aquel que se ha revelado como el maestro de este tipo de operación, el traficante colonial Cecil Rhodes que, partiendo de su pequeña colonia,supo crear África del Sur, una de cuyas regiones tomó su nombre: Rodesia.Theodor Herzl le escribe el 11 de enero de 1902: “Se lo ruego, escríbame diciendo que ha examinado mi programa y que lo aprueba. Se preguntará porque me dirijo a usted, señor Rhodes. Lo hago porque mis planes son planes coloniales” 13.
Doctrina política, nacionalista y colonial, esas son las tres características que definen al sionismo político que hizo triunfar en agosto de 1897 en el congreso de Basilea Theodor Herzl, su maquiavélico fundador, que, al final de dicho congreso, pudo decir con toda razón: “He fundado el Estado judío” 14.

Medio siglo después fue, en efecto, esta política la que aplicaron con gran exactitud sus discípulos creando, según sus métodos y siguiendo su línea política, el estado de Israel inmediatamente después de la Segunda guerra mundial.
Pero esta empresa política, nacionalista y colonialista no tenía razón de ser desde la perspectiva de la fe y la espiritualidad judías.
Al mismo tiempo que el congreso de Basilea (que no había podido tener lugar en Munich – tal y como Herzl había previsto – por la oposición de la comunidad judía alemana) se celebró en América la Conferencia de Montreal (1897) en la cual, a instancias del Rabino Isaac Meyer Wise, la personalidad judía más representativa de la América de entonces, fue votada una moción en la que se oponían radicalmente dos lecturas de la Biblia, la lectura política y tribal del sionismo y la lectura espiritual y universalista de los Profetas.
“Desaprobamos totalmente toda iniciativa dirigida a la creación de un Estado judío. Las tentativas de este género evidencian una concepción errónea de la misión de Israel… que los profetas judíos fueron los primeros en reclamar… Afirmamos que el objetivo del judaísmo no es político ni nacional, sino espiritual… Apunta a una época mesiánica en la que todos los hombres reconocerán pertenecer a una sola y enorme comunidad para el establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra” 15.
Esto resume la primera reacción de las organizaciones judías desde la “Asociación de Rabinos de Alemania” o la “Asociación Israelita universal de Francia” hasta la “Israelitischen Allianz” de Austria o las asociaciones judías de Londres.
Esta oposición al sionismo político, inspirada por la fidelidad a la espiritualidad de la fe judía, no ha dejado de ser expresada, incluso cuando tras la Segunda guerra mundial, aprovechándose una vez más, en la ONU, de las rivalidades entre las naciones,y, sobre todo, del apoyo incondicional de los Estados Unidos, el sionismo israelí logró imponerse como fuerza dominante y, gracias a sus lobbies, invertir la tendencia y hacer triunfar, incluso en la opinión pública, la política de fuerza israelo-sionista contra la admirable tradición profética. No consiguió, sin embargo, acallar la crítica de los grandes espirituales.
Martin Buber, una de las mayores voces judías de este siglo, no ha dejado,durante toda su vida y hasta su muerte en Israel, de denunciar la degeneración y la inversión del sionismo religioso en sionismo político.
Martin Buber declaró en Nueva York: “El sentimiento que me embargaba, hace sesenta años cuando entré en el movimiento sionista, es esencialmente el mismo que me embarga hoy… Esperaba que ese nacionalismo no siguiera el camino de otros,comenzando por una gran esperanza y degradándose en seguida hasta convertirse en un egoísmo extremo, atreviéndose incluso, como Mussolini, a proclamarse sacro egoísmo,como si el egoísmo colectivo pudiera ser más sagrado que el individual. Cuando regresamos a Palestina, la pregunta clave fue: ¿Queremos venir aquí como amigos,como hermanos, como miembros de la comunidad de pueblos de Oriente Próximo, o como los representantes del colonialismo y del imperialismo?
La contradicción entre el fin y los medios para alcanzarlo dividió a los sionistas:unos querían recibir de las Grandes Potencias privilegios políticos particulares, otros,los jóvenes sobre todo, querían simplemente que se les permitiera trabajar en Palestina con sus vecinos, por Palestina y por su futuro…
‘Todo no fue siempre perfecto en nuestras relaciones con los árabes, pero había,en general, buena vecindad entre nosotros’. El estado de ánimo de los establecidos en Palestina hasta ese momento queda perfectamente reflejado en esta frase, pero esto durará hasta la época de Hitler.
Fue Hitler el que empujo a masas de judíos a venir a Palestina, y no a una elite que viniera a realizarse y a preparar el futuro. Así, a un desarrollo orgánico y selectivo le sucedió una inmigración en masa con la necesidad de encontrar una fuerza política que les diera seguridad… La mayoría de los judíos prefirió aprender de Hitler que de nosotros… Hitler demostró que la historia no sigue el camino del espíritu, sino el del poder, y cuando un pueblo es lo bastante fuerte, puede matar con impunidad… Esa era la situación que teníamos que combatir… En “Ihud” nos propusimos… que judíos y árabes no se contentaran con coexistir sino que cooperaran. Eso haría posible un desarrollo económico de Oriente Próximo, gracias al cual podría aportar una gran y esencial contribución al futuro de la humanidad” 16.
Dirigiéndose al XII Congreso sionista de Karlsbad, el 5 de septiembre de 1921,decía: “Hablamos del espíritu de Israel y creemos no ser equiparables a otras naciones…

Pero si el espíritu de Israel no es nada más que la síntesis de nuestra identidad nacional,nada más que una hermosa justificación de nuestro egoísmo colectivo… transformado en ídolo, nosotros que renunciamos a aceptar todo principio que no fuera otro que el Señor del universo, somos como las demás naciones, y bebemos con ellas de la misma copa que las embriaga.La nación no es el valor supremo… Los judíos son más que una nación: los miembros de una comunidad de fe.

“La religión judía ha sido privada de sus raíces, y esa la causa de su enfermedad cuyo síntoma fue el nacimiento del nacionalismo judío a mediados del siglo XIX. Esta nueva forma de desear la tierra es la señal que marca lo que el judaísmo nacional moderno tomó del nacionalismo moderno de Occidente…

“¿Qué tiene que ver en todo esto la idea de elección de Israel? La elección no implica un sentimiento de superioridad, sino un sentido del destino.Este sentimiento no nace de una comparación con los otros, sino de una vocación y de una responsabilidad de llevar a cabo una tarea que los profetas no dejaron de recordar: si os vanagloriáis de haber sido elegidos en lugar de vivir en la obediencia a Dios, sois unos felones”.

Evocando esta “crisis nacionalista” del sionismo político que es una perversión de la espiritualidad del judaísmo, concluía:“Esperábamos salvar al nacionalismo judío del error de hacer de un pueblo un ídolo. Fracasamos” 17.
El profesor Judas Magnes, presidente de la Universidad hebraica de Jerusalén desde 1926, consideraba que el “Programa de Biltmore” de 1942, exigiendo la creación de un Estado Judío en Palestina “conduciría a la guerra contra los árabes” 18.
Cuando pronunció con ocasión del inicio del curso de 1946 el discurso de apertura de esta Universidad hebraica de Jerusalén que presidía desde hacía 20 años,dijo:“La nueva voz judía habla por medio de los fusiles. Tal es la nueva Torá de la tierra de Israel. El mundo ha sido encadenado a la locura de la fuerza física. El cielo nos guarde de encadenar ahora al judaísmo y al pueblo de Israel a esta locura. El judaísmo que ha conquistado a una gran parte de la poderosa diáspora es un judaísmo pagano.
Nosotros pensábamos, en tiempos del sionismo romántico, que Sion debía ser nuestra por medio de la rectitud. Todos los judíos de América son responsables de esta falta, de esta mutación… incluso aquellos que no están de acuerdo con las actuaciones de la dirección pagana, pero que se quedan sentados, con los brazos cruzados. La anestesia del sentido de moralidad conduce a su atrofia” 19.
En América, en efecto, tras la Declaración de Biltmore, los dirigentes sionistas poseían el más poderoso de los protectores: los Estados Unidos. La Organización sionista mundial había barrido la oposición de los judíos fieles a las tradiciones espirituales de los profetas de Israel, y había exigido la creación no ya de un “refugio nacional judío en Palestina”, según los términos (si no el espíritu) de la Declaración de Balfour de la anterior guerra, sino la creación de un Estado judío en Palestina.
Ya en 1938, Albert Einstein había condenado esta tendencia:“Sería más razonable, en mi opinión, llegar a un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común y pacífica que crear un Estado judío. La conciencia que poseo de la naturaleza esencial del judaísmo se resiste a la idea de un Estado judío dotado de fronteras, de un ejército y de un proyecto de poder temporal, por muy modesto que sea.
Temo las heridas internas que el judaísmo pueda padecer si se desarrolla entre nosotros un nacionalismo cerrado. Ya no somos los judíos del período de los Macabeos. Volver a ser una nación, en el sentido político de la palabra, equivaldría a alejarse de la espiritualidad de nuestra comunidad que debemos al genio de nuestros profetas” 20.
Las amonestaciones no han faltado cada vez que Israel ha violado las leyes internacionales.He aquí dos ejemplos más en los cuales fue dicho en voz alta lo que millones de judíos piensan pero no pueden decir por la inquisición intelectual de los lobbies israelosionistas:
En 1960, durante el proceso de Eichmann en Jerusalén, el “American Council for Judaism” declaraba: “El Consejo Americano por el Judaísmo dirigió ayer una carta a Christian Herter para negar al gobierno israelí el derecho de hablar en nombre de todos los judíos. El Consejo declara que el judaísmo es un asunto de religión y no de nacionalidad” 21.
El 8 de junio de 1982, el Profesor Benjamin Cohen, de la Universidad de Tel Aviv, escribía a P. Vidal-Naquet cuando se producía la sangrienta invasión israelí del Líbano: “Le escribo mientras escucho la radio que acaba de anunciar que “estamos” a punto de lograr ‘nuestro objetivo’ en el Líbano: asegurar la paz a los habitantes de Galilea. Estas mentiras dignas de Goebbels me vuelven loco.

Esta claro que esta guerra salvaje, más bárbara que todas las precedentes, no tiene nada que ver ni con el atentado de Londres ni con la seguridad de Galilea… Judíos, hijos de Abraham… Judíos, víctimas ellos mismos de tantas crueldades… ¿Cómo pueden llegar a ser tan crueles?… El mayor éxito del sionismo no es otro que este: la “desjudaización”… de los judíos.

Haced, queridos amigos, todo lo que este en vuestra mano para que los Beghin y los Sharon no alcancen su doble objetivo: la liquidación final (expresión de moda estos días por aquí) de los Palestinos en tanto que pueblo y de los Israelíes en tanto que seres humanos” 22.
“El profesor Leibowitz, trata a la política israelí en el Líbano de judeo-nazi”  23.
Estos son los términos de la lucha entre la fe profética judía y el nacionalismo sionista, fundado, como todo nacionalismo, en el rechazo del otro y la sacralización del yo.

Todo nacionalismo siente la necesidad de sacralizar sus pretensiones: tras el desmembramiento de la cristiandad, los Estados-naciones han sentido cada uno la tentación de reclamarse herederos de la herencia sacra y de haber recibido la investidura de Dios. Francia es la “Hija mayor de la Iglesia” por medio de la cual se lleva a cabo la voluntad de Dios (Gesta Dei per Francos). Alemania está “por encima de todo” porque Dios está con ella (Got mit uns).Eva Perón proclama que “la Misión de Argentina es traer a Dios al mundo”; y en 1972 el Primer Ministro de África del Sur, país tristemente célebre por el salvaje racismo del “apartheid”, Vorster vaticina: “No olvidemos que somos el pueblo de Dios, investido de una misión”… El nacionalismo sionista comparte este arrebato de todos los nacionalismos e incluso los más lúcidos se dejan llevar por este arrebato.
Incluso un hombre como el profesor André Neher, en su hermoso libro sobre “La esencia del profetismo” 24
tras haber evocado espléndidamente el sentido universal de la Alianza – alianza de Dios con el hombre -, llega a escribir que Israel es “el signo por excelencia de la historia divina en el mundo. Israel es el eje del mundo, es su nervio, el centro, el corazón”.
Tales asertos evocan enojosamente el mito ario fundado por el pangermanismo y el hitlerismo. Por este camino nos hallamos en las antípodas de la enseñanza de los Profetas y del admirable Yo y Tú de Martin Buber.
El exclusivismo impide el diálogo: no se puede dialogar con Hitler ni con Beghin, su superioridad racial o su alianza exclusiva con la divinidad no les permite escuchar nada del otro.
Somos conscientes de que en nuestra época no existe otra alternativa que el diálogo o la guerra y que el diálogo exige, como no cesamos de repetir, que cada uno sea, al inicio, consciente de aquello de lo que carece su propia fe, y que sea consciente de que necesita al otro para llenar en él ese vacío que es la condición de toda implementación y de todo deseo de plenitud (que es el alma de toda fe viva).
Nuestra antología del crimen sionista es la complementación de los esfuerzos de aquellos de entre los judíos que han intentado defender un judaísmo profético contra un sionismo tribal.
Lo que nutre al antisemitismo no es la crítica de la política de agresión, de impostura y de sangre del sionismo israelí, es el apoyo incondicional a su política que no participa de las grandes tradiciones del judaísmo, cosa que justificaría por medio de una interpretación literal dicha política y la elevaría por encima de toda ley internacional sacralizándola por medio de los mitos de ayer y de hoy.


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5  Washington Post del 3 de octubre de 1978.
Encyclopaedia of zionism and Israël. “Herzl Press” New-York 1971, volume II, p. 1262.
7  Th. Herzl: “Diarios” (Memorias). Ed. Victor Gollancz. 1958.
Ibidem, p.54.
Ibidem, passim.
10 Ibidem I, p. 56.
11 Herzl, El Estado judío, p. 45.
12 Ibidem, p. 209.
13 Herzl, Tagebuch, III, p. 105.
14 Diarios, p. 224.
15 Conferencia de Rabinos americanos, Yearbook VII, 1897, p. XII.
16 Jewish Newsletter, 2 de junio de 1958.
17 Martin Buber, Israel and the world, ed. Schocken, New-York, 1948, p. 263.

18Norman Bentwich, For Sion sake, Philadelphia, Jewish Publication society of america. 1954. p. 352.

19 Ibidem, p. 131.
20 Rabbin Moshé Menuhin, The decadence of Judaism in our time, 1969, p. 324.

21Le Monde del 21 de junio de 1960.

22 Carta publicada en Le Monde el 19 de junio de 1982, p. 9.
23 Yediot Ahanoroth, 2 de julio de1982. p. 6.

24 Ed. Calmann-Levy, 1972, p. 311.

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Sexo , Mitología y Sociedad en el Antiguo Egipto

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LOS DIOSES EGIPCIOS Y EL SEXO

Todos sabemos que los dioses egipcios, desde un momento muy temprano, presentan unos rasgos antropomórficos evidentes. Pese a la conservación normalmente parcial de la forma animal primitiva, los dioses egipcios son aspectualmente idénticos a los hombres. Y no sólo en forma, en cuerpo, sino también en sentimientos y actitudes, y también en sus mecanismos fisiológicos básicos, como comer, beber, dormir, y por supuesto la actividad sexual. Los dioses casi siempre tienen un sexo nítidamente marcado, y son varones o hembras. Se emparejan entre ellos, tienen hijos, se enamoran (y se desenamoran), y son en ocasiones también juguetes y víctimas -como los hombres- de las pasiones y sentimientos desencadenados por el amor y el sexo. Obviamente, todo ello cuenta con los especiales condicionantes y añadidos que derivan de su condición divina, fundamentalmente sus poderes extraordinarios, y la incidencia que sus historias personales pueden tener en el orden del mundo y en la marcha de la rueda de la creación. Y por supuesto, también cuenta su inmortalidad.

El sexo está en el origen y la multiplicación de la vida. Los egipcios lo saben, y lo proyectan de manera especialmente elocuente en los grandes mitos del origen del mundo y de los dioses, en la concepción en definitiva que tienen del génesis y creación. Según la versión más aceptada y conocida, la creación fue iniciada por un único dios, Atum, que emergiendo de las aguas del caos primordial se transmutó en el que será siempre entendido como dios supremo, padre y rey del panteón: Ra, el dios del sol. Cuando Atum-Ra se manifestó así estaba solo, lo que acarreaba un importante problema lógico en la mente egipcia tocante a la posibilidad de que generara -sin una contrapartida femenina- a nuevos dioses. Para salvar este obstáculo, los sacerdotes egipcios imaginaron dos soluciones. La primera se refería al “estornudo primordial”: Ra estornudó y de su nariz salió la primera pareja de dioses, Shu, masculino (el aire emitido, dios de la atmósfera y de los espacios) y su pareja, Tefnut (hembra ella y encarnación de la humedad básica del aire, que se supone también emergió del el divino estornudo. La segunda solución, la más aceptada (todo hay que decirlo) se resuelve con la masturbación del dios: sólo en la isla primordial, Ra buscó su autocomplacencia (“hizo el amor con su mano”, dicen los textos), y de ahí emergió la primera pareja de dioses, que dan principio a toda la genealogía divina. El mantenimiento y la vigencia de este mito se hace especialmente patente en la figura del faraón y de su esposa. El soberano en Egipto es el representante en la tierra de Ra; ha salido de él y comparte su naturaleza, dentro de la tradicional solarización de la figura del faraón. Así se explica que la reina, que desempeña un importantísimo papel en la corte, en la política y en la religión oficial (como veremos más abajo) cuente entre sus títulos principales el de “Esposa del dios” y “Mano del dios”.

dioses_egipcios_2_a Ésta no es la única actuación peculiar relacionada con el sexo de los dioses egipcios. Por ejemplo, la pareja formada por Geb, dios de la tierra, y Nut, diosa del cielo, hijos a su vez de los ya mencionados Shu y Tefnut, también tienen problemas de pareja, por decirlo de alguna manera. Según la concepción egipcia del universo, que haya un espacio para la creación y un marco para que la vida se desarrolle y fructifique, el cielo y la tierra han de estar separados. De ahí estas expresivas imágenes, al mismo tiempo míticas y cósmicas, que presentan a Geb, tumbado, en horizontal, y sobre él, pero separada, la diosa celestial Nut, cuyo cuerpo desnudo aparece tachonado de estrellas. Los textos egipcios dejan claro que hay que evitar que cielo y tierra se unan, so pena de cataclismo universal, consistente en la extinción de toda vida, por falta de una tierra y un espacio donde vivir y crear civilización. Y como pareja que son, ello acarrea una necesaria y penosa separación para ambos dioses. Nut quedará triste, tocando apenas con las puntas de las manos y los pies a la tierra, su esposo, en tanto que este se contorsiona desesperado, y busca también consuelo en gimnásticas autocomplacencias…

Los egipcios tenían muy claro que sexo y fertilidad están íntimamente unidos. Para ellos todo lo que significa reproducción, ya sea en el reino vegetal, o animal, o entre los hombres y los dioses, todo ello depende de una misma dinámica mágica y maravillosa que sólo pueden alcanzar a entender colocándola bajo la férula de alguna de las divinidades más poderosas y célebres del panteón egipcio. Además, un pueblo esencialmente agrícola como el egipcio era en especial sensible a todo lo relacionado con el milagro de la vida, encarnado en el grano que se siembra y que se transforma en brillantes espigas cargadas de fruto, alimento del hombre y garantía de su subsistencia. Y el ciclo del grano que muere (es enterrado) y renace un tiempo después verde y vigoroso se convertirá en la parábola de la muerte del hombre, y la posibilidad de resucitar ulteriormente a una vida mejor. Aquí encaja la compleja y fundamental personalidad divina de Osiris y de los dioses que se le asocian en el ciclo mitológico osiriano, el más famoso y difundido de todos los mitos egipcios. Osiris es la encarnación de la vegetación que reverdece cada año, pero también es la tierra negra, fértil y fecunda, que cubre y crea Egipto cuando el Nilo se retira. De ahí el negro y verde con que a veces aparece coloreada su piel. Y asimismo, Osiris es un dios de la crecida del río, o, mejor, de la fuerza fertilizadora del agua del Nilo. La leyenda y el mito presentan a Osiris ahogado en el río, donde se descompone su cuerpo, pasando la fuerza vital del dios (hoy día diríamos sus nutrientes) a las aguas bienhechoras. El falo de Osiris (encarnación por excelencia de la capacidad del dios de producir vida) se perderá en el Nilo, habiendo sido engullido por un pez, el oxyrrinco, que quedará para los egipcios marcado con el tabú que impide su pesca y su consumo.

maat_isis1 Los dioses que acompañan a Osiris en su ciclo mitológico recibirán obviamente también un papel en todo lo que tenga que ver con la fecundidad y la reproducción. Isis es la esposa y madre por excelencia. Amante abnegada, recorrerá Egipto a la busca de los despojos de Osiris. Maga y hechicera sin par, lograra recomponer el maltrecho cuerpo del esposo asesinado. Incapaz de recuperar su falo, sin embargo se las arreglará para revivir al dios y concebir de Osiris un hijo, Horus, arquetipo del heredero (heredero al trono y a la soberanía universal), y monarca de Egipto. No en vano ella es, como dijimos, la experta por excelencia en magia y encantamientos. Hay otras menciones al sexo en el mito osiriano, pero sin duda una de las sorprendentes (y escandalosas según las perspectivas de algún que otro egiptólogo de raíces decimonónicas) es el episodio homosexual que protagonizan Horus y Set. Se trata de una escena o episodio que recoge un cuento de tono desenfadado cuyos héroes son los dioses, conservado en el Papiro Chester Beatty nº 1. En un determinado momento Set y Horus –que figuran como hermanos- tienen un encuentro sexual relatado con todo lujo de detalles, y de resultas del cual, tras un serie de peripecias de un tono escabroso elevado, Set quedará embarazado. De una manera que recuerda poderosamente el mito griego del nacimiento de Atenea, Set alumbrará un disco dorado por su frente. Este disco, con la forma de la luna, el astro que acompaña al sol en el cielo, quedará bajo la protección de Thot.

tueris_a No son estos los únicos dioses que tienen que ver con el sexo, la fecundidad y la reproducción. Merece la pena que citemos, entre otras diosas protectoras de la genitalidad femenina, a Tueris (literalmente “La Grande”), diosa con forma de hipopótamo hembra preñada, o a Meshkenet, encarnación al mismo tiempo del útero y de los “ladrillos de nacimiento”, que usaban las egipcias para ayudarse en el parto. El deforme y grotesco Bes, enano patizambo que saca la lengua y porta un falo enorme, era sin duda uno de los dioses en quien más confiaban los egipcios (especialmente las mujeres), sobre todo cuando debían afrontar los problemas del embarazo y del parto. Y, regresando a lo que podemos llamar dioses mayores, no podemos dejar de citar a Hathor, otra deidad de múltiples facetas y poderes. Diosa que tiene que ver con lo funerario, y con el destino del difunto bienaventurado, es también la encarnación de la mujer apasionada y bella, es capaz tanto de seducir a un pobre boyero (como acontece en “La Historia del Pastor”) como de alegrar a su padre Re en un momento de tristeza mostrándole los encantos de su cuerpo desnudo (cf. Papiro Chester Beatty nº 1). Y entre los dioses itifálicos, destaca Min, uno de los más antiguos dioses atestiguados en la religión egipcia, un dios especialmente relacionado también con la fecundidad de los campos, del cereal, el toro fecundador, el macho siempre activo y dispuesto a sembrar la vida… De ahí la iconografía de este dios, siempre agarrado a su miembro erecto, y asociado por ejemplo con la lechuga, planta a la que los egipcios daban poderosas cualidades afrodisíacas.

AMOR Y SEXO EN LA TIERRA: EL CASO DEL FARAÓN Y LA FAMILIA REAL

Es bien conocido el papel central que desempeña el faraón no solo en la administración y el estado egipcios, sino también en las concepciones religiosas, y como referente y modelo de los valores sociales. El soberano egipcio, divinizado en su relación con Horus y (una vez muerto) como Osiris, necesariamente ha de estar acompañado de una esposa, la reina. Según la concepción egipcia, es ella la que puede en realidad transmitir la realeza, dando a luz un heredero legítimo que es a un tiempo hijo del faraón precedente pero sobre todo hijo de Ra (o de Amón-Ra). Y se insiste mucho en la realidad carnal de esta filiación, al margen de interpretaciones simbólicas o religiosas: el heredero al trono se proclamará “hijo de Ra, de su cuerpo”, y habrá sido engendrado por el rey de los dioses en el vientre de la reina con el destino asignado de ser soberano de Egipto “desde el huevo”. Así se explican historias como la que se incluye en la colección de Cuentos del Papiro Westcar. Aquí se relata detalladamente como los tres primeros faraones de la dinastía Vª fueron fruto de los amores de Ra y de la esposa de un sacerdote del culto solar. Ya en un plano más oficial -y de propaganda- hay algunos faraones, como Hatshepsut o Amenhotep III, que encargan decorar las paredes de sus templos con la historia su origen y filiación divina; y se relata expresamente, en texto e imagen, cómo el propio Amon-Ra, bajo el aspecto del faraón, penetró en la alcoba de la reina-madre para engendrar al futuro rey. Era una forma inequívoca de insistir en la divinidad esencial del fruto de esa unión.

Al margen de estas historias míticas, el faraón muestra frecuentemente su faceta humana en su trato y relación con la reina y las mujeres de su harén. Por ejemplo, a Snefru parecía excitarle especialmente contemplar a sus mujeres vestidas con una simple malla, remando en la barca real en el lago de palacio (cf. en los Cuentos del papiro Westcar). Ramsés III es representado jugando al senet (una especie de ajedrez o juego de damero) con las damitas del gineceo real. Y conocemos hermosas historia de amor entre el rey y su reina, como por ejemplo la de Amenhotep III, que colmó a la reina Tyi de favores y regalos, entre otros una lujosa barca o un lago de recreo. O la del hijo de ambos, el famoso Akhenaton, que se representa unido a la bella Nefertiti en actitudes inequívocamente expresivas de afecto y pasión. Aquí también debemos incluir las atenciones del todopoderoso Ramsés II hacia la reina Nefertary, a quién, pese a tener docenas de esposas, ofreció toda clase de atenciones o deferencias, como una de las tumbas más perfectas y hermosas que ha quedado del antiguo Egipto, o el segundo templo de Abu Simbel, que aunque más pequeño, no le va a la zaga en calidad artística y perfección formal respecto al del gran rey.

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AMOR Y SEXO EN LA TIERRA: AMOR Y SEXO EN LA FORMACIÓN DE LA PAREJA

Para los egipcios, tener hijos no era una cuestión de opciones, era una necesidad vital, la garantía de pervivencia, el seguro de una vejez siempre incierta, y, quizás por encima de todo, la forma de asegurarte un heredero que se encargue de rendirte los honores fúnebres y el mantenimiento de su culto funerario, imprescindible para la felicidad eterna. Por lo tanto, la finalidad fundamental del sexo, del encuentro de hombre y mujer, del establecimiento de una pareja y la formalización del matrimonio, era esencialmente tener hijos. Por supuesto que se conocen formulas anticonceptivas, y que se practicaba la interrupción voluntaria del embarazo, o incluso el abandono de neonatos, pero mucha más documentación hay relacionada con la preocupación de la fecundidad de la mujer (casada), de asegurar un embarazo feliz y un nacimiento venturoso de los hijos.

Es curioso que el primer test de embarazo atestiguado en la historia de la humanidad se recoge en un papiro médico egipcio: hay que sembrar dos tiestos con cereal, uno con cebada y otro con avena; luego hay que hacer que se rieguen con la orina de una mujer. Si no germina ninguno de los dos, no hay embarazo; si germinan, es que la mujer está encinta (incluso según el cereal que más crezca se definirá si el hijo venidero será varón o hembra). Dicho sea de paso, se trata de un test basado en la orina de la mujer (como se hace en la actualidad), test que se ha reproducido recientemente y que, curiosamente, ha funcionado (menos en la premonición del sexo, obviamente…).

Parece que los jóvenes egipcios tienen una relativa libertad previa al matrimonio. Se les ve juntos, tienen ocasiones de conocerse y de buscarse. No parece que haya un hábito sancionado por la tradición de buscar esposo o esposa al margen de la voluntad de los interesados. De hecho, en Egipto el matrimonio no tiene en principio ninguna formalidad o trámite institucional, ni por supuesto es necesario pasar por sanción religiosa alguna. Se trata de algo que emana de la pura voluntad de los jóvenes, que viviendo juntos en una misma casa y formando así un hogar proclaman a la sociedad su condición de pareja formal, de matrimonio. Con unos hábitos así, no serían raros los encuentros prematrimoniales y una cierta tolerancia en cuanto al sexo. No obstante, ésto hay que entenderlo bien, una vez formalizado el matrimonio, la fidelidad entre los cónyuges era una exigencia innegociable, entre otras cosas porque no se puede jugar con la legitimidad de los hijos que vengan.

Hay un par de cuestiones que conviene dejar claras. Por un lado, que los matrimonios en Egipto eran normalmente exogámicos, y que el tópico del matrimonio entre hermanos no soporta la crítica ni el cotejo con las fuentes de que disponemos (dejando de lado el especial -y nada extrapolable- caso de los soberanos). Por otra parte, tampoco era frecuente, de nuevo con la excepción de la familia real, el caso de un hombre con varias esposas. Cuando encontramos en una tumba al difunto acompañado de dos o tres esposas -en los casos en los que se ha podido indagar- se trata de matrimonios sucesivos, como consecuencia a menudo de la muerte de una esposa anterior. El divorcio, por supuesto, existe, y también se formalizaba con extrema facilidad, normalmente por el repudio de uno de los dos cónyuges, y aquí la mujer parece que disfrutaba de unas capacidades o derechos similares a los de los hombres. Pero no estaba bien que, sobre todo a partir de una cierta edad o disfrutando de una situación social consolidada, el hombre (y la mujer también) permanecieran solteros.

LOS LÍMITES TRASPASADOS: VICIOS Y PASIONES

Como hemos dicho antes, entender el sexo como algo natural, y tener una cierta flexibilidad o tolerancia hacia su práctica en un determinado contexto social o incluso religioso, no quiere decir no hubiera unos límites. Como hemos dicho antes, la infidelidad, al menos la femenina, era inaceptable, quizás por aquello de la legitimidad del hijo y heredero. Es más, se castigaba duramente. El marido engañado podía repudiar a la esposa o incluso, si atendemos a los escenarios de determinados cuentos o relatos, matarla y condenarla eternamente. Al hilo de una actitud misógina que se detecta fácilmente en los textos egipcios, se advierte del peligro de las mujeres casadas en busca de una aventura, o de la extranjera, la mujer de la que no sabes nada, un peligro temible.

La homosexualidad es por supuesto reconocida, al menos la masculina, y ha dejado interesantes huellas en las fuentes. No se considera una falta o pecado, pero si algo socialmente inconveniente, ya que conduce a una relación sexual estéril que no conlleva a la procreación. Es particularmente criticada en el caso de personas con alta posición social y responsabilidad de gobierno, como el faraón. Pero hay interesantes casos que parecen suponer la aceptación popular, como la célebre tumba llamada de Los Dos Hermanos en Sakkarah, en realidad de una pareja de amantes. En cambio, no hay datos sobre la homosexualidad femenina, la gran desconocida y marginada en los estudios sobre sexo en la Antigüedad (hasta Safo por lo menos). Sin embargo, hay algunas representaciones artísticas en las que, como si de una cámara instantánea se tratara, se han captado determinados gestos o acercamientos entre dos o más mujeres que quizás estén haciendo alusión a algo más que camaradería o una simple amistad…

Y siempre quedaba la prostitución. Se trata en una cuestión que, para la historia de los pueblos del Antiguo Oriente, tampoco está exenta de determinados tópicos, como la insistencia en la prostitución sagrada, o de rituales religiosos que conllevaban necesariamente la práctica del sexo, la licencia y el desorden momentáneo de las costumbres, como pasa en la ceremonia sumeria del Matrimonio Sagrado o en el festival babilónico del Año Nuevo. En Egipto no hay, aparentemente, nada de ésto, pero fuera del marco religioso o ritual por supuesto que se conocen bien las casas de prostitutas (significativamente llamadas “casas de la cerveza”) y la existencia de mujeres profesionales del sexo. Intuimos la profesión de algunas figuras femeninas representadas como bailarinas o músicas en los banquetes, más explícitamente aun si ostentan algún tipo de tatuaje alusivo (por ejemplo, una figura de Bast). Se trataría, en todo caso, de mujeres que se sitúan al borde de la marginalidad, salvo las más ricas y poderosas de las cortesanas.

Y por supuesto pueden llegar a perder al hombre, un tema que aparece en algunas obras literarias, como el Cuento del Setne Khanwaset. Hay un documento excepcional y francamente obsceno, el llamado Papiro Erótico de Turín, que seguramente recoge escenas de burdel. En ellas se representan sucesivas formas de coito, posiblemente protagonizados por una misma pareja. Es curioso que la figura femenina, la cortesana, representada estilizada y de acuerdo con el modelo standard de belleza, aparece de forma recurrente tomando la iniciativa frente a un cliente pintado con rasgos grotescos (y un falo descomunal) que parece que apenas puede seguir el ritmo de la mujer…

sexo_antiguo_egipto_a En conclusión, este breve repaso por la documentación faraónica nos ha mostrado una rica y variada imagen del amor y el sexo entre los egipcios: el sexo como resolución de pasiones y necesidades irrefrenables, la pareja como marco del amor y de la reproducción, la manifestación de estos elementos en todos los estratos de la sociedad, empezando por el faraón y la familia real, y dejando su reflejo, con todo lujo de detalles en ocasiones, en el mundo de los dioses… Hay muchos elementos que no pueden perderse de vista para obtener una imagen adecuada y real de la sociedad egipcia, sus hábitos, y sus valores. Y la relación entre hombre y mujer, el sexo en todas sus manifestaciones, es sin duda una de ellas, que se integra perfectamente en todos los demás aspectos de la civilización faraónica.

Del Libro “Las prácticas amorosas en el mundo antiguo” del historiador y experto en el Egipto Faraónico, José Miguel Serrano Delgado , Doctor en Historia Antigua, profesor de la Universidad de Sevilla, donde se inició en la egiptología científica, y subdirector del Proyecto Djehuty en la Necrópolis de Tebas.

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